El Revolucionario Nº8 (Noviembre de 2005)
Con la celebración de la cumbre de los pueblos a principios de noviembre en Mar del Plata y a partir de los debates y declaraciones que efectuaron sus protagonistas, se nos plantea la necesidad de retomar una discusión fundamental para los militantes y organizaciones populares que hoy se organizan y luchan con la honrada expectativa de derribar definitivamente este sistema de explotación y opresión.
Si atendemos a la declaración que dio cierre a esta cumbre, un rasgo central es su enfoque desde el interior del mismo sistema capitalista. De hecho, la propuesta principal de esta declaración es, justamente, “construir alternativas” en el marco del capitalismo para arribar a un “modelo” de sociedad más “justo”, “digno” e “inclusivo” sin poner en discusión en ningún momento las restricciones que el actual sistema le impone a tales reformas.
Así, lejos de cuestionar las relaciones de propiedad y de producción capitalistas (que determinan que la inmensa mayoría de los habitantes del mundo vivan sometidos a un régimen de explotación y opresión con el sólo fin de abultar los bolsillos de un grupo de capitalistas), los voceros de la cumbre de los pueblos, buscan infructuosamente “modelos alternativos” dentro del sistema actual, lo que los lleva a orientar sus iniciativas, ya no contra una clase social, la burguesía, enemiga irreconciliable de los trabajadores del mundo, sino exclusivamente contra aquellos burgueses que defienden descaradamente un “modelo” en particular para explotar a los trabajadores: el “modelo neoliberal”.
De este modo al oponerse al “modelo neoliberal” y no al sistema en su conjunto, la cumbre de los pueblos plantea, en definitiva, que la resolución de los más profundos problemas de nuestros pueblos (a los que se propone atacar) puede hacerse en el marco de este sistema, “humanizándolo” mediante reformas sociales, es decir con “otro modelo” capitalista (keynesiano, de intervención estatal, etc.). Por eso su declaración plantea cuestiones como: “Asumimos la lucha de nuestros pueblos por la distribución equitativa de la riqueza, con trabajo digno y justicia social, para erradicar la pobreza, el desempleo y la exclusión social.”
Pero una aspiración como la precedente sólo es concebible para quien, olvidando que esta sociedad se basa en la explotación de una clase por otra y en el consecuente buen pasar de ese primer puñado a costa del sufrimiento de todo el resto, cree con absoluto desatino que los pobres, los desocupados, los hambrientos y explotados, son un sector que ha sido dejado al margen, que ha sido “excluido” del sistema, cuando en la práctica es todo lo contrario, pues la esencia misma del capitalismo consiste en que la inmensa mayoría de nuestros pueblos viva en esas condiciones para que los empresarios, banqueros, terratenientes y demás explotadores puedan enriquecerse alevosamente.
La sola enunciación de la “exclusión” como un tema a resolver, da la pauta de un problema realmente grave: estamos hablando de gente que está planteando que el capitalismo no está funcionando como debería hacerlo, que puede mejorar, que puede “incluir” a los “excluidos”, que puede tener un rostro humano, que puede ser “equitativo” y “justo”, en fin… gente que llama a confiar en la buena fe de la burguesía explotadora, responsable directa del sufrimiento de los trabajadores y demás oprimidos del mundo. Pero el capitalismo está funcionando perfectamente y todos estamos “incluidos” en el sistema: la segregación racial o cultural es aprovechada para una mayor explotación, y la enorme desocupación presiona sobre la clase obrera ocupada atemorizándola ante la posible pérdida de su trabajo y empujando hacia la baja el salario.
A esta orientación política que se plantea en los hechos la humanización del capitalismo (“alcanzar una sociedad inclusiva, justa y digna” dice la declaración que discutimos) han acudido corrientes políticas de diversa proveniencia (socialdemócratas, nacionalistas, anarquistas, postmodernos…) con lo que se ha constituido una corriente mundial cuyo encuentro más relevante ha sido el que fundó el fondomonetarista Lula da Silva en Brasil: el foro social mundial. Ahora la cumbre de los pueblos no hace más que actualizar bajo la insignia del presidente venezolano Hugo Chávez los ejes de esta corriente cuyo mayor logro ha sido convertirse en el sostén de los gobiernos “populares” y “progresistas” que en los últimos tiempos han practicado el más desfachatado proimperialismo en nuestro continente como es el caso de Lucio Gutiérrez en Ecuador, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en nuestro país y ahora Tabaré Vázquez en el Uruguay. Además funciona como un internacional acto de campaña para los que vendrán, como es el caso de Evo Morales, quien se ha puesto a la cabeza de la pacificación “democrática” mediante las reiteradas treguas que otorgó a los gobiernos bolivianos con el sólo fin de erigirse como un candidato electoral más.
Chávez, el humanizador
Pues bien, es ahora el coronel Chávez, presidente de Venezuela, quien ha tomado la posta y proclamando el “socialismo del siglo XXI” se ha hecho cargo de defender la tesis de la humanización del capitalismo en nombre de la “integración latinoamericana”. El portavoz de la cumbre de los pueblos se ocupó en su discurso final y en las conferencias posteriores de explicar ante su público cuál es, según su idea, la senda que debe tomarse para resolver los grandes problemas sociales sin necesidad de derribar el actual sistema de explotación. “No se trata sólo de decirle no al ALCA (dice Chávez) se trata de plantear y construir la propuesta alternativa, el camino alternativo y es allí donde surgió nuestra idea, nuestra propuesta: el ALBA, Alternativa Bolivariana para los pueblos de América”. Y retomando el idealismo humanizador de los que sueñan con un “modelo” capitalista “igualitario” en el que los bienes se “redistribuyan” aún sin enfrentar a la clase que se los ha apropiado, Chávez llama a apoyar su proyecto reformador: “el ALBA (afirma) busca la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso de nuestros pueblos, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo, la inclusión social, que no haya excluidos…”
Pero como el mismo coronel lo desarrolla, no es la emancipación de los trabajadores, no es la liberación de los pueblos lo que está en juego en realidad. Son, por el contrario y exclusivamente los negocios de los capitalistas que operan en nuestros países lo que este proyecto está defendiendo. “El ALBA es Petrosur también (recuerda Chávez) una alianza estratégica entre las petroleras suramericanas: Pdvsa, Petrobrás, Ancap, y Enarsa de Argentina, para explorar, para comerciar, para procesar nuestro petróleo conjuntamente.” No por nada los encuentros entre los presidentes de Venezuela y Argentina en el marco de las cumbres, estuvieron abocados de lleno a garantizar la estabilidad de la empresa Techínt que opera en tierras bolivarianas.
Así, con el proyecto del ALBA, todo su esfuerzo se encuentra abocado a defender los negocios del empresariado que opera en nuestro continente en su disputa con otros grupos de capitalistas (particularmente norteamericanos) que pretenden hegemonizar el mercado a partir de la apertura comercial que implica el ALCA. Por eso el repetido “entierro del ALCA” no es sino la pretensión de “Unir el Sur”, algo “imprescindible para poder negociar en condiciones de igualdad y de dignidad con el Norte, y con el resto del mundo”
Como vemos se trata de fortalecer los negocios propios y negociar en mejores condiciones con el imperialismo: ese ha sido el camino que toman los burgueses locales a quienes Chávez viene ahora a defender. No es una lucha “ideológica” sino simplemente los términos del intercambio en un mundo capitalista.
Por eso no sorprende a nadie que el bastión del bolivariano Chávez sea un grupo de cipayos recalcitrantes que se han abroquelado en el Mercosur en pos de su supervivencia, sin que eso signifique jamás una oposición al imperialismo yanqui. Los aliados del coronel, a los que definió como los “mosqueteros” que “rodilla en tierra y con esgrima de la buena” se supone que están enfrentando las políticas imperiales, son justamente los presidentes que dan vivas a la dependencia económica y al pago de la deuda y que como Lula en Brasil o Kirchner en Argentina, se han vuelto ejemplo de lo que un lamebotas debe hacer pagando superávits de hasta 4.5%; son el ejemplo de la colaboración militar para el saqueo imperialista, pues entre los gobierno de Uruguay, Brasil y Argentina, sostienen la criminal ocupación sobre Haití dándole aire a los EEUU para que avancen en Irak, mantienen entrenamientos conjuntos… ¡y hasta le brindan, como Duarte Frutos en Paraguay, la inmunidad a los marines permitiendo que se instalen bases militares norteamericanas en nuestros países! Es con estos aliados como Chávez viene a plantear su proyecto de humanización capitalista.
Los planes del gusano Kennedy con fraseología “socialista”
Que mientras trabaja en sus planes por un “buen capitalismo”, Chávez sostenga su discurso con fraseología revolucionaria y hasta socialista, no puede confundir a quienes honestamente están observando con profundidad los procesos de que hablamos.
Por lo demás, el discurso “socialista” de Chávez, es también una herramienta para descubrir su ciega fe en el capitalismo. No por nada ha buscado la forma de diferenciarse del socialismo revolucionario, del socialismo “tradicional” en el que los trabajadores se gobiernan a sí mismos… y ha inventado el “socialismo del siglo XXI”.
Su doctrina, como él mismo la expresa, se basa en la negación del sujeto histórico de la revolución, la clase obrera, y en la apuesta a una vía “alternativa” que no sea el capitalismo pero tampoco la revolución, una tercera vía que resuelva los problemas sociales sin enfrentar a los enemigos de los trabajadores, una “cuarta vía” como dice su teórico preferido Noam Chomsky a quien citara acaloradamente en el discurso de cierre de la cumbre, quien postula que “la opinión pública mundial” es el nuevo agente del cambio social, desplazando la lucha obrera de los explotados y la lucha de los pueblos oprimidos contra el capital y el imperialismo.
Bien lejos del socialismo entonces, el proyecto de Chávez se orienta directamente a la asistencia social al estilo del Banco Mundial, un plan de “lucha contra el hambre” al que llamó ALCHA (como vemos, entre este y el ALBA no hace otra cosa que darle rodeos al propio ALCA) viene a ser la culminación de su política de “caridad socialista”, al fin y al cabo para el coronel venezolano eso es el socialismo: “somos cristianos en lo social, la igualdad, la libertad: ¡eso es socialismo!” afirmó en su discurso, tras echar proclamas antiimperialistas contra Judas Iscariote.
Ahora, con todo, ni el más escéptico en el bolivarianismo hubiera pensado que Chávez llegaría todo lo lejos que llegó y asumiera, de buenas a primeras, que su proyecto es el proyecto que el imperialismo ha diseñado con el fin de frenar la lucha revolucionaria contra este sistema. Sin embargo Chávez, para poder llevar adelante el proyecto humanizador del capitalismo ha optado por tomar como maestros a la dirección política del estado yanqui, que son quienes mayor esfuerzo han puesto para lograr, a como dé lugar, la supervivencia del sistema, y explicó que su propuesta con la cumbre de los pueblos era seguir el ejemplo de la “Alianza para el Progreso” que el presidente norteamericano John F. Kennedy impulso en la década del 60 ante el temor de la revolución en el continente americano.
Explicó Chávez, el máximo referente de la cumbre de los pueblos, en qué consiste ese proyecto a su audiencia: “dijo Kennedy: `Hay una revolución en el Sur, y la causa de esa revolución es el hambre´…” (…) “la propuesta llevaba por supuesto la carga política de frenar el avance de la Revolución Cubana y de las revoluciones en estas tierras. Pero Kennedy propuso allí en Punta del Este la `Alianza para el Progreso´. Dijo Kennedy que a los planes militares de la contrainsurgencia había que acompañarlos con un plan de reforma agraria” (…) “Kennedy dijo con una claridad impresionante, desde su punto de vista, por supuesto: `Los que le cierran el camino a la revolución pacífica, le abren al mismo tiempo el camino a la revolución violenta...´ Y llamó a los gobiernos a hacer una revolución pacífica” (…) “hoy vengo a plantear que así como Kennedy propuso y se aprobó, con los mismos países que estamos aquí reunidos hoy, hace 44 años se aprobó la Alianza para el Progreso, yo propongo que hagamos ahora una alianza contra el hambre”.
Ni más ni menos. La alianza de la contrarrevolución, la búsqueda del cumplimiento de las mínimas expectativas de los pueblos sumidos en el hambre con el único fin de que la lucha revolucionaria no prospere en el continente… ¡ese es el plan del chavismo y la cumbre de los pueblos!
“Yo propuse poner en práctica un programa idéntico al de la Alianza para el Progreso que presentó Jonh F. Kennedy en 1963” dijo Chávez y no titubeó en recordar que era justamente el gobierno que invadió a Cuba tras la revolución, el gobierno que intentó asesinar innumerables veces a los dirigentes de esa revolución, en fin, que el proyecto de la Alianza para el Progreso que está reivindicando como el modelo que deberán seguir los países “progresistas” de América consiste, justamente, en la defensa a capa y espada del sistema capitalista, aún a costa de ciertas concesiones; que la pretendida “revolución pacífica” no es más que un recurso para la lucha contra la única revolución posible que no temblará a la hora de enfrentar con decisión a los enemigos de los trabajadores y pueblos de América Latina.
Es bueno recordar entonces, que cuando Kennedy buscaba aliados en el continente para impulsar el plan contrarrevolucionario que más tarde daría pie al surgimiento de la doctrina de seguridad nacional, el Comandante Che Guevara, en representación de la Cuba revolucionaria, explicaba al mundo el triste papel que jugaba un supuesto “plan contra el hambre” que pretendía “planificar” la economía continental sin modificar en lo más mínimo las bases del actual sistema de explotación.
"Nosotros entendemos y así lo hicimos en nuestro país señores delegados (decía entonces el Che) que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones."
Un acto oficial
Desde el punto de vista de los personeros que en los países dependientes se encargan de llevar adelante las políticas de dominación planteadas por los EEUU, como es el caso del “granpagadordedeuda” Nestor Kirchner, los encuentros del tipo de la cumbre de los pueblos sirven al mismo tiempo como una forma de paralizar la justa lucha que los sectores más concientes del pueblo encaran contra la avanzada imperialista (pues es ahora el gobierno mismo el organizador de los supuestos “espacios alternativos” al imperialismo) y como una herramienta demagógica para mantener el apoyo de sectores sociales que se ilusionan con que estos gobiernos cuenten con un perfil antiimperialista.
Por eso es que no resulta sorprendente que en nuestro país nadie haya invertido tanto esfuerzo y dinero en la organización de la cumbre de los pueblos como el propio gobierno nacional y su partido peronista.
Así es como pudimos observar que junto a la gran comitiva cubana que ubicó tras Ricardo Alarcón y Abel Prieto (Presidente de la Asamblea Nacional y Ministro de Cultura de ese país) a una notable seguidilla de grandes figuras como los músicos Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Alí Rodríguez Araque y el deportista Sotomayor; y junto a la también importante participación de los sectores “bolivarianos” que estuvieron presididos por Hugo Chávez; se encontraban allí destacadas figuras y organizaciones vinculadas estrechamente con el gobierno nacional.
Desde una punta a la otra de la cumbre, un gran acto oficialista se expresaba en banderas y personajes: funcionarios del gobierno nacional enviados directamente por el presidente Kirchner, como el Viceministro del Interior Rafael Follonier, y los Diputados oficialistas Miguel Bonaso, Luis D´Elía y Edgardo de Petris; representantes de figuras afines al kirchnerismo como Adolfo Pérez Esquivel y la presidenta de Asociación Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini; y comitivas en representación de los movimientos que hoy le hacen de base de sustentación al gobierno como son Barrios de Pie, la Federación de Tierra y Vivienda, la Central de Trabajadores Argentinos, el Partido de la Revolución Democrática, el Frente Transversal Nacional y Popular, el Movimiento 26 de Julio, el Movimiento Peronista Auténtico, el MTD Evita y Oktubres, entre otros.
Con todo, lo que viene a ratificarse es lo que ya difundieran todos los medios de comunicación: la cumbre de los pueblos fue organizada directamente por el Gobierno de la Nación (el Vicecanciller Taiana fue el responsable directo) y su promoción estuvo a cargo del aparato peronista, como lo evidenció el “tren del alba” que viajó a la cumbre encabezado por el diputado Bonaso.
Y fue munido de esta herramienta, como el gobierno organizó su ataque contra todos aquellos que se predispusieron a manifestar su repudio ante la provocación que significó que el presidente yanqui venga a organizar sus negocios en nuestro país y sea recibido con honores por el lamebotas Kirchner. Así, aprovechando el aval de actos y movilizaciones que se ubicaron tras el canto kirchnerista, el gobierno salió a la carga con un discurso macartista de condena a todos los compañeros luchadores que osasen ponerse de pie frente a la entrega descarada. Por la voz de Perez Esquivel, Bonafini y hasta Maradona sonaron primero y a modo de advertencia los reclamos de paz que más tarde, luego de la marcha vespertina, se convertirían en un acto de condena al mejor estilo de la dictadura en boca del Diputado Bonaso que clamaba contra los “grupos de inadaptados, imbéciles, perversos, que están manejados por intereses oscuros de cualquier tipo, desde la CIA hasta algún sector desplazado de la provincia de Buenos Aires”
De este modo, la convocatoria de las organizaciones que buscan “alternativas” al modelo se cristalizó en un acto organizado directamente por el gobierno proimperialista de Kirchner y que fue utilizado como una doble herramienta para la legitimación del peronismo gobernante (demagogia mediante) y para la contención y persecución contra los luchadores antiimperialistas.
Ninguna Cumbre
Del Foro Social Mundial a la Cumbre de los Pueblos, del gobierno entregador de Kirchner al “ALBA” de Chávez, cada proyecto, cada encuentro, cada iniciativa que se ha orientado a resolver los problemas de los explotados y oprimidos de nuestros países sin tomar una posición clasista, ha caído, inevitablemente, en las garras del sistema, y ha terminado en la búsqueda de soluciones en el marco del capitalismo, lo que lo torna ya no sólo una herramienta inútil para la emancipación de la clase obrera, sino además un vehículo para la desorientación de los luchadores, es decir una herramienta de la burguesía para el freno de la lucha revolucionaria por la transformación definitiva de la sociedad, por el socialismo.
Por el contrario es imprescindible que las organizaciones obreras y los demás sectores populares que estén dispuestos a emprender juntos la lucha revolucionaria contra este sistema, asuman la necesidad de tener una política independiente y se predispongan a consolidar la organización que nos permita librar un combate a fondo contra los capitalistas que a lo largo de todo el continente se alzan como nuestros enemigos irreconciliables: el Partido Revolucionario de la Clase Obrera.
Decía Chávez en la apertura y el cierre de sus discursos: “Un abrazo bolivariano (…) peronista, evista ¡Qué viva Eva Perón!” “¡Qué viva Argentina! ¡La Patria de Perón, la Patria de Evita!”. Y con ello marca una simbología más que clara: su aspiración es reconstruir (en las paupérrimas condiciones en que llegamos a esta década) un proyecto burgués, como el peronismo, capaz de contener a los grandes sectores del pueblo que pueden llegar a volcarse hacia un cambio revolucionario.
Nuestra tarea, por el contrario es reconstruir las fuerzas de la revolución, fortalecer la lucha de los trabajadores y el pueblo de nuestro país, para orientar su lucha en el único sentido que nos significará una verdadera emancipación: la Revolución Socialista.
Con la celebración de la cumbre de los pueblos a principios de noviembre en Mar del Plata y a partir de los debates y declaraciones que efectuaron sus protagonistas, se nos plantea la necesidad de retomar una discusión fundamental para los militantes y organizaciones populares que hoy se organizan y luchan con la honrada expectativa de derribar definitivamente este sistema de explotación y opresión.
Si atendemos a la declaración que dio cierre a esta cumbre, un rasgo central es su enfoque desde el interior del mismo sistema capitalista. De hecho, la propuesta principal de esta declaración es, justamente, “construir alternativas” en el marco del capitalismo para arribar a un “modelo” de sociedad más “justo”, “digno” e “inclusivo” sin poner en discusión en ningún momento las restricciones que el actual sistema le impone a tales reformas.
Así, lejos de cuestionar las relaciones de propiedad y de producción capitalistas (que determinan que la inmensa mayoría de los habitantes del mundo vivan sometidos a un régimen de explotación y opresión con el sólo fin de abultar los bolsillos de un grupo de capitalistas), los voceros de la cumbre de los pueblos, buscan infructuosamente “modelos alternativos” dentro del sistema actual, lo que los lleva a orientar sus iniciativas, ya no contra una clase social, la burguesía, enemiga irreconciliable de los trabajadores del mundo, sino exclusivamente contra aquellos burgueses que defienden descaradamente un “modelo” en particular para explotar a los trabajadores: el “modelo neoliberal”.
De este modo al oponerse al “modelo neoliberal” y no al sistema en su conjunto, la cumbre de los pueblos plantea, en definitiva, que la resolución de los más profundos problemas de nuestros pueblos (a los que se propone atacar) puede hacerse en el marco de este sistema, “humanizándolo” mediante reformas sociales, es decir con “otro modelo” capitalista (keynesiano, de intervención estatal, etc.). Por eso su declaración plantea cuestiones como: “Asumimos la lucha de nuestros pueblos por la distribución equitativa de la riqueza, con trabajo digno y justicia social, para erradicar la pobreza, el desempleo y la exclusión social.”
Pero una aspiración como la precedente sólo es concebible para quien, olvidando que esta sociedad se basa en la explotación de una clase por otra y en el consecuente buen pasar de ese primer puñado a costa del sufrimiento de todo el resto, cree con absoluto desatino que los pobres, los desocupados, los hambrientos y explotados, son un sector que ha sido dejado al margen, que ha sido “excluido” del sistema, cuando en la práctica es todo lo contrario, pues la esencia misma del capitalismo consiste en que la inmensa mayoría de nuestros pueblos viva en esas condiciones para que los empresarios, banqueros, terratenientes y demás explotadores puedan enriquecerse alevosamente.
La sola enunciación de la “exclusión” como un tema a resolver, da la pauta de un problema realmente grave: estamos hablando de gente que está planteando que el capitalismo no está funcionando como debería hacerlo, que puede mejorar, que puede “incluir” a los “excluidos”, que puede tener un rostro humano, que puede ser “equitativo” y “justo”, en fin… gente que llama a confiar en la buena fe de la burguesía explotadora, responsable directa del sufrimiento de los trabajadores y demás oprimidos del mundo. Pero el capitalismo está funcionando perfectamente y todos estamos “incluidos” en el sistema: la segregación racial o cultural es aprovechada para una mayor explotación, y la enorme desocupación presiona sobre la clase obrera ocupada atemorizándola ante la posible pérdida de su trabajo y empujando hacia la baja el salario.
A esta orientación política que se plantea en los hechos la humanización del capitalismo (“alcanzar una sociedad inclusiva, justa y digna” dice la declaración que discutimos) han acudido corrientes políticas de diversa proveniencia (socialdemócratas, nacionalistas, anarquistas, postmodernos…) con lo que se ha constituido una corriente mundial cuyo encuentro más relevante ha sido el que fundó el fondomonetarista Lula da Silva en Brasil: el foro social mundial. Ahora la cumbre de los pueblos no hace más que actualizar bajo la insignia del presidente venezolano Hugo Chávez los ejes de esta corriente cuyo mayor logro ha sido convertirse en el sostén de los gobiernos “populares” y “progresistas” que en los últimos tiempos han practicado el más desfachatado proimperialismo en nuestro continente como es el caso de Lucio Gutiérrez en Ecuador, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en nuestro país y ahora Tabaré Vázquez en el Uruguay. Además funciona como un internacional acto de campaña para los que vendrán, como es el caso de Evo Morales, quien se ha puesto a la cabeza de la pacificación “democrática” mediante las reiteradas treguas que otorgó a los gobiernos bolivianos con el sólo fin de erigirse como un candidato electoral más.
Chávez, el humanizador
Pues bien, es ahora el coronel Chávez, presidente de Venezuela, quien ha tomado la posta y proclamando el “socialismo del siglo XXI” se ha hecho cargo de defender la tesis de la humanización del capitalismo en nombre de la “integración latinoamericana”. El portavoz de la cumbre de los pueblos se ocupó en su discurso final y en las conferencias posteriores de explicar ante su público cuál es, según su idea, la senda que debe tomarse para resolver los grandes problemas sociales sin necesidad de derribar el actual sistema de explotación. “No se trata sólo de decirle no al ALCA (dice Chávez) se trata de plantear y construir la propuesta alternativa, el camino alternativo y es allí donde surgió nuestra idea, nuestra propuesta: el ALBA, Alternativa Bolivariana para los pueblos de América”. Y retomando el idealismo humanizador de los que sueñan con un “modelo” capitalista “igualitario” en el que los bienes se “redistribuyan” aún sin enfrentar a la clase que se los ha apropiado, Chávez llama a apoyar su proyecto reformador: “el ALBA (afirma) busca la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso de nuestros pueblos, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo, la inclusión social, que no haya excluidos…”
Pero como el mismo coronel lo desarrolla, no es la emancipación de los trabajadores, no es la liberación de los pueblos lo que está en juego en realidad. Son, por el contrario y exclusivamente los negocios de los capitalistas que operan en nuestros países lo que este proyecto está defendiendo. “El ALBA es Petrosur también (recuerda Chávez) una alianza estratégica entre las petroleras suramericanas: Pdvsa, Petrobrás, Ancap, y Enarsa de Argentina, para explorar, para comerciar, para procesar nuestro petróleo conjuntamente.” No por nada los encuentros entre los presidentes de Venezuela y Argentina en el marco de las cumbres, estuvieron abocados de lleno a garantizar la estabilidad de la empresa Techínt que opera en tierras bolivarianas.
Así, con el proyecto del ALBA, todo su esfuerzo se encuentra abocado a defender los negocios del empresariado que opera en nuestro continente en su disputa con otros grupos de capitalistas (particularmente norteamericanos) que pretenden hegemonizar el mercado a partir de la apertura comercial que implica el ALCA. Por eso el repetido “entierro del ALCA” no es sino la pretensión de “Unir el Sur”, algo “imprescindible para poder negociar en condiciones de igualdad y de dignidad con el Norte, y con el resto del mundo”
Como vemos se trata de fortalecer los negocios propios y negociar en mejores condiciones con el imperialismo: ese ha sido el camino que toman los burgueses locales a quienes Chávez viene ahora a defender. No es una lucha “ideológica” sino simplemente los términos del intercambio en un mundo capitalista.
Por eso no sorprende a nadie que el bastión del bolivariano Chávez sea un grupo de cipayos recalcitrantes que se han abroquelado en el Mercosur en pos de su supervivencia, sin que eso signifique jamás una oposición al imperialismo yanqui. Los aliados del coronel, a los que definió como los “mosqueteros” que “rodilla en tierra y con esgrima de la buena” se supone que están enfrentando las políticas imperiales, son justamente los presidentes que dan vivas a la dependencia económica y al pago de la deuda y que como Lula en Brasil o Kirchner en Argentina, se han vuelto ejemplo de lo que un lamebotas debe hacer pagando superávits de hasta 4.5%; son el ejemplo de la colaboración militar para el saqueo imperialista, pues entre los gobierno de Uruguay, Brasil y Argentina, sostienen la criminal ocupación sobre Haití dándole aire a los EEUU para que avancen en Irak, mantienen entrenamientos conjuntos… ¡y hasta le brindan, como Duarte Frutos en Paraguay, la inmunidad a los marines permitiendo que se instalen bases militares norteamericanas en nuestros países! Es con estos aliados como Chávez viene a plantear su proyecto de humanización capitalista.
Los planes del gusano Kennedy con fraseología “socialista”
Que mientras trabaja en sus planes por un “buen capitalismo”, Chávez sostenga su discurso con fraseología revolucionaria y hasta socialista, no puede confundir a quienes honestamente están observando con profundidad los procesos de que hablamos.
Por lo demás, el discurso “socialista” de Chávez, es también una herramienta para descubrir su ciega fe en el capitalismo. No por nada ha buscado la forma de diferenciarse del socialismo revolucionario, del socialismo “tradicional” en el que los trabajadores se gobiernan a sí mismos… y ha inventado el “socialismo del siglo XXI”.
Su doctrina, como él mismo la expresa, se basa en la negación del sujeto histórico de la revolución, la clase obrera, y en la apuesta a una vía “alternativa” que no sea el capitalismo pero tampoco la revolución, una tercera vía que resuelva los problemas sociales sin enfrentar a los enemigos de los trabajadores, una “cuarta vía” como dice su teórico preferido Noam Chomsky a quien citara acaloradamente en el discurso de cierre de la cumbre, quien postula que “la opinión pública mundial” es el nuevo agente del cambio social, desplazando la lucha obrera de los explotados y la lucha de los pueblos oprimidos contra el capital y el imperialismo.
Bien lejos del socialismo entonces, el proyecto de Chávez se orienta directamente a la asistencia social al estilo del Banco Mundial, un plan de “lucha contra el hambre” al que llamó ALCHA (como vemos, entre este y el ALBA no hace otra cosa que darle rodeos al propio ALCA) viene a ser la culminación de su política de “caridad socialista”, al fin y al cabo para el coronel venezolano eso es el socialismo: “somos cristianos en lo social, la igualdad, la libertad: ¡eso es socialismo!” afirmó en su discurso, tras echar proclamas antiimperialistas contra Judas Iscariote.
Ahora, con todo, ni el más escéptico en el bolivarianismo hubiera pensado que Chávez llegaría todo lo lejos que llegó y asumiera, de buenas a primeras, que su proyecto es el proyecto que el imperialismo ha diseñado con el fin de frenar la lucha revolucionaria contra este sistema. Sin embargo Chávez, para poder llevar adelante el proyecto humanizador del capitalismo ha optado por tomar como maestros a la dirección política del estado yanqui, que son quienes mayor esfuerzo han puesto para lograr, a como dé lugar, la supervivencia del sistema, y explicó que su propuesta con la cumbre de los pueblos era seguir el ejemplo de la “Alianza para el Progreso” que el presidente norteamericano John F. Kennedy impulso en la década del 60 ante el temor de la revolución en el continente americano.
Explicó Chávez, el máximo referente de la cumbre de los pueblos, en qué consiste ese proyecto a su audiencia: “dijo Kennedy: `Hay una revolución en el Sur, y la causa de esa revolución es el hambre´…” (…) “la propuesta llevaba por supuesto la carga política de frenar el avance de la Revolución Cubana y de las revoluciones en estas tierras. Pero Kennedy propuso allí en Punta del Este la `Alianza para el Progreso´. Dijo Kennedy que a los planes militares de la contrainsurgencia había que acompañarlos con un plan de reforma agraria” (…) “Kennedy dijo con una claridad impresionante, desde su punto de vista, por supuesto: `Los que le cierran el camino a la revolución pacífica, le abren al mismo tiempo el camino a la revolución violenta...´ Y llamó a los gobiernos a hacer una revolución pacífica” (…) “hoy vengo a plantear que así como Kennedy propuso y se aprobó, con los mismos países que estamos aquí reunidos hoy, hace 44 años se aprobó la Alianza para el Progreso, yo propongo que hagamos ahora una alianza contra el hambre”.
Ni más ni menos. La alianza de la contrarrevolución, la búsqueda del cumplimiento de las mínimas expectativas de los pueblos sumidos en el hambre con el único fin de que la lucha revolucionaria no prospere en el continente… ¡ese es el plan del chavismo y la cumbre de los pueblos!
“Yo propuse poner en práctica un programa idéntico al de la Alianza para el Progreso que presentó Jonh F. Kennedy en 1963” dijo Chávez y no titubeó en recordar que era justamente el gobierno que invadió a Cuba tras la revolución, el gobierno que intentó asesinar innumerables veces a los dirigentes de esa revolución, en fin, que el proyecto de la Alianza para el Progreso que está reivindicando como el modelo que deberán seguir los países “progresistas” de América consiste, justamente, en la defensa a capa y espada del sistema capitalista, aún a costa de ciertas concesiones; que la pretendida “revolución pacífica” no es más que un recurso para la lucha contra la única revolución posible que no temblará a la hora de enfrentar con decisión a los enemigos de los trabajadores y pueblos de América Latina.
Es bueno recordar entonces, que cuando Kennedy buscaba aliados en el continente para impulsar el plan contrarrevolucionario que más tarde daría pie al surgimiento de la doctrina de seguridad nacional, el Comandante Che Guevara, en representación de la Cuba revolucionaria, explicaba al mundo el triste papel que jugaba un supuesto “plan contra el hambre” que pretendía “planificar” la economía continental sin modificar en lo más mínimo las bases del actual sistema de explotación.
"Nosotros entendemos y así lo hicimos en nuestro país señores delegados (decía entonces el Che) que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones."
Un acto oficial
Desde el punto de vista de los personeros que en los países dependientes se encargan de llevar adelante las políticas de dominación planteadas por los EEUU, como es el caso del “granpagadordedeuda” Nestor Kirchner, los encuentros del tipo de la cumbre de los pueblos sirven al mismo tiempo como una forma de paralizar la justa lucha que los sectores más concientes del pueblo encaran contra la avanzada imperialista (pues es ahora el gobierno mismo el organizador de los supuestos “espacios alternativos” al imperialismo) y como una herramienta demagógica para mantener el apoyo de sectores sociales que se ilusionan con que estos gobiernos cuenten con un perfil antiimperialista.
Por eso es que no resulta sorprendente que en nuestro país nadie haya invertido tanto esfuerzo y dinero en la organización de la cumbre de los pueblos como el propio gobierno nacional y su partido peronista.
Así es como pudimos observar que junto a la gran comitiva cubana que ubicó tras Ricardo Alarcón y Abel Prieto (Presidente de la Asamblea Nacional y Ministro de Cultura de ese país) a una notable seguidilla de grandes figuras como los músicos Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Alí Rodríguez Araque y el deportista Sotomayor; y junto a la también importante participación de los sectores “bolivarianos” que estuvieron presididos por Hugo Chávez; se encontraban allí destacadas figuras y organizaciones vinculadas estrechamente con el gobierno nacional.
Desde una punta a la otra de la cumbre, un gran acto oficialista se expresaba en banderas y personajes: funcionarios del gobierno nacional enviados directamente por el presidente Kirchner, como el Viceministro del Interior Rafael Follonier, y los Diputados oficialistas Miguel Bonaso, Luis D´Elía y Edgardo de Petris; representantes de figuras afines al kirchnerismo como Adolfo Pérez Esquivel y la presidenta de Asociación Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini; y comitivas en representación de los movimientos que hoy le hacen de base de sustentación al gobierno como son Barrios de Pie, la Federación de Tierra y Vivienda, la Central de Trabajadores Argentinos, el Partido de la Revolución Democrática, el Frente Transversal Nacional y Popular, el Movimiento 26 de Julio, el Movimiento Peronista Auténtico, el MTD Evita y Oktubres, entre otros.
Con todo, lo que viene a ratificarse es lo que ya difundieran todos los medios de comunicación: la cumbre de los pueblos fue organizada directamente por el Gobierno de la Nación (el Vicecanciller Taiana fue el responsable directo) y su promoción estuvo a cargo del aparato peronista, como lo evidenció el “tren del alba” que viajó a la cumbre encabezado por el diputado Bonaso.
Y fue munido de esta herramienta, como el gobierno organizó su ataque contra todos aquellos que se predispusieron a manifestar su repudio ante la provocación que significó que el presidente yanqui venga a organizar sus negocios en nuestro país y sea recibido con honores por el lamebotas Kirchner. Así, aprovechando el aval de actos y movilizaciones que se ubicaron tras el canto kirchnerista, el gobierno salió a la carga con un discurso macartista de condena a todos los compañeros luchadores que osasen ponerse de pie frente a la entrega descarada. Por la voz de Perez Esquivel, Bonafini y hasta Maradona sonaron primero y a modo de advertencia los reclamos de paz que más tarde, luego de la marcha vespertina, se convertirían en un acto de condena al mejor estilo de la dictadura en boca del Diputado Bonaso que clamaba contra los “grupos de inadaptados, imbéciles, perversos, que están manejados por intereses oscuros de cualquier tipo, desde la CIA hasta algún sector desplazado de la provincia de Buenos Aires”
De este modo, la convocatoria de las organizaciones que buscan “alternativas” al modelo se cristalizó en un acto organizado directamente por el gobierno proimperialista de Kirchner y que fue utilizado como una doble herramienta para la legitimación del peronismo gobernante (demagogia mediante) y para la contención y persecución contra los luchadores antiimperialistas.
Ninguna Cumbre
Del Foro Social Mundial a la Cumbre de los Pueblos, del gobierno entregador de Kirchner al “ALBA” de Chávez, cada proyecto, cada encuentro, cada iniciativa que se ha orientado a resolver los problemas de los explotados y oprimidos de nuestros países sin tomar una posición clasista, ha caído, inevitablemente, en las garras del sistema, y ha terminado en la búsqueda de soluciones en el marco del capitalismo, lo que lo torna ya no sólo una herramienta inútil para la emancipación de la clase obrera, sino además un vehículo para la desorientación de los luchadores, es decir una herramienta de la burguesía para el freno de la lucha revolucionaria por la transformación definitiva de la sociedad, por el socialismo.
Por el contrario es imprescindible que las organizaciones obreras y los demás sectores populares que estén dispuestos a emprender juntos la lucha revolucionaria contra este sistema, asuman la necesidad de tener una política independiente y se predispongan a consolidar la organización que nos permita librar un combate a fondo contra los capitalistas que a lo largo de todo el continente se alzan como nuestros enemigos irreconciliables: el Partido Revolucionario de la Clase Obrera.
Decía Chávez en la apertura y el cierre de sus discursos: “Un abrazo bolivariano (…) peronista, evista ¡Qué viva Eva Perón!” “¡Qué viva Argentina! ¡La Patria de Perón, la Patria de Evita!”. Y con ello marca una simbología más que clara: su aspiración es reconstruir (en las paupérrimas condiciones en que llegamos a esta década) un proyecto burgués, como el peronismo, capaz de contener a los grandes sectores del pueblo que pueden llegar a volcarse hacia un cambio revolucionario.
Nuestra tarea, por el contrario es reconstruir las fuerzas de la revolución, fortalecer la lucha de los trabajadores y el pueblo de nuestro país, para orientar su lucha en el único sentido que nos significará una verdadera emancipación: la Revolución Socialista.