La burocracia sindical, en su comunión de intereses con el gobierno y los capitalistas del país, legitima y alienta la mayor explotación de los trabajadores, paritaria y represión mediante.
El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)
En la mesa de negociación con el gobierno y la patronal, en la calle reprimiendo a los trabajadores, en el PJ disputando cargos... En todos lados, la burocracia sindical cumple disciplinadamente su papel. Todo esto acentuado ante la perspectiva de otro año atravesado por la lucha de los trabajadores por fuera o contra los burócratas.
En la mesa de negociación mantienen las actuales condiciones laborales, con extensas jornadas y agobiantes ritmos de trabajo que periódicamente se cobran la vida de algún trabajador ya sea textil, metalúrgico o de la construcción. En las mismas negociaciones también garantizan la ausencia de planes de lucha, el control de los conflictos que puedan surgir o, directamente, la represión de los que se desborden, a cambio de pequeñas concesiones, insignificantes en relación a las inmensas ganancias empresarias.
La represión de sus patotas hacia los trabajadores que luchan cobra una cotidianidad en la que hasta los medios de comunicación se asombran de la impunidad con la que cuentan estos esbirros para reprimir, tanto a los trabajadores del Casino, como a los colectiveros de la línea 60 o a los trabajadores del subte o al que ose no cuadrarse bajo sus órdenes. Siempre amparados por las fuerzas de seguridad por expreso pedido del gobierno.
Al ya conocido seguidismo hacia el gobierno nacional, se suma por estos días, su apuesta fuerte al partido peronista al que siempre pertenecieron, proponiendo a Hugo Moyano como vicepresidente. De este modo, la burguesía argentina, en su necesidad de fortalecer su partido, cuenta ya con el apoyo total de la burocracia que hoy conduce al movimiento obrero.
Hugo Yasky (CTA) y Estela Maldonado (CTERA) ya firmaron para garantizar un “normal” desenvolvimiento del ciclo lectivo, es decir con pésimas condiciones de trabajo y con altos porcentajes del salario en negro, a cambio de unos ya inservibles $250 más para algunos docentes.
Hugo Moyano, por su parte, adelantó las paritarias repitiendo sus últimas actuaciones: negociando algunos pesos más para los camioneros, en cómodas cuotas, a cambio de no afectar la rentabilidad empresaria. Los argumentos políticos son los de siempre: el gobierno pide “responsabilidad” a los sindicalistas y ya no hablan de “pisos” o “techos”, sino de “límites”. Para el caso es lo mismo. Desde el vamos, con estos argumentos pierden los trabajadores. Es explícito el acuerdo de no afectar las ganancias empresarias teniendo en cuenta la productividad. También lo es el acuerdo de perjudicar a los trabajadores, ya que no se tiene en cuenta la necesidad de cubrir la canasta básica. A los capitalistas se los respeta, a la clase trabajadora se la vapulea.
¿En qué quedó la furiosa interna dentro de la CGT? La rutinaria disputa de negocios que amenazó con echar al actual secretario general, Hugo Moyano, se fundió en un abrazo entre los “gordos” y el moyanismo, tanto dentro del PJ, como dentro de la central.
Todos pejotistas, los burócratas buscan su lugar de privilegio en el partido peronista dirigido por Kirchner. Todos comparten una vida repleta de lujos, participando en las ganancias empresarias a costa de entregar las conquistas y frenar cualquier reclamo de la clase obrera, no sólo legitimando salarios insuficientes, sino también dando el visto bueno a la extensión de la jornada laboral y a la precarización de las condiciones de trabajo, entre otras medidas contra los trabajadores.
En la mesa de negociación con el gobierno y la patronal, en la calle reprimiendo a los trabajadores, en el PJ disputando cargos... En todos lados, la burocracia sindical cumple disciplinadamente su papel. Todo esto acentuado ante la perspectiva de otro año atravesado por la lucha de los trabajadores por fuera o contra los burócratas.
En la mesa de negociación mantienen las actuales condiciones laborales, con extensas jornadas y agobiantes ritmos de trabajo que periódicamente se cobran la vida de algún trabajador ya sea textil, metalúrgico o de la construcción. En las mismas negociaciones también garantizan la ausencia de planes de lucha, el control de los conflictos que puedan surgir o, directamente, la represión de los que se desborden, a cambio de pequeñas concesiones, insignificantes en relación a las inmensas ganancias empresarias.
La represión de sus patotas hacia los trabajadores que luchan cobra una cotidianidad en la que hasta los medios de comunicación se asombran de la impunidad con la que cuentan estos esbirros para reprimir, tanto a los trabajadores del Casino, como a los colectiveros de la línea 60 o a los trabajadores del subte o al que ose no cuadrarse bajo sus órdenes. Siempre amparados por las fuerzas de seguridad por expreso pedido del gobierno.
Al ya conocido seguidismo hacia el gobierno nacional, se suma por estos días, su apuesta fuerte al partido peronista al que siempre pertenecieron, proponiendo a Hugo Moyano como vicepresidente. De este modo, la burguesía argentina, en su necesidad de fortalecer su partido, cuenta ya con el apoyo total de la burocracia que hoy conduce al movimiento obrero.
Hugo Yasky (CTA) y Estela Maldonado (CTERA) ya firmaron para garantizar un “normal” desenvolvimiento del ciclo lectivo, es decir con pésimas condiciones de trabajo y con altos porcentajes del salario en negro, a cambio de unos ya inservibles $250 más para algunos docentes.
Hugo Moyano, por su parte, adelantó las paritarias repitiendo sus últimas actuaciones: negociando algunos pesos más para los camioneros, en cómodas cuotas, a cambio de no afectar la rentabilidad empresaria. Los argumentos políticos son los de siempre: el gobierno pide “responsabilidad” a los sindicalistas y ya no hablan de “pisos” o “techos”, sino de “límites”. Para el caso es lo mismo. Desde el vamos, con estos argumentos pierden los trabajadores. Es explícito el acuerdo de no afectar las ganancias empresarias teniendo en cuenta la productividad. También lo es el acuerdo de perjudicar a los trabajadores, ya que no se tiene en cuenta la necesidad de cubrir la canasta básica. A los capitalistas se los respeta, a la clase trabajadora se la vapulea.
¿En qué quedó la furiosa interna dentro de la CGT? La rutinaria disputa de negocios que amenazó con echar al actual secretario general, Hugo Moyano, se fundió en un abrazo entre los “gordos” y el moyanismo, tanto dentro del PJ, como dentro de la central.
Todos pejotistas, los burócratas buscan su lugar de privilegio en el partido peronista dirigido por Kirchner. Todos comparten una vida repleta de lujos, participando en las ganancias empresarias a costa de entregar las conquistas y frenar cualquier reclamo de la clase obrera, no sólo legitimando salarios insuficientes, sino también dando el visto bueno a la extensión de la jornada laboral y a la precarización de las condiciones de trabajo, entre otras medidas contra los trabajadores.