LA MULTINACIONAL DE LOS ALIMENTOS

En medio de la disputa entre el empresariado del campo y el del gobierno por las retenciones a las exportaciones, el kirchnerismo dio una nueva muestra de su política proimperialista en una reunión con los presidentes de la Unión Europea.
El Revolucionario Nº36 (Junio de 2008)

A mediados de mayo se reunió en Lima la V Cumbre de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, donde los dirigentes de los países europeos se juntan para hacer negocios con sus pares latinoamericanos. Uno de los temas obligados fue la deuda con el Club de París, que el gobierno argentino planea pagar lo antes posible.
Pero esto no es todo. En su discurso, la presidenta Fernández de Kirchner dio una exposición sobre su modelo de país. Lejos del sostenimiento de un supuesto proyecto de reindustrialización que vociferan el gobierno y sus apologistas según la ocasión; lejos del enfrentamiento verbal con los empresarios del campo, tapa de los diarios de todos los días; Cristina Fernández, en busca de conseguir la aprobación y el financiamiento de los países imperialistas de la Unión Europea, se encargó de explicar, sin más vueltas, cuál es rol que para su gobierno debe ocupar Argentina en el mundo. “Los ciclos económicos no son eternos. Hoy tenemos una oportunidad extraordinaria porque somos productores de alimentos. Y para ustedes también es una oportunidad porque nosotros necesitamos los avances tecnológicos que tienen ustedes”. Seguido, insistió en defender el rol “estratégico” de los países latinoamericanos como “multinacional de los alimentos”, de la misma manera que hace cien años se elogiaba la posición de nuestro país como “granero del mundo”.
Las palabras de la presidenta muestran lo nodal de las relaciones entre las potencias imperialistas y sus semi-colonias. Éstas sólo cumplen con el doble papel de abastecer a los países industrializados de las materias primas que necesitan y ofrecer, además, un mercado para sus productos elaborados. Cristina Fernández no anduvo con vueltas: granos por tecnología.
A la hora de pasar el informe a los patrones del continente europeo, se deja de lado el discurso de “un modelo de país antagónico con la burguesía del campo” y se confirma, sin más, el rol de nuestro país, que el kirchnerismo viene a garantizar: el de productor de materias primas para las necesidades del mercado mundial.

“SEGUNDA INDUSTRIALIZACIÓN” O “MULTINACIONAL DE LOS ALIMENTOS”: ¿EN QUÉ QUEDAMOS?

Ya desde los primeros discursos de su gobierno, Néstor Kirchner intentó mostrarse como un defensor acérrimo de la industria nacional. Ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) decía que “no vamos a ser concesivos porque la Argentina necesita reindustrializarse y no vamos a ceder ante las presiones de los países centrales”.
Mucho más cerca en el tiempo, el pasado mes de mayo, Cristina Kirchner decía que “la clave para seguir creciendo es abandonar el sesgo primario de la producción”, en una reunión en la cual estuvieron presentes Hugo Moyano por la CGT, Juan Lascurain por la UIA, el gobernador de Santa Fe Hermes Binner y el empresario autopartista José Luis Basso, entre otros. Remarcó también que mientras una tonelada de exportación de la industria automotriz equivale a 26 mil dólares, una de maíz representa 240 dólares.
A pesar de todas estas frases, ante el mundo reafirmó el papel de economía primarizada, atrasada y dependiente, excluyendo drásticamente sus “planes industrialistas”. Pareciera que la estrategia del gobierno pegó una vuelta de 180°, un brusco volantazo con cambio de rumbo, yendo hacia el lado opuesto. De la “segunda industrialización” a la “multinacional de los alimentos”.
Pero, como venimos señalando desde siempre, detrás de todo el palabrerío no existe ninguna política proindustrial de parte del kirchnerismo. Argentina nunca estuvo plenamente industrializada y actualmente su frágil estructura industrial está completamente fragmentada y atrasada. La permanente situación de crisis energética y la dependencia de los capitales y la tecnología extranjera son los rasgos salientes de la situación actual. La “reindustrialización” planteada por el kirchnerismo no existió ni existirá nunca más allá de las palabras. Mientras gobiernen los capitalistas locales, socios menores del imperialismo, Argentina seguirá ocupando su lugar en el mundo: productor y vendedor de vacas y granos.


EL ÚNICO MODELO

Más allá de las diferentes propuestas que puedan presentar y de todos los matices existentes entre ellos, la burguesía argentina y sus dirigentes defienden y reafirman el mismo modelo de país.
El sábado 17 de mayo, la Unión Industrial Argentina, la Cámara Argentina de la Construcción, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Cámara Argentina de Comercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino emitieron una solicitada en los principales diarios en la que, además de llamar a las entidades representantes del empresariado rural a la reflexión y a la negociación, marcaban claramente su comunión con el actual modelo de la “multinacional de los alimentos” y su absoluta dependencia de las divisas que se generan de la exportación de productos primarios: “...la coyuntura nacional e internacional ofrece una oportunidad única para acordar en común el diseño de políticas para todos los sectores...”. Lo que dicen estas organizaciones representando a industriales, comerciantes y banqueros argentinos es, parafraseando a la presidenta, que ésta es una increíble oportunidad de negocios para un país productor de alimentos como Argentina. Y ellos, como buenos hombres de negocios, no quieren perder el tren.
Por obvio, no es necesario detenerse en las concordancias del empresariado rural con el modelo agroexportador actual y en los beneficios que obtienen. A pesar de la disputa de números por la cuestión de las retenciones, los capitalistas que tienen sus negocios en el campo son los principales ganadores de este modelo. Con el precio de los alimentos en alza y el tipo de cambio competitivo, obtienen una renta extraordinaria.
El gobierno nacional, claramente refuerza este modelo más allá de la pose discursiva. La única “discusión” al respecto entre la plana gubernamental y las “organizaciones sociales kirchneristas” es si se cultiva soja o alimentos como maíz y trigo. Pero que es la explotación del campo el único plan estratégico, no se debate.
Por su parte, los dirigentes políticos de “oposición” también se alinean con la burguesía agraria. Es que es la clase en la que se apoyan. Llegan a afirmar que “el campo es el único que puede terminar con el hambre y la pobreza” y todos adscriben a sostener un país productor de alimentos. Esto no quita que también se hayan subido al carro “del campo” por mero oportunismo político.
Este es el panorama. Nadie, dentro del arco de la burguesía argentina y sus representantes puede negar que las riquezas en nuestro país provienen de la exportación de recursos primarios; lo que es lo mismo que decir, de la perpetuación del atraso de Argentina.