UN BURGUÉS BOLIVARIANO, NO TAN PEQUEÑO

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

En el mes de abril de 2005 la capital de Ecuador, sacudida por manifestaciones populares, fue escenario de una violenta represión detrás de la cual, además de la lógica represiva del gobierno de Lino Gutiérrez, se escondía una urgencia material mucho más contante y sonante: había que vaciar los depósitos de bombas de gas lacrimógeno de la fábrica local de armamento GASPOL para que la empresa (70% propiedad de la policía y 30% privada) pudiera cumplir su contrato de provisión de gases por más de un millón y medio de dólares con la yanqui Armor Holdings, subsidiaria de Global BAE Systems, una de las líderes mundiales en el negocio de las armas. El representante en Miami de Armor Holdings se llama Pedro Guerrero, y es uno de los personajes que aparece vinculado a Guido Alejandro Antonini Wilson, el portador de la valija con los 800.000 dólares venezolanos, cuyo repentino salto a la fama tiene perplejos a los habitantes de La Victoria, que lo recuerdan, apenas un par de décadas atrás, como encargado de la gomería del pueblo.
La misma empresa yanqui protagonizó entre 2002 y 2003 una enorme venta de armas para la policía del estado venezolano de Cojedes, cuyo gobernador, el chavista Johnny Yánez Rangel, llevó a Antonini Wilson como asesor a Montevideo. Allí se tomó la foto que todos los diarios publicaron días después del hallazgo de la valija. Armor Holdings no fue la contratante directa para proveer al estado venezolano de subametralladoras Uzi, pistolas de guerra israelíes y gases lacrimógenos, sino que intervino la firma “Rubial & Durán”, supuestamente constructora, propiedad de Franklin Durán, otro amigo y socio de Antonini Wilson.
Del abanico de empresas registradas a nombre de Antonini, la mayoría tiene sede en Miami, y sólo una se encuentra en Caracas: Defensa y Tecnología, dedicada a la venta, distribución, exportación e importación de armamento militar y policial, así como aeronaves de uso militar. Antonini Wilson tiene el 95% de las acciones, y figura como presidente de una compañía con tres empleados, pero inscripta en el registro de proveedores del estado venezolano.
El robusto venezolano integra media docena de directorios con conocidos empresarios del círculo que en Venezuela llaman “los nuevos ricos de la revolución”, es decir, los que en los años que lleva el chavismo en el poder se han enriquecido meteóricamente. En Foxdelta Investments Inc. los socios del “hombre de la valija” son Franklin Durán y Wladimir Abad. El segundo también integra la dirección de Techmilk Inc. junto a Guido Antonini, y es secretario de la firma yanqui American Food Grain, cuyo presidente es Ricardo Fernández Barruecos, dueño de PROAREPA, una firma favorecida por el gobierno chavista con contratos multimillonarios para programas de distribución de alimentos.
Franklin Durán, el otro socio de Antonini en Foxdelta, comparte con él la pasión por los autos, y fue su copiloto el pasado 22 de abril en el Rally Gumball 3000 que se disputó en Rumania. Allí tripularon un Porsche Carrera GT de la empresa Venoco, una petrolera mediana definida como “parachavista”. También suelen correr la hermosa Ferrari roja 360 de propiedad de Carlos Kauffman, otro de los amigos de Antonini, y actual directivo junto a Durán de Industrias Venoco. Kaufman y Duran se hicieron de Venoco a fines de 2004, cuando el grupo que la controlaba, vinculado al presidente interino Pedro Carmona Estanca, cayó en desgracia luego del fallido golpe de estado contra Chávez. Tanto el Porsche como la Ferrari suelen lucir en su luneta un calco que dice “Ahora Venezuela es de todos”.
O sea, ni “antichavista” ni “agente de la CIA”. Simplemente un conspicuo representante de la burguesía venezolana, que intercambia apoyos y negocios con el gobierno bolivariano.