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La disputa por las retenciones

A más de dos años del estallido del conflicto por la “resolución 125”, el gobierno y los empresarios del campo continúan con su disputa por las retenciones a las exportaciones.

La edición número 124 de la Exposición Rural, que organiza la Sociedad Rural Argentina (SRA), fue la oportunidad para que otra vez se instalara el debate sobre las retenciones a las exportaciones. La disputa se renueva ante las puertas de una importante cosecha que dejará millonarias ganancias para los empresarios rurales, que buscan discutir qué parte de estas ganancias compartirán con el gobierno.
Sin embargo, como sucediera en 2008, la disputa por las retenciones es presentada, tanto desde el gobierno como desde la Mesa de Enlace del empresariado rural, como una disputa política, dónde se enfrentarían supuestamente dos “modelos de país” distintos. Ambos intentan, a su vez, mostrarse en esta representación como los defensores de los intereses populares.
Así, llegando al ridículo, se lo vio a Hugo Biolcati, máximo representante en la actualidad de la organización que nuclea a lo más concentrado de la burguesía rural argentina, haciendo una crítica de los índices de pobreza actual. “Un país inmensamente rico, que está lleno de pobres”, dijo sobre la realidad argentina. A tal punto se llevó esta farsa durante el discurso central de la Exposición Rural, que una organización que lucró como pocas con el endeudamiento externo, el atraso y la dependencia, y que fue promotora de prácticamente todas las intervenciones militares, como la Sociedad Rural, balanceó en boca de su jefe que “desde la segunda mitad del siglo XX en adelante, las disputas, los condicionamientos externos, los seis golpes de Estado que reemplazaron gobiernos constitucionales por dictaduras, el obsceno endeudamiento público, algunas desatinadas privatizaciones y algunas malintencionadas nacionalizaciones” fueron las causas de que fracasara el modelo de “granero del mundo” de fines del siglo XIX y principios del XX.
Claro que los funcionarios kirchneristas no se quedan atrás a la hora de posar de defensores de los intereses populares. Así, este gobierno que ha sido defensor a ultranza de la rentabilidad empresaria(1), que ha sostenido la inflación como política de ajuste sobre la clase trabajadora y que profundizado el vaciamiento de la salud y la educación pública, intenta explicar que las retenciones a las exportaciones tienen como objetivo la “redistribución de la riqueza”, y no la expansión de la caja estatal para garantizar el pago de la deuda externa, la financiación de sus propios negociados o la de las próximas elecciones.
La Mesa de Enlace, más allá de las “tensiones” que existen entre las diferentes entidades, representa al conjunto del empresariado rural, desde los más grandes terratenientes hasta las PyMES del campo, encabezadas por el “progre” Eduardo Buzzi, de Federación Agraria. El propio Biolcati levantó el espacio como un ejemplo de la “unidad en la diversidad”. A su vez, una buena parte de la “oposición” se rejunta tras ellos. En los palcos de la Rural se dejaron ver, entre otros, Macri, Duhalde, y su aliado Gerónimo Venegas, jefe de las 62 Organizaciones Peronistas y de la UATRE, Alfonsín y Carrió.
Lo cierto es que lo que intentan esconder tras el debate sobre “los modelos de país” no es más que una disputa de negocios por el reparto de las ganancias de las exportaciones de la producción rural. Ninguno de ellos, ni el gobierno de millonarios que encabezan los Kirchner ni los empresarios del campo, representa ni defiende los intereses de los trabajadores.

NOTA:
1) Ver recuadro: Las ganancias de los empresarios de la alimentación.

RETENCIONES, SUBSIDIOS Y SUPERÁVIT

Con la votación del senado y la posterior derogación de la resolución 125 que establecía las retenciones móviles, el panorama de la recaudación fiscal se ha modificado sensiblemente. Concretamente en unos 2.000 millones de dólares. Para recomponerla, el gobierno avanza contra los trabajadores y el pueblo.
El Revolucionario Nº38 (Agosto de 2008)
Era tal la seguridad del gobierno nacional de que impondría las retenciones móviles, que la plata ya estaba distribuida. Un poco para el pago de la deuda, otro tanto para subsidiar empresas, una parte para reintegros a los empresarios del campo, y algo para las billeteras de los funcionarios kirchneristas. Ése y no otro era su destino. La confesión de Kirchner, después de la alharaca redistribucionista, no deja lugar a dudas: “Sin retenciones, ¿cómo vamos a pagar las obligaciones externas?”(1), decía un día antes de la votación. Eso de la construcción de hospitales, viviendas y caminos fue para la tribuna.
El objetivo principal de la resolución era recaudar más para sostener un superávit fiscal que permitiera mantener los gastos del gobierno nacional. Un superávit fiscal que, si bien sigue siendo elevado y acorde a las exigencias de los organismos internacionales, comienza a erosionarse, ya que los gastos están creciendo más que los ingresos(2). De allí, la necesidad de imponer una mayor recaudación vía suba de las retenciones, entre otras medidas. La participación de las retenciones en la recaudación total ronda el 15%. Por su parte, la relación entre las retenciones y el superávit fiscal no es menor y se ha incrementado año tras año, estimándose que, para 2008, serán equivalentes sus respectivos montos(3). Esta realidad demuestra no sólo el atraso de Argentina, cuyas cuentas dependen del agro y de los requerimientos del mercado mundial, sino también la fragilidad del superávit, ya que si bajan los precios internacionales de los granos que vende el país, el saldo positivo descendería considerablemente.
Pero el crecimiento de los gastos no se debe a mayores partidas destinadas al bienestar del pueblo, como miente el gobierno. Todo lo contrario. Junto al permanente pago de la deuda externa, los subsidios a las empresas explican dicho aumento. Estas últimas transferencias se han incrementado vertiginosamente en los últimos años. Lo estimado para 2008 duplica lo ejecutado en 2007 y cuadruplica las cifras de 2006(4). También, se ubica en el orden del 100% en relación al superávit primario(5). Los subsidios son para que no aumenten los precios, argumentan. Sin embargo, la inflación continúa mientras suben, también, los subsidios a las empresas para garantizar su rentabilidad, la eufemísticamente llamada seguridad jurídica.
Ahora, con el revés del congreso, el gobierno comienza a tomar medidas para seguir garantizando “la salud de las cuentas públicas” como gusta decir, en otras palabras, el superávit fiscal para pagar la deuda externa y mantener los privilegios de sus socios internos, conseguidos sobre la base de más ajuste hacia los trabajadores y el pueblo.
Los gobiernos provinciales de Córdoba y Buenos Aires, nuevo “opositor” uno y todavía oficialista otro, ya han implementado aumentos impositivos. También en Santa Fe, el “socialista” Hermes Binner se alista a seguir, luego de haber aumentado el boleto de colectivo.
Los subsidios no los van a recortar, como andan diciendo, pero sí pueden evitar incorporar otros nuevos o desacelerar su crecimiento. La contracara de esa decisión es el ya instrumentado aumento de tarifas en energía y transporte. Ahora, están preparando el del gas y el agua.
Es claro, la prioridad es mantener robusta la caja. “Hay que cuidar las finanzas públicas (...). El estado no tiene recursos infinitos para satisfacer mañana todas las necesidades”(6), le explicaba Cristina Fernández a los burócratas de la CGT. Y así es. El gobierno satisface solamente las necesidades empresarias ajustando y prometiendo más ajuste para el pueblo trabajador.
...
NOTAS:
1) Clarín, 15/07/08.
2) En junio, los ingresos aumentaron un 21%, mientras los gastos, un 33,4%.
3) La consultora, Finsoport, la ubica en el 94% registrando la siguiente progresión: 53% en 2004; 58% en 2005; 61% en 2006; y 78% en 2007.
4) Según el ministerio de economía (que no computa todas las transferencias), en 2006 los subsidios fueron 6.485 millones de pesos; en 2007, de $14.624 millones; y de $28.000 millones para este año. Otras fuentes, como Ecolatina, los cifran en $35.000 millones. Como porcentaje del PBI, la relación es la siguiente: 1,8% en 2006; 2,3% en 2007; y 3,5% en 2008.
5) Según Ecolatina sería del 107%.
6) La Nación, 01/08/08.

LAS PELEAS EN TORNO A LAS RETENCIONES

El Revolucionario Nº31 (Diciembre de 2007)

“De ninguna manera este tipo de medidas va a afectar la rentabilidad del sector” afirmó el secretario de agricultura, pesca y alimentos, Javier de Urquiza, garantizando las ganancias del agro.

Es absolutamente lógico que las cámaras empresariales del campo hayan puesto el grito en el cielo por el aumento a las retenciones de las exportaciones. Es que cada sector de la burguesía local defiende a capa y espada sus intereses.
Sin embargo, es fundamental tener siempre presente que, en primer lugar, todas las clases dominantes locales son socias menores del imperialismo norteamericano. No pueden subsistir sin esta sociedad, sin ser parte, sin ser un engranaje más del sistema de explotación mundial, sin el mercado mundial. Son un sólo bloque contra la clase trabajadora a la que buscan, por todos los medios, explotar a la máxima potencia. Su unidad vital se centra en la defensa del capitalismo y de su propiedad privada. Esto es así, ante todo.
Pero esto no significa que no puedan tener peleas, diferencias, roces secundarios y supeditados a este acuerdo esencial. En el tema de las retenciones aparece una de esas diferencias. La inmensidad de ganancias que genera la actividad agrícola hace que el gobierno pretenda una tajada mayor para continuar organizando los negocios de toda la burguesía local. Es la cuota que los agroexportadores pagan para que los funcionarios sostengan el actual sistema de dominación de muchos y privilegios de pocos. Obviamente, esta fracción burguesa preferiría no pagar nada, no ceder ninguna porción de su plusvalía. Pero ya que debe hacerlo busca que sea la tajada más pequeña posible.
El gobierno debe llevar adelante la tarea de garantizar el sistema capitalista con su democracia y todo y con él, más y mayores ganancias para la burguesía y la explotación de la clase trabajadora. Esto es lo que hace el kirchnerismo. El aumento de las retenciones busca garantizarlo y el hecho de que un sector de la burguesía se enoje y proteste no significa que el gobierno sea popular o contrario a un sector de la burguesía.
El gobierno de los Kirchner sigue siendo burgués y proimperialista.