El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)
Cuando empiezan los primeros fríos, dos notas son previsibles en los diarios y noticieros. La que indaga el precio de los medios de elevación en los centros de ski, y la que, titulada “ola de frío”, se ilustra con señoritas emponchadas con ropa de marca o señores con gruesos sobretodos y camperas térmicas.
No sale, en cambio, la foto de los que mueren por hipotermia, intoxicados o directamente quemados por los braseros y las estufas baratas.
El año pasado, del 28 de mayo al 23 de agosto, murieron 102 personas en todo el país a causa del frío, una cada dos días(1). Probablemente, el caso que mejor mostró que el problema no es el frío, sino la pobreza, fue el de las ocho personas (un joven, tres niños y dos madres adolescentes con sus bebés) calcinadas en Córdoba, en un viejo vagón abandonado donde vivían hacinados.
Este año todo indica que se va a duplicar la cifra, pues apenas empezado el invierno, y con sólo dos oleadas de bajas temperaturas, ya se acercan a 40 los muertos en todo el país, con un promedio de uno por día.
Las víctimas del frío son siempre los pobres, como la nena de 2 años que murió de hipotermia en una pieza precaria en Tartagal, Salta, mientras sus padres trabajaban en una finca rural, o como los hermanitos Priscila y William, de 2 y 3 años, muertos por los gases emanados por el brasero mientras sus padres hacían changas y juntaban cartones en la ciudad de Tucumán. El mismo día, un incendio mató a un nene de 5 años en la villa 1-11-14 de Buenos Aires, y un mes antes, en La Plata, fueron cinco los hermanitos entre 3 y 12 años muertos cuando trataban de calentarse con un fuego en su casilla. Y así podríamos seguir enumerando ejemplos de Santa Fe, Córdoba, Río Negro, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, y el resto del país.
Mientras los Kirchner y su corte admiran los hielos en El Calafate, y los empresarios calman su ansiedad por el precio del dólar, deslizándose con sus esquíes en la nieve, el pueblo hambreado muere de frío en la verdadera Argentina.
…
NOTAS:
1) Fuente: Red Solidaria.
Cuando empiezan los primeros fríos, dos notas son previsibles en los diarios y noticieros. La que indaga el precio de los medios de elevación en los centros de ski, y la que, titulada “ola de frío”, se ilustra con señoritas emponchadas con ropa de marca o señores con gruesos sobretodos y camperas térmicas.
No sale, en cambio, la foto de los que mueren por hipotermia, intoxicados o directamente quemados por los braseros y las estufas baratas.
El año pasado, del 28 de mayo al 23 de agosto, murieron 102 personas en todo el país a causa del frío, una cada dos días(1). Probablemente, el caso que mejor mostró que el problema no es el frío, sino la pobreza, fue el de las ocho personas (un joven, tres niños y dos madres adolescentes con sus bebés) calcinadas en Córdoba, en un viejo vagón abandonado donde vivían hacinados.
Este año todo indica que se va a duplicar la cifra, pues apenas empezado el invierno, y con sólo dos oleadas de bajas temperaturas, ya se acercan a 40 los muertos en todo el país, con un promedio de uno por día.
Las víctimas del frío son siempre los pobres, como la nena de 2 años que murió de hipotermia en una pieza precaria en Tartagal, Salta, mientras sus padres trabajaban en una finca rural, o como los hermanitos Priscila y William, de 2 y 3 años, muertos por los gases emanados por el brasero mientras sus padres hacían changas y juntaban cartones en la ciudad de Tucumán. El mismo día, un incendio mató a un nene de 5 años en la villa 1-11-14 de Buenos Aires, y un mes antes, en La Plata, fueron cinco los hermanitos entre 3 y 12 años muertos cuando trataban de calentarse con un fuego en su casilla. Y así podríamos seguir enumerando ejemplos de Santa Fe, Córdoba, Río Negro, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, y el resto del país.
Mientras los Kirchner y su corte admiran los hielos en El Calafate, y los empresarios calman su ansiedad por el precio del dólar, deslizándose con sus esquíes en la nieve, el pueblo hambreado muere de frío en la verdadera Argentina.
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NOTAS:
1) Fuente: Red Solidaria.