El Revolucionario Nº10 (Febrero de 2006)
El flamante triunfo electoral del MAS en Bolivia garantiza la continuidad de la política “neoliberal” que dice combatir. Como afirmamos en nuestro número anterior “Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.”
A pesar de que para el imperialismo norteamericano y europeo, así como para la derecha más fascista de Bolivia, el gobierno de Morales no es el gobierno que quisieran tener, la gestión del MAS no representa ningún escollo para sus planes de saqueo, opresión y superexplotación. El llamado telefónico de Bush para felicitar al nuevo presidente, y el anuncio de las petroleras de mantener sus inversiones, son elocuentes al respecto. Las recientes actuaciones del MAS y su dirigente Morales dan cuenta de sus posiciones reformistas que no cuestionan ni al imperialismo, ni a la democracia burguesa ni mucho menos al sistema capitalista.
No está de más recordar el papel jugado por el MAS durante las rebeliones populares de octubre de 2003 y junio de 2005 que voltearon a los presidentes Sánchez de Losada y Carlos Mesa respectivamente. Frenar la combatividad de los trabajadores y el pueblo y apoyar las salidas democráticas y constitucionales impulsadas por la burguesía, ha sido la tarea llevada adelante por el partido y los dirigentes que hoy gobiernan Bolivia. El apoyo y la tregua concedida al gobierno del vicepresidente de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, y al juez del tribunal supremo, Rodríguez, han sido sólo algunas de las más importantes entregas.
En 2004, el MAS apoyó e impulsó el referéndum que garantizaría la continuidad de la explotación y el control de los recursos naturales por las grandes multinacionales.
Poco antes de asumir, los congresistas del MAS apoyaron la privatización de una de las explotaciones mineras más grandes del mundo, MUTUN, con una reserva de 40 mil millones de toneladas de hierro y 10 mil millones de toneladas de magnesio, el 70% de las reservas mundiales.
Morales y su vicepresidente, García Linera, ya han anunciado que no nacionalizarán los hidrocarburos, que no expropiarán a los monopolios ni a los terratenientes, que respetarán los contratos de las privatizadas, que estimularán las inversiones extranjeras siempre que sean “transparentes”, y que mantendrán la política fiscal y macroeconómica de los gobiernos anteriores.
Ha dicho el presidente que “El estado boliviano ejercerá su derecho a la propiedad. Sí, vamos a nacionalizar pero eso no significa confiscar, expropiar o que se vaya a expulsar a empresas extranjeras [...] Las empresas tienen derecho a recuperar su inversión y la ganancia pero en equilibrio... [...] Vamos a ser radicales con las empresas que no respetan la ley, que no pagan impuestos y son contrabandistas. Pero tendremos máximo respeto por las que cumplen con las leyes bolivianas”. La plataforma programática del MAS es igual de clara: “Para evitar y eliminar posibilidades dadas en la década del noventa, se debe constitucionalizar la propiedad de los recursos naturales renovables y no renovables a favor del Estado boliviano. Asimismo, constitucionalizar la prohibición de la privatización de los estos recursos.” (destacados nuestros). Más adelante propone “Conformar el Estado solidario y productivo, que permita la convivencia de la empresa nacional y extranjera en torno a la materialización de los objetivos del nuevo patrón de desarrollo y la aplicación de una estrategia de desarrollo para la construcción de una economía solidaria, complementaria y comunitaria”. Luego reafirma que “Las empresas extranjeras transnacionales tendrán espacio para realizar actividades productivas o de servicios en un marco de respeto a las leyes bolivianas y adecuación de sus operaciones a la estrategia nacional y regional de desarrollo productivo”.
El Flamante gobierno se propone continuar las relaciones con EEUU y los organismos multilaterales de crédito. Sobre este tema su plataforma explica que “Actualmente los países andinos están negociando Tratados de Libre Comercio (TLC) [con EEUU]. Bolivia por varias razones no ingresó a negociar en calidad de pleno negociador, ahora es fundamental señalar que el país podría continuar negociando en la medida en que se acepte sólo términos comerciales y no formatos que implican subordinar políticas y soberanía. En otras palabras negociar con Estados Unidos un acuerdo comercial que no signifique condicionalidades ni formatos que atenten con temas fundamentales como la propiedad intelectual, compras estatales, inversiones y otros”.
El MAS plantea mantener su relación con el FMI y demás organismos de crédito, reestructurando su deuda y anhelando que éstos no “interfieran” en los asuntos internos. En ningún momento desconoce la deuda ni se plantea el no pago. En este sentido propone:
“1) Considerando que la deuda con organismos multilaterales (BID, BM, CAF y FMI) representa el 91,8% del total, USD 4.325,3 millones al 31 de agosto de 2005, los esfuerzos para reducir la pesada carga de la deuda externa deben concentrarse en los acreedores multilaterales.
2) Consolidar de manera urgente la condonación anunciada por los Ministros de Finanzas del G7, para cancelar el 100% del stock adeudado al Banco Mundial por USD 1.676,3 millones y al Fondo Monetario Internacional por USD 276,1 millones (préstamos PRGF y Stand By) para los países más pobres del mundo entre los cuales fue calificada Bolivia. Se debe presionar para que esta condonación no esté condicionada a anteriores esquemas y signifique un real alivio fiscal para el Estado.”
Al mismo tiempo, y en otro orden de cosas, Morales invitó al Comité Cívico abiertamente pro imperialistas de Santa Cruz a integrarse al gobierno mediante una comisión de transición del mando. Uno de sus primeros actos de gobierno ha sido nombrar al cuestionado General Isaac Pimentel como jefe de la policía, anuncio acompañado por un fuerte discurso anticorrupción (y sólo anticorrupción), por exhortaciones a lograr “la unidad de militares y civiles, y de la policía con su pueblo”, y por aumento de salarios para los uniformados.
Así, el gobierno de Evo Morales aparece como un gobierno populista que, basado en la demagogia, cuenta con la aprobación de los EEUU y la simpatía (por el momento) de la inmensa mayoría del pueblo boliviano. Mientras garantiza las ganancias de la burguesía nativa e imperialista, pretende sostenerse en el poder con gestos populistas y simbólicos al estilo de Kirchner o Chávez.
Por un lado, firma acuerdos bilaterales con Venezuela y Cuba con los que brindaría alfabetización, asistencia sanitaria, deportes y créditos para la construcción de autopistas. Por otro lado, impulsará mayores impuestos (simbólicos y por ello insignificantes para la economía del país) para los sectores más ricos y el cobro efectivo a las grandes petroleras que hasta el momento siguen saqueando el 99% del gas boliviano, evadiendo impuestos y vendiendo el combustible tres veces más caro en ciudades como La Paz. Procurará exportar el gas a precios internacionales y no preferenciales (entre las mismas empresas) como hasta ahora, para incrementar la recaudación fiscal y poder aumentar (también simbólicamente) el presupuesto en áreas sociales. También realizará una gran propaganda con la “austeridad” de los gobernantes.
En el fondo, el tibio plan del MAS consiste en instrumentar un modelo de “desarrollo productivo”, basado en los impuestos y las regalías generadas por la explotación petrolera, gasífera y minera. Se propone industrializar el país con los recursos que por estos conceptos las empresas provean al estado y por la “inversión productiva” de las mismas transnacionales.
Pero, sin la efectiva expropiación sin pago a las grandes multinacionales, su política continuará marcando el rumbo de todos los gobiernos del llamado “eje del bien”: ejecutor de los planes del imperialismo para América Latina.
El flamante triunfo electoral del MAS en Bolivia garantiza la continuidad de la política “neoliberal” que dice combatir. Como afirmamos en nuestro número anterior “Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.”
A pesar de que para el imperialismo norteamericano y europeo, así como para la derecha más fascista de Bolivia, el gobierno de Morales no es el gobierno que quisieran tener, la gestión del MAS no representa ningún escollo para sus planes de saqueo, opresión y superexplotación. El llamado telefónico de Bush para felicitar al nuevo presidente, y el anuncio de las petroleras de mantener sus inversiones, son elocuentes al respecto. Las recientes actuaciones del MAS y su dirigente Morales dan cuenta de sus posiciones reformistas que no cuestionan ni al imperialismo, ni a la democracia burguesa ni mucho menos al sistema capitalista.
No está de más recordar el papel jugado por el MAS durante las rebeliones populares de octubre de 2003 y junio de 2005 que voltearon a los presidentes Sánchez de Losada y Carlos Mesa respectivamente. Frenar la combatividad de los trabajadores y el pueblo y apoyar las salidas democráticas y constitucionales impulsadas por la burguesía, ha sido la tarea llevada adelante por el partido y los dirigentes que hoy gobiernan Bolivia. El apoyo y la tregua concedida al gobierno del vicepresidente de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, y al juez del tribunal supremo, Rodríguez, han sido sólo algunas de las más importantes entregas.
En 2004, el MAS apoyó e impulsó el referéndum que garantizaría la continuidad de la explotación y el control de los recursos naturales por las grandes multinacionales.
Poco antes de asumir, los congresistas del MAS apoyaron la privatización de una de las explotaciones mineras más grandes del mundo, MUTUN, con una reserva de 40 mil millones de toneladas de hierro y 10 mil millones de toneladas de magnesio, el 70% de las reservas mundiales.
Morales y su vicepresidente, García Linera, ya han anunciado que no nacionalizarán los hidrocarburos, que no expropiarán a los monopolios ni a los terratenientes, que respetarán los contratos de las privatizadas, que estimularán las inversiones extranjeras siempre que sean “transparentes”, y que mantendrán la política fiscal y macroeconómica de los gobiernos anteriores.
Ha dicho el presidente que “El estado boliviano ejercerá su derecho a la propiedad. Sí, vamos a nacionalizar pero eso no significa confiscar, expropiar o que se vaya a expulsar a empresas extranjeras [...] Las empresas tienen derecho a recuperar su inversión y la ganancia pero en equilibrio... [...] Vamos a ser radicales con las empresas que no respetan la ley, que no pagan impuestos y son contrabandistas. Pero tendremos máximo respeto por las que cumplen con las leyes bolivianas”. La plataforma programática del MAS es igual de clara: “Para evitar y eliminar posibilidades dadas en la década del noventa, se debe constitucionalizar la propiedad de los recursos naturales renovables y no renovables a favor del Estado boliviano. Asimismo, constitucionalizar la prohibición de la privatización de los estos recursos.” (destacados nuestros). Más adelante propone “Conformar el Estado solidario y productivo, que permita la convivencia de la empresa nacional y extranjera en torno a la materialización de los objetivos del nuevo patrón de desarrollo y la aplicación de una estrategia de desarrollo para la construcción de una economía solidaria, complementaria y comunitaria”. Luego reafirma que “Las empresas extranjeras transnacionales tendrán espacio para realizar actividades productivas o de servicios en un marco de respeto a las leyes bolivianas y adecuación de sus operaciones a la estrategia nacional y regional de desarrollo productivo”.
El Flamante gobierno se propone continuar las relaciones con EEUU y los organismos multilaterales de crédito. Sobre este tema su plataforma explica que “Actualmente los países andinos están negociando Tratados de Libre Comercio (TLC) [con EEUU]. Bolivia por varias razones no ingresó a negociar en calidad de pleno negociador, ahora es fundamental señalar que el país podría continuar negociando en la medida en que se acepte sólo términos comerciales y no formatos que implican subordinar políticas y soberanía. En otras palabras negociar con Estados Unidos un acuerdo comercial que no signifique condicionalidades ni formatos que atenten con temas fundamentales como la propiedad intelectual, compras estatales, inversiones y otros”.
El MAS plantea mantener su relación con el FMI y demás organismos de crédito, reestructurando su deuda y anhelando que éstos no “interfieran” en los asuntos internos. En ningún momento desconoce la deuda ni se plantea el no pago. En este sentido propone:
“1) Considerando que la deuda con organismos multilaterales (BID, BM, CAF y FMI) representa el 91,8% del total, USD 4.325,3 millones al 31 de agosto de 2005, los esfuerzos para reducir la pesada carga de la deuda externa deben concentrarse en los acreedores multilaterales.
2) Consolidar de manera urgente la condonación anunciada por los Ministros de Finanzas del G7, para cancelar el 100% del stock adeudado al Banco Mundial por USD 1.676,3 millones y al Fondo Monetario Internacional por USD 276,1 millones (préstamos PRGF y Stand By) para los países más pobres del mundo entre los cuales fue calificada Bolivia. Se debe presionar para que esta condonación no esté condicionada a anteriores esquemas y signifique un real alivio fiscal para el Estado.”
Al mismo tiempo, y en otro orden de cosas, Morales invitó al Comité Cívico abiertamente pro imperialistas de Santa Cruz a integrarse al gobierno mediante una comisión de transición del mando. Uno de sus primeros actos de gobierno ha sido nombrar al cuestionado General Isaac Pimentel como jefe de la policía, anuncio acompañado por un fuerte discurso anticorrupción (y sólo anticorrupción), por exhortaciones a lograr “la unidad de militares y civiles, y de la policía con su pueblo”, y por aumento de salarios para los uniformados.
Así, el gobierno de Evo Morales aparece como un gobierno populista que, basado en la demagogia, cuenta con la aprobación de los EEUU y la simpatía (por el momento) de la inmensa mayoría del pueblo boliviano. Mientras garantiza las ganancias de la burguesía nativa e imperialista, pretende sostenerse en el poder con gestos populistas y simbólicos al estilo de Kirchner o Chávez.
Por un lado, firma acuerdos bilaterales con Venezuela y Cuba con los que brindaría alfabetización, asistencia sanitaria, deportes y créditos para la construcción de autopistas. Por otro lado, impulsará mayores impuestos (simbólicos y por ello insignificantes para la economía del país) para los sectores más ricos y el cobro efectivo a las grandes petroleras que hasta el momento siguen saqueando el 99% del gas boliviano, evadiendo impuestos y vendiendo el combustible tres veces más caro en ciudades como La Paz. Procurará exportar el gas a precios internacionales y no preferenciales (entre las mismas empresas) como hasta ahora, para incrementar la recaudación fiscal y poder aumentar (también simbólicamente) el presupuesto en áreas sociales. También realizará una gran propaganda con la “austeridad” de los gobernantes.
En el fondo, el tibio plan del MAS consiste en instrumentar un modelo de “desarrollo productivo”, basado en los impuestos y las regalías generadas por la explotación petrolera, gasífera y minera. Se propone industrializar el país con los recursos que por estos conceptos las empresas provean al estado y por la “inversión productiva” de las mismas transnacionales.
Pero, sin la efectiva expropiación sin pago a las grandes multinacionales, su política continuará marcando el rumbo de todos los gobiernos del llamado “eje del bien”: ejecutor de los planes del imperialismo para América Latina.