El Revolucionario Nº9 (Diciembre de 2005)
Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.
Para el pueblo boliviano y el conjunto de nuestros pueblos latinoamericanos, el sonado “triunfo” de Evo Morales en las elecciones presidenciales de Bolivia tendrá, entre tanto barullo, sólo un aspecto positivo: ayudará a desplomar a gran velocidad las falsas expectativas sobre una resolución “democrática” y por la vía electoral de los graves y urgentes pesares que vive nuestro continente.
La coronación de Evo Morales como primer candidato a presidente nacional es el fruto de una larga lista de traiciones y de adaptaciones al régimen burgués boliviano, mediante los cuales su partido, el MAS, contribuyó enormemente a frenar las fuertes luchas populares que en ese país se libraron durante los últimos años, con el único fin de fortalecerse como fuerza “democrática” y estar en condiciones de disputar la presidencia por la vía electoral.
Una y otra vez, cuando mineros, maestros, campesinos, estudiantes y demás sectores del pueblo combatían con furia en la calle frente a las políticas de entrega de los gobiernos cipayos de Bolivia logrando el derrumbe de dos presidentes, el líder del MAS impulsaba la tregua en medio de la lucha, y buscaba resoluciones pacíficas, un “término medio” entre las consignas populares (como la nacionalización de los hidrocarburos) y la negativa del gobierno, con lo que contribuía a la recomposición de la golpeada clase dominante. Fue así que el líder cocalero abandonó por completo al pueblo combatiente y apoyó sin vacilaciones al gobierno reaccionario de Mesa y su referendum, defendiendo su conciliación con las empresas petroleras.
Mañana Morales, exactamente igual que hoy Rodríguez y ayer Mesa, gobernará sin llevar a cabo uno sólo de los reclamos de fondo de las grandes luchas bolivianas. En su lugar afirma una y otra vez que es “consciente” de la situación boliviana y acepta que “se verá obligado” a gobernar bajo la legislación “neoliberal”, respetando “los equilibrios macroeconómicos” y el pago de la deuda externa. Por eso el candidato a vicepresidente, el ex guerrillero Álvaro García Linera, recuerda en su spot publicitario que su partido respetará la iniciativa privada y la “seguridad jurídica” de las empresas, y el líder del MAS le retruca diciendo que hay “que beneficiar a las empresas, acá no estamos hablando de ninguna expropiación”.
Morales, quien promete que sostendrá las relaciones con los EEUU y apela a la “conciencia” y “humanidad” del imperialismo, no se propone en lo más absoluto ir contra este sistema ni enfrentar a la burguesía, sino apenas recuperar un discurso democrático-liberal al estilo de Elisa Carrió, bregando por la transparencia, la lucha contra la corrupción y la defensa de las instituciones burguesas. No efectuará ningún cambio positivo de importancia para los trabajadores y el pueblo boliviano y por eso es que no significa ningún riesgo serio para la burguesía gobernante y el sistema capitalista.
Lo explicaba hasta un columnista de Clarín, M. Cantelmi, el pasado 16/12: “Queda, para quien lo precise, un consuelo. Morales, si tiene una virtud, es su poder para aplacar la ira de un pueblo que ha volteado dos presidentes en tiempo record. Lo logra con un discurso encendido y provocador. Pero conviene no traducir mal esa retórica. Morales, populista y furibundo, es cualquier cosa menos un habitante por fuera del sistema”.
Y así es, el dirigente cocalero y su partido no piensan siquiera en sacar los pies del plato capitalista. Su proyecto reformador es el de “humanización” del sistema que muy claramente plantean el Foro Social Mundial y la Cumbre de los Pueblos cuyos ideólogos más destacados son el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y el estado cubano.
Así, la llegada de Morales al gobierno de Bolivia se ubica en línea con la reciente asunción de Tabaré Vázquez del gobierno uruguayo y la orientación pseudo progresista de gobiernos como el de Lula en Brasil, o el de Kirchner en nuestro país. Unos y otros son tristemente parecidos en su obsecuencia frente al imperialismo (pago de la deuda, compromisos fiscales y apoyo militar mediante) y en su aplastamiento creciente del pueblo por la doble vía del ajuste y la represión. Como dijimos en el mes de mayo, y reiteramos el mes pasado “el devenir de estos gobiernos estuvo signado desde su mismo origen. El ascenso a la presidencia de una fuerza que se reivindique de izquierda como el FA o el PT (o ahora el MAS), mediante los más variados y amplios frentes electorales, las alianzas de clases y la defensa de la democracia burguesa, siempre termina (y comienza) marcándola a fuego con el sello de proimperialistas”
Como lo comprueban los trabajadores de nuestro continente que se empobrecen a diario, todos estos gobiernos que vienen a ocupar el lugar dejado por la “derecha” tradicional en nombre del progresismo o la “izquierda parlamentaria”, más allá de la retórica “antiimperialista” y hasta “socialista” que puedan tener, no sólo vienen a continuar el mismo plan de hambre y represión impuesto por el imperialismo, sino que se han destacado por profundizarlo en forma increíblemente veloz, llevando el pago de la deuda, el superávit fiscal, y el ajuste contra el pueblo a niveles nunca antes vistos en nuestro continente.El persistente fracaso que significa para nuestros pueblos apostar a salidas “democráticas” y “electorales” (como el FA uruguayo o el MAS boliviano) para lograr la resolución de las penurias a las que nos somete el capitalismo debe servirnos de lección para emprender un camino hacia la definitiva emancipación de los trabajadores latinoamericanos, esto es, impulsando la lucha a fondo contra el capitalismo y retirando nuestra confianza de todos aquellos que como, Evo Morales, no hacen más que desviar el camino de la revolución.
Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.
Para el pueblo boliviano y el conjunto de nuestros pueblos latinoamericanos, el sonado “triunfo” de Evo Morales en las elecciones presidenciales de Bolivia tendrá, entre tanto barullo, sólo un aspecto positivo: ayudará a desplomar a gran velocidad las falsas expectativas sobre una resolución “democrática” y por la vía electoral de los graves y urgentes pesares que vive nuestro continente.
La coronación de Evo Morales como primer candidato a presidente nacional es el fruto de una larga lista de traiciones y de adaptaciones al régimen burgués boliviano, mediante los cuales su partido, el MAS, contribuyó enormemente a frenar las fuertes luchas populares que en ese país se libraron durante los últimos años, con el único fin de fortalecerse como fuerza “democrática” y estar en condiciones de disputar la presidencia por la vía electoral.
Una y otra vez, cuando mineros, maestros, campesinos, estudiantes y demás sectores del pueblo combatían con furia en la calle frente a las políticas de entrega de los gobiernos cipayos de Bolivia logrando el derrumbe de dos presidentes, el líder del MAS impulsaba la tregua en medio de la lucha, y buscaba resoluciones pacíficas, un “término medio” entre las consignas populares (como la nacionalización de los hidrocarburos) y la negativa del gobierno, con lo que contribuía a la recomposición de la golpeada clase dominante. Fue así que el líder cocalero abandonó por completo al pueblo combatiente y apoyó sin vacilaciones al gobierno reaccionario de Mesa y su referendum, defendiendo su conciliación con las empresas petroleras.
Mañana Morales, exactamente igual que hoy Rodríguez y ayer Mesa, gobernará sin llevar a cabo uno sólo de los reclamos de fondo de las grandes luchas bolivianas. En su lugar afirma una y otra vez que es “consciente” de la situación boliviana y acepta que “se verá obligado” a gobernar bajo la legislación “neoliberal”, respetando “los equilibrios macroeconómicos” y el pago de la deuda externa. Por eso el candidato a vicepresidente, el ex guerrillero Álvaro García Linera, recuerda en su spot publicitario que su partido respetará la iniciativa privada y la “seguridad jurídica” de las empresas, y el líder del MAS le retruca diciendo que hay “que beneficiar a las empresas, acá no estamos hablando de ninguna expropiación”.
Morales, quien promete que sostendrá las relaciones con los EEUU y apela a la “conciencia” y “humanidad” del imperialismo, no se propone en lo más absoluto ir contra este sistema ni enfrentar a la burguesía, sino apenas recuperar un discurso democrático-liberal al estilo de Elisa Carrió, bregando por la transparencia, la lucha contra la corrupción y la defensa de las instituciones burguesas. No efectuará ningún cambio positivo de importancia para los trabajadores y el pueblo boliviano y por eso es que no significa ningún riesgo serio para la burguesía gobernante y el sistema capitalista.
Lo explicaba hasta un columnista de Clarín, M. Cantelmi, el pasado 16/12: “Queda, para quien lo precise, un consuelo. Morales, si tiene una virtud, es su poder para aplacar la ira de un pueblo que ha volteado dos presidentes en tiempo record. Lo logra con un discurso encendido y provocador. Pero conviene no traducir mal esa retórica. Morales, populista y furibundo, es cualquier cosa menos un habitante por fuera del sistema”.
Y así es, el dirigente cocalero y su partido no piensan siquiera en sacar los pies del plato capitalista. Su proyecto reformador es el de “humanización” del sistema que muy claramente plantean el Foro Social Mundial y la Cumbre de los Pueblos cuyos ideólogos más destacados son el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y el estado cubano.
Así, la llegada de Morales al gobierno de Bolivia se ubica en línea con la reciente asunción de Tabaré Vázquez del gobierno uruguayo y la orientación pseudo progresista de gobiernos como el de Lula en Brasil, o el de Kirchner en nuestro país. Unos y otros son tristemente parecidos en su obsecuencia frente al imperialismo (pago de la deuda, compromisos fiscales y apoyo militar mediante) y en su aplastamiento creciente del pueblo por la doble vía del ajuste y la represión. Como dijimos en el mes de mayo, y reiteramos el mes pasado “el devenir de estos gobiernos estuvo signado desde su mismo origen. El ascenso a la presidencia de una fuerza que se reivindique de izquierda como el FA o el PT (o ahora el MAS), mediante los más variados y amplios frentes electorales, las alianzas de clases y la defensa de la democracia burguesa, siempre termina (y comienza) marcándola a fuego con el sello de proimperialistas”
Como lo comprueban los trabajadores de nuestro continente que se empobrecen a diario, todos estos gobiernos que vienen a ocupar el lugar dejado por la “derecha” tradicional en nombre del progresismo o la “izquierda parlamentaria”, más allá de la retórica “antiimperialista” y hasta “socialista” que puedan tener, no sólo vienen a continuar el mismo plan de hambre y represión impuesto por el imperialismo, sino que se han destacado por profundizarlo en forma increíblemente veloz, llevando el pago de la deuda, el superávit fiscal, y el ajuste contra el pueblo a niveles nunca antes vistos en nuestro continente.El persistente fracaso que significa para nuestros pueblos apostar a salidas “democráticas” y “electorales” (como el FA uruguayo o el MAS boliviano) para lograr la resolución de las penurias a las que nos somete el capitalismo debe servirnos de lección para emprender un camino hacia la definitiva emancipación de los trabajadores latinoamericanos, esto es, impulsando la lucha a fondo contra el capitalismo y retirando nuestra confianza de todos aquellos que como, Evo Morales, no hacen más que desviar el camino de la revolución.