EXPLOTACIÓN Y MUERTE, “ESAS COSAS QUE PASAN”

Un fallo judicial justificó la híper explotación, mientras siguen muriendo obreros.

El Revolucionario Nº36 (Junio de 2008)

El juez federal Norberto Oyarbide, sobreseyó a tres directivos de la empresa de indumentaria Soho que estaban acusados de utilizar, en sus talleres de costura, mano de obra súper explotada de inmigrantes indocumentados. De acuerdo a las pruebas del expediente, los obreros, casi todos bolivianos, trabajaban más de doce horas por día por un sueldo de 500 a 900 pesos mensuales y vivían hacinados con sus familias en una piecita que les alquilaban los propios talleristas, quienes recuperaban así la mayor parte del mísero salario.
El juez, recordado por sus aventuras sexuales en el neoclásico prostíbulo masculino Espartacus, sostuvo que ese modo de explotación de los trabajadores es herencia de “costumbres y pautas culturales de los pueblos originarios del Altiplano boliviano, de donde proviene la mayoría de los costureros”, es decir que, como llevan siglos siendo explotados, ya se han acostumbrado a vivir así. Casi textualmente, lo mismo que declaró al inicio de la causa uno de los dueños del taller: “Los bolivianos viven así. La mentalidad de ellos es así”. En nuestro número anterior mostrábamos cómo el burócrata de la UATRE, Venegas1, decía, respecto de la híper explotación de los trabajadores rurales, que se debe a “una tradición de más de cien años (...) de una cultura y de tantos años de trabajo no regulado por libreta”. Juez, patrón y burócrata sindical, tres versiones para explicar y justificar estas formas de explotación. Las que padecen los trabajadores textiles o los rurales, no son una rareza ni una excepción, sino parte del modo de producción capitalista.
Mientras tanto, la causa que lleva Oyarbide por el incendio del taller de costura que funcionaba en similares condiciones en la calle Luis Viale, donde murieron una mujer, un adolescente y cuatro niños, lógicamente sigue impune.
Ratificando que “me matan si trabajo, y si no trabajo muero”2, el 22 de mayo, Juan Carlos García, un operario de la construcción de 47 años, murió al caer de un andamio a 8 metros de altura en la planta Inbelt SRL de Rosario. Con él, son cuatro los muertos en la misma semana por ausencia de condiciones mínimas de seguridad, y ocho desde noviembre de 2007, sólo en Rosario3. “Parece una maldición”, trató de justificar para ocultar su complicidad Julio Palma, secretario general de la seccional local de la UOCRA.
No es una maldición. Es la forma en que se acumula el capital, violentando todas las medidas de seguridad, aumentando los ritmos de producción y “ahorrando” en seguridad industrial. Es la lógica del sistema, más vale perder un obrero que resignar ganancias.

NOTAS:
1) Ver “La situación de los trabajadores rurales”, en, ER Nº35, mayo de 2008.
2) Documental de Raymundo Gleizer, 1974.
3) El 13 de mayo el obrero Mariano Almaraz murió en una obra en construcción y el 15 de mayo fallecieron Isael Ortigoza y Héctor Jara tras ser aplastados por un encofrado con hormigón que se vino a pique en otra obra. Fuente: Diarios El Ciudadano y La Capital de Rosario.