El Revolucionario Nº20 (Diciembre de 2006)
“Si conocés un izquierdista de edad avanzada, esa persona tiene problemas”, dijo el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en el homenaje a los 30 años de la revista IstoE. Y explicó: "Es la evolución de la especie humana: quien es más de derecha se hace un poco de izquierda, quien es más de izquierda se va transformando en un socialdemócrata. Cuando uno tiene 60 años alcanzó la edad del equilibrio, porque uno no es ni una cosa ni la otra. Uno se transforma entonces en el camino del medio, aquel camino que necesita ser seguido por la sociedad". Ante la avalancha de críticas, intentó aclarar días después que fue una broma, mientras sigue gobernando, como lo hace desde 2003, al servicio de los intereses imperialistas y contra los trabajadores y el pueblo que votaron al PT.
Calladitos se quedaron los que aplaudieron el triunfo en aquellas elecciones, los que iban al Foro Social a escuchar al primer representante de la “nueva izquierda”, esa que ahora llaman “socialismo del siglo XXI”. Calladitos andan todos los que celebraron el “triunfo obrero y popular” de Lula y lo definieron como una expresión del “giro a la izquierda de las masas latinoamericanas”.
Igual de calladitos se quedaron los que saludaron el triunfo de Michelle Bachelet en Chile como “gran derrota de la derecha”, cuando no la apoyaron expresamente. Miran para otro lado cuando la sonriente presidenta se cansa de mandar carabineros a reprimir estudiantes secundarios, mientras firma tratados de libre comercio con EEUU. “El genocida no tuvo funeral con honores de estado”, tratan de defenderla, silenciando que sí tuvo todos los honores militares, en un edificio público, que Bachelet mandó a su ministra de defensa a presentar el pésame oficial, que no hubo un solo detenido pinochetista en los disturbios callejeros, y sí centenares de compañeros que festejaban la muerte del chacal.
También calladitos andan los que hicieron campaña para el Frente Amplio uruguayo en 2004, con actos en el Obelisco; los que mediaron con el gobierno de Kirchner para que hubiera pasajes gratis para los residentes uruguayos en Argentina, que hicieron la diferencia necesaria para el triunfo de Tabaré Vázquez; los que titularon en sus prensas “La Izquierda gobierna en Uruguay”. Calladitos se quedan mientras el gobierno “de los compañeros” manda el ejército a proteger las plantas de la Unión Europea, y ordena a sus jueces que digan que manifestarse contra Bush es “sedición”.
“Si conocés un izquierdista de edad avanzada, esa persona tiene problemas”, dijo el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en el homenaje a los 30 años de la revista IstoE. Y explicó: "Es la evolución de la especie humana: quien es más de derecha se hace un poco de izquierda, quien es más de izquierda se va transformando en un socialdemócrata. Cuando uno tiene 60 años alcanzó la edad del equilibrio, porque uno no es ni una cosa ni la otra. Uno se transforma entonces en el camino del medio, aquel camino que necesita ser seguido por la sociedad". Ante la avalancha de críticas, intentó aclarar días después que fue una broma, mientras sigue gobernando, como lo hace desde 2003, al servicio de los intereses imperialistas y contra los trabajadores y el pueblo que votaron al PT.
Calladitos se quedaron los que aplaudieron el triunfo en aquellas elecciones, los que iban al Foro Social a escuchar al primer representante de la “nueva izquierda”, esa que ahora llaman “socialismo del siglo XXI”. Calladitos andan todos los que celebraron el “triunfo obrero y popular” de Lula y lo definieron como una expresión del “giro a la izquierda de las masas latinoamericanas”.
Igual de calladitos se quedaron los que saludaron el triunfo de Michelle Bachelet en Chile como “gran derrota de la derecha”, cuando no la apoyaron expresamente. Miran para otro lado cuando la sonriente presidenta se cansa de mandar carabineros a reprimir estudiantes secundarios, mientras firma tratados de libre comercio con EEUU. “El genocida no tuvo funeral con honores de estado”, tratan de defenderla, silenciando que sí tuvo todos los honores militares, en un edificio público, que Bachelet mandó a su ministra de defensa a presentar el pésame oficial, que no hubo un solo detenido pinochetista en los disturbios callejeros, y sí centenares de compañeros que festejaban la muerte del chacal.
También calladitos andan los que hicieron campaña para el Frente Amplio uruguayo en 2004, con actos en el Obelisco; los que mediaron con el gobierno de Kirchner para que hubiera pasajes gratis para los residentes uruguayos en Argentina, que hicieron la diferencia necesaria para el triunfo de Tabaré Vázquez; los que titularon en sus prensas “La Izquierda gobierna en Uruguay”. Calladitos se quedan mientras el gobierno “de los compañeros” manda el ejército a proteger las plantas de la Unión Europea, y ordena a sus jueces que digan que manifestarse contra Bush es “sedición”.