Editorial: El pago de la deuda no lo discuten

La clase dominante argentina debate una sola cosa: cómo pagar la deuda externa, cómo satisfacer a los acreedores internacionales.
Con la iniciativa del gobierno de los Kirchner, a través de la creación del “Fondo del Bicentenario”, funcionarios, opositores, periodistas, banqueros y empresarios de todo tipo manifestaron el acuerdo de que, ante todo, hay que pagar la deuda. Después, discuten si es con reservas o no, con la creación de una partida especial o con lo ya presupuestado, toda o una parte de la deuda, con decreto de necesidad y urgencia mediante o sin él... Por lo tanto, todas las discusiones que protagonizan y las diferencias que esgrimen, sumando el vistoso ingrediente de la remoción de Redrado al frente del Banco Central, son secundarias. En lo fundamental, todos los políticos burgueses están de acuerdo: hay que pagar la deuda.
Es demostrativo de la naturaleza de un gobierno capitalista de un país atrasado y dependiente como Argentina, el hecho de que los mismos que gritaron a los cuatro vientos que no pagarían la deuda a costa del hambre del pueblo, hoy estén decretando, como necesario y urgente, dicho pago. Es claro que ni el gobierno de los Kirchner, ni ningún otro gobierno capitalista que lo suceda, puede romper la dependencia con el imperialismo que representa el pago de la deuda. Como muestra, casi tres décadas de gobiernos democráticos de distinto signo político que han pagado ininterrumpidamente.
Son millones de pesos que, lejos de volver hacia el pueblo trabajador, van hacia los imperialistas en concepto de pago de deuda. Mientras discuten cómo saquear tantos millones, al lado de todo este despilfarro, la otra realidad: la de la clase trabajadora.
La mitad de los trabajadores recibe menos del mínimo de hambre legitimado oficialmente, la tercera parte trabaja en negro y no cuenta con cobertura social... la desocupación y la subocupación azotan a otra buena parte de la clase trabajadora. En suma, mientras los capitalistas y sus defensores pagan, y debaten cómo seguir pagando una deuda que no es del pueblo, el pueblo trabajador vive sumido en la pobreza y plagado de privaciones, como el acceso a la salud y a la educación. Y el horizonte no se presenta muy esperanzador bajo el gobierno de Cristina Fernández: aumento record de alimentos en enero, una inflación que superará ampliamente el 20% anual y las negociaciones salariales, en manos de la burocracia sindical.
La simple cancelación de la deuda, o mejor dicho de sus intereses, es una demostración más que clara de a quiénes representa el gobierno y a quiénes defiende. Mientras se crea un fondo especial para los usureros internacionales, en Argentina se incrementa la desigualdad social. Una minoría privilegiada disfruta de la tercera parte de las riquezas producidas (por los trabajadores) y la inmensa mayoría del pueblo pobre (todos trabajadores) apenas, de una ínfima porción de ellas. Para revertir la mala situación de la clase trabajadora, no hay “Fondo del Bicentenario”, ni decretos de necesidad y urgencia.
Ningún gobierno de la burguesía detendrá la sangría y la dependencia que implica el endeudamiento externo. Los capitalistas locales están indisolublemente ligados al capital extranjero. Desconocer la deuda y, consecuentemente, su pago, es desconocer a sus socios capitalistas más poderosos, equivale a firmar su certificado de defunción. Pueden debatir en cuántas cuotas pagan, con qué fondos, cuánto más se endeudan, etc., etc. Sólo pueden discutir aspectos secundarios, supeditados a la imposición del pago. Nada más.
La clase trabajadora es la única que no tiene nada que perder y sí, en cambio, mucho que ganar desconociendo los acuerdos firmados por sus explotadores con los imperialistas. Solamente un gobierno de los trabajadores puede enterrar de una vez y para siempre el flagelo de una deuda que sólo representa privaciones para el pueblo trabajador.