
Después de 20 años, la Concertación, alianza entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, dejará el gobierno en Chile. La segunda vuelta dejó como ganador al empresario y multimillonario Sebastián Piñera que será el encargado de profundizar el camino andado en las últimas décadas.
Una vez más, el proceso electoral en Chile, como hace unos meses lo fue el de Uruguay y próximamente lo será el de Brasil, fue la oportunidad perfecta para la prensa y los defensores del sistema capitalista para hacer una apología del gran funcionamiento de la democracia y del respeto cívico en los vecinos países. Insistieron hasta el hartazgo en señalar la amplitud con la cual se desarrolló el debate entre los candidatos, así como también la honestidad de la coalición perdedora para reconocer la derrota inmediatamente o la actitud ejemplar de la transición hacia el nuevo gobierno, que incluyó hasta una visita de la actual presidenta, Michelle Bachelet, al multimillonario electo, Sebastián Piñera, en su casa, para desayunar.
No fueron pocos, sin embargo, los que mostraron algún reparo o alguna preocupación dentro de tanto elogio por el hecho de que un multimillonario que se autodefine sin problemas como de “centro derecha” y que mantiene una alianza con sectores abiertamente defensores del gobierno de Pinochet llegue a la presidencia.
Lo cierto es que, como incluso el mismo Piñera lo ha señalado, quienes temen grandes cambios con respecto a los anteriores gobiernos no tienen nada de que preocuparse. Es más, incluso en campaña, el empresario, dueño de LAN y de Chilevisión, entre otras empresas, no pudo más que reconocer los grandes aciertos de la política económica los últimos gobiernos, al mando de la Concertación. Grandes aciertos, claro está, en la defensa de los intereses de los capitalistas de su país, de los cuales Piñera es uno de los máximos exponentes.
Es que repasando algunos de los ejes más importantes de los gobiernos de la coalición entre “socialistas” y democristianos, salta a la vista que los sucesivos gobiernos no sólo no han revertido la política económica iniciada durante la dictadura pinochetista, sino que, por el contrario, han profundizado sus principales lineamientos, como la sumisión directa a los EEUU. Como prueba de esto, baste el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con el gobierno yanqui o recordar, simplemente, que fue el “socialista” Lagos uno de los principales impulsores del ALCA en la Cumbre de las Américas que se desarrolló en Mar del Plata en 2005. En el mismo sentido, Chile es un caso paradigmático en América Latina de la aplicación a raja tabla de las políticas sociales establecidas por el Banco Mundial y el FMI. Da cuenta de esto, por ejemplo, su sistema educativo absolutamente restrictivo, con una educación superior completamente arancelada, que niega la posibilidad de estudiar a la gran mayoría del pueblo chileno.
Al mismo tiempo, como parte del cumplimiento de los acuerdos con el gobierno de EEUU y los organismos internacionales de crédito, los gobiernos de la Concertación han profundizado el atraso de la economía chilena que se sostiene casi exclusivamente gracias a la explotación primaria del cobre, el hierro, y otros minerales que existen en abundancia.
Como parte de esta política abiertamente proempresaria, la represión ha estado a la orden del día durante los últimos años. Así sucedió en cada una de las multitudinarias movilizaciones estudiantiles que se desarrollaron en rechazo a las políticas educativas, y que fueron, casi sin excepción, enfrentadas violentamente por la policía y después de las cuales los detenidos se contaron de a cientos. La misma brutalidad, dejando varios muertos víctimas de la represión, se descargó sobre las organizaciones del pueblo mapuche en el enfrentamiento por la propiedad de tierras.
No gratuitamente, por lo tanto, se ha ganado la Concertación tantos elogios de parte de los defensores del capitalismo en Latinoamérica y en EEUU. Los gobiernos a su cargo han trabajado efectivamente para garantizar las ganancias de los empresarios chilenos a la par que profundizaban el atraso y la dependencia de su país, a tal punto que han preparado el terreno para que sea uno de los máximos exponentes de la burguesía local, Sebastián Piñera, el que se haga cargo directamente del gobierno, para continuar con el camino trazado por la coalición progresista.
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