MORALES REPRIME AL PUEBLO

El Revolucionario Nº22 (Marzo de 2007)

El día sábado 3 de febrero, el gobierno de Evo Morales reprimió a los trabajadores de la localidad de Camirí, enviando al ejército que bombardeó con gases lacrimógenos, disparó balas de goma y retomó el control de una planta que distribuye gas hacia Brasil. La planta había sido tomada por trabajadores y pobladores que exigían su completa nacionalización con expropiación incluida.
La toma de la planta distribuidora de gas de la empresa Trabsredes (administrada por Shell) se realizaba tras el reclamo, ni más ni menos, de que se haga efectiva la nacionalización de los recursos naturales, consigna con la que Evo Morales hizo eje durante su campaña electoral, logrando así crear expectativas en su gobierno y frenar la heroica lucha que llevaba adelante el pueblo boliviano. El planteo de una “verdadera nacionalización” (no como ENARSA decían lo trabajadores, sino en serio) entra en contradicción con el plan del gobierno que ni siquiera cumple con su propuesta basada en la compra de acciones a las empresas capitalizadas, las que ya tiene participación estatal desde la presidencia de Sánchez de Lozada; y a las compañías exclusivamente privadas a cargo de las refinerías.
La decisión de tomar la planta fue votada por las 25 capitanías que pertenecen a la Asamblea del Pueblo Guaraní donde participaron alrededor de cinco mil personas.
La respuesta del gobierno de Morales fue que sólo existían tres alternativas: “el diálogo, el diálogo y el diálogo”. Lo que no especificó es que sólo estaba dispuesto a dialogar con los empresarios, pues para el pueblo la respuesta ante el reclamo fue la represión, la mentira sobre los hechos y el llamado a la calma en una situación en la que los trabajadores viven en la miseria, sin gas, sin agua y bajo la mayor explotación. Morales continúa diciendo que su gobierno va a continuar con el plan de nacionalización pero bajo las condiciones que ya lo están haciendo: esto es no expropiando, pagando millonarias sumas a las empresas y sosteniendo los negocios con el imperialismo. Así lo explica el vicepresidente, Álvaro García Linera: “Repetimos una y mil veces: el gobierno del presidente Morales respeta la propiedad privada, respeta la religión, respeta la actividad sana del empresariado y garantiza la actividad privada en la enseñanza y la salud”.
La versión oficial negó que hubiera heridos producto del uso de armas de fuego y calificó la intervención del ejército y la policía como “absolutamente pacífica”. Mientras, anunciaban el incremento de personal policial y el ejército para evitar otra toma.
El mensaje del vocero presidencial, Alex Contreras, contradice al médico de emergencias que atendió en Camiri después de la represión. Hay dos civiles con heridas de bala, otro tiene heridas en el rostro por una cápsula de gas lacrimógeno y otros cuatro, heridas leves, explicó el médico.
Los vecinos denunciaron por radio que la represión se extendió hasta las 8 de la mañana (habría comenzado alrededor de las 4:30 hs.) con gases y munición de guerra. La represión estuvo a cargo del grupo de elite del ejército boliviano, los Satinadores, quienes tradicionalmente han sido entrenados por instructores extranjeros en la Escuela de los Cóndores de Sandita.
Uno de los dirigentes Mirko Iargaz, señala que la zona tiene una de las reservas de gas más ricas de Bolivia (1.55 billones de metros cúbicos) y que sin embargo los beneficios de este recurso no llegan a los empobrecidos hogares de la localidad. Pues todo se exporta y el pueblo boliviano se sume cada vez más en la indigencia total.
Una situación similar se da con el problema del agua. Actualmente un 20% se mantiene en manos privadas y regiones como Santa Cruz siguen sin agua potable mientras viven en un territorio con una de las reservas más importantes de agua dulce del mundo. A los pobres santacruceños se les vende en botellas de litro, mientras en los country cerrados de la localidad, viven empresarios y personal jerárquico de las petroleras en grandes mansiones con grandes piscinas.
En este marco, el pueblo de Santa Cruz cortó la ruta que comunica a Bolivia con la Argentina. Una vez más, la respuesta del MAS fue el levantamiento del corte con represión. Hay que recordar que ahora lo hace con el ejército al cual le renovó la cúpula. Ya no puede tratarse ahora ni de “excesos” ni de soldados descarriados, sino de un ejército a su servicio, bajo sus órdenes. Es más, el gobierno hace escasas semanas anunció que el ejército boliviano era un eslabón central en la supuesta revolución boliviana.
Después de 45 días de agonía murió uno de los campesinos que fue apaleado por los grupos de choque del gobierno de Cochabamba, en el marco de una movilización que realizaba el pueblo por la destitución del alcalde local y el de Santa Cruz. En esta movilización hubo dos muertos, uno, estrangulado. Esto describe bastante el grado de impunidad con la que actúan las bandas fascistas en las regiones más reaccionarias del país a las que Morales responsabiliza por retrasar sus proyectos de avance en medidas populares y dice combatir. Lo cierto es que su “combate” queda en el discurso, posando para la foto, disfrazado de pueblo y cuando el pueblo lucha, él reprime o deja actuar libremente a grupos de choque, luego manda a su vocero a declarar que el MAS está por la destitución de estos gobernadores, pero siempre que sea en forma pacífica, y que es lógico que siempre aparezcan “elementos exaltados”.
Los balances a un año del gobierno que hacen Morales, el MAS y sus seguidores nacionales e internacionales, alardean su política en DDHH, lo proponen como premio Nobel de la Paz por su “defensa” de la población indígena y por su fuerte relación con Cuba y Venezuela, que bancan los programas de alfabetización y salud que sirven para la propaganda gubernamental. Esto no sirve más que para la demagogia, pues por mucho que aparezca el presidente con el ponchito y el pasamontañas, el pueblo si no tiene agua, comida, salud, se muere igual.
Como mencionamos anteriormente nada ha cambiado en la política central, no ha habido reestructuraciones importantes que saquen a Bolivia de la dependencia absoluta del imperialismo, ni a su pueblo de la miseria. Ya desde su concepción y más aun con el correr del tiempo y con las medidas que se llevan a cabo tampoco puede decirse que se esté transitando un camino hacia allí.
Pero lo más peligroso es el planteo de que así es la revolución, de que en América Latina se está desarrollando un proceso revolucionario. Una revolución no puede estar dirigida por entregadores y demagogos; una revolución no puede convivir con empresas imperialistas que saquean al país y sumen a los pueblos en la miseria; una revolución no puede colaborar con la política imperialista de EEUU ratificando las tropas que masacran, fusilan y violan en Haití... Esto, de ninguna manera.