El conflicto entre los empresarios del campo y los del gobierno
El Revolucionario Nº39 (Septiembre de 2008)
Una medida tras otra. Todas, para satisfacer la sed de ganancias de los empresarios del campo.
Producto del rechazo a la resolución 125, pero sobre todo como consecuencia del revés político sufrido por el kirchnerismo, el gobierno se muestra más dócil ante el empresariado rural. Docilidad que cobra cuerpo en los millones de pesos que el estado cede a la burguesía exportadora. En tren de evitar una nueva oleada de protesta empresarial, el gobierno, a través del secretario de agricultura Carlos Cheppi y el director de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), Ricardo Echegaray, volvió a las reuniones fluidas y cordiales con las cámaras empresariales del agro. Además, ya flexibilizó la operatoria de los embarques de granos, liberalizó las exportaciones de queso, se destinaron 1.000 millones de pesos adicionales para subsidiar al sector, se reabrió la cuota Milton, se paga más por el litro de leche...
Atrás quedaron los “modelos antagónicos de país” y las acusaciones de “golpistas” y “desestabilizadores”.
Pero el empresariado rural, ahora más fortalecido políticamente, no se conforma y va por más. En decenas de actos y asambleas va a la carga por la mejora de sus negocios. La rebaja en las retenciones, la liberalización de las exportaciones, más compensaciones, más subsidios... sólo algunos de los planes que se trazan los jefes empresarios. No andan con medias tintas quienes hace poco demostraron el poder que tienen en este país atrasado, cuya actividad fundamental es la explotación agrícola. “El campo debe tener mayoría automática en el congreso”, llegó a manifestar Alfredo de Ángeli, presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos, luego de explicar que su objetivo es estar en todos los partidos.
Las millonarias negociaciones entre los empresarios del campo y los empresarios del gobierno atraviesan una etapa favorable al “campo”. Sobre esto no hay dudas. Es la única diferencia con las negociaciones entabladas antes del inicio del último conflicto desatado el 11 de marzo, cuando también arreglaban retenciones, subsidios y condiciones de comercialización. Por lo demás, siguen contemplando la demanda mundial, los precios internacionales y repartiéndose las inmensas ganancias, como buenos capitalistas asociados que son.