EL CAPITALISMO ES BARBARIE

La situación internacional actual desnuda irrefutablemente la naturaleza del capitalismo. Un breve repaso por el panorama económico, por las guerras, por las condiciones de vida de la clase obrera... un breve repaso de la realidad nos demuestra una vez más que el capitalismo es barbarie.

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

LA CRISIS DE LA ECONOMÍA
“Desde 1825, año en que estalla la primera crisis general, no pasan diez años seguidos sin que todo el mundo industrial y comercial, la producción y el intercambio, (...) se salga de quicio.”
(“Del socialismo utópico al socialismo científico”, Engels, 1877)

La burguesía mundial ha conducido al mundo hacia una nueva crisis capitalista. se trata de una nueva crisis de superproducción. Crisis que fue negada primero, minimizada luego, y asumida, recién, cuando la realidad la evidencia una y otra vez.
La situación económica en Estados Unidos ha ocupado, y ocupa, un lugar de importancia mayúscula en la prensa nacional e internacional. La preocupación no es desmedida, ya su economía representa la cuarta parte del producto bruto mundial. Es, también, el más grande consumidor y derrochador de petróleo; utiliza el 25% de la producción mundial, mientras sólo produce el 8%.
Desaceleración, dicen unos. De recesión, hablan otros. Lo cierto es que la economía norteamericana está en crisis. La desocupación creciente, la inflación, los despidos, los cierres de fábricas, la crisis inmobiliaria, los salvatajes de empresas y bancos, el millonario déficit comercial, la billonaria deuda pública, los vaivenes del dólar, las caídas de las bolsas... son las manifestaciones puntuales de la actual situación en el país del norte(1). Son las “numerosas dificultades”, en palabras del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.
Pero no sólo EEUU atraviesa una crisis. En el seno de la Unión Europea también se reproduce. Las quiebras de compañías inmobiliarias, la crisis de las hipotecas subprime, la recesión en la construcción y la desocupación más alta de la última década en España; la altísima desocupación en las afueras de Paris, los despidos masivos y la necesidad de extender la jornada y flexibilizar las condiciones laborales en Francia e Italia, etc., etc.
Pese a su magnitud, éstas no son, ni por cerca, las únicas preocupaciones de gobiernos y capitalistas de todo el orbe. Se suma, también, la escasez de petróleo. Recordemos simplemente que la producción mundial apenas satisface el consumo, siendo insuficiente durante algunos períodos. A esto se añade su precio, que, después de haber superado los u$s140, hoy duplica la cotización previa a la invasión de Irak(2).
Toda esta realidad demuestra que la crisis no es exclusiva de tal o cual país. Es patrimonio del sistema capitalista en su conjunto y sus manifestaciones se extienden a lo largo y a lo ancho del planeta. Es inherente a su lógica, es producto de la anarquía de producción, lo que torna imposible encontrarle una solución definitiva a sus recurrentes crisis.

LA NECESIDAD DE LAS GUERRAS
“Las guerras imperialistas son absolutamente inevitables bajo ese sistema económico [el capitalismo], en tanto subsista la propiedad privada sobre los medios de producción.”
(“El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, Lenin, Prólogo de 1920)

La necesidad de abastecimiento y de control de los principales recursos naturales, como el petróleo o el agua, es motivo de enconadas disputas fogoneadas por las potencias imperialistas. Disputas que, al no poder resolverse mediante la diplomacia y las negociaciones privadas, desembocan en abiertos conflictos bélicos.
La invasión norteamericana a Irak, con derrocamiento y condena a la horca del ex jefe de estado Sadam Hussein, incluido, es producto de la necesidad de controlar y explotar directamente las riquezas petroleras de ese país, que cuenta con importantes reservas de “oro negro”(3). Vale recordar aquí que el control petrolero en Irak era ejercido por empresas de capitales rusos, franceses y chinos(4). EEUU, Inglaterra y sus aliados quedaban afuera de este gran negocio. Por eso la invasión.
El conflicto en Georgia también obedece a esta necesidad(5). Está en juego el control de una ruta energética por la que están pugnando Rusia, por un lado, y EEUU junto a la UE, por el otro. Se disputan la “ruta alternativa del flujo de petróleo y gas del Caspio hacia Occidente”, según las palabras del ex presidente estadounidense, Bill Clinton.
La permanente tensión de EEUU con Irán tiene tanto que ver con el desarrollo nuclear predicado por Ahmadinejah, como la guerra de Irak con las inexistentes armas químicas de Hussein. La verdad es que Irán también cuenta con importantes reservas petrolíferas(6).
Como vemos, la puja por el dominio energético, con los negocios millonarios que trae consigo, constituye la principal explicación de estas guerras.
Pero las necesidades no se reducen al petróleo. Las reservas de agua dulce también motivan guerras y despliegues militares.
El constante hostigamiento del ejército de Israel, verdadero enclave norteamericano en Medio Oriente, hacia el pueblo palestino, con la construcción de un muro fronterizo mediante, procura acabar con la resistencia palestina y anexar más territorios, a la vez que busca apoderarse de las reservas acuíferas, en una zona donde, no está de más recordarlo, el agua es un recurso escaso. De hecho, dos tercios del abastecimiento de agua israelí provienen de territorios conquistados a Siria, Líbano, Palestina y Jordania.
Por otra parte, la reactivación de la IV flota, las bases y los ejercicios militares estadounidenses en América Latina, al tiempo que ensayan acciones contrainsurgentes, están detrás del control del agua y nuevos yacimientos petrolíferos. Así, se ubican estratégicamente en cercanías del acuífero guaraní, de la Antártica, de los nuevos pozos encontrados en Brasil...
La guerra y la agresión imperialista es permanente. Se da en Haití y en Afganistán, con ocupación e invasión abiertas... También, en Colombia con el objetivo de mantener la dominación de la burguesía y aniquilar a las FARC-EP.
No puede ser de otra manera. En el capitalismo, la guerra es un medio del que se sirven los capitalistas para imponer sus voluntades, para saciar sus necesidades y sed de ganancias y para dirimir sus diferencias, arrasando, indefectiblemente, pueblos enteros. Pero, también, la guerra es una muy redituable empresa, que mueve una industria inmensa y millones y millones de dólares(7). La naturaleza del capitalismo, con la competencia entre la burguesía y entre sus estados que le es intrínseca, conduce los destinos de la humanidad de una guerra a otra.

EL CAPITALISMO ES BARBARIE
“En el medio de la abundancia, con un aparato de producción que bien dirigido y organizado, podría cubrir todas las necesidades actuales de la humanidad, el capitalismo condena a millones de hombres a la desocupación, a miserables prestaciones sociales o al hambre.”
(“Manifiesto a los trabajadores del mundo entero”, Trotsky, septiembre de 1938)

Pese a todo este panorama, “el capitalismo es el mejor sistema para vivir”, se apuran a decir. Y eso es absolutamente cierto si quien lo afirma es un burgués, quien vive del trabajo ajeno, en el lujo y la abundancia. Para eso, descargan las crisis económicas y las guerras con todo su peso y violencia sobre la clase obrera.
Los modelos de país, los desarrollados, los avanzados, los ejemplos capitalistas por excelencia están en el centro de la crisis actual.
En EEUU, la cantidad de personas que debe ser asistida por el gobierno para alimentarse alcanzó el record de 28 millones. La desocupación, la pobreza y la pérdida de las viviendas empeoran este panorama.
En Italia se ha extendido la jornada de trabajo, al tiempo que se flexibilizaron las condiciones laborales. También en Francia, donde, además, se prorrogó la edad obligatoria para acceder a la jubilación. En España, la desocupación supera el 12% y es la más alta en 12 años. Casi 3 millones de personas no tienen trabajo.
El capitalismo siempre, pero sobre todo cuando atraviesa crisis como las actuales, arroja a una buena parte de la clase obrera a la desocupación, a la desesperanza extrema, condenándola a la mendicidad, a la desesperación. También, a la persecución, a la cárcel, a la muerte. De este modo, además, se allana el terreno para bajar el salario, aumentar la jornada laboral, empeorar las condiciones de trabajo, acelerar los ritmos de producción y, sobre esta base, preparar su recomposición para encaminarse hacia una nueva crisis. Así, la desocupación es tan necesaria para el sistema, como la propiedad privada de los medios de producción y explotación de la fuerza de trabajo.
“La gente se está muriendo de hambre...”, reconoció el director del FMI, Dominique Strauss Kahn(8). 800 millones de seres humanos, ninguno capitalista por cierto, pasan hambre en todos los rincones del mundo. Es que la crisis alimentaria también recae con toda su voracidad sobre la clase obrera. Los precios de los alimentos subieron casi un 100% desde 2005. Muy por encima de este promedio, se ubican productos insustituibles como el arroz, el maíz y el trigo, según el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. La anarquía de la economía en la que los capitalistas se pasan de un cultivo a otro según la ganancia que reditúe y no las necesidades de la sociedad, explica estas criminales subas, de las que, por supuesto, extraen millonarias ganancias los productores, comerciantes y especuladores de esta rama agrícola. Las reflexiones del presidente de Brasil, Lula Da Silva, un pretendido exponente del capitalismo humanizado, son más que elocuentes: “...el mundo no está preparado para que millones de chinos, de indios y de africanos comieran tres veces al día”.
Esto constituye una preocupación para la burguesía. No por el sufrimiento de millones de personas, sino por la conflictividad social que una situación extrema puede generar. Pero para eso tienen bien aceitada la maquinaria represiva: las leyes, las fuerzas armadas y de seguridad, las cárceles...
Las políticas antiinmigración del “primer mundo” son sintomáticas. Después de haber impulsado el ingreso de trabajadores del “tercer mundo” para explotarlos más y mejor, ahora implementan leyes brutales, persecución, expulsión, encarcelamiento, represión. Todo, para intentar paliar su propia crisis que paga la clase obrera de países arrasados, en busca de un horizonte no mucho más digno: ser híper explotada en Europa. En las principales ciudades de Italia es directamente el ejército quien patrulla las calles, en nombre de la seguridad burguesa.
Las guerras y sus miles de refugiados, exiliados, muertos y heridos son una cara constante del mundo capitalista.
Explotación, desocupación, hambre, represión, guerras... Eso el capitalismo. Es la barbarie capitalista.

UNA SOLA SALIDA
La crisis capitalista, producto de la anarquía en la producción, la especulación financiera y la competencia interburguesa, con su retorno periódico y su cuota bárbara de explotación, opresión y guerras, no tiene salida posible dentro de este sistema económico y social. No es un problema de “modelos”, ni de “estatismo o liberalismo”, ni de “ortodoxia o heterodoxia”. El capitalismo mismo es el problema. No hay reforma posible.
Hay que cambiarlo todo. Solamente la instauración del socialismo, la única bandera de la clase obrera, puede ofrecer una solución definitiva al permanente caos en que vive el mundo capitalista.
Dejaremos de presenciar estas escenas, que tanto pesan sobre el pueblo trabajador, cuando la revolución imponga el gobierno de la clase obrera, el estado socialista. La planificación de la economía para garantizar el bienestar de toda la sociedad, y no el de unos pocos empresarios, es la única alternativa ante la anarquía reinante.
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NOTAS:
1) Con una cifra estimada entre 6% y 9%, EEUU alcanzó la tasa de desempleo más alta de los últimos cinco años. En 2008 hubo un millón de nuevos desocupados. La inflación es la más alta desde 1982. La actual crisis inmobiliaria es la más grande desde la depresión de 1929, aproximadamente, unas 500 viviendas se ejecutan diariamente. En octubre, el gobierno estadounidense llevó adelante el mayor salvataje en la historia del país, debió desembolsar 700 mil millones de dólares. El déficit comercial ronda los u$s800.000 millones. El rojo fiscal es de u$s500.000 millones. La deuda pública es de u$s10,5 billones.
2) Hoy, el precio del petróleo se ubica en el orden de los u$s57, muy por encima del precio del barril antes de la ocupación de Irak, cuando se situaba en los u$s30.
3) Se estima que en suelo iraquí se encuentra el 10% del reservorio mundial de crudo, el tercero más importante del mundo.
4) Desde 1997, la explotación del crudo en Irak quedó en manos de las empresas Total Fina Elf, China National Oil Company y Loukoil, de capitales franceses, chinos y rusos, respectivamente. Esta situación explica por qué estos países no apoyaron la invasión. No fue por humanitarismo, sino por intereses económicos.
5) Por territorio georgiano transitan 1,2 millones de barriles diarios de crudo, a través del oleoducto que une el Mar Caspio con el Mar Mediterráneo. También, 8.000 millones de m3 de gas al año trasladados por el gasoducto que une a Turquía con el Caspio. Además, los puertos que el país posee sobre el Mar Negro son la salida del petróleo procedente de Azerbaiján, Turkmenistán y Kazajstán. La importancia estratégica de Georgia como corredor energético es clara. Por eso, la pretensión de construir un gasoducto, el Nabucco, por parte de la UE; por eso, la incursión militar rusa y su apoyo a los separatistas afines; por eso, EEUU movilizó, en sus aviones, a los militares de élite georgianos desde Irak; por eso, el posicionamiento con los yanquis de países como Polonia, autorizando el asentamiento del escudo antimisiles norteamericano, y Ucrania, limitando la actividad de las naves rusas por sus aguas.
6) Posee el 11% del total mundial. Sólo Arabia Saudita posee mayores reservas, con el 25%.
7) Recientemente, Bush destinó u$s162 mil millones más para financiar las guerras.
8) Clarín, 14/04/08.