El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)
El 5 de febrero pasado, un horno explotó en el complejo metalúrgico Acindar del grupo Arcerol Mittal1, en Villa Constitución, Santa Fe, dejando ocho trabajadores heridos. Dos de ellos, Nicolás Correa (22) y Alfredo Dianda (23), murieron días después como consecuencia directa de las graves quemaduras sufridas mientras realizaban su labor cotidiana.
Estas situaciones en que obreros mueren en sus puestos de trabajo son postales que se repiten cada vez más en nuestro país. Tanto en pequeñas empresas, como en grandes; tanto con trabajo en blanco, como en negro, siempre con condiciones laborales cada vez más precarias e inseguras. No sorprende que los dos jóvenes obreros muertos trabajaran para una empresa que tercerizaba con Acindar el mantenimiento de los hornos, con condiciones salariales y de seguridad mucho peores que los obreros de la planta, por ejemplo, obligados a trabajar en un horno que sólo llevaba 4 horas de apagado, cuando las normas de seguridad exigen no menos de 24 horas de enfriamiento. Una realidad que no ignoraba la burocracia sindical, al punto que el secretario general de la UOM de Villa Constitución y secretario gremial de la CTA, Victorio Paulón, en sus declaraciones lo reconoció: “Lo que ha pasado, fundamentalmente, es que las viejas normas (de seguridad) no alcanzan para los nuevos ritmos de producción”, ya que “la planta ha aumentado un 40 por ciento la producción anual y conlleva un aceleramiento de los procesos que va precarizando muchas situaciones.”
Como los miles de operarios muertos en sus lugares de trabajo, el caso de los obreros de Acindar no es una tragedia ni una fatalidad, no es un accidente, no se debe a una negligencia humana, no es un hecho fortuito ni un caso aislado, como suelen remarcar las agencias de comunicación de la burguesía, y como señalaron también los directivos de la metalúrgica y la burocracia sindical. Es ni más ni menos que un crimen capitalista, un hecho intrínseco al sistema de explotación vigente, cuya lógica impone el desprecio absoluto por la vida del trabajador en pos de la productividad, la ganancia y el crecimiento empresario.
...
NOTAS
1) Acindar, que en los 70 presidía José Alfredo Martínez de Hoz, pertenece desde 2006 al Grupo Arcelor Mittal, líder mundial en la producción de acero, que emplea a más de 320.000 personas en el mundo en 27 países, y es el resultado de la fusión de las empresas Arbed de Luxemburgo, Aceralia de España y Usinor de Francia con la anglo-india Mittal Steel.
El 5 de febrero pasado, un horno explotó en el complejo metalúrgico Acindar del grupo Arcerol Mittal1, en Villa Constitución, Santa Fe, dejando ocho trabajadores heridos. Dos de ellos, Nicolás Correa (22) y Alfredo Dianda (23), murieron días después como consecuencia directa de las graves quemaduras sufridas mientras realizaban su labor cotidiana.
Estas situaciones en que obreros mueren en sus puestos de trabajo son postales que se repiten cada vez más en nuestro país. Tanto en pequeñas empresas, como en grandes; tanto con trabajo en blanco, como en negro, siempre con condiciones laborales cada vez más precarias e inseguras. No sorprende que los dos jóvenes obreros muertos trabajaran para una empresa que tercerizaba con Acindar el mantenimiento de los hornos, con condiciones salariales y de seguridad mucho peores que los obreros de la planta, por ejemplo, obligados a trabajar en un horno que sólo llevaba 4 horas de apagado, cuando las normas de seguridad exigen no menos de 24 horas de enfriamiento. Una realidad que no ignoraba la burocracia sindical, al punto que el secretario general de la UOM de Villa Constitución y secretario gremial de la CTA, Victorio Paulón, en sus declaraciones lo reconoció: “Lo que ha pasado, fundamentalmente, es que las viejas normas (de seguridad) no alcanzan para los nuevos ritmos de producción”, ya que “la planta ha aumentado un 40 por ciento la producción anual y conlleva un aceleramiento de los procesos que va precarizando muchas situaciones.”
Como los miles de operarios muertos en sus lugares de trabajo, el caso de los obreros de Acindar no es una tragedia ni una fatalidad, no es un accidente, no se debe a una negligencia humana, no es un hecho fortuito ni un caso aislado, como suelen remarcar las agencias de comunicación de la burguesía, y como señalaron también los directivos de la metalúrgica y la burocracia sindical. Es ni más ni menos que un crimen capitalista, un hecho intrínseco al sistema de explotación vigente, cuya lógica impone el desprecio absoluto por la vida del trabajador en pos de la productividad, la ganancia y el crecimiento empresario.
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NOTAS
1) Acindar, que en los 70 presidía José Alfredo Martínez de Hoz, pertenece desde 2006 al Grupo Arcelor Mittal, líder mundial en la producción de acero, que emplea a más de 320.000 personas en el mundo en 27 países, y es el resultado de la fusión de las empresas Arbed de Luxemburgo, Aceralia de España y Usinor de Francia con la anglo-india Mittal Steel.