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Los estudiantes chilenos en pie de lucha


La pelea encabezada por el movimiento estudiantil chileno está dando enormes ejemplos de lucha, de organización y de la importancia de la movilización para avanzar hacia la conquista de reivindicaciones populares.

Desde el mes de mayo el movimiento estudiantil chileno está en pie de lucha. Con la toma de instituciones educativas, una huelga estudiantil que lleva meses, movilizaciones multitudinarias, combates callejeros y una huelga de hambre, entre otras formas de lucha, los estudiantes sostienen un enfrentamiento ejemplar contra el estado chileno por un reclamo central: la gratuidad de la educación pública.
Un programa de lucha semejante, plantea una transformación estructural del modelo educativo, para pasar del actual sistema pago a una educación gratuita, lo que significa tirar por la borda el millonario negocio sostenido en base a la privatización de la educación y obligar al estado a poner una importante porción de los recursos públicos al servicio de los trabajadores y sus familias.
Es decir que, en base a la movilización popular, el pueblo chileno, impulsado por su movimiento estudiantil, está pudiendo establecer una agenda de cambios significativos que no han querido ser asumidos ni por el actual presidente derechista Piñera, ni por los anteriores gobiernos socialdemócratas de la Concertación, todos defensores del modelo mercantilista y excluyente que fue erigido a sangre y fuego a partir de la dictadura de Pinochet.
Esta gran movilización es demostrativa de la importancia de la organización gremial de los sectores populares, en particular del estudiantado, por medio de centros de estudiantes y federaciones, y de la significación que una actividad militante puede adquirir si se sostiene en una amplia participación de las bases. Es decir, deja en evidencia la necesidad de la conquista de los centros de dirección gremial por parte de los sectores más luchadores del movimiento, y plantea que esos centros y federaciones pueden desarrollarse efectivamente si impulsan la movilización combativa de las bases por sus reivindicaciones más sentidas.
Como en toda lucha, el gobierno, defensor de los intereses patronales y privatistas, ha buscado el desgaste y el fracaso de la movilización por medio de una propaganda que pretende deslegitimar la pelea y por medio de la represión directa contra los luchadores.
En este sentido, la movilización chilena es ejemplar. Por una parte, porque ante los ataques políticos e intentos de deslegitimación, se ha volcado hacia el conjunto del pueblo y en particular se ha vinculado directamente al movimiento obrero, fortaleciendo su acción política por medio de la unidad obrero-estudiantil y el acompañamiento popular, expresado en la declaración de varias huelgas de trabajadores y una amplia movilización que incluye a los trabajadores de la educación, las familias y otros sectores populares, junto al movimiento estudiantil. Por otra parte, porque ante el ataque sistemático de la represión, la juventud chilena está dando enormes ejemplos de lucha combativa, enfrentando a las fuerzas represivas, desarrollando los métodos de combate callejero, con barricadas y armamento popular, con lo que garantiza, pese al permanente ataque gubernamental, que la resistencia en la calle no sea quebrada por el estado.
El camino de los estudiantes chilenos es un enorme ejemplo para avanzar por el camino de la lucha para el triunfo de las conquistas del pueblo trabajador.

Chile: Ejemplar movilización popular en defensa de la educación


El gran ejemplo de los estudiantes y los trabajadores chilenos muestra la enorme potencialidad del movimiento estudiantil y de su unidad con el movimiento obrero, señalando un eje de construcción para poder avanzar en el desarrollo de un movimiento popular clasista, de lucha y combativo.

La lucha combativa de los estudiantes chilenos viene marcando un camino ejemplar en defensa de la educación gratuita para enfrentar las políticas antipopulares que sostiene el gobierno del derechista Piñera (continuando la línea del pinochetismo y de la Concertación) y su educación privatizada y para pocos.
Retomando importantes experiencias como la de 2006, la movilización estudiantil se reanimó en mayo de este año y fue creciendo en su grado de combatividad y en los niveles de participación.
Aunque por medio del adelantamiento de las vacaciones, el gobierno chileno había intentado descomprimir una lucha que había llevado a la toma de un centenar de escuelas, la organización de la juventud trasandina irrumpió con más fuerza en la segunda mitad del año, dando lugar a movilizaciones multitudinarias y a largos y contundentes combates callejeros.
La única respuesta que viene ensayando el gobierno chileno es la represión que levó a la muerte del joven Manuel Gutiérrez (16) y a la detención de miles de luchadores, varios de los cuales han denunciado torturas. Pero esa respuesta, lejos de amedrentar, ha llevado a que el movimiento de lucha se haga cada vez más amplio y combativo y ha obligado a Piñera a dar algunos pasos hacia atrás.
El gobierno debió primero reestructurar su gabinete y reemplazar al ministro de educación, luego el carabinero asesino de Gutiérrez debió ser puesto en prisión preventiva y el jefe de Carabineros renunciar a su cargo, y ahora se espera una primera reunión entre el presidente y los representantes estudiantiles, aunque hasta el momento el gobierno se niega a aceptar el reclamo de una educación pública y gratuita. Nunca ha estado más claro que sólo con el sostenimiento de la organización y la movilización independiente el movimiento de lucha podrá garantizar el triunfo de los reclamos.

La gran potencialidad del movimiento estudiantil
La iniciativa de los estudiantes chilenos deja en claro la capacidad de intervención en la vida política nacional que tiene la lucha del movimiento estudiantil en la medida en que logra involucrar a amplios sectores del estudiantado a una actividad militante concreta, vinculada con reivindicaciones consideradas centrales por la base estudiantil, con una fuerte organización y una clara predisposición combativa.
Este proceso deja enormes enseñanzas sobre las potencialidades que tiene también el movimiento estudiantil argentino, en la medida en que logre aprender de esa experiencia: reconociendo que es posible movilizar a un amplio sector de la base estudiantil a partir de consignas de lucha, valorando la importancia de reforzar los organismos de base del estudiantado como garantes de la vitalidad y desarrollo del movimiento y de construir herramientas gremiales (centros de estudiantes y federaciones) predispuestos a organizar la lucha e impulsar el movimiento, y asumiendo la centralidad de la acción directa y la organización de la confrontación, para lo que es preciso difundir los métodos de autodefensa, naturalizar y desarrollar los distintos métodos de combate popular con los cuales los estudiantes chilenos sostuvieron ejemplares luchas contra la represión y en defensa de la educación.

Obreros y estudiantes, unidos y adelante
La importancia del movimiento de lucha impulsado por el estudiantado chileno ha dado lugar a una significativa extensión de la resistencia contra Piñera, logrando la incorporación de amplios sectores de trabajadores y la convocatoria a una huelga general de 48 horas por parte de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) los días 24 y 25 de agosto, con una importante adhesión de los trabajadores estatales y una más moderada en el sector privado.
Una vez más, es enormemente significativo el ejemplo que en este sentido nos deja el movimiento chileno para reconocer la potencialidad que puede llegar a tener la “unidad obrero estudiantil”. En este caso, la organización real, contundente, de un movimiento estudiantil de lucha, está permitiendo realizar la auténtica “unidad obrero estudiantil”, esa que va mucho más allá de las comitivas de solidaridad que, con toda justeza, se envían a uno u otro conflicto, y que se cristaliza, en cambio, en una movilización contundente, con huelga de trabajadores, toma de centros de estudio y movilización combativa y resistencia callejera, y cuyo efecto ya no es algo circunscripto a tal o cual sector, sino que convoca a la participación a todo el pueblo trabajador y es capaz de acorralar al gobierno, como sucede cada vez más en Chile.

Chile: Más de 80 días de huelga de hambre contra las “leyes antiterroristas”

El pasado 3 de junio la corte suprema ratificó, al igual que lo habían hecho otras instancias judiciales, que el estado chileno castiga con la cárcel a los mapuches que luchan por el acceso a la tierra. La huelga de hambre de cuatro de sus presos políticos, que entonces llegaba a los 80 días, obligó a la máxima jerarquía judicial a aminorar las condenas, pasando de 25 y 20 años a 14 y 8 años, pero no la hizo abandonar su defensa de las leyes antiterroristas que, entre otras cosas, permiten el proceso superpuesto por parte de la justicia civil y la militar, mantienen a los procesados en prisión aunque no hayan tenido condena, y alcanza penas altísimas.

Al tiempo que se daba una movilización solidaria frente a la casa de la moneda (reprimida por los carabineros), los comuneros presos respondieron sosteniendo la huelga que en los últimos días los ha llevado al hospital por la gravedad de su estado físico. Héctor Llaitul, José Huenuche, Ramón Llanquileo y Jonathan Huillical anunciaron que seguirán la lucha hasta las últimas consecuencias para enfrentar la avanzada represiva del estado chileno y sus leyes antiterroristas.

¡Libertad a los presos políticos mapuches en Chile!

Chile: Negocios y campaña con el rescate de los mineros



Después de estar semanas bajo tierra, fueron rescatados los obreros que habían quedado atrapados tras el derrumbe de la mina en la que trabajaban en Chile. La campaña mediática de Sebastián Piñera y los negocios de los capitalistas, estuvieron a la orden del día, buscando tapar la realidad de explotación y miseria que padecen a diario los trabajadores mineros.

Como es sabido, los capitalistas no desperdician oportunidad alguna a la hora de hacer negocios. Y el rescate de los mineros en Chile, desde luego, no fue la excepción. Varios días antes, incluso, de que salieran a la superficie los 33 trabajadores, ya era de público conocimiento el amplio abanico de negocios que empresarios chilenos y extranjeros planeaban llevar adelante, con el único fin de seguir facturando millones, en este caso montados sobre esta experiencia. Emprendimientos cinematográficos, bebidas con su nombre, viajes para conocer el lugar…
Tampoco desaprovechó su oportunidad Sebastián Piñera. El multimillonario empresario y presidente chileno, se montó sobre el rescate para transformarlo en un gigantesco acto de campaña a su favor, para mejorar su imagen, intentando mostrarse como el salvador de los mineros. Desde luego, no se lo escuchó mencionar palabra acerca de su responsabilidad y la de su gobierno en el derrumbe que (en esta oportunidad), por fortuna, no se cobró la vida de los trabajadores.
El gigantesco despliegue mediático que cubrió minuto a minuto el rescate a los mineros chilenos, contrastó con el ocultamiento y la absoluta falta de información que vivió el mismo caso en los primeros días después del derrumbe, cuando aún no se sabía si estaban con vida. Fue más de una semana, donde poco y nada se ocuparon los medios de la suerte de los trabajadores que habían quedado sepultados. El mismo silenciamiento padeció un caso similar en Ecuador, que se produjo casi en simultáneo con el rescate chileno, pero con otro final: otro derrumbe en una mina, que dejó al menos dos trabajadores muertos y decenas de heridos.
Es que esta realidad de accidentes y muerte en el trabajo es padecida a diario por la clase trabajadora. Así sucede en todo el mundo y, fundamentalmente, en los países dependientes y atrasados como Chile o Argentina, dónde los niveles de explotación sobre la clase obrera son aún mayores. Sucede en las minas, en la construcción, en la industria metalúrgica y cualquier otra rama de la producción, donde los accidentes son moneda corriente. Y así será mientras todo sea organizado en función de la obtención de mayores ganancias como sucede en el capitalismo: los empresarios continuarán aumentando los ritmos de producción, disminuyendo las medidas y elementos de seguridad, como forma de reducir sus “gastos”, ignorando los planteos de los trabajadores sobre la seguridad en la producción… Es la esencia misma de la explotación capitalista: ganancias para los empresarios; penurias, accidentes y muerte para los trabajadores.

Chile: El derrumbe en la mina y la naturaleza del capitalismo

El derrumbe de la mina en Chile, dónde quedaron atrapados más de 30 mineros, desnuda la naturaleza del sistema capitalista, dónde la ambición de los empresarios no repara en nada, ni aún en la vida misma, en la búsqueda de mayores ganancias.


El jueves 5 de agosto, en la mina San José, ubicada a 78km de la comuna de Copiapó, al norte de Chile, se produjo un derrumbe que dejó atrapados a 34 trabajadores mineros, al borde de la muerte. Tres años atrás, esa misma mina, productora de unas 1.200 toneladas anuales de cobre fino, había sido cerrada tras la muerte de un trabajador. Fue autorizada a reabrir por el Sernageomin (el instituto estatal que regula la actividad minera), durante el gobierno de la Concertación de Bachelet, a pesar de sus precarias condiciones de seguridad. No debió haber operado a más de 500 metros de profundidad, pero sus galerías llegaban a más de 700 y precisamente a esa profundidad tuvo lugar el previsible “accidente”. Derrumbes que continuaron castigando e impidiendo el accionar de los rescatistas que intentaban acercarse a los sobrevivientes. Los titulares de todo el mundo volvieron a hablar de “tragedia” para evitar explicar que estos hechos no son la excepción sino la regla de un sistema de explotación tan inhumano como inescrupuloso. Al igual que hace 6 años, en la mina carbonífera de Río Turbio, las condiciones laborales propias de una de las actividades más representativas de la explotación capitalista, dejaron al descubierto cuál es la prioridad del sistema: la ganancia por sobre la vida humana.

Los sobrevivientes tuvieron que organizar su propia supervivencia con los recursos que supieron encontrar a 700 metros de profundidad. De hecho, los planos aportados por la empresa perjudicaban las tareas de rescate porque no eran exactos.

Con el único objetivo de acumular más y más ganancias, las empresas de todo tipo empeoran progresivamente las condiciones de trabajo, extendiendo las jornadas laborales, precarizando las medidas de seguridad destinadas a proteger la vida de los trabajadores, negándoles sus derechos sindicales, recortando, de variadas maneras, los salarios. Los diferentes estados complementan esta disposición, legislando, gestionando, reprimiendo y fallando a favor siempre de los burgueses, en detrimento de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera en su conjunto. El capitalismo, en su acumulación de plusvalía, no repara más que en su propio interés. Ni siquiera la vida humana esta por encima de ese principio fundamental.

Lo observamos de manera permanente, tanto en nuestro país como en el resto del mundo: infinidad de trabajadores, de distintas ramas de la producción, mueren en sus puestos laborales porque para sus jefes es más rentable tenerlos trabajando al borde de la muerte, que de manera segura.

La “seguridad jurídica” que el estado le otorga a las empresas, con la excusa de “atraer capitales”, implica, como si esto fuera poco, la legalización hecha y derecha de este tipo de relación social, obstaculizando cualquier intento de reclamo concreto frente a esta política permanente.

No hay, ni podrá haber nunca, un cambio sustancial a favor de los trabajadores mientras continúe gobernando la burguesía, obviamente en oposición a los intereses de los trabajadores y, por lo tanto, de la humanidad toda. Ahora, el gobierno chileno anuncia creación de la “comisión para la Seguridad en el Trabajo”, que tendrá un plazo de 90 días para analizar la legislación y presentar una propuesta de cambio. Sin embargo, nosotros sabemos que solamente dejarán de morir trabajadores, cuando los mismos trabajadores gobernemos en defensa de nuestros intereses. Ningún capitalista lo hará en nuestro lugar.

Chile: ¡Libertad a los presos políticos!

Al igual que ocurre en nuestro país y en muchas otras partes del mundo, en Chile la persecución constante contra los luchadores se está cobrando una numerosa cantidad de procesados y de presos políticos, a muchos de los cuales el estado pretende juzgar apelando a la ley antiterrorista o por medio del código militar.


En Chile, 32 presos políticos mapuches iniciaron una huelga de hambre que lleva prácticamente dos meses, en la cual algunos de ellos van perdiendo más de 18 kilos en medio de hostigamientos y denuncias de torturas. Con esta medida, los presos políticos buscan poner en evidencia las prácticas persecutorias del estado chileno y el uso del mote de “terroristas” para condenar a los luchadores populares con penas larguísimas que pueden llegar a superar los 100 años. Como dice uno de los referentes de estas luchas, Héctor Llaitul, “…mienten abiertamente, catalogan de ‘terrorismo’ acciones muy básicas de resistencia y autodefensa de las comunidades cuando son allanadas con violencia por la fuerza pública. Respuestas básicas, rudimentarias de la gente ante la agresión policial se transforman entonces en ‘atentados contra vida’, ‘emboscadas criminales’, ‘homicidios frustrados’ e ‘intentos de asesinato’.”

Además de las decenas de presos mapuches (unos 60 al menos), otros luchadores populares se encuentran también en prisión bajo amenaza de ser juzgados por las mismas leyes antiterroristas, como sucede con 10 militantes anarquistas a los que se involucra en el “caso bancos”.

De esta forma, la persecución a los luchadores viene siendo una constante tanto en el gobierno “socialista” de la Concertación como en el actual de Piñera. En este sentido, por más que algunos hablen del “giro a la derecha” con la asunción del nuevo gobierno, lo que se ve es una clara línea de continuidad, puesto que desde la dictadura hasta acá se han sostenido y profundizado las leyes antiterroristas, además de reprimir constantemente las movilizaciones sociales y de encarcelar a los militantes por razones políticas.

La represión en Chile es, por otra parte, expresión de la persecución política generalizada en el continente que abarca acuerdos de cooperación entre distintos gobiernos incluyendo el nuestro.

En Argentina, de hecho, las leyes antiterroristas se vienen promoviendo desde hace tiempo(1). Del mismo modo, militantes como Roberto Martino, Karina Germano o José Villalba, son presos políticos del gobierno kirchnerista. Por si fuera poco, la cooperación en materia represiva entre el kirchnerismo y el estado chileno viene funcionando a pleno, con la detención y extradición de varios militantes: como Marcelo Villarroel y Freddy Fuentevilla (entregados a Chile en diciembre), y ahora con la detención y posterior expulsión a Chile de Juan Manuel Aliste Vega en julio.

Así pues, de un lado y otro de los Andes y por tantas otras partes del continente, se repite la misma escena de persecución y encarcelamiento de los luchadores populares. Pelear contra la persecución política y por la liberación de los compañeros presos es una tarea central que debemos sostener y redoblar.




NOTAS:

1) En julio de 2007 comentábamos: “El 13 de junio la cámara de diputados sancionó la ley 26.268, que incorpora al código penal los delitos de “asociación ilícita terrorista” y “financiación del terrorismo”. A pesar de que Argentina dictó varias leyes ‘antiterroristas’ desde 1989 (las dos últimas en abril de 2005) eran intensos los reclamos de los yanquis sobre el tema.” “Ley antiterrorista: siguiendo el manual al pie de la letra”, ER Nº26 (Julio de 2007). Para ver el detalle de estas leyes terroristas acceda a la nota en http://elrevolucionario-otr.blogspot.com/

Chile: Empresario, multimillonario y presidente



Después de 20 años, la Concertación, alianza entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, dejará el gobierno en Chile. La segunda vuelta dejó como ganador al empresario y multimillonario Sebastián Piñera que será el encargado de profundizar el camino andado en las últimas décadas.

Una vez más, el proceso electoral en Chile, como hace unos meses lo fue el de Uruguay y próximamente lo será el de Brasil, fue la oportunidad perfecta para la prensa y los defensores del sistema capitalista para hacer una apología del gran funcionamiento de la democracia y del respeto cívico en los vecinos países. Insistieron hasta el hartazgo en señalar la amplitud con la cual se desarrolló el debate entre los candidatos, así como también la honestidad de la coalición perdedora para reconocer la derrota inmediatamente o la actitud ejemplar de la transición hacia el nuevo gobierno, que incluyó hasta una visita de la actual presidenta, Michelle Bachelet, al multimillonario electo, Sebastián Piñera, en su casa, para desayunar.
No fueron pocos, sin embargo, los que mostraron algún reparo o alguna preocupación dentro de tanto elogio por el hecho de que un multimillonario que se autodefine sin problemas como de “centro derecha” y que mantiene una alianza con sectores abiertamente defensores del gobierno de Pinochet llegue a la presidencia.
Lo cierto es que, como incluso el mismo Piñera lo ha señalado, quienes temen grandes cambios con respecto a los anteriores gobiernos no tienen nada de que preocuparse. Es más, incluso en campaña, el empresario, dueño de LAN y de Chilevisión, entre otras empresas, no pudo más que reconocer los grandes aciertos de la política económica los últimos gobiernos, al mando de la Concertación. Grandes aciertos, claro está, en la defensa de los intereses de los capitalistas de su país, de los cuales Piñera es uno de los máximos exponentes.
Es que repasando algunos de los ejes más importantes de los gobiernos de la coalición entre “socialistas” y democristianos, salta a la vista que los sucesivos gobiernos no sólo no han revertido la política económica iniciada durante la dictadura pinochetista, sino que, por el contrario, han profundizado sus principales lineamientos, como la sumisión directa a los EEUU. Como prueba de esto, baste el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con el gobierno yanqui o recordar, simplemente, que fue el “socialista” Lagos uno de los principales impulsores del ALCA en la Cumbre de las Américas que se desarrolló en Mar del Plata en 2005. En el mismo sentido, Chile es un caso paradigmático en América Latina de la aplicación a raja tabla de las políticas sociales establecidas por el Banco Mundial y el FMI. Da cuenta de esto, por ejemplo, su sistema educativo absolutamente restrictivo, con una educación superior completamente arancelada, que niega la posibilidad de estudiar a la gran mayoría del pueblo chileno.
Al mismo tiempo, como parte del cumplimiento de los acuerdos con el gobierno de EEUU y los organismos internacionales de crédito, los gobiernos de la Concertación han profundizado el atraso de la economía chilena que se sostiene casi exclusivamente gracias a la explotación primaria del cobre, el hierro, y otros minerales que existen en abundancia.
Como parte de esta política abiertamente proempresaria, la represión ha estado a la orden del día durante los últimos años. Así sucedió en cada una de las multitudinarias movilizaciones estudiantiles que se desarrollaron en rechazo a las políticas educativas, y que fueron, casi sin excepción, enfrentadas violentamente por la policía y después de las cuales los detenidos se contaron de a cientos. La misma brutalidad, dejando varios muertos víctimas de la represión, se descargó sobre las organizaciones del pueblo mapuche en el enfrentamiento por la propiedad de tierras.
No gratuitamente, por lo tanto, se ha ganado la Concertación tantos elogios de parte de los defensores del capitalismo en Latinoamérica y en EEUU. Los gobiernos a su cargo han trabajado efectivamente para garantizar las ganancias de los empresarios chilenos a la par que profundizaban el atraso y la dependencia de su país, a tal punto que han preparado el terreno para que sea uno de los máximos exponentes de la burguesía local, Sebastián Piñera, el que se haga cargo directamente del gobierno, para continuar con el camino trazado por la coalición progresista.

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CHILE, A 34 AÑOS

1973 - 11 de septiembre - 2007
El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

A 34 años del golpe militar en Chile que asentó en el poder la dictadura de Pinochet, reivindicamos a quienes resistieron aun en las peores condiciones.
Nuestra reivindicación, además de ser un merecido homenaje, va acompañada del compromiso militante de organizarnos y tomar el camino revolucionario. Es por eso que no tenemos otra opción que la de balancear críticamente los hechos de la historia que nos han dejado quienes se entregaron a la lucha por la liberación de la clase obrera haciendo avanzar la Revolución.
“Vivimos momentos definitorios. Las conquistas y el futuro de los trabajadores están amenazados. La lucha de clases es siempre una guerra encubierta. La contrarrevolución burguesa se propone hoy en Chile hacerla estallar. El pueblo no se dejará amarrar las manos. La clase obrera y el pueblo están en disposición de combate, están decididos a defender sus conquistas y están más decididos hoy que nunca a conquistar su futuro.”
Estas son las palabras de Miguel Enriquez, secretario general del MIR, en su discurso a mediados del año 73, ya en puertas del golpe militar.
Estas palabras reflejan, en cierto sentido, una época en la historia de Chile, donde el grado de politización y de organización de la clase obrera y del pueblo había alcanzado un desarrollo muy importante. Existía en el pueblo y sobre todo en la clase obrera organizada.
En el año 1970 asumía al poder por la vía electoral y con gran apoyo del pueblo, la Unidad Popular (UP) con Salvador Allende como presidente. El programa de la UP era “… el camino al socialismo en democracia. Pluralismo y libertad.”
Vale recordar que la Unión Popular estaba integrada por una alianza de los partidos: Radical, Socialdemócrata, Socialista, el Movimiento Acción Popular Unitario (MAPU) y Acción Popular Independiente (API).
Este proyecto (contra toda experiencia marxista) se proponía llegar al socialismo por la “vía pacífica” dentro de los parámetros de la democracia burguesa, compartiendo el poder con sectores profundamente reaccionarios, como la Democracia Cristiana con quien debió firmar un “Estatuto de garantías democráticas”, compromiso de no hacer reformas en las FFAA, ni en la policía, ni en los medios de comunicación ni la Iglesia.
Internacionalmente fue apoyado por el stalinismo, dedicado a frenar cualquier intento de revolución real en cualquier parte del mundo; en nombre de la “revolución por etapas” para los países atrasados y protegiendo su “pacto de coexistencia pacífica” con los yanquis al que el pueblo de Chile fue condenado a alinearse.
A pesar de que en los años en los que Allende estuvo en el gobierno ayudaron a sostener una situación en la que la clase obrera tuvo importantes concesiones que le permitieron organizarse sindical y políticamente (fue el caso de las organizaciones en los cordones industriales), al mismo tiempo, fue el propio proyecto de la UP el encargado de garantizar el suicidio de la posible revolución en Chile.
El gobierno intentaba atender las exigencias en materia de consumo del pueblo, hacer concesiones para ganarse a la burguesía local y la pequeña burguesía y mantener la “paz” con los sectores más reaccionarios y el imperialismo. Todo al mismo tiempo.
Manteniendo esta situación de conciliación permanente no existía la posibilidad de tomar medidas más radicales que hicieran posible el avance real hacia el socialismo: la expropiación sin pago a la burguesía, el control obrero de la producción, la definitiva ruptura con el Imperialismo, la organización armada contra la contrarrevolución, etc.
Se tomaron medidas importantes como la nacionalización del cobre y sectores de la industria de bienes de consumo. Pero como señala un historiador chileno “…no se modificaba la base productiva existente, sino que se impulsaba su reproducción ampliada, con todas sus deformaciones: al mismo tiempo ponía gordas ganancias en manos de la burguesía la cual no las invertía en la expansión de la estructura productiva (…) Finalmente, la política económica chocaba con dos obstáculos difíciles de superar: los déficit del sector externo, derivados del boicot impuesto por el gobierno norteamericano y las agencias financieras que controla, así como de la baja de las cotizaciones internacionales del cobre…” (Ruy Mauro Marini, “El reformismo y la contrarrevolución. Estudios sobre chile”, 1974).
La derrota del “socialismo por la vía pacífica” estaba ya determinado en la esencia de su programa que indefectiblemente obligaba a la Unidad Popular a hacer importantes concesiones a los sectores contrarrevolucionarios y profundamente fascistas en nombre de la defensa de las instituciones y el fortalecimiento de la democracia. En las elecciones democráticas del 72 un sector pro-golpista como el de la Democracia Cristiana logró ser mayoría en el parlamento.
Bajo este proyecto económico la mayoría de los trabajadores quedan fuera de los beneficios que traería la nacionalización por lo que se llevan a cabo fuertes medidas de lucha como las tomas de fábrica. A esto la burguesía responde paralizando la producción, haciendo boicots.
De este modo se hace visible la imposibilidad de una alianza democrática forzando una conciliación de intereses que son absolutamente contrapuestos, y por ende irreconciliables. Y este análisis no puede ser catalogado como una posición dogmática, sino como la corroboración de la realidad histórica, en que al momento de agudizarse las contradicciones entre las clases la burguesía chilena no dudó en instaurar una dictadura que acabara mediante desapariciones, torturas y asesinatos con cualquier intento de levantamiento popular.
En este marco, en el que la burguesía tiene vía libre dentro del gobierno de Allende, se desarrollaron organizaciones, dando cuenta de su creciente independencia frente al gobierno de la Unidad Popular, no sólo en el caso de aquellas organizaciones que se conformaron al margen de las directivas del gobierno de Allende, sino también en el caso de otras que fueron originalmente impulsadas por la Unidad Popular pero que adquirieron una dinámica propia, superando e incluso enfrentando las directivas gubernamentales.
Este proceso llevará además a un alto grado de combatividad y enfrentamiento. Así por ejemplo, tras la huelga patronal de octubre los cordones avanzaron en el control de precios, de la distribución y del transporte; emprendiendo tomas de fábricas y organizando grupos de autodefensa. También los pobladores sin vivienda y las organizaciones campesinas desarrollaron las tomas de terrenos urbanos y rurales respectivamente. Y tras un nuevo ataque de la burguesía, con el “tancazo” de junio de 1973, los cordones organizaron nuevamente la toma masiva de fábricas y la conformación de grupos de autodefensa.
El MIR, la más importante organización armada revolucionaria de Chile, si bien acompañó al gobierno de Salvador Allende, señalaba permanentemente la necesidad de la independencia de clase y la necesidad de la violencia contra la burguesía.
Muy distinto fue el rol de Partidos como el PC y el PS los que en los momentos más radicalizados de la lucha popular llegaron a prohibir la participación de sus activistas en las organizaciones de base.
La clase obrera y el pueblo pedían armas al gobierno para poder avanzar y frenar el golpe que ya se respiraba, golpe que llevaría a cabo el mismo ejército que dirigía Pinochet y en el que la UP confiaba. La respuesta de Allende fue: “…no habrá otras fuerzas armadas que las estipuladas en la Constitución. Es decir, el ejército, las fuerzas navales y las fuerzas aéreas. Eliminaré cualquier otra que aparezca”.
Mientras la “vía pacífica” de Allende significaba la negativa al avance de la lucha del pueblo dejaba el camino libre a la reacción de la burguesía. Una descripción sobre la situación que se vivía a mediados de 1973 es significativa: “Los fascistas dominaban en la calle: atentados políticos, incendios provocados en lugares u objetos políticos o civiles de importancia estratégica. En la calle reinaba la ley de la selva.” (Carmen Zur Strassen , “La dialéctica en la lucha de clases”, 1974).
“Los militares golpistas enviaban a las fuerzas armadas y a los carabineros a las fábricas, barrios pobres, oficinas partidarias, sindicatos y universidades, para hacer brutales razzias con el pretexto de requisar armas en cumplimiento de la nueva ley de armas”.
Otro ejemplo claro de la posición de la UP es la entrega de la emisora de televisión de la Universidad de Chile, la que fue desalojada por orden del Allende y entregada a las manos de la derecha para poder reentablar el diálogo con la clase media y la Democracia Cristiana.
A pesar de tanto esfuerzo y tanta lucha el no avance contra la burguesía desembocó en un golpe militar el 11 de Septiembre de 1973 orquestado por la CIA y llevado a cabo por la burguesía chilena y el ejército. Este golpe, como recordáramos al principio de esta nota, miles de hombres y mujeres resistieron heroicamente.

Este recuerdo que ha quedado grabado en la historia y que año tras año aparece en actos, periódico y volantes sólo tiene sentido si se trabaja cotidianamente para la Revolución Socialista, y esto es construyendo un partido que sea capaz de organizar a la clase obrera y al pueblo en forma independiente de la burguesía.

CHILE, URUGUAY, BRASIL: PARA ALGUNOS, EL SILENCIO ES SALUD

El Revolucionario Nº20 (Diciembre de 2006)

“Si conocés un izquierdista de edad avanzada, esa persona tiene problemas”, dijo el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en el homenaje a los 30 años de la revista IstoE. Y explicó: "Es la evolución de la especie humana: quien es más de derecha se hace un poco de izquierda, quien es más de izquierda se va transformando en un socialdemócrata. Cuando uno tiene 60 años alcanzó la edad del equilibrio, porque uno no es ni una cosa ni la otra. Uno se transforma entonces en el camino del medio, aquel camino que necesita ser seguido por la sociedad". Ante la avalancha de críticas, intentó aclarar días después que fue una broma, mientras sigue gobernando, como lo hace desde 2003, al servicio de los intereses imperialistas y contra los trabajadores y el pueblo que votaron al PT.
Calladitos se quedaron los que aplaudieron el triunfo en aquellas elecciones, los que iban al Foro Social a escuchar al primer representante de la “nueva izquierda”, esa que ahora llaman “socialismo del siglo XXI”. Calladitos andan todos los que celebraron el “triunfo obrero y popular” de Lula y lo definieron como una expresión del “giro a la izquierda de las masas latinoamericanas”.
Igual de calladitos se quedaron los que saludaron el triunfo de Michelle Bachelet en Chile como “gran derrota de la derecha”, cuando no la apoyaron expresamente. Miran para otro lado cuando la sonriente presidenta se cansa de mandar carabineros a reprimir estudiantes secundarios, mientras firma tratados de libre comercio con EEUU. “El genocida no tuvo funeral con honores de estado”, tratan de defenderla, silenciando que sí tuvo todos los honores militares, en un edificio público, que Bachelet mandó a su ministra de defensa a presentar el pésame oficial, que no hubo un solo detenido pinochetista en los disturbios callejeros, y sí centenares de compañeros que festejaban la muerte del chacal.
También calladitos andan los que hicieron campaña para el Frente Amplio uruguayo en 2004, con actos en el Obelisco; los que mediaron con el gobierno de Kirchner para que hubiera pasajes gratis para los residentes uruguayos en Argentina, que hicieron la diferencia necesaria para el triunfo de Tabaré Vázquez; los que titularon en sus prensas “La Izquierda gobierna en Uruguay”. Calladitos se quedan mientras el gobierno “de los compañeros” manda el ejército a proteger las plantas de la Unión Europea, y ordena a sus jueces que digan que manifestarse contra Bush es “sedición”.

CHILE: DE LA MANO DE BACHELET, EL MEJOR MODELO DE EEUU PARA AMÉRICA LATINA

El Revolucionario Nº10 (Febrero de 2006)

Si hablamos de continuidad capitalista en los gobiernos latinoamericanos, Chile es uno de los mejores ejemplos.
A pesar de los festejos y tanta campaña intentando mostrar la “profundización del progresismo” por la asunción de Bachelet hay varios factores que muestran que este “nuevo” gobierno no es ni más ni menos que el sostenimiento del liberalismo en Chile y la mejor protección de los negocios de la burguesía. Pues es el cuarto gobierno consecutivo de la Concertación , una coalición de los partidos netamente capitalistas (Democracia Cristiana, Partido Socialista, Partido Por la Democracia y Partido Radical Social Demócrata) que gobiernan desde la terminación de la dictadura de Pinochet, garantizando las privatizaciones de la salud y la educación bajo el manto ahora de la democracia y el sello del Partido Socialista.
La futura presidenta ya se encargó de dejar en claro, para que no quepa ninguna duda sobre su programa de gobierno, que va a proseguir con la política de apertura a las inversiones extranjeras y de firmar acuerdos de libre comercio que han permitido a la economía chilena crecer en un 6 % por año en la última época, crecimiento que no se da más que a costa de la entrega absoluta de los recursos naturales del país como el cobre, la privatización de todas las industrias y servicios y la explotación máxima de los trabajadores.
Pero la mejor muestra de continuidad es recordar que Bachelet fue ministra de Salud y luego de Defensa del gobierno de Lagos, quien fue felicitado y tomado como ejemplo a seguir en América Latina por parte de EEUU. Ante este nuevo triunfo de la concertación, los yanquis vuelven a aprovechar la ocasión para destacar el mejor ejemplo de entrega al Imperialismo para todos los que quieran escuchar y seguir la receta de cómo lograr el sostenimiento de las buenas relaciones con EEUU y todos sus organismos internacionales. Así lo dice claramente el analista estadounidense sobre política latinoamericana, Andrés Oppenheimer, en el diario La Nación del 17 de enero en el artículo “La falacia del bloque izquierdista regional”. Este artículo se encarga de mostrar que EEUU está absolutamente tranquilo sabiendo que el vociferado Bloque Regional de Poder no es más que pura demagogia: “Quizá la gran novedad de América Latina no sea el resurgimiento de la izquierda populista de la década del 60, sino el hecho de que por primera vez esta surgiendo una izquierda moderna, responsable y globalizada en países como Chile, Brasil y Uruguay. En estos países, y posiblemente vengan otros, se han dado cuenta de que las naciones que logran disminuir la pobreza son las que atraen inversiones, y las que aumentan la pobreza son las que las ahuyentan.”
Lógicamente las felicitaciones vienen de quienes ven la protección de sus negocios y saben que para nada se va a modificar la política que se lleva a cabo en Chile hace 15 años basada en la privatización de la salud y de la educación en forma compulsiva: los hospitales han sido prácticamente desmantelados, las escuelas públicas son casi inexistentes, quienes aspiran a seguir una carrera universitaria son sometidos a una selección que determina según el promedio qué universidad corresponde y para los que logran permanecer en ella endeudan hasta sus casas si quieren obtener el título que deben pagar al gobierno.
En este contexto, la Concertación ha basado su campaña de reducción del porcentaje de la pobreza al 18 % partir del año 90. Lo cierto es que semejante muestra de “progresismo” da por tierra cuando las cifras de desigualdad social son escandalosas: la quinta parte más rica de los chilenos se queda con el 56 % del ingreso nacional, 15 veces más de lo que recibe la quinta parte más pobre, el 4% promedio, pues la gran mayoría sólo recibe el 1 %. Hasta una página de Internet que difunde información turística de Chile “Contant Chile” publica lo siguiente: “A pesar de que el producto interno bruto (PIB) de USD 5.500 anuales per cápita ubica a Chile entre los países de mayores ingresos en América Latina, en pocos países se ven con tanta claridad las diferencias sociales como aquí. De acuerdo a cifras oficiales, uno de cada cinco chilenos (3,17 millones) vive en la pobreza, con un 5,7 % de la población bajo la línea de extrema pobreza... Por otra parte, gerentes corporativos ganan enormes sueldos de nivel internacional, mientras que un trabajador sin calificación debe vivir con el sueldo mínimo legal de USD 200 mensuales”.
Las encuestas oficiales consideran personas con empleo a todo aquel que haya trabajado una hora por semana, sin considerar qué ocurre el resto del tiempo, si posee previsión social, cuál es su salario, cuál es su contrato laboral, etc. Vale la pena mencionar que un gran porcentaje de la población activa del país se encuentra empleada en el exterior.
El cobre, una de las mayores riquezas del país, privatizado en la época de la dictadura, hoy sigue en manos de australianos y británicos que pagan a los chilenos 70 centavos la libra cuando en el mercado internacional su precio ha llegado a los US$ 2 la libra. El negocio es más redondo que nunca, facturan US$ 2.500 millones al año empleando apenas a 450 obreros a quienes super-explotan y pagan salarios de hambre.
Claro está que esta situación que padece hace años el pueblo chileno ha provocado la lucha popular, que como no podía ser de otra forma, lo que ha obtenido como respuesta de la burguesía y su gobierno la represión con la culminación de presos, heridos y muertos del lado de los trabajadores, estudiantes, indígenas y demás sectores populares.
Esta es la política que lleva adelante el Partido Socialista en la Concertación. Y es la política que seguirá permaneciendo en el poder con el triunfo de su candidata Michelle Bachelet, que gracias al apoyo de la Democracia Cristiana como parte de la Concertación (partido que apoyó el golpe de Pinochet) y la colaboración con votos del Partido Comunista, que -aun sin ser parte de la Concertación- negoció algún que otro cargo en el gobierno, logró la mayoría de los votos en la segunda vuelta.
Tras estas elecciones están garantizados para el futuro de Chile cuatro años más de entrega al Imperialismo y de desocupación, represión y hambre para el pueblo.