EPIDEMIA DE GRIPE A: LA TRAJERON LOS RICOS, PERO MATA POBRES

El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)

La gripe A, que ingresó al país en un primer momento de la mano de las “familias bien” de Buenos Aires, propagándose en barrios privados, ha multiplicado el número de víctimas al expandirse al resto de la sociedad, en una muestra más de cómo la salud y la enfermedad también reparan en las diferencias de clase.
Los capitalistas no pierden oportunidad de obtener una ganancia allí donde sea posible encontrarla. La salud, desde luego, no es la excepción. Así, se han consolidado gigantescas empresas prestadoras de servicios de salud, lujosos sanatorios, donde se curan quienes puedan pagar las costosas cuotas y multimillonarios negocios a través de la fabricación y venta de medicamentos, manejados por los grandes laboratorios.
La salud es, por lo tanto, un negocio como cualquier otro para los capitalistas. Sólo pueden acceder a ella quienes estén en condiciones de pagar lo que cuesta la cuota mensual de la prepaga, el precio de una internación o de un medicamento. Para los que no puedan acceder a esto, la inmensa mayoría del pueblo trabajador, el sistema reserva, como lo hace con la vivienda o la educación, una realidad de padecimientos. La epidemia de dengue que azotó a las poblaciones más humildes del país el último verano (hay todavía, a pesar de no ser noticia, miles enfermos) y que regresará con más fuerza con el aumento de la temperatura en los próximos meses, la persistencia de enfermedades arcaicas como el mal de Chagas y las innumerables muertes que se padecen año tras año consecuencia de enfermedades curables, como una simple gripe, dan cuenta de que la salud, así como la ciencia en general, sólo se desarrollan en el capitalismo, allí donde exista la posibilidad de obtener ganancias para quién se decida a invertir.
La gripe A se ha cobrado, según los cuestionados datos oficiales, más de un centenar y medio de víctimas. Según otras fuentes médicas y de trabajadores de la salud, son ya más de cuatrocientos. En uno u otro caso, como siempre, son, casi en su totalidad, quienes no accedieron al tratamiento y la medicación adecuada a tiempo. Como una simple muestra, lejos del alcohol en gel y los barbijos, por no nombrar los elementos de primera necesidad como frazadas, medicamentos o, simplemente, una alimentación digna, como lo denuncia el Comité Contra la Tortura dependiente del gobierno bonaerense, en las cárceles de la provincia de Buenos Aires murieron víctimas de la gripe al menos tres presos y veintidós debieron ser internados. Al mismo tiempo, por las radios se repetían las propagandas oficiales en las cuales hasta se recomendaba no concurrir a trabajar, agregando que no se verían afectados los salarios por esta decisión, “consejo” que obviamente no es más que una burla para la mayoría de los trabajadores, para los cuales ausentarse de su trabajo no sólo representa una posible reducción salarial, sino que significa un despido casi seguro.
La gripe A, por lo tanto, como cualquier otra enfermedad, seguirá descargándose de forma desigual en la sociedad. Lo que para algún empresario o su familia puede resolverse con un buen tratamiento y algunos días de reposo, como se vio incluso en los casos de algunos altos funcionarios del gobierno porteño, como el del peronista Rodríguez Larreta, seguirá representando para el pueblo trabajador un importante riesgo, a pagar incluso con su vida. Sólo en el Hospital Garrahan murieron siete chicos pobres, según lo denunció la Junta Interna de sus trabajadores. Es que no es lo mismo pelear contra el virus desde la desnutrición, las malas condiciones generales y sin acceso a los remedios, que en la opulencia.
Los que se mueren de gripe, en Argentina y en todo el mundo, son los pobres.

TAMBIÉN ES UN GRAN NEGOCIO
Las patentes que dan exclusividad en la producción de un medicamento a un laboratorio determinado son un negocio multimillonario(1). No es ninguna novedad. Con la gripe A, los dos laboratorios que multiplicaron varias veces sus ganancias son el británico Glaxo Smith Kline y el suizo Roche, fabricante del ya famoso Tamiflu (Oseltamivir), que aumentó sus ventas un 203% en el primer semestre de 2009. Esta droga, a u$s300 la cajita, no es nueva. Fue desarrollada por la empresa Gilead Sciences Inc., propiedad del secretario de defensa del gobierno de Bush, Ronald Rumsfeld, que vendió los derechos a la suiza en 1996 a cambio de jugosas regalías, que hoy continúa cobrando. En 2005, la oportunidad estuvo con la “gripe aviar”. Durante ese año, Roche facturó sólo por la venta del antiviral u$s1.000 millones, cuadruplicando sus ganancias con respecto al año anterior.
Ni hablar de la inminente vacuna, de la que EEUU y la Unión Europea ya adquirieron las primeras reservas, sin dejar resto para los países pobres.
Aunque a una escala mucho menor, lejos de las multimillonarias cifras en dólares, también han tenido motivos para celebrar a lo grande los fabricantes locales de alcohol en gel y barbijos, por nombrar sólo algunos de los que vieron en la gripe una gran oportunidad de negocios.
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NOTAS:
1) El 47,1% de las drogas que se venden en Argentina tienen un único oferente y el 88% tiene menos de seis. Las variedades genéricas se venden a precios similares a los de la droga original. Es lo que se conoce como el “efecto murciélago”, pues todos se cuelgan del precio techo. (Fuente: Fundación “Remediar”).

CUANDO LA GRIPE ES CONVENIENTE
La manipulación política y económica de la pandemia de gripe A parece no encontrar límites.
Primero, la usaron para erradicar de los medios de comunicación las noticias sobre la epidemia de dengue y su enorme cuota de fatalidad.
Después, en plena campaña electoral, consideraron políticamente acertado minimizar la extensión de la nueva gripe, para “sincerar”, una vez concluidas las elecciones, los niveles de infectados y muertos y para anunciar algunas medidas escenográficas de prevención.
No fueron pocos los empresarios que aprovecharon la aparición de esta gripe, para instrumentar suspensiones de personal sin goce de sueldo, fundamentalmente entre los trabajadores en negro.
La especulación y remarcación de precios sobre productos de prevención, como alcohol o barbijos, tampoco encuentran límites.
Por su parte, los economistas no se demoraron en culpar al virus por los malos resultados de la economía, como la caída en el turismo, el consumo o la producción. Hasta hay quienes ya calcularon qué porcentaje del PBI caerá como consecuencia de la gripe.
Además, en varias localidades se han prohibido actos o actividades políticas en nombre del respeto de las pautas de prevención...
Como vemos, los capitalistas han encontrado un sinnúmero de convenientes utilidades para usufructuar este virus en su propio provecho.