PEQUEÑAS EMPRESAS, GRAN EXPLOTACIÓN

Las PyMES son las empresas mimadas de toda la burguesía argentina. También del gobierno. Les atribuyen todas las bondades económicas y ven en ellas todas las posibilidades de progreso económico. Pero las PyMES son las más grandes explotadoras de la clase trabajadora.
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

La propaganda oficialista y no oficialista en defensa de las pequeñas y medianas empresas es abrumadora. Suplementos especiales en los diarios de mayor tirada del país, afiches, solicitadas y un permanente discurso en favor del desarrollo de estas empresas. La generación de empleo, el crecimiento de las exportaciones, de la inversión etc., etc. son algunos de los elementos que exponen para convencernos de que las PyMES permiten un desarrollo económico del que nos beneficiamos todos. Los créditos baratos, las exenciones impositivas y de un sinnúmero de políticas específicas buscan fortalecer este sector bajo el argumento mentiroso de que el progreso de las PyMES trae consigo el progreso de toda la sociedad.
Cabe señalar al menos dos aspectos nada menores. Por un lado, ingresan en la categoría de PyMES todas aquellas empresas que no tienen más de 40 empleados y que poseen una facturación que oscila entre los 2500 y los 5000 millones de pesos (pero que puede ser superada, por ley, sin mayores problemas).
Además, la inmensa mayoría de las grandes empresas (casi todas en manos extranjeras como se muestra en “La extranjerización de la economía”) terceriza el trabajo mediante subsidiarias que forman parte de sus cadenas de producción, como el ejemplo de Techint o SanCor. Estas dos características son las que permiten explicar, en parte, por qué el 95% de las unidades productivas del país son PyMES.
Es política de las grandes empresas delegar una buena parte de su trabajo en las PyMES. También es política del gobierno fomentar estas empresas. Esto no es casual. Las PyMES, lejos de traer bienestar a toda la sociedad, traen ganancias para todos los capitalistas y mayor explotación para la clase trabajadora. Es que en toda sociedad divida en clases no existe y es imposible tal progreso general. Si asciende y mejora una clase, se hunde y empeora su situación la otra.
Las PyMES son las que pagan los salarios más bajos, incluso por debajo del mísero mínimo acordado por la burocracia sindical, el gobierno y las cámaras empresariales. Son las que imponen las jornadas laborales más extensas, muy por encima de las ocho horas. Son las que obstaculizan la organización sindical de sus trabajadores. Son las que registran un 67% de trabajo en negro, concentrando el mayor porcentaje del país. El gobierno, lógicamente, avala esta situación.
El desarrollo de las PyMES, al “nivelar” el salario de los trabajadores hacia abajo, incrementa las ganancias de todas las empresas ajustando esta variable.
Con su desmedido afán de defensa y apoyo hacia las PyMES, el gobierno, en este aspecto también, muestra su cara empresarial.