Luego del vaciamiento de la compañía aérea, el fiasco del salvataje kirchnerista al gran capital español.
El Revolucionario Nº39 (Septiembre de 2008)
Desde hace añares, incluyendo por supuesto los cinco años que van de gobiernos Kirchner, el estado argentino le ha garantizado los más escandalosos negociados a los capitalistas, locales y extranjeros, realizando y sosteniendo las privatizaciones, dando en concesión los servicios públicos, brindando inusitados beneficios impositivos para su inversión, garantizándole mano de obra a bajo costo y flexibilizada, etc.
El ejemplo de Marsans, la empresa responsable del vaciamiento de Aerolíneas Argentinas, es espeluznante. El grupo español vendió todo, incluyendo sus 28 aviones; vació el centro de simuladores de vuelo, el más importante de América Latina, las oficinas que tenía por el mundo, los talleres, almacenes, etc... Y dejó una enorme deuda de 900 millones de dólares(1). Siguiendo siempre el ritmo de las necesidades de los capitalistas, ahora que la empresa está completamente fundida y endeudada hasta el cogote, el gobierno decidió “estatizar” Aerolíneas y hacerle un nuevo favor al empresariado español, perdonándole nada menos que los u$s900 millones de deuda.
Para hacerlo, los Kirchner apelan a grandes palabras como “estatización”, “nacionalización”, y hasta “expropiación” se escucha en sus filas, lavándole la cara a su reiterado arrastre a los pies del gran capital internacional.
Pero esa “estatización” que el peronismo impulsa en Aerolíneas no tiene nada que ver con un pretendido “proyecto nacional” en el que el estado se apropia de los resortes estratégicos de la producción, incluyendo sus principales empresas y productos, con un plan de desarrollo autónomo frente al gran capital imperialista. Todo lo contrario: es apenas una forma de salvar, nuevamente, a sus socios, a quienes primero regalaron la empresa y permitieron robarse todo, y ahora salvan de este gran escándalo, intentando cubrir su deuda y pérdidas. De hecho, el primer intento del gobierno fue reprivatizar la empresa y, como lo estipulaba la famosa “acta acuerdo” firmada por Jaime, absorber desde el estado la deuda de 900 millones de dólares que contrajo Marsans. Y si esta postración ante el empresariado español no se dio tan abiertamente, es solamente porque el gobierno quedó resentido tras el conflicto agrario y no contaba con los votos suficientes para imponer en el congreso su propuesta sin modificaciones.
Con la adquisición de Aerolíneas, el estado argentino no ha hecho más que comprarse un nuevo problema, haciéndose cargo de una empresa que dará perdidas y ningún beneficio al país, luego, eso sí, de haber permitido su vaciamiento. Hasta dirigentes abiertamente de derecha, como Pinedo o López Murphy, han denunciado esta estafa y la protección de Marsans. Y sin embargo la iniciativa del kirchnerismo oficial, aun habiendo mostrado lo escandaloso de sus aspiraciones de seguir subsidiando al gran capital, ha conquistado a “críticos”, como Lozano y Pino Solanas (kirchneristas “desilusionados”), y al conjunto de la CTA, que una vez más salió a apoyar en forma unificada al gobierno junto a la CGT, entre otros. Estos grupos, encandilados con las palabras “nacionalización” o “estatización”, disimulan que se está comprando un fiasco con deuda y pérdidas garantizadas para el futuro. Nada tiene que ver, como quieren hacerlo creer, con un avance “progresivo” para la recuperación por parte del estado de empresas estratégicas, las que, cuando aún existen, han sido dejadas en manos del capital privado, pues son un gran negocio para los empresarios, representados por (y socios de) los Kirchner.
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NOTAS:
1) Ver “Otro gran ‘negocio’ kirchnerista”, en ER Nº38, agosto de 2008.
Desde hace añares, incluyendo por supuesto los cinco años que van de gobiernos Kirchner, el estado argentino le ha garantizado los más escandalosos negociados a los capitalistas, locales y extranjeros, realizando y sosteniendo las privatizaciones, dando en concesión los servicios públicos, brindando inusitados beneficios impositivos para su inversión, garantizándole mano de obra a bajo costo y flexibilizada, etc.
El ejemplo de Marsans, la empresa responsable del vaciamiento de Aerolíneas Argentinas, es espeluznante. El grupo español vendió todo, incluyendo sus 28 aviones; vació el centro de simuladores de vuelo, el más importante de América Latina, las oficinas que tenía por el mundo, los talleres, almacenes, etc... Y dejó una enorme deuda de 900 millones de dólares(1). Siguiendo siempre el ritmo de las necesidades de los capitalistas, ahora que la empresa está completamente fundida y endeudada hasta el cogote, el gobierno decidió “estatizar” Aerolíneas y hacerle un nuevo favor al empresariado español, perdonándole nada menos que los u$s900 millones de deuda.
Para hacerlo, los Kirchner apelan a grandes palabras como “estatización”, “nacionalización”, y hasta “expropiación” se escucha en sus filas, lavándole la cara a su reiterado arrastre a los pies del gran capital internacional.
Pero esa “estatización” que el peronismo impulsa en Aerolíneas no tiene nada que ver con un pretendido “proyecto nacional” en el que el estado se apropia de los resortes estratégicos de la producción, incluyendo sus principales empresas y productos, con un plan de desarrollo autónomo frente al gran capital imperialista. Todo lo contrario: es apenas una forma de salvar, nuevamente, a sus socios, a quienes primero regalaron la empresa y permitieron robarse todo, y ahora salvan de este gran escándalo, intentando cubrir su deuda y pérdidas. De hecho, el primer intento del gobierno fue reprivatizar la empresa y, como lo estipulaba la famosa “acta acuerdo” firmada por Jaime, absorber desde el estado la deuda de 900 millones de dólares que contrajo Marsans. Y si esta postración ante el empresariado español no se dio tan abiertamente, es solamente porque el gobierno quedó resentido tras el conflicto agrario y no contaba con los votos suficientes para imponer en el congreso su propuesta sin modificaciones.
Con la adquisición de Aerolíneas, el estado argentino no ha hecho más que comprarse un nuevo problema, haciéndose cargo de una empresa que dará perdidas y ningún beneficio al país, luego, eso sí, de haber permitido su vaciamiento. Hasta dirigentes abiertamente de derecha, como Pinedo o López Murphy, han denunciado esta estafa y la protección de Marsans. Y sin embargo la iniciativa del kirchnerismo oficial, aun habiendo mostrado lo escandaloso de sus aspiraciones de seguir subsidiando al gran capital, ha conquistado a “críticos”, como Lozano y Pino Solanas (kirchneristas “desilusionados”), y al conjunto de la CTA, que una vez más salió a apoyar en forma unificada al gobierno junto a la CGT, entre otros. Estos grupos, encandilados con las palabras “nacionalización” o “estatización”, disimulan que se está comprando un fiasco con deuda y pérdidas garantizadas para el futuro. Nada tiene que ver, como quieren hacerlo creer, con un avance “progresivo” para la recuperación por parte del estado de empresas estratégicas, las que, cuando aún existen, han sido dejadas en manos del capital privado, pues son un gran negocio para los empresarios, representados por (y socios de) los Kirchner.
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NOTAS:
1) Ver “Otro gran ‘negocio’ kirchnerista”, en ER Nº38, agosto de 2008.