Más allá de las declamaciones y compromisos asumidos, el gobierno empeora el ya delicado cuadro social de los niños, adolescentes y jóvenes pobres de nuestro país.
El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)
La “bonanza” kirchnerista tampoco alcanza a los hijos de la clase trabajadora, demostrando allí también su carácter de clase.
Según la OMS, el 50% de los niños entre 6 meses y 2 años padece anemia al carecer de hierro, como resultado de la mala alimentación, en tanto que 500.000 niños no reciben sus vacunas obligatorias. En los últimos tres meses, por día “han muerto entre nosotros 25 bebés de menos de un año”(1). En lo que va de 2008, sólo en el conurbano hubo 3.530 muertes infantiles, esto es, diez criaturas por día(2). Con el 50% de los menores en la pobreza, las familias, en busca del ingreso mensual, se ven obligadas a emplear a sus hijos.
En la última década, el trabajo infantil aumentó 600% en Argentina, superando a cualquier otro país de la región. Hoy, según datos oficiales, se explota a 1.500.000 menores(3), y la mitad no percibe pago a cambio. A la cabeza va la provincia de Cobos, Mendoza, con más de 40.000 niños trabajadores entre 5 y 13 años(4). La mayor parte del trabajo infantil sirve a labores rurales, cartoneo, trata de personas y prostitución. La carga horaria semanal promedio va de 10 a 45 horas. Todo esto implica que el gobierno, más allá de los compromisos públicos, lejos de revertir el cuadro de explotación infantil, ha profundizado y extendido este negocio.
Del millón y medio que trabaja, la mitad no asiste a la escuela. Los últimos registros dan un aumento de la deserción escolar, sobre todo entre los adolescentes. En zonas urbanas, el 21% de los niños trabajadores abandonó sus estudios, mientras ese promedio asciende a 62% en áreas rurales, en tanto que el 43% de ellos repitió algún grado o presenta serio déficit en su desempeño pedagógico(5). Según una encuesta de la UCA, en las zonas más carenciadas del conurbano bonaerense, “5 de cada 10 alumnos abandona la secundaria”. Por otra parte, un estudio arrojó que 6 de cada 10 alumnos de 15 años presenta dificultades de comprensión lectora, esto es, la lectura como herramienta de apropiación cognoscitiva(6). “50% de la población infantil entre 3 y 5 años no concurre al jardín de infantes”(7). Este panorama no se debe, como insisten los propagandistas oficiales, a la desidia de los padres o el desinterés de los chicos, sino que es consecuencia directa e inmediata de las condiciones materiales a las que el estado capitalista los somete.
Otra política contra los hijos de los trabajadores, profundizada por el gobierno y la burguesía en su conjunto, es la de la expansión de las drogas. En el último lustro, su consumo aumentó triplicándose en el sur de la ciudad de Bs. As. y en el conurbano, y creciendo un 200% en el resto del país(8), con epicentro en la provincia de los Kirchner. Entre las principales sustancias, se destacan marihuana, cocaína, pasta base e inhalantes como naftas y pegamentos, drogas que en su mayoría afectan a los más carenciados, luego de lo cual quizás los espera el “gatillo fácil”, que apunta marcadamente al joven, morocho y pobre, y cuyo poder de fuego incrementó el kirchnerismo(9).
Este cuadro social, en muchos puntos irreversible, no se trata de “cuentas pendientes” ni “deficiencias” del capitalismo. Los hijos de la clase trabajadora son objeto de negocio y de desprecio por parte del régimen imperante, política que el peronismo kirchnerista vino a sostener y profundizar.
…
NOTAS:
1) Del editor al lector, Clarín, 30/06/08.
2) “Preocupantes cifras de mortalidad infantil”, La Nación, 1/06/08.
3) Naciones Unidas, UNICEF Argentina y CONAETI.
4) Ver http:/www.educ.ar
5) “Armas contra el trabajo infantil”, por G. Acosta Vargas, representante local de UNICEF, 16/06/08.
6) Estudio de la OECD difundido por IDESA, diciembre 2007.
7) Comunicado de CTERA, 11/06/08.
8) SEDRONAR, septiembre 2007.
9) CORREPI, Archivo de casos 2007.
La “bonanza” kirchnerista tampoco alcanza a los hijos de la clase trabajadora, demostrando allí también su carácter de clase.
Según la OMS, el 50% de los niños entre 6 meses y 2 años padece anemia al carecer de hierro, como resultado de la mala alimentación, en tanto que 500.000 niños no reciben sus vacunas obligatorias. En los últimos tres meses, por día “han muerto entre nosotros 25 bebés de menos de un año”(1). En lo que va de 2008, sólo en el conurbano hubo 3.530 muertes infantiles, esto es, diez criaturas por día(2). Con el 50% de los menores en la pobreza, las familias, en busca del ingreso mensual, se ven obligadas a emplear a sus hijos.
En la última década, el trabajo infantil aumentó 600% en Argentina, superando a cualquier otro país de la región. Hoy, según datos oficiales, se explota a 1.500.000 menores(3), y la mitad no percibe pago a cambio. A la cabeza va la provincia de Cobos, Mendoza, con más de 40.000 niños trabajadores entre 5 y 13 años(4). La mayor parte del trabajo infantil sirve a labores rurales, cartoneo, trata de personas y prostitución. La carga horaria semanal promedio va de 10 a 45 horas. Todo esto implica que el gobierno, más allá de los compromisos públicos, lejos de revertir el cuadro de explotación infantil, ha profundizado y extendido este negocio.
Del millón y medio que trabaja, la mitad no asiste a la escuela. Los últimos registros dan un aumento de la deserción escolar, sobre todo entre los adolescentes. En zonas urbanas, el 21% de los niños trabajadores abandonó sus estudios, mientras ese promedio asciende a 62% en áreas rurales, en tanto que el 43% de ellos repitió algún grado o presenta serio déficit en su desempeño pedagógico(5). Según una encuesta de la UCA, en las zonas más carenciadas del conurbano bonaerense, “5 de cada 10 alumnos abandona la secundaria”. Por otra parte, un estudio arrojó que 6 de cada 10 alumnos de 15 años presenta dificultades de comprensión lectora, esto es, la lectura como herramienta de apropiación cognoscitiva(6). “50% de la población infantil entre 3 y 5 años no concurre al jardín de infantes”(7). Este panorama no se debe, como insisten los propagandistas oficiales, a la desidia de los padres o el desinterés de los chicos, sino que es consecuencia directa e inmediata de las condiciones materiales a las que el estado capitalista los somete.
Otra política contra los hijos de los trabajadores, profundizada por el gobierno y la burguesía en su conjunto, es la de la expansión de las drogas. En el último lustro, su consumo aumentó triplicándose en el sur de la ciudad de Bs. As. y en el conurbano, y creciendo un 200% en el resto del país(8), con epicentro en la provincia de los Kirchner. Entre las principales sustancias, se destacan marihuana, cocaína, pasta base e inhalantes como naftas y pegamentos, drogas que en su mayoría afectan a los más carenciados, luego de lo cual quizás los espera el “gatillo fácil”, que apunta marcadamente al joven, morocho y pobre, y cuyo poder de fuego incrementó el kirchnerismo(9).
Este cuadro social, en muchos puntos irreversible, no se trata de “cuentas pendientes” ni “deficiencias” del capitalismo. Los hijos de la clase trabajadora son objeto de negocio y de desprecio por parte del régimen imperante, política que el peronismo kirchnerista vino a sostener y profundizar.
…
NOTAS:
1) Del editor al lector, Clarín, 30/06/08.
2) “Preocupantes cifras de mortalidad infantil”, La Nación, 1/06/08.
3) Naciones Unidas, UNICEF Argentina y CONAETI.
4) Ver http:/www.educ.ar
5) “Armas contra el trabajo infantil”, por G. Acosta Vargas, representante local de UNICEF, 16/06/08.
6) Estudio de la OECD difundido por IDESA, diciembre 2007.
7) Comunicado de CTERA, 11/06/08.
8) SEDRONAR, septiembre 2007.
9) CORREPI, Archivo de casos 2007.