Argentina es un estado capitalista, una semicolonia del imperialismo. Un país económicamente atrasado y dependiente.
Los más de cinco años de gobierno kirchnerista no han hecho más que profundizar la dependencia y el atraso.
Los más de cinco años de gobierno kirchnerista no han hecho más que profundizar la dependencia y el atraso.
Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)
UN PAÍS AGROEXPORTADOR(1)
La economía argentina se apoya en la actividad agrícola y toda esta producción se ve condicionada por el mercado mundial, por su demanda y por sus precios, que se imponen desde afuera.
Más allá de todo el palabrerío que caracteriza a los gobiernos peronistas, como el de los Kirchner, la división internacional del trabajo ubica al país como productor y vendedor de materias primas. Ése es el rol que tiene asignado en el orden capitalista mundial. En sintonía con esta realidad, las palabras de la presidenta Cristina Fernández marcan con absoluta precisión todo el plan oficial: Argentina “multinacional de los alimentos”. Objetivo no muy distinto del conocido “granero del mundo”. Este proyecto de perpetuación del atraso es el que acompañan, con matices, todos los sectores de la burguesía local, desde los industriales hasta los banqueros, pasando por todos los partidos políticos del régimen.
Argentina produce lo que los mercados internacionales reclaman y lo que mejor pagan. Todo lo demás, por importante que sea para la sociedad, queda rezagado. Así, por ejemplo, los capitalistas agrarios extienden el cultivo de la soja, del que exportan el 90%, debido a su alta demanda y cotización(2). Para ello, reemplazan campos enteros dedicados a la producción de alimentos insustituibles como la carne, la leche, el trigo o el maíz. Asimismo, están dispuestos a abandonar dicho cultivo en cuanto el panorama internacional de sus negocios los hagan hacia nuevas siembras.
A cambio, Argentina se reduce a ser un auspicioso mercado para los capitalistas extranjeros. Lo explicaba con suma claridad la presidenta: “Nosotros necesitamos los avances tecnológicos que tienen ustedes”, les decía a los presidentes de la Unión Europea(3). Los acuerdos comerciales así lo estipulan. China, por ejemplo, le compra granos a Argentina, siempre y cuando garantice colocar sus manufacturas, que inundan el mercado local. Así, el viejo intercambio de cueros por botas con Inglaterra, se actualiza constantemente. Observar la composición de las exportaciones y las importaciones del país no deja lugar a dudas. Productos primarios, combustibles y energía, y manufacturas de origen agropecuario e industrial contra piezas y accesorios para bienes de capital, bienes de capital, intermedios y de consumo.(4) Ésta es la contraparte del comercio argentino.
Además, la inmensa mayoría de la producción industrial, por básica que sea en Argentina, es acaparada por los países centrales o, a lo sumo, por capitales foráneos instalados en el país debido a la baratura de la mano de obra local.
En este estrecho margen se puede mover un país semicolonial dirigido por la burguesía. La ecuación que realiza el gobierno es la única posible: granos y vacas por tecnología.
UNA INDUSTRIA RAQUÍTICA
E n esta realidad, el lugar que queda para el desarrollo industrial es completamente secundario. La producción nacional se reduce a algunos bienes de consumo, los que permiten mantener los grandes proveedores de Argentina como China, Brasil o EEUU. Pero, además, lo poco que se produce o se ensambla en el país está, mayoritariamente, en manos de capitales extranjeros. La extranjerización de la economía ha cobrado, bajo el kirchnerismo, niveles alarmantes(5) hasta para algunos sectores del empresariado local.
Ninguna producción de bienes de producción entra en el horizonte del gobierno nacional. Ninguna industrialización cabe en los planes oficiales, sencillamente, porque eso equivale a desafiar a los grandes capitalistas que explotan el mercado nacional.
Los industriales autóctonos, además de diversificar sus capitales haciéndose agroexportadores, se conforman con el negocio que les deja el imperialismo en el mercado local. Ocupan los “nichos productivos” que no llenan los imperialistas.
UN GOBIERNO PROIMPERIALISTA(6)
Cualquiera puede ser la coyuntura política y económica, pero lo fundamental de la relación entre Argentina y el imperialismo se mantiene intacto. El gobierno nacional, más allá de alguna que otra pose, es servil y está alineado con EEUU.
En este sentido, no podemos dejar de recordar que los funcionarios estadounidenses instalados en el país, hacen algo más que mantener simples relaciones diplomáticas. El embajador Wayne y el secretario de estado Shannon mantienen reuniones periódicas con la plana mayor del gobierno argentino en las que deciden sobre aspectos centrales de la política nacional.
Por otro lado, la deuda externa se paga puntualmente. Este gobierno ha llegado a utilizar reservas del BCRA para cancelarla con el FMI y se propone hacer básicamente lo mismo con el Club de París y los bonistas que no aceptaron el canje en 2005. Como si fuera poco, los lineamientos de los organismos internacionales, como el superávit fiscal, los aumentos de tarifas, la “responsabilidad fiscal” y el ajuste sobre el pueblo trabajador, se ejecutan como siempre.
No menos grave es la colaboración militar del gobierno argentino con EEUU. Tropas locales ocupando Haití y sistemáticos ejercicios conjuntos en toda América Latina son hechos más que ejemplificadores sobre este aspecto.
Éstos son sólo algunos hechos que dan cuenta del carácter proimperialista del gobierno peronista. Cabría agregar la promulgación de la ley antiterrorista, la adulación hacia los candidatos presidenciales norteamericanos, las declaraciones contra Irán, las reiteradas visitas a EEUU...
No puede ser de otro modo. Un gobierno burgués de una semicolonia, como el de los Kirchner en Argentina, es, inexorablemente, dependiente del imperialismo. Su papel se reduce a ser un socio menor de la potencia imperial de turno en la explotación y el saqueo del país.
SOCIOS MENORES DEL SAQUEO Y LA EXPLOTACIÓN
Esta es la realidad. Los negocios de las burguesías nacionales se realizan a la sombra de la explotación imperialista. Los gobiernos locales, aun cuando plantean la ilusión de un capitalismo independiente, sólo son capaces de profundizarla siempre un poco más. La burguesía local en su conjunto no puede desempeñar otro papel.
Ante todo, los capitalistas imperialistas y los nacionales son socios en la defensa del capitalismo y su mejor envoltura, la democracia. Comparten el resguardo de la propiedad privada y la explotación de la clase obrera. En este punto, el fundamental, esta sociedad no muestra fisuras.
Como en toda alianza, el más fuerte se lleva la mejor parte. La explotación de las riquezas naturales y de los principales negocios corre por cuenta de los capitales imperialistas. La entrega nacional, por cuenta de la burguesía local y su partido dirigente.
Por eso, la pelea contra el imperialismo es la pelea contra la burguesía autóctona. Por eso, es una cuestión de principios la independencia de la clase trabajadora.
La lucha contra la burguesía, para ser real, es la lucha por el socialismo, el único sistema que puede industrializar al país, sacándolo del atraso y la dependencia y ofrecer prosperidad para el pueblo trabajador. No hay término medio, ni atajos, ni nada.
...
NOTAS:
1) Sobre esta caracterización del país, publicamos varios artículos en nuestra prensa mensual, El Revolucionario (ER). Puede consultarse: “Más importaciones”, en ER N°37, julio de 2008; “La multinacional de los alimentos”, “´Segunda industrialización´ o ´multinacional de los alimentos´: ¿En qué quedamos?”, y “El único modelo”, en ER N°36, junio de 2008; “Las exportaciones acentúan la dependencia del país”, en ER N°33, marzo de 2008...
2) Pese a la abrupta caía del precio de la soja, su cotización se ubica por encima de la de años anteriores.
3) Declaraciones en Lima, en el marco de la V cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, en mayo de 2008. La misma en la que hizo el planteo de convertir a Argentina en la “multinacional de los alimentos”.
4) Según el ministerio de economía, algunos de los principales productos de exportación son cereales; semillas y frutos oleaginosos; residuos y desperdicios de la industria alimenticia; grasas y aceites; productos químicos y conexos; metales comunes y sus manufacturas; carburantes; y petróleo crudo. Por su parte, las importaciones están compuestas fundamentalmente por transmisores de radiotelefonía, radiodifusión o televisión; computadoras, impresoras y sus unidades; productos químicos orgánicos; plásticos y papel y cartón; piezas y accesorios para la industria automotriz; partes para computadoras y demás máquinas de oficina; aparatos y material eléctrico; y productos farmacéuticos.
5) “De las 500 empresas líderes en Argentina, el 72%, 360, son de capitales extranjeros. Entre las 10 industriales de mayor facturación, sólo dos son de un grupo local, Techint. Estos escasos datos publicados por el INDEC son una demostración del nivel al que se ha llegado en el sometimiento y la dependencia del capital extranjero.”. Esto explicábamos en “Las empresas extranjeras sacan del país el 75% de sus ganancias”, en ER N°35, mayo de 2008.
6) Denunciando el carácter proimperialista del gobierno de los Kirchner, hemos publicado varias páginas: “La mejor alumna rindió examen en Nueva York”, en ER N°40, octubre de 2008; “El gobierno kirchnerista hace los deberes”, en ER N°39, septiembre de 2008; “Marines y enviados diplomáticos para garantizar la dependencia”, en ER N°38, agosto de 2008; “Virreyes muy atareados”, en ER N°37, julio de 2008...
UN PAÍS AGROEXPORTADOR(1)
La economía argentina se apoya en la actividad agrícola y toda esta producción se ve condicionada por el mercado mundial, por su demanda y por sus precios, que se imponen desde afuera.
Más allá de todo el palabrerío que caracteriza a los gobiernos peronistas, como el de los Kirchner, la división internacional del trabajo ubica al país como productor y vendedor de materias primas. Ése es el rol que tiene asignado en el orden capitalista mundial. En sintonía con esta realidad, las palabras de la presidenta Cristina Fernández marcan con absoluta precisión todo el plan oficial: Argentina “multinacional de los alimentos”. Objetivo no muy distinto del conocido “granero del mundo”. Este proyecto de perpetuación del atraso es el que acompañan, con matices, todos los sectores de la burguesía local, desde los industriales hasta los banqueros, pasando por todos los partidos políticos del régimen.
Argentina produce lo que los mercados internacionales reclaman y lo que mejor pagan. Todo lo demás, por importante que sea para la sociedad, queda rezagado. Así, por ejemplo, los capitalistas agrarios extienden el cultivo de la soja, del que exportan el 90%, debido a su alta demanda y cotización(2). Para ello, reemplazan campos enteros dedicados a la producción de alimentos insustituibles como la carne, la leche, el trigo o el maíz. Asimismo, están dispuestos a abandonar dicho cultivo en cuanto el panorama internacional de sus negocios los hagan hacia nuevas siembras.
A cambio, Argentina se reduce a ser un auspicioso mercado para los capitalistas extranjeros. Lo explicaba con suma claridad la presidenta: “Nosotros necesitamos los avances tecnológicos que tienen ustedes”, les decía a los presidentes de la Unión Europea(3). Los acuerdos comerciales así lo estipulan. China, por ejemplo, le compra granos a Argentina, siempre y cuando garantice colocar sus manufacturas, que inundan el mercado local. Así, el viejo intercambio de cueros por botas con Inglaterra, se actualiza constantemente. Observar la composición de las exportaciones y las importaciones del país no deja lugar a dudas. Productos primarios, combustibles y energía, y manufacturas de origen agropecuario e industrial contra piezas y accesorios para bienes de capital, bienes de capital, intermedios y de consumo.(4) Ésta es la contraparte del comercio argentino.
Además, la inmensa mayoría de la producción industrial, por básica que sea en Argentina, es acaparada por los países centrales o, a lo sumo, por capitales foráneos instalados en el país debido a la baratura de la mano de obra local.
En este estrecho margen se puede mover un país semicolonial dirigido por la burguesía. La ecuación que realiza el gobierno es la única posible: granos y vacas por tecnología.
UNA INDUSTRIA RAQUÍTICA
E n esta realidad, el lugar que queda para el desarrollo industrial es completamente secundario. La producción nacional se reduce a algunos bienes de consumo, los que permiten mantener los grandes proveedores de Argentina como China, Brasil o EEUU. Pero, además, lo poco que se produce o se ensambla en el país está, mayoritariamente, en manos de capitales extranjeros. La extranjerización de la economía ha cobrado, bajo el kirchnerismo, niveles alarmantes(5) hasta para algunos sectores del empresariado local.
Ninguna producción de bienes de producción entra en el horizonte del gobierno nacional. Ninguna industrialización cabe en los planes oficiales, sencillamente, porque eso equivale a desafiar a los grandes capitalistas que explotan el mercado nacional.
Los industriales autóctonos, además de diversificar sus capitales haciéndose agroexportadores, se conforman con el negocio que les deja el imperialismo en el mercado local. Ocupan los “nichos productivos” que no llenan los imperialistas.
UN GOBIERNO PROIMPERIALISTA(6)
Cualquiera puede ser la coyuntura política y económica, pero lo fundamental de la relación entre Argentina y el imperialismo se mantiene intacto. El gobierno nacional, más allá de alguna que otra pose, es servil y está alineado con EEUU.
En este sentido, no podemos dejar de recordar que los funcionarios estadounidenses instalados en el país, hacen algo más que mantener simples relaciones diplomáticas. El embajador Wayne y el secretario de estado Shannon mantienen reuniones periódicas con la plana mayor del gobierno argentino en las que deciden sobre aspectos centrales de la política nacional.
Por otro lado, la deuda externa se paga puntualmente. Este gobierno ha llegado a utilizar reservas del BCRA para cancelarla con el FMI y se propone hacer básicamente lo mismo con el Club de París y los bonistas que no aceptaron el canje en 2005. Como si fuera poco, los lineamientos de los organismos internacionales, como el superávit fiscal, los aumentos de tarifas, la “responsabilidad fiscal” y el ajuste sobre el pueblo trabajador, se ejecutan como siempre.
No menos grave es la colaboración militar del gobierno argentino con EEUU. Tropas locales ocupando Haití y sistemáticos ejercicios conjuntos en toda América Latina son hechos más que ejemplificadores sobre este aspecto.
Éstos son sólo algunos hechos que dan cuenta del carácter proimperialista del gobierno peronista. Cabría agregar la promulgación de la ley antiterrorista, la adulación hacia los candidatos presidenciales norteamericanos, las declaraciones contra Irán, las reiteradas visitas a EEUU...
No puede ser de otro modo. Un gobierno burgués de una semicolonia, como el de los Kirchner en Argentina, es, inexorablemente, dependiente del imperialismo. Su papel se reduce a ser un socio menor de la potencia imperial de turno en la explotación y el saqueo del país.
SOCIOS MENORES DEL SAQUEO Y LA EXPLOTACIÓN
Esta es la realidad. Los negocios de las burguesías nacionales se realizan a la sombra de la explotación imperialista. Los gobiernos locales, aun cuando plantean la ilusión de un capitalismo independiente, sólo son capaces de profundizarla siempre un poco más. La burguesía local en su conjunto no puede desempeñar otro papel.
Ante todo, los capitalistas imperialistas y los nacionales son socios en la defensa del capitalismo y su mejor envoltura, la democracia. Comparten el resguardo de la propiedad privada y la explotación de la clase obrera. En este punto, el fundamental, esta sociedad no muestra fisuras.
Como en toda alianza, el más fuerte se lleva la mejor parte. La explotación de las riquezas naturales y de los principales negocios corre por cuenta de los capitales imperialistas. La entrega nacional, por cuenta de la burguesía local y su partido dirigente.
Por eso, la pelea contra el imperialismo es la pelea contra la burguesía autóctona. Por eso, es una cuestión de principios la independencia de la clase trabajadora.
La lucha contra la burguesía, para ser real, es la lucha por el socialismo, el único sistema que puede industrializar al país, sacándolo del atraso y la dependencia y ofrecer prosperidad para el pueblo trabajador. No hay término medio, ni atajos, ni nada.
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NOTAS:
1) Sobre esta caracterización del país, publicamos varios artículos en nuestra prensa mensual, El Revolucionario (ER). Puede consultarse: “Más importaciones”, en ER N°37, julio de 2008; “La multinacional de los alimentos”, “´Segunda industrialización´ o ´multinacional de los alimentos´: ¿En qué quedamos?”, y “El único modelo”, en ER N°36, junio de 2008; “Las exportaciones acentúan la dependencia del país”, en ER N°33, marzo de 2008...
2) Pese a la abrupta caía del precio de la soja, su cotización se ubica por encima de la de años anteriores.
3) Declaraciones en Lima, en el marco de la V cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, en mayo de 2008. La misma en la que hizo el planteo de convertir a Argentina en la “multinacional de los alimentos”.
4) Según el ministerio de economía, algunos de los principales productos de exportación son cereales; semillas y frutos oleaginosos; residuos y desperdicios de la industria alimenticia; grasas y aceites; productos químicos y conexos; metales comunes y sus manufacturas; carburantes; y petróleo crudo. Por su parte, las importaciones están compuestas fundamentalmente por transmisores de radiotelefonía, radiodifusión o televisión; computadoras, impresoras y sus unidades; productos químicos orgánicos; plásticos y papel y cartón; piezas y accesorios para la industria automotriz; partes para computadoras y demás máquinas de oficina; aparatos y material eléctrico; y productos farmacéuticos.
5) “De las 500 empresas líderes en Argentina, el 72%, 360, son de capitales extranjeros. Entre las 10 industriales de mayor facturación, sólo dos son de un grupo local, Techint. Estos escasos datos publicados por el INDEC son una demostración del nivel al que se ha llegado en el sometimiento y la dependencia del capital extranjero.”. Esto explicábamos en “Las empresas extranjeras sacan del país el 75% de sus ganancias”, en ER N°35, mayo de 2008.
6) Denunciando el carácter proimperialista del gobierno de los Kirchner, hemos publicado varias páginas: “La mejor alumna rindió examen en Nueva York”, en ER N°40, octubre de 2008; “El gobierno kirchnerista hace los deberes”, en ER N°39, septiembre de 2008; “Marines y enviados diplomáticos para garantizar la dependencia”, en ER N°38, agosto de 2008; “Virreyes muy atareados”, en ER N°37, julio de 2008...