El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)
Como fiel representante de la burguesía local el chavismo no sólo ha despreciado la lucha de la resistencia colombiana sino que ha contribuido a combatirla, siendo cómplice en la captura de algunos de sus más altos dirigentes, como el canciller de las FARC Rodrigo Granda, secuestrado en forma conjunta por fuerzas de seguridad venezolanas y colombianas en pleno centro de Caracas.
Hoy las FARC reclaman la liberación de más de 500 combatientes presos por el gobierno pro yanqui de Álvaro Uribe y ofrecen canjearlos por funcionarios, militares y mercenarios yanquis que han sido retenidos por la guerrilla con ese fin. Como única condición han puesto la necesidad de contar con un territorio liberado de fuerzas represivas colombianas para poder llevar a cabo las negociaciones y el canje sin ser emboscados.
Como no podía ser de otra manera Chávez ha intervenido para sortear lo que entiende como un escollo puesto por las FARC (¡jamás entraría en su cabeza sortear los escollos de su “amigo” Uribe!), ofreciendo el uso de suelo venezolano para las negociaciones de canje… el mismo suelo donde fue secuestrado el canciller Granda.
El actual discurso de Chávez recuerda la tan repetida teoría de los dos demonios que equipara al estado capitalista con la resistencia popular: “Tendrían que ambos ceder; -decía entonces refiriéndose a la guerrilla y la represión uribista- “liberar aquí y liberar allá”… Y decidiendo olvidar la distancia que existe entre una guerrilla popular y un aparato militar que involucra a militares, paramilitares y marines yanquis; y olvidando sobre todo la distancia que hay entre los principios del que se levanta en armas y entrega su vida por una transformación revolucionaria y el que defiende a sangre y fuego los privilegios de la podrida burguesía internacional, volvió a sentenciar Chávez: “Ojalá pudiéramos convencer a las fuerzas guerrilleras de las FARC y al gobierno para liberar a esa gente”.
Son los consejos del “pacificador” Chávez, el mismo que llamó a la conciliación con los golpistas luego que el pueblo parara el golpe de estado y terminó otorgándoles el referéndum, el mismo que hace pocos meses reprimió a los obreros de Maracay por reclamar el control de su fábrica tomada desde hace tiempo, el mismo que el mes pasado dejó definitivamente en libertad a los máximos exponentes del golpe de estado en nombre de la “pacificación nacional”.
Como fiel representante de la burguesía local el chavismo no sólo ha despreciado la lucha de la resistencia colombiana sino que ha contribuido a combatirla, siendo cómplice en la captura de algunos de sus más altos dirigentes, como el canciller de las FARC Rodrigo Granda, secuestrado en forma conjunta por fuerzas de seguridad venezolanas y colombianas en pleno centro de Caracas.
Hoy las FARC reclaman la liberación de más de 500 combatientes presos por el gobierno pro yanqui de Álvaro Uribe y ofrecen canjearlos por funcionarios, militares y mercenarios yanquis que han sido retenidos por la guerrilla con ese fin. Como única condición han puesto la necesidad de contar con un territorio liberado de fuerzas represivas colombianas para poder llevar a cabo las negociaciones y el canje sin ser emboscados.
Como no podía ser de otra manera Chávez ha intervenido para sortear lo que entiende como un escollo puesto por las FARC (¡jamás entraría en su cabeza sortear los escollos de su “amigo” Uribe!), ofreciendo el uso de suelo venezolano para las negociaciones de canje… el mismo suelo donde fue secuestrado el canciller Granda.
El actual discurso de Chávez recuerda la tan repetida teoría de los dos demonios que equipara al estado capitalista con la resistencia popular: “Tendrían que ambos ceder; -decía entonces refiriéndose a la guerrilla y la represión uribista- “liberar aquí y liberar allá”… Y decidiendo olvidar la distancia que existe entre una guerrilla popular y un aparato militar que involucra a militares, paramilitares y marines yanquis; y olvidando sobre todo la distancia que hay entre los principios del que se levanta en armas y entrega su vida por una transformación revolucionaria y el que defiende a sangre y fuego los privilegios de la podrida burguesía internacional, volvió a sentenciar Chávez: “Ojalá pudiéramos convencer a las fuerzas guerrilleras de las FARC y al gobierno para liberar a esa gente”.
Son los consejos del “pacificador” Chávez, el mismo que llamó a la conciliación con los golpistas luego que el pueblo parara el golpe de estado y terminó otorgándoles el referéndum, el mismo que hace pocos meses reprimió a los obreros de Maracay por reclamar el control de su fábrica tomada desde hace tiempo, el mismo que el mes pasado dejó definitivamente en libertad a los máximos exponentes del golpe de estado en nombre de la “pacificación nacional”.