El Revolucionario Nº10 (Febrero de 2006)
Si hablamos de continuidad capitalista en los gobiernos latinoamericanos, Chile es uno de los mejores ejemplos.
A pesar de los festejos y tanta campaña intentando mostrar la “profundización del progresismo” por la asunción de Bachelet hay varios factores que muestran que este “nuevo” gobierno no es ni más ni menos que el sostenimiento del liberalismo en Chile y la mejor protección de los negocios de la burguesía. Pues es el cuarto gobierno consecutivo de la Concertación , una coalición de los partidos netamente capitalistas (Democracia Cristiana, Partido Socialista, Partido Por la Democracia y Partido Radical Social Demócrata) que gobiernan desde la terminación de la dictadura de Pinochet, garantizando las privatizaciones de la salud y la educación bajo el manto ahora de la democracia y el sello del Partido Socialista.
La futura presidenta ya se encargó de dejar en claro, para que no quepa ninguna duda sobre su programa de gobierno, que va a proseguir con la política de apertura a las inversiones extranjeras y de firmar acuerdos de libre comercio que han permitido a la economía chilena crecer en un 6 % por año en la última época, crecimiento que no se da más que a costa de la entrega absoluta de los recursos naturales del país como el cobre, la privatización de todas las industrias y servicios y la explotación máxima de los trabajadores.
Pero la mejor muestra de continuidad es recordar que Bachelet fue ministra de Salud y luego de Defensa del gobierno de Lagos, quien fue felicitado y tomado como ejemplo a seguir en América Latina por parte de EEUU. Ante este nuevo triunfo de la concertación, los yanquis vuelven a aprovechar la ocasión para destacar el mejor ejemplo de entrega al Imperialismo para todos los que quieran escuchar y seguir la receta de cómo lograr el sostenimiento de las buenas relaciones con EEUU y todos sus organismos internacionales. Así lo dice claramente el analista estadounidense sobre política latinoamericana, Andrés Oppenheimer, en el diario La Nación del 17 de enero en el artículo “La falacia del bloque izquierdista regional”. Este artículo se encarga de mostrar que EEUU está absolutamente tranquilo sabiendo que el vociferado Bloque Regional de Poder no es más que pura demagogia: “Quizá la gran novedad de América Latina no sea el resurgimiento de la izquierda populista de la década del 60, sino el hecho de que por primera vez esta surgiendo una izquierda moderna, responsable y globalizada en países como Chile, Brasil y Uruguay. En estos países, y posiblemente vengan otros, se han dado cuenta de que las naciones que logran disminuir la pobreza son las que atraen inversiones, y las que aumentan la pobreza son las que las ahuyentan.”
Lógicamente las felicitaciones vienen de quienes ven la protección de sus negocios y saben que para nada se va a modificar la política que se lleva a cabo en Chile hace 15 años basada en la privatización de la salud y de la educación en forma compulsiva: los hospitales han sido prácticamente desmantelados, las escuelas públicas son casi inexistentes, quienes aspiran a seguir una carrera universitaria son sometidos a una selección que determina según el promedio qué universidad corresponde y para los que logran permanecer en ella endeudan hasta sus casas si quieren obtener el título que deben pagar al gobierno.
En este contexto, la Concertación ha basado su campaña de reducción del porcentaje de la pobreza al 18 % partir del año 90. Lo cierto es que semejante muestra de “progresismo” da por tierra cuando las cifras de desigualdad social son escandalosas: la quinta parte más rica de los chilenos se queda con el 56 % del ingreso nacional, 15 veces más de lo que recibe la quinta parte más pobre, el 4% promedio, pues la gran mayoría sólo recibe el 1 %. Hasta una página de Internet que difunde información turística de Chile “Contant Chile” publica lo siguiente: “A pesar de que el producto interno bruto (PIB) de USD 5.500 anuales per cápita ubica a Chile entre los países de mayores ingresos en América Latina, en pocos países se ven con tanta claridad las diferencias sociales como aquí. De acuerdo a cifras oficiales, uno de cada cinco chilenos (3,17 millones) vive en la pobreza, con un 5,7 % de la población bajo la línea de extrema pobreza... Por otra parte, gerentes corporativos ganan enormes sueldos de nivel internacional, mientras que un trabajador sin calificación debe vivir con el sueldo mínimo legal de USD 200 mensuales”.
Las encuestas oficiales consideran personas con empleo a todo aquel que haya trabajado una hora por semana, sin considerar qué ocurre el resto del tiempo, si posee previsión social, cuál es su salario, cuál es su contrato laboral, etc. Vale la pena mencionar que un gran porcentaje de la población activa del país se encuentra empleada en el exterior.
El cobre, una de las mayores riquezas del país, privatizado en la época de la dictadura, hoy sigue en manos de australianos y británicos que pagan a los chilenos 70 centavos la libra cuando en el mercado internacional su precio ha llegado a los US$ 2 la libra. El negocio es más redondo que nunca, facturan US$ 2.500 millones al año empleando apenas a 450 obreros a quienes super-explotan y pagan salarios de hambre.
Claro está que esta situación que padece hace años el pueblo chileno ha provocado la lucha popular, que como no podía ser de otra forma, lo que ha obtenido como respuesta de la burguesía y su gobierno la represión con la culminación de presos, heridos y muertos del lado de los trabajadores, estudiantes, indígenas y demás sectores populares.
Esta es la política que lleva adelante el Partido Socialista en la Concertación. Y es la política que seguirá permaneciendo en el poder con el triunfo de su candidata Michelle Bachelet, que gracias al apoyo de la Democracia Cristiana como parte de la Concertación (partido que apoyó el golpe de Pinochet) y la colaboración con votos del Partido Comunista, que -aun sin ser parte de la Concertación- negoció algún que otro cargo en el gobierno, logró la mayoría de los votos en la segunda vuelta.
Tras estas elecciones están garantizados para el futuro de Chile cuatro años más de entrega al Imperialismo y de desocupación, represión y hambre para el pueblo.
Si hablamos de continuidad capitalista en los gobiernos latinoamericanos, Chile es uno de los mejores ejemplos.
A pesar de los festejos y tanta campaña intentando mostrar la “profundización del progresismo” por la asunción de Bachelet hay varios factores que muestran que este “nuevo” gobierno no es ni más ni menos que el sostenimiento del liberalismo en Chile y la mejor protección de los negocios de la burguesía. Pues es el cuarto gobierno consecutivo de la Concertación , una coalición de los partidos netamente capitalistas (Democracia Cristiana, Partido Socialista, Partido Por la Democracia y Partido Radical Social Demócrata) que gobiernan desde la terminación de la dictadura de Pinochet, garantizando las privatizaciones de la salud y la educación bajo el manto ahora de la democracia y el sello del Partido Socialista.
La futura presidenta ya se encargó de dejar en claro, para que no quepa ninguna duda sobre su programa de gobierno, que va a proseguir con la política de apertura a las inversiones extranjeras y de firmar acuerdos de libre comercio que han permitido a la economía chilena crecer en un 6 % por año en la última época, crecimiento que no se da más que a costa de la entrega absoluta de los recursos naturales del país como el cobre, la privatización de todas las industrias y servicios y la explotación máxima de los trabajadores.
Pero la mejor muestra de continuidad es recordar que Bachelet fue ministra de Salud y luego de Defensa del gobierno de Lagos, quien fue felicitado y tomado como ejemplo a seguir en América Latina por parte de EEUU. Ante este nuevo triunfo de la concertación, los yanquis vuelven a aprovechar la ocasión para destacar el mejor ejemplo de entrega al Imperialismo para todos los que quieran escuchar y seguir la receta de cómo lograr el sostenimiento de las buenas relaciones con EEUU y todos sus organismos internacionales. Así lo dice claramente el analista estadounidense sobre política latinoamericana, Andrés Oppenheimer, en el diario La Nación del 17 de enero en el artículo “La falacia del bloque izquierdista regional”. Este artículo se encarga de mostrar que EEUU está absolutamente tranquilo sabiendo que el vociferado Bloque Regional de Poder no es más que pura demagogia: “Quizá la gran novedad de América Latina no sea el resurgimiento de la izquierda populista de la década del 60, sino el hecho de que por primera vez esta surgiendo una izquierda moderna, responsable y globalizada en países como Chile, Brasil y Uruguay. En estos países, y posiblemente vengan otros, se han dado cuenta de que las naciones que logran disminuir la pobreza son las que atraen inversiones, y las que aumentan la pobreza son las que las ahuyentan.”
Lógicamente las felicitaciones vienen de quienes ven la protección de sus negocios y saben que para nada se va a modificar la política que se lleva a cabo en Chile hace 15 años basada en la privatización de la salud y de la educación en forma compulsiva: los hospitales han sido prácticamente desmantelados, las escuelas públicas son casi inexistentes, quienes aspiran a seguir una carrera universitaria son sometidos a una selección que determina según el promedio qué universidad corresponde y para los que logran permanecer en ella endeudan hasta sus casas si quieren obtener el título que deben pagar al gobierno.
En este contexto, la Concertación ha basado su campaña de reducción del porcentaje de la pobreza al 18 % partir del año 90. Lo cierto es que semejante muestra de “progresismo” da por tierra cuando las cifras de desigualdad social son escandalosas: la quinta parte más rica de los chilenos se queda con el 56 % del ingreso nacional, 15 veces más de lo que recibe la quinta parte más pobre, el 4% promedio, pues la gran mayoría sólo recibe el 1 %. Hasta una página de Internet que difunde información turística de Chile “Contant Chile” publica lo siguiente: “A pesar de que el producto interno bruto (PIB) de USD 5.500 anuales per cápita ubica a Chile entre los países de mayores ingresos en América Latina, en pocos países se ven con tanta claridad las diferencias sociales como aquí. De acuerdo a cifras oficiales, uno de cada cinco chilenos (3,17 millones) vive en la pobreza, con un 5,7 % de la población bajo la línea de extrema pobreza... Por otra parte, gerentes corporativos ganan enormes sueldos de nivel internacional, mientras que un trabajador sin calificación debe vivir con el sueldo mínimo legal de USD 200 mensuales”.
Las encuestas oficiales consideran personas con empleo a todo aquel que haya trabajado una hora por semana, sin considerar qué ocurre el resto del tiempo, si posee previsión social, cuál es su salario, cuál es su contrato laboral, etc. Vale la pena mencionar que un gran porcentaje de la población activa del país se encuentra empleada en el exterior.
El cobre, una de las mayores riquezas del país, privatizado en la época de la dictadura, hoy sigue en manos de australianos y británicos que pagan a los chilenos 70 centavos la libra cuando en el mercado internacional su precio ha llegado a los US$ 2 la libra. El negocio es más redondo que nunca, facturan US$ 2.500 millones al año empleando apenas a 450 obreros a quienes super-explotan y pagan salarios de hambre.
Claro está que esta situación que padece hace años el pueblo chileno ha provocado la lucha popular, que como no podía ser de otra forma, lo que ha obtenido como respuesta de la burguesía y su gobierno la represión con la culminación de presos, heridos y muertos del lado de los trabajadores, estudiantes, indígenas y demás sectores populares.
Esta es la política que lleva adelante el Partido Socialista en la Concertación. Y es la política que seguirá permaneciendo en el poder con el triunfo de su candidata Michelle Bachelet, que gracias al apoyo de la Democracia Cristiana como parte de la Concertación (partido que apoyó el golpe de Pinochet) y la colaboración con votos del Partido Comunista, que -aun sin ser parte de la Concertación- negoció algún que otro cargo en el gobierno, logró la mayoría de los votos en la segunda vuelta.
Tras estas elecciones están garantizados para el futuro de Chile cuatro años más de entrega al Imperialismo y de desocupación, represión y hambre para el pueblo.