SEGURIDAD PARA RICOS ES REPRESIÓN PARA POBRES

Detrás del pedido de “seguridad” y “mano dura” se esconden los intereses de un puñado de ricos contra la mayoría del pueblo empobrecido.
El Revolucionario Nº45 (Abril de 2009)

Los ricos se la pasan reclamando “seguridad”. Los capitalistas más reservados lo hacen mediante el lobby al gobierno de turno o directamente financiando escuadrones de la muerte, como los que operaron en los últimos años en la zona norte del conurbano bonaerense. Otros millonarios, los de la farándula, piden mano dura a los gritos y por TV, como Susana Giménez o Marcelo Tinelli. Son muy pocos, en el medio de un pueblo de trabajadores, y sin embargo, la fortuna que cada uno de estos ricos autóctonos tienen en casas, countries, bancos, cajas de seguridad, acciones y demás, es suficiente para sacar de la pobreza a todos los humildes del país. Esos millones que sostienen su vida de lujo, son a su vez, los que le son negados a las familias obreras para conseguir su pan, sus remedios, su ropa, su vivienda…
A su pesar, el pueblo humilde sobrevive. Consigue trabajos que son siempre degradantes. Lucha para que todo el tiempo entregado a un miserable patrón, le sirva al menos para vivir. Cuando no puede sobrevive en la calle, con changas o cartoneando, se empobrece cada vez más. Y cuando aún así no le alcanza, o cuando la situación se le hace intolerable por lo opresiva y obscena, salva su plato de comida saliendo a robar, o trata de olvidarse de todo metiéndose en el perverso círculo del consumo de drogas por el que pronto deberá “meter caño”. Se vuelve así preso de un circuito que también es impulsado por los ricos capitalistas, quienes en su afán de lucro desarrollan el millonario negocio del narcotráfico a costa de la vida de miles de pibes, casi siempre pobres.
Lo que los capitalistas tienen entre sus manos multiplica por millones lo que el más afortunado de los trabajadores es capaz de conseguir en toda una vida de trabajo. Pero los ricos, que casi nunca trabajan, saben que son los que mandan en este sistema y por eso reclaman que se cumplan las reglas en las cuales sólo ellos serán protegidos: respeto irrestricto de la propiedad privada (de todos sus obscenos millones, sus countries, yates, etc.) y cárcel y bala para los pobres que no han encontrado más escapatoria que salir a robar para sobrevivir.
Para que eso se cumpla tienen toda una infraestructura a su servicio.
Tienen los medios de comunicación que bombardean permanentemente con la “inseguridad” preparando el terreno para que crezca la mano dura contra los pobres, con vigilancia en los barrios humildes, cárcel para los menores y hasta pena de muerte para esos chicos. Por la vía de los medios buscan (y a veces logran) mostrar como un problema general lo que es un problema de su clase. En realidad son los ricos, ésos que se llenaron los bolsillos a costa del hambre general, los que más se asustan de su propia criatura: temen que alguno de esos miles de pibes a los que se les niega lo más básico (un plato de comida, el derecho a estudiar o a tener una casa) termine jugándose su mala vida en un asalto... y justo les toque a ellos. El hecho de que a los sectores más humildes del pueblo se los esté degradando a semejante nivel de pauperización y descomposición que lleve a los pibes a robarle a sus mismos pares o vecinos, casi siempre para calmar la ansiedad de la droga barata a la que los ha sometido una vida de miseria, no hace más que agravar un cuadro en el que la absoluta responsabilidad está en esas opulentas “gentes de bien” que son ahora representadas por Giménez y Tinelli y cuyo reclamo es muy bien atendido por los medios y el gobierno.
Porque cumplidas esas campañas mediáticas, los capitalistas se escudan en su mejor herramienta para aplicar la mano dura contra los pobres: el estado y el gobierno de turno que lo administra. Así, las leyes se vuelven cada vez más duras contra los pobres, y ahora contra los chicos pobres. Los barrios humildes se llenan cada vez más de policías y gendarmes y demás verdugos que buscan tener a raya al pueblo por medio de golpizas, detenciones arbitrarias, torturas y gatillo fácil. Más se agrava la pobreza y más se organizan para reprimir los ricos y su gobierno. Sobre todo en momentos como éstos en que, ante la miseria que trae la crisis, se disponen a contener cualquier reacción social a base de palos. Y así, el país se llena de cárceles abarrotadas con miles y miles de hombres que siempre, absolutamente siempre, son pobres. Ni narcotraficantes ni tratantes de blancas, ni políticos ni policías verdugos, ni banqueros ni empresarios estafadores; en las cárceles sólo hay pobres que han caído en la delincuencia producto de su condición, por no encontrar otro camino para salir del fango que jugarse la vida en un asalto. Por supuesto, cada nuevo gobierno, como el actual, que sólo gobierna para los ricos (y para la clase media, cuando ésta repite el discurso de “seguridad” de los ricos) profundiza esta política, como lo hace ahora Cristina Fernández cuando se queja de que no puede ser que “la policía detiene y detiene”, mientras “la justicia libera y libera”.
Ya lo que hizo Kirchner, cuando mandó a votar el “plan Blumberg”, y lo hace una vez más Cristina Fernández ahora que se está gastando otros 400 millones de pesos para comprar 500 patrulleros, más de 20.000 celulares y 5.000 cámaras de video, además de aumentar la cantidad de milicos en los barrios pobres, sumando otros 4.000 gendarmes y policías (incluyendo exonerados). No cabría esperar otra cosa de un gobierno y un estado que está formado por y para los ricos.