LIBRE MERCADO: LIBERTAD PARA LA ESPECULACIÓN Y EL LUCRO

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

La ley de la oferta y la demanda es un sinónimo de libertad absoluta para especular y lucrar con las necesidades elementales del pueblo.

El kilo de papas a $4 (hasta hace meses rondaba los $0.70); el tomate, estabilizado en $7 (meses atrás valía $1.75 o $2.50 el kilo) y el resto de los aumentos en los productos básicos de consumo nos muestran una ley de hierro de los kirchneristas.
Lo que instaló el menemismo allá por los 90, con su desregulación total y su prédica del “camine y busque precio señora” (slogan de aquel binomio peronista encarnado por Lita de Lázzari y Domingo Cavallo), está bien garantizado por este nuevo gobierno peronista.
Mediante los llamados “boicots” a los productos que suben sus precios y los acuerdos de precios, el gobierno se proclama el primer luchador contra la inflación. Pero todas esas medidas mediáticas no son otra cosa que una máscara que ahora usa el kirchnerismo para intentar ocultar su política inflacionaria.
Por su parte, los acuerdos de precios serían irrisorios si no fuera porque son una burla hacia el pueblo. Los precios acordados corresponden a productos que poco y nada influyen en la canasta de alimentos como desodorantes para inodoros o broches. Además, no se cumplen. Y encima se “acuerdan” después de que experimentaron una considerable suba. El gobierno de Kirchner ni siquiera se atreve a pensar en poner un precio máximo para determinados productos como sí lo han hecho, alguna vez, otros gobiernos burgueses.
Por otra parte, los capitalistas, el gobierno y las organizaciones del sector (las ONGs, defensa del consumidor y otras) lograron hacer pasar la manganeta de que “lucharon” contra la inflación y los formadores de precios cuando el escándalo del tomate. Pero la verdad es que el llamado “boicot” del gobierno y las ONGs (impulsado sólo cuando el precio del tomate llegó a escandalosos $1850 por kilo, dejando pasar así todos los aumentos anteriores) instaló el precio de este producto en una cifra del orden del 200% más cara, en lugar de una de más del 800% como cuando registró el valor de $1850. Eso fue todo. Nada más. Un “boicot” para legitimar un aumento brutal.
A esta ley de hierro la llaman “ley de oferta y demanda” y nos explican sobradoramente, e igualito que Menem, Neustadt y Grondona, que “el mercado” es el que se encarga de regular y estabilizar los precios de todo. Pero “el mercado” al que se refieren no es un ente abstracto, ni una mano mágica... es el conjunto de intereses de los capitalistas. Son los capitalistas los que regulan los precios de todo en perjuicio de la clase trabajadora.
A los que hemos hecho un análisis de clase de esta pandilla gobernante, esta situación no nos sorprende. El gobierno de Kirchner es un gobierno de la burguesía y para la burguesía. Representa los intereses de esta clase social e incluso muchos de sus miembros son empresarios como el actual vice presidente y gobernador electo de Bs. As., Daniel Scioli que es empresario/comerciante de electrodomésticos, o el multiempresario de los remedios y criador de cerdos, Ginés Gonzalez García, ministro de salud de la nación. No puede ser de otra manera, aplican y defienden a rajatabla el mecanismo que vela por sus intereses. O sea, libertad absoluta (para ellos) de especular y poner los precios que más rentabilidad le dejen a expensas de las necesidades impostergables de las mayorías.
La pandilla miente y se burla. Pues hay libertad absoluta para que los burgueses pongan, a todo, el precio que más le convenga. Pero para que la clase trabajadora ponga precio a su salario, no.
Ellos se reúnen en sus cámaras para fijar los pisos mínimos de sus precios, acordando el límite que nadie puede bajar, pero que sí pueden superar como les parezca. Junto a burócratas sindicales como Hugo Moyano y Hugo Yasky también fijan el precio para la mercancía “fuerza de trabajo”, nuestra capacidad de trabajar. Pero a esta mercancía no le ponen un precio mínimo, sino uno máximo para que puedan pagar por debajo de ese techo salarial.
Para el tomate, la papa, la calabaza, la carne... vía libre. Para nuestros salarios, que es lo que recibimos a cambio de nuestra fuerza de trabajo, topes máximos.
Esta ley de hierro que defiende el kirchnerismo es un sinónimo de libertad absoluta para especular y lucrar con las necesidades elementales del pueblo.