CHÁVEZ Y LA “DEMOCRATIZACIÓN DEL CAPITAL”

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

Decíamos en El Revolucionario Nº21 que “a tantos años de comenzada la “revolución” de Chávez, y a pesar del permanente aumento de los precios del petróleo en los últimos años, la brecha entre los más ricos y los más pobres sigue tan amplia como antes de su primera asunción. Esta realidad señalada en las estadísticas se refleja en la vida diaria de los venezolanos: extensas villas miseria rodean la ciudad capital y una profunda pobreza se aprecia a lo largo de todo el país, al tiempo que se extiende enormemente la importación de artículos de lujo que forman parte del consumo de las nuevas clases pudientes “bolivarianas”.”
Nada ha cambiado desde entonces. Con la mitad de los trabajadores precarizados y medio país sin conseguir trabajo estable, la pobreza inunda Venezuela: un tercio de la población es tan pobre que el gobierno ha debido asumirlo en los informes oficiales y el dengue, una enfermedad paleolítica que se reproduce en medio de la indigencia y la pestilencia, se ha expandido por doce estados del país, afectando ya a 30.000 de esos venezolanos pobres.
Ante un régimen democrático que sostiene este estado de cosas como garante de los intereses de los explotadores, el chavismo lejos de enfrentar a los capitalistas, ha llamado a profundizar, perfeccionar y ampliar esa democracia celadora de la propiedad privada. De eso se tratan los eufemismos “democracia participativa” o “poder popular” en los que se centra su nueva reforma. A eso se refiere su pretendida lucha contra una “oligarquía” insignificante: a su descarada defensa de la clase capitalista que detenta el poder del estado y se llena los bolsillos con los negocios que les brinda el bolivarianismo.
Por eso dice Chávez: “Estatizar es aferrarse a un dogma”, para enseguida garantizarle a Techint increíbles negociados en su país(1). Y retruca:“el socialismo venezolano acepta la propiedad privada”, mientras por todos lados se muestran las espectaculares fortunas que amasan los Antonini Wilson que lo acompañan.
Así, en nombre de su inventado “socialismo del siglo XXI”, el chavismo defiende los intereses de la burguesía. Y para arrastrar tras de sí al movimiento popular ha reanimado la vieja utopía reaccionaria según la cual, es factible avanzar hacia el socialismo pacíficamente por medio de la institucionalidad del sistema y codo a codo con los capitalistas.
Para poder disciplinar a la clase obrera y el pueblo tras este proyecto, el chavismo ha llamado a la conciliación de clases. Bajo la consigna de la “democratización del capital” Chávez está levantando un gran aparato, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), del que ya son parte la Confederación de Empresarios Socialistas de Venezuela, los militares, la burocracia estatal y su dirección, el movimiento 5ta república, y en el que se cuadrará el conjunto de las organizaciones políticas y sociales que han dado su apoyo (aunque sea “crítico”) al gobierno de Chávez.
Todo vestigio de independencia de clase pretende ser eliminado por Chávez quien ha llamado a deshacer los partidos existentes para fundirse en el partido-movimiento que él encabeza. Incluso los sindicatos intentan ser licuados en ese movimiento nacional policlasista cuya dirección ya anticipó la permanencia del régimen de propiedad privada.
Así, apadrinado por Fidel Castro quien ya desde hace tiempo lo designo como su “sucesor”, Chávez se ha hecho cargo de encabezar a nivel continental esta nueva corriente que promueve la “paz social” y la reforma dentro de los marcos del sistema en conciliación con la burguesía.
Como comenta el diario El Universal de su país: “…el presidente Hugo Chávez reconoció que sostuvo conversaciones, de largas horas, según dijo, con los protagonistas de otras revoluciones contemporáneas para conocer sus errores y evitar cometerlos en su proyecto político bolivariano. Esta particular mención la hizo cuando explicaba las razones por las que no acogió, en la redacción de su proyecto, la propuesta de venezolanos partidarios de la tesis de "eliminar toda forma de propiedad privada sobre los medios de producción". Sus conversaciones con Daniel Ortega, líder sandinista de Nicaragua; Fidel Castro, artífice de la Revolución Cubana, y Alexander Lukashenko, presidente de Belarús y testigo de la era soviética, le llevaron a concluir que hubo un desacierto común en estos procesos: "la pretensión de eliminar de un tajo propiedades productivas".”
El actual presidente de Nicaragua que conquistó el poder a fuerza de arrepentirse de su pasado revolucionario y de promover la conciliación con los asesinos de sus ex compañeros combatientes guerrilleros (llevando incluso a un paramilitar de compañero de fórmula) y el antiguo burócrata cocalero que asumió el gobierno boliviano luego de haber traicionado la lucha de su pueblo, apoyando a Mesa y su referéndum para “pacificar” el país, son los laderos del presidente Chávez para este proyecto internacional: “Les he comentado a Ortega y Morales (comentó Chávez) que 2008 podría ser bueno para una reunión de partidos de izquierda de América Latina y organizar una Internacional de Izquierda de América Latina (…) Eso bien pudiera ser en 2008 y el PSUV tendrá un papel bien importante que jugar”.
Allí habrá lugar para que todos los defensores de la vía pacífica y de la alianza de clases se integren a esta parodia de Internacional y defiendan la democracia burguesa, con sus Wilson y su dengue, su Techint y sus villas miseria. A cambio, los más avezados tendrán sus migajas: contarán con subsidios para comedores o proyectos de educación popular, con viajes para congresos o espacio en notables publicaciones… y podrán jugar a la “revolución bolivariana” mientras a su lado la explotación se profundiza.
La clase obrera, los pobres, los postergados… el pueblo humilde, en cambio, no se acostumbrará nunca a esta indigna vida de miseria. La explotación, la enfermedad, la opulencia y demás pestes capitalistas pesan cada día en la vida de los oprimidos y sedimentan el odio y la energía combativa que hará posible una verdadera revolución.
Es tarea de los revolucionarios forjar la organización necesaria para desarrollar e impulsar esta lucha en el único camino que permitirá la real emancipación de los explotados: la revolución socialista.

NOTAS
1) Decía Clarín el 22/08/07: “El pasado 5 de mayo fue la primera vez que Hugo Chávez amenazó con nacionalizar Sidor. "Que venga Paolo Rocca", reclamó. Lo curioso es que la presión de Chávez fue en simultáneo con una solicitada del Enargas en la que involucró a Techint con el caso Skanska, en el que aún se investiga presunta corrupción de funcionarios. Pese a que pasaron pocos meses, los acontecimientos tomaron rumbos inesperados. El titular del Enargas, Fulvío Madaro, fue echado por el caso Skanska. Y el último 6 de agosto, Chávez negoció con Rocca un acuerdo sobre Sidor, la mayor siderúrgica venezolana, que desde 1998, cuando fue privatizada, pertenece en un 60% a Techint. Líder mundial en el negocio del acero, Techint factura US$ 16.000 millones”.