Ricardo Alfonsín y Hermes Binner son dos de los principales competidores de Cristina Fernández en la carrera presidencial. Uno representa al radicalismo, con sus tradicionales banderas de “republicanismo, democracia y transparencia”. El otro se dice “socialista” y encarna “la esperanza progresista”. Los dos han apoyado o conducido gobiernos represores, al servicio de los capitalistas.
Ricardo Alfonsín
Maestro, primero, y abogado, después, el hijo del ex presidente Raúl Alfonsín y de Lorenza Barreneche nunca brilló con luz propia. Sólo muy tardíamente, con más de 40 años, debutó en la política como convencional nacional de la UCR. En 1999, integró la lista de diputados provinciales bonaerenses de la Alianza UCR-Frepaso. Su gris labor parlamentaria se limitó a acompañar, como el resto del bloque de la Alianza, las iniciativas del gobernador peronista Ruckauf, especialmente en la escalada de reformas legislativas que endurecieron el sistema penal y represivo de la provincia en ese período.
Tras la caída del gobierno de De la Rúa, que costó 39 muertes en todo el país, se apartó de la política por años. En 2007, cuando la UCR se dividió entre los que migraron a la transversalidad kirchnerista con Julio Cobos y los que se aliaron al ex ministro de economía peronista Lavagna, éstos lo fueron a buscar para integrar, con el actor Luis Brandoni, la fórmula para la gobernación de la provincia. El mísero resultado electoral (5,06% de los votos), hubiera puesto fin a la breve y opaca carrera política, pero dos años después, la muerte de su padre, póstumamente entronado como “Padre de la Democracia”, le dio un inesperado espaldarazo. Así, a los cincuenta y pico, y a fuerza de apellido y fisonomía, pasó, en pocos meses, de total desconocido a referente nacional del radicalismo.
En las elecciones legislativas de 2009 fue segundo candidato a diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires en la lista del Acuerdo Cívico y Social que encabezaba Margarita Stolbizer. Aunque era la primera vez que pisaba el congreso, fue electo vicepresidente primero de la cámara de diputados, y, al poco tiempo, quedó consagrado como candidato presidencial de la UCR.
Sepultando que alguna vez dijo “Tenemos un juicio negativo de todas las gestiones justicialistas desde 1987 hasta la fecha”, después de coquetear con el GEN y el partido socialista, para estas elecciones eligió como compañero de fórmula al economista y banquero de cuño menemista Javier González Fraga, se alió con el peronismo antikirchnerista de Francisco De Narváez, y fue a la Rural a seducir a los empresarios del campo. Mostrando que la oportunidad es su única realidad, aprovechó que su partido se mantuvo dentro del Frente Progresista de Binner y Stolbizer en la provincia de Santa Fe, y quiso sumarse a las celebraciones por el ajustado triunfo frente a Miguel del Sel, pero, abucheado, tuvo que irse apenas llegó.
Hoy lo vemos y escuchamos en los spots de campaña, forzando la voz y los gestos cual caricatura de su extinto padre, viva encarnadura de que, también para su partido, los principios no existen, y todo vale para disputar un pedacito del poder.
Hermes Binner
Hermes Binner nació en Rafaela, nieto de inmigrantes polacos que se asentaron en la incipiente colonia, hoy centro de la producción agrícolo-industrial de la provincia de Santa Fe. Recibido de médico en la Universidad de Rosario, en los ’70 fue uno de los fundadores del Partido Socialista Popular, junto a Guillermo Estévez Boero, conocido como “el estanciero socialista”, por sus vínculos con los empresarios del campo. En los ’90, impulsó la unificación con el Partido Socialista Democrático y el Partido Socialista Auténtico.
En 1989, fue secretario de Salud de Rosario, durante la gestión del entonces “socialista” Héctor Cavallero, hoy integrante de la alianza kirchnerista Frente para la Victoria. Luego fue concejal, y candidato a vicegobernador, junto al demócrata progresista disidente Ricardo Molina, ex fiscal de investigaciones administrativas, por el frente de partidos llamado Honestidad, Trabajo y Eficiencia.
Desde 1995 a 2003 fue intendente de Rosario, y luego compitió por la gobernación con el peronista Jorge Obeid. En 2005, obtuvo una banca como diputado nacional en alianza con la UCR, el ARI, el Partido Demócrata Progresista y otros, a la que renunció en 2007, cuando ganó la gobernación.
Su discurso “progresista y de inclusión”, como dice su propaganda electoral, contrasta con índices de pobreza y desocupación, especialmente en el conurbano rosarino, inmunes al fuerte asistencialismo de su gestión. Paralelamente al desarrollo del clientelismo, el gobierno de Binner fortaleció significativamente el aparato represivo provincial, al punto que, desde hace años, Santa Fe es el distrito que encabeza el “ranking” de muertes por el gatillo fácil y la tortura, en proporción a la cantidad de habitantes(1). Su “política de seguridad” se ha basado en la saturación policial, con policías comunales y municipales que, sumadas a la santafesina, y con el aporte de la gendarmería nacional, mantienen un férreo control territorial urbano, mientras el ámbito rural es patrullado por la temible Guardia Rural “Los Pumas”. Igual que las comisarías, las cárceles de Las Flores y Coronda, híper pobladas, superan a las bonaerenses y mendocinas en el registro de torturas sistemáticas y muertes de presos(2).
Siendo gobernador de la provincia, como fiel representante de los capitalistas, supo aliarse con las patronales rurales y permitió masivos despidos y suspensiones, con la excusa de la crisis económica.
Fracasado el intento de acuerdo con la UCR y con Pino Solanas, Binner se lanza ahora como candidato a presidente desde el Frente Amplio Progresista, con el Frente Cívico, el GEN, la Corriente Unidad Popular (Lozano y De Gennaro) y una buena parte de ex “transversales” descartados por el kirchnerismo, como Libres del Sur. Otro rejunte electoral que compite por su porción de la torta.
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NOTAS:
1) Así surge de los sucesivos Archivos de Casos publicados anualmente por CORREPI. Ver www.correpi.lahaine.org.
2) Fuentes: Coordinadora Anticarcelaria de Rosario, Comisión Antirrepresiva por los DDHH de Rosario, Agencia Walsh