El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)
Santa Fe: “Un obrero muerto y dos intoxicados por escape de ácido”. “Un operario murió y otros dos resultaron con principio de asfixia como consecuencia de un escape de ácido en una planta industrial de la ciudad santafesina de Esperanza...”
En Puerto Madryn: “Falleció otro obrero de Aluar”. “Otra víctima por la caída del silo”.
Ciudad de Bs. As: “Un obrero muerto y tres heridos por un derrumbe en una obra en construcción”. “Un obrero murió y otros tres resultaron heridos como consecuencia de un derrumbe registrado en una obra en construcción del barrio porteño de Belgrano”.
Buenos Aires: “Murió el obrero que cayó en pozo en Hurlingham”. “El hombre estaba atrapado a tres metros de profundidad en un hueco repleto de agua, en la calle Mariano Acha al 700 de ese partido bonaerense”. “Bomberos rescataron el cuerpo”
Estos titulares reflejan una realidad terriblemente frecuente.
Recientemente, trascendió el caso del obrero de la construcción muerto como consecuencia de un derrumbe en Capital Federal. Pero este caso no es más que la punta de un iceberg. Es incontable la cantidad de obreros muertos mientras realizan su trabajo. Muertes que la prensa de la burguesía se esfuerza por ocultar. Muertes que ocurren a lo largo y a lo ancho del país, en empresas pequeñas y en empresas grandes. Son las muertes del capitalismo.
Como venimos exponiendo en estas páginas, el capitalismo, para saciar su sed de más y mayores ganancias, mata trabajadores. Los explota al máximo posible, les saca hasta la última gota de sudor y también hasta la última gota de sangre. Mata sin distinción a obreros de la construcción, textiles, mineros, metalúrgicos... a todos.
Los medios de comunicación, cuando es imposible esconder estas muertes, les dan un tratamiento más que indignante. Dan la noticia en tiempo record y hasta como consecuencia de otra información. En este último caso, las principales radios del país informaron la muerte en medio del informe del tránsito para advertir a los automovilistas no transitar por tal o cual calle ya que había demoras debido a un derrumbe en el que un obrero resultó muerto.
Por supuesto que ninguna cámara empresarial envió condolencias ni mucho menos. Ni el gobierno ni ningún candidato siquiera mencionó el hecho. Pero tampoco la UOCRA ni ninguna central sindical. ¡Qué distinto sería si, en lugar de un obrero, hubiese muerto un empresario mientras gerenciaba su negocio, o un comerciante o cualquier pequeñoburgués ejerciendo su trabajo o profesión!
Los obreros son muertos anónimos. Nadie da sus nombres. Son las muertes del capitalismo que acabarán sólo cuando los trabajadores comencemos a construir la nueva sociedad, cuando el gobierno sea de la clase trabajadora.
Santa Fe: “Un obrero muerto y dos intoxicados por escape de ácido”. “Un operario murió y otros dos resultaron con principio de asfixia como consecuencia de un escape de ácido en una planta industrial de la ciudad santafesina de Esperanza...”
En Puerto Madryn: “Falleció otro obrero de Aluar”. “Otra víctima por la caída del silo”.
Ciudad de Bs. As: “Un obrero muerto y tres heridos por un derrumbe en una obra en construcción”. “Un obrero murió y otros tres resultaron heridos como consecuencia de un derrumbe registrado en una obra en construcción del barrio porteño de Belgrano”.
Buenos Aires: “Murió el obrero que cayó en pozo en Hurlingham”. “El hombre estaba atrapado a tres metros de profundidad en un hueco repleto de agua, en la calle Mariano Acha al 700 de ese partido bonaerense”. “Bomberos rescataron el cuerpo”
Estos titulares reflejan una realidad terriblemente frecuente.
Recientemente, trascendió el caso del obrero de la construcción muerto como consecuencia de un derrumbe en Capital Federal. Pero este caso no es más que la punta de un iceberg. Es incontable la cantidad de obreros muertos mientras realizan su trabajo. Muertes que la prensa de la burguesía se esfuerza por ocultar. Muertes que ocurren a lo largo y a lo ancho del país, en empresas pequeñas y en empresas grandes. Son las muertes del capitalismo.
Como venimos exponiendo en estas páginas, el capitalismo, para saciar su sed de más y mayores ganancias, mata trabajadores. Los explota al máximo posible, les saca hasta la última gota de sudor y también hasta la última gota de sangre. Mata sin distinción a obreros de la construcción, textiles, mineros, metalúrgicos... a todos.
Los medios de comunicación, cuando es imposible esconder estas muertes, les dan un tratamiento más que indignante. Dan la noticia en tiempo record y hasta como consecuencia de otra información. En este último caso, las principales radios del país informaron la muerte en medio del informe del tránsito para advertir a los automovilistas no transitar por tal o cual calle ya que había demoras debido a un derrumbe en el que un obrero resultó muerto.
Por supuesto que ninguna cámara empresarial envió condolencias ni mucho menos. Ni el gobierno ni ningún candidato siquiera mencionó el hecho. Pero tampoco la UOCRA ni ninguna central sindical. ¡Qué distinto sería si, en lugar de un obrero, hubiese muerto un empresario mientras gerenciaba su negocio, o un comerciante o cualquier pequeñoburgués ejerciendo su trabajo o profesión!
Los obreros son muertos anónimos. Nadie da sus nombres. Son las muertes del capitalismo que acabarán sólo cuando los trabajadores comencemos a construir la nueva sociedad, cuando el gobierno sea de la clase trabajadora.