CONTRA EL PUEBLO

El gobierno que viene, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, estará encargado de garantizar e incrementar los negocios y las ganancias empresariales. Para ello, todo su arsenal estará dirigido contra el pueblo trabajador.
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)
Cristina Fernández de Kirchner, la mejor representante del partido único de la burguesía, se ha consagrado presidenta, haciéndose responsable de cumplimentar el programa de ajuste y entrega al que, al igual que ella, adscribieron todos los candidatos electorales de su clase: Elisa Carrió, Roberto Lavagna, Alberto Rodríguez Saa, Ricardo López Murphy... y frente al cual la única reacción posible del pueblo fue el desdén de casi 9 millones que se apartaron de la oferta electoral. (ver “La extorsión democrática”)
Aún no se había llevado a cabo la elección del 28 de octubre y el nuevo gobierno peronista ya adelantaba que cumpliría su promesa de campaña: profundizar la política antipopular y proimperialista que viene sosteniendo el actual presidente, Néstor Kirchner. Toda la campaña estuvo dirigida a su clase, a la burguesía. Paseó por el mundo explicándole a los empresarios de EEUU, Alemania, España, México... que “Argentina es una muy buena oportunidad de negocios”. En el país se dirigió directamente a las cámaras patronales, en la UIA, la SRA, AEA, IDEA y cuanta asociación burguesa exista, para explicar que “ganar dinero no es pecado” y prometer líneas de crédito y más y más subsidios.
Las promesas hechas a los grandes bancos y lobbistas del Club de Paris de que se les pagará, más tarde o más temprano, la bendita deuda externa que entró en default, llevó a Peirano, ministro de economía de éste y el próximo gobierno, a gestionar una nueva línea de crédito con el FMI.
Así, el supuesto gobierno “antifondo” de Kirchner, no sólo le pagó de un saque y “a costa del hambre del pueblo” 10.000 millones de dólares al FMI y siguió pagando puntualmente las cuotas correspondientes al resto de la deuda, sino que además le dejó servida a su señora la entrada a un nuevo acuerdo con el Fondo del flamante Dominique Strauss-Kahn, lo que significa más endeudamiento... para seguir pagando la deuda.
Pero la buena relación con el imperialismo yanqui no se limita solamente (como si fuera poca cosa) a girar millones y millones anualmente y a implementar todas y cada una de las medidas exigidas desde el país del norte, como el superavit fiscal o la ley antiterrorista. El gobierno de Kirchner colabora en todos los terrenos con EEUU: envía tropas a Haití, mantiene las bases militares del gendarme mundial en territorio argentino, realiza entrenamientos conjuntos dirigidos por los yanquis, sostiene el valor del dólar solicitado por la administración Bush y así podemos seguir y seguir...
Al igual que su marido, Cristina Fernández se llena la boca hablando de un camino de industrialización y de lucha contra la pobreza... Pero es justamente su gobierno el que ha dejado un país saqueado, con toda su economía copada por los capitales extranjeros y con un pueblo azotado por el congelamiento salarial y una inflación creciente, que intenta ser ocultada por medio de la intervención en el INDEC que a una semana de las elecciones ya le costó el puesto laboral a más de 20 trabajadores. La “prosperidad” económica que tanto propagandizan, además de ser patrimonio exclusivo de los capitalistas, se debe a las condiciones internacionales en las que poco y nada influye el kirchnerismo como los altos precios y la gran demanda de las materias primas que exporta el país.
Luego de una campaña que costó más de 20 millones de pesos declarados (sólo ello saben por cuánto se multiplica el gasto real) y dedicada casi exclusivamente a congraciarse con la plana mayor del empresariado y con el gobierno de EEUU, Cristina Fernández de Kirchner se prepara ahora para llevar hasta el fondo sus cumplidos y profundizar el ajuste sobre los trabajadores, aumentando las tarifas de los servicios públicos, en al menos un 15%, y avanzando en el recorte del llamado gasto público, como lo reclama el FMI y sus lobbistas que hablan en sus medios de la “ampliación de las inversiones” y la “necesaria rectificación” de la economía.
Como venimos desarrollando, el gobierno de los Kirchner es un gobierno de empresarios. Un gobierno enemigo de los trabajadores y enemigo del pueblo.