En Argentina, como en cualquier país capitalista, en el extremo opuesto a la concentración de riquezas en manos de unos pocos, la pobreza, como la otra cara de la moneda, se extiende sobre millones de hombres, mujeres y niños del pueblo trabajador.
En todos los países capitalistas, importantes sectores del pueblo trabajador sobreviven inmersos en la pobreza. Más aún, una buena parte del pueblo lucha por subsistir en la más profunda de las miserias. Lo vemos en todas las latitudes. En los llamados países del primer mundo, donde al tiempo que se desarrollan impresionantes progresos técnicos, miles de personas duermen en las calles pasando hambre, frío y padeciendo todo tipo de enfermedades y ni que hablar en los países atrasados y dependientes, donde la desnutrición y la mortalidad infantil(1) parecen una plaga que azota a los más pobres. Sobre esta realidad, la actual crisis económica ha arrojado más trabajadores a la pobreza y, aun, a la indigencia, es decir, al desamparo absoluto.
Pero algo más indignante aún es que, al lado de la pobreza total, y a costa de ella, se concentran cada vez más riquezas en manos de unos pocos capitalistas. Y si los más ricos entre los ricos pueden disfrutar y ostentar sus vidas plagadas de lujos, privilegios y extravagancias, es, justamente, porque millones de hombres son condenados y despojados de absolutamente todo.
En Argentina, la situación no es muy distinta. La desigualdad está cada vez más acentuada(2) y los ricos son cada vez más ricos, mientras los pobres, cada vez más pobres.
Pese a que el gobierno y todo su aparato de propaganda diga que la pobreza y la indigencia están siendo controladas, como así también la desocupación y la inflación, los estudios que más se aproximan a la “realidad” indican que la pobreza afecta a alrededor del 40% y la indigencia golpea a un 25% del país. Cifras altísimas, que concretamente representan privaciones cotidianas para millones de trabajadores. Pero, al fin de cuentas, son cifras también mentirosas. Es que el INDEC ubica la canasta básica, que determina la línea de pobreza, apenas por encima de los 1.000 pesos. Las consultoras privadas, las “cuestionadoras” del organismo oficial, por encima de los $1.500. Es decir, que en el mejor de los casos, si una familia de cuatro miembros vive, digamos, con $2.000 mensuales, no es considerada pobre. Sin embargo, cualquier trabajador sabe que con esos ingresos es imposible vivir dignamente. La CTA , de probada tradición antiobrera, ubica la canasta básica en el orden de los $4.000. Según estas estimaciones, el 75% de los trabajadores ocupados percibe salarios de pobreza. Ni qué decir de los desocupados, los subocupados o los jubilados.
En este marco, la crisis económica echa más combustible en el incendio. Las suspensiones y los despidos, de la mano de la inflación constante, con el reciente tarifazo como protagonista, lanzan a una buena parte de la clase trabajadora al mundo de la pobreza.
Pero completamente distinta es la vida que viven los ricos. Mansiones, manjares, viajes, placeres... todo abunda entre los que más tienen. La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, haciendo gala de un cinismo extremo, pidió que “...alguna vez alguien deberá hacer un padrón de los ricos en la República Argentina.. .”. Sin dudas, en este padrón, además de una buena parte del gabinete nacional,(3) figuran los nombres del matrimonio presidencial, ya que su patrimonio declarado supera los 46 millones de pesos.(4) Pero los funcionarios locales no son ni única ni fundamentalmente quienes se dan la gran vida en medio de un país sumido en la pobreza. El empresariado local, enriquecido en gran escala bajo la gestión kirchnerista, y la propia burocracia sindical disfrutan confortables niveles de vida a costa de empobrecer cada vez más al pueblo trabajador.
La presidenta fue explícita a la hora de explicar las prioridades de su gobierno. Al argumentar por qué no es posible instrumentar algún tipo de mejora en las asignaciones familiares, explicó que “Para pagar hay que tener fondos [y] En el caso de que se decidieran $135, se necesitarían 6.900 millones de pesos anuales más por año”. Pero a la hora de pagar la deuda, dijo, no sin cierto orgullo, que “...esta Presidenta, todos los argentinos, yo dando la orden, tuvimos que pagar $2.250 millones de dólares, porque tuvimos que pagar el Boden12”. El mensaje es claro: plata para paliar el hambre, no. Para engordar las cuentas de los capitalistas, por supuesto.
La extendida pobreza en Argentina es el resultado inevitable de la sucesión de un gobierno capitalista tras otro. Ninguno de ellos podrá erradicar la pobreza del país. Hasta tanto no se acabe con este sistema, en el que unos pocos viven del trabajo y la explotación de la gran mayoría, seguirá habiendo pobres, porque seguirá habiendo ricos.
...
NOTAS:
1) Según UNICEF, el 31% de los nacidos vivos en América Latina nace en condiciones de extrema pobreza.
2) La brecha que separa al 10% más rico del 10% más pobre, hoy asciende a 34 veces, mientras que al comenzar la década del 80, llegaba a 8.
3) Ver “Gobierno de millonarios”, en ER Nº39, septiembre de 2008. Todas las notas del presente ejemplar y de números anteriores están disponibles en www.elrevolucionario-otr.blogspot.com
4) Ver “Los Kirchner, híper millonarios”, en ER Nº49, agosto de 2009.
Falsas salidas
Un amplio espectro político, en el que coinciden desde la SRA hasta la CTA , pasando por la iglesia, se propone combatir la pobreza. Pero el combate contra la pobreza no puede llevar a ninguna parte, ya que la pobreza no es responsabilidad de los pobres, sino una imposición de los ricos. No hay pobreza sin riqueza, así como no puede haber explotados sin explotadores. Correcto sería plantear, entonces, combatir la riqueza.
Todas las falsas salidas propuestas, que incluyen el plan de obras públicas gubernamental y la asistencia caritativa de la iglesia, implican distribuir lo poco que queda entre los muchos que necesitan. La asignación universal por hijo, promovida por la CTA , es presentada como la solución más seria para erradicar la pobreza. Pero no es más que una variante del reparto y la administración de la miseria que todos proponen: 100, 200, 500 pesos más por familia... nada más. Así, buscan esconder la pobreza debajo de la alfombra y permanecer de brazos cruzados frente al enriquecimiento de los ricos.
Ninguna reforma del sistema capitalista puede erradicar la desigualdad social entre los que mucho y los que nada tienen. La pobreza es una consecuencia inevitable de este sistema que se basa en que una gran parte de las riquezas producidas es apropiada por una minoría capitalista. La negación del acceso a la riqueza producida por toda la sociedad es la pobreza.
Entonces, cuando nadie se apropie de la riqueza producida por otros hombres, por ende, cuando toda la riqueza contribuya a la prosperidad de todos, es decir, cuando no haya ni explotados ni explotadores, podremos hablar del fin de la pobreza.