El Revolucionario Nº14 (Junio de 2006)
“Una revolución que no avanza es una revolución que retrocede”
Ernesto Che Guevara
“Esta revolución puede destruirse”, “nosotros podemos destruirla”, decía Fidel Castro en un reportaje que fue editado en todo el mundo y publicado en doble página por Clarín el segundo domingo de mayo. Estas palabras y otras de similar gravedad se vienen repitiendo en forma permanente por parte de los máximos dirigentes del estado cubano. Ya en su discurso del 17 de noviembre en
Por supuesto, ante la gravedad de la situación, los capitalistas de toda calaña sueñan con el derrumbe de la revolución y se esmeran por encontrar la mejor vía para la restauración capitalista. Para ello trabajan los gusanos reaccionarios que desde Miami asesoran a Bush para tumbar sin más a la revolución (algunos de ellos reclaman con insistencia una invasión militar). A su lado, una anquilosada burocracia estatal-partidaria que vive entre lujos capitalistas, pretende mantener a como de lugar los beneficios que esta obtenido a través de la apertura capitalista. Y junto a ellos se amplía a diario una larga lista de demócratas y nuevos “consejeros” de Cuba, que amparados en un autoproclamado “realismo” pretenden que el proceso de apertura hacia la economía mixta se consolide y profundice, para que se conforme un régimen marcado por la democracia burguesa: un capitalismo pintado con alguna legislación social.
Obviamente, ante estas intentonas es imprescindible defender a Cuba y su revolución, lo que significa, al mismo tiempo, sacar un balance sobre las limitaciones actuales del proceso cubano y desnudar el carácter restauracionista de la burocracia y el progresismo, quienes promueven la adaptación al régimen capitalista. Este debate se abre hoy por todas partes y, lo que es más importante, se plantea en forma creciente en la misma Cuba, donde junto a las voces del conservadurismo burocrático y de la restauración capitalista, se escucha también la voz de luchadores revolucionarios que poner en primer lugar la defensa del carácter socialista de la revolución. Junto a ellos decimos nosotros también que el único camino admisible es el que tan claramente planteara, con su obra y con su práctica, el Comandante Che Guevara: extender y profundizar la revolución socialista.
“Esta revolución…”
La expropiación de la burguesía, la organización popular del trabajo y la milicia, la dirección del estado por parte de una nueva clase que actúa mediante su partido, en suma, el poder obrero y la planificación socialista, han hecho de Cuba un país incomparablemente superior a cualquier país capitalista.
Con un gran retraso estructural, con las características de un país atrasado (como sucede con toda América Latina) y sin que existan siquiera importantes condiciones naturales favorables, la isla de Cuba se hallaba condenada por el saqueo capitalista a ser otra cuna de hambre y degradación social como puede ser hoy Haití. Pero la revolución de1959 y su orientación socialista que fue confirmada un par de años después, logró lo que ningún burgués jamás le hubiera dado.
No hay hoy en el mundo un país que se haya elevado tanto en los aspectos sociales. El acceso popular a condiciones de alimentación y vivienda mínimas ha hecho de Cuba el único país del mundo en el que no existe la miseria y donde se ha llegado a la más equitativa distribución de los bienes sociales (es, por ejemplo, el único país de toda América Latina que no tiene desnutrición infantil). Allí la salud cobra un carácter esencialmente preventivo, pues el control sanitario sobre la población es tal que no permite que avancen las enfermedades sin que sean detectadas por los médicos. Y la educación también se ha desarrollado de una manera inverosímil para un país capitalista: la totalidad de los niños y jóvenes llevan adelante sus estudios iniciales en óptimas condiciones (teniendo garantizadas las condiciones básicas para poder dedicarse todo el día al estudio), y aún un enorme porcentaje se eleva a condición de profesional o técnico por el desarrollo de una o varias carreras universitarias.
En fin, es claro que el impulso de la revolución en Cuba ha abierto un camino absolutamente digno y necesario, y lo ha hecho justamente por cambiar desde la raíz las estructuras sociales, volteando a una clase parásita y poniendo en manos de los trabajadores la nueva planificación social.
“… puede destruirse”
Pero la revolución en cuestión tiene una limitación fundamental: el capitalismo. Y este gigante da pelea desde adentro y desde afuera de la isla, buscando frenar la revolución socialista en cualquier rincón del mundo donde este proceso se asome, y muy particularmente en Cuba, ejemplo para el conjunto de los luchadores del planeta.
El imperialismo, así como se esfuerza denodadamente por aplastar en cada país del mundo los intentos de emancipación de nuestra clase, trata con especial bravura al pueblo cubano y su revolución, atacándolos por distintas vías y estableciendo el criminal bloqueo que lleva ya más de 40 años.
Pero este enemigo de los trabajadores se presenta también al interior de la isla. La supervivencia y reanimación de relaciones capitalistas, las inversiones extranjeras y el circuito económico de que se rodean, el privilegio de algunos sectores de la sociedad tanto sea por un vínculo directo con el capital imperialista como por el acceso “indirecto” a ciertos standard de vida (con familia o relaciones en el exterior –como Miami- y, sobre todo, por ser parte de la “privilegiada” burocracia estatal), impulsa una creciente polarización social y plantea la reconfiguración de divisiones de clase, dando cuenta de la gravedad de tener “el tigre suelto en casa”, como llaman los cubanos a la entrada del capitalismo por la vía de la economía “mixta”.
Ya a fines de la década del 80, tras la caída del gigante socialista, la revolución cubana quedó gravemente herida. Casi 30 años de vínculo con la gran potencia rusa no le habían permitido desarrollar una industria de envergadura que de lugar a una producción independiente. El reclamo guevarista por un desarrollo industrial propio había sido reemplazado por un vínculo entre países atrasados productores de materias primas (como Cuba) y países industriales (
Así desde la década del 90 Cuba se dedicó casi exclusivamente a la “supervivencia”, sorteando un duro “período especial” de gran pobreza y resistiendo al reclamo restauracionista gritado por la burguesía y aceptado como inevitable por los postmodernos. Ante la gravedad de la crisis la dirección cubana llevó adelante un peligroso proceso de apertura económica que permitió el ingreso de divisas para paliar la pobreza, pero que atentó contra las conquistas socialistas que eran fruto de la planificación y contribuyó a profundizar la crisis política del régimen al promover la diferenciación social y estimular una mayor burocratización.
El tigre suelto en casa
La llegada de la “economía mixta” en Cuba implicó la entrada del capital extranjero (europeo, americano, etc.) en rubros como la industria, el turismo, la minería, o los servicios, de modo que estas empresas con capital foráneo se multiplicaron por cientos en la isla y llegaron a ser la base del 40% del intercambio comercial del país. Este proceso de “reinserción” en el mercado mundial trajo consigo la eliminación del monopolio del comercio exterior y la apertura de zonas francas, al tiempo que se amplió la circulación del dólar (hasta el punto de establecer como moneda principal el Cuc, una versión local del dólar) y se dio lugar a la regulación por medio del mercado, en sustitución de la férrea planificación de tipo socialista.
De este modo, con la competencia capitalista llegó a la isla una nueva política para las empresas del estado, en la que se promovió la autonomía y se estimuló el desarrollo por medio de dádivas a los directivos o empleados de alto rango. Al mismo tiempo, junto a la empresa estatal se desarrollaron formas de propiedad privada, por medio de cuentapropistas, arrendatarios, cooperativas, etc., lo que llevó a los trabajadores no estatales a conformar la mayoría de la población activa cubana, en perjuicio del trabajo estatal que se redujo significativamente.
Obviamente, la integración de rasgos capitalistas en la economía cubana, ha significado un duro golpe a la revolución y un empuje hacia la desintegración del régimen social. Con ellos la brecha entre los distintos sectores de la sociedad se ha ampliado enormemente, y sobre los miles de trabajadores cubanos que sostienen a puro sudor la revolución, se destaca una casta de “nuevos ricos” –como la llama Fidel Castro en su discurso- vinculada con la burocracia estatal, la inversión extranjera, el trabajo privado local, el mercado negro, etc., y cuyos ingresos ascienden a cientos y hasta miles de veces más que los de cualquier obrero o profesional.
Contra la burocracia
Celia Hart, reconocido cuadro del PC cubano, e hija de los históricos dirigentes revolucionarios Haydee Santamaría y Armando Hart Dávalos ha publicado recientemente un artículo al que llamó “Profundizar la revolución socialista: única vía de salvarla”, donde explica que “la restauración capitalista tiene dos aliados: La burocracia y el reformismo”, y aclara: “pensar en el futuro de la revolución es en gran medida sacar cuentas de su pasado, pues no es ni con mucho la primera vez que en la historia revolucionaria se presentan estas contradicciones: Ni la primera vez en el mundo, ni la primera vez en Cuba.”
Y efectivamente, las experiencias de
El Comandante Guevara (el mismo que, como muestra de la austeridad que corresponde a un funcionario revolucionario, limitaba a dos el número de sus uniformes y se negaba a aceptar cualquier tipo de obsequio para el o su familia), advertía en Cuba ya en los 60 sobre los riesgos de la burocratización y adelantaba el derrumbe de
Ese libro, llamado “Apuntes críticos a la economía política”, es una muestra más (entre varias otras) de su lucha la burocratización y contra la nefasta influencia estalinista que pesaba sobre la juventud revolucionaria. De hecho, allí el Che llegaba a lamentarse por esa “multitud de estudiantes cubanos que tienen que pasar por el doloroso proceso de aprender “verdades eternas” que vienen, sobre todo del
Nuevas voces para una nueva “perestroika”
Lo cierto es que también en Cuba se ha enquistado el cáncer de una burocracia estatal-partidaria que atenta desde hace añares contra el futuro de la revolución. Esto se da en un país humilde como Cuba donde las privaciones están a la orden del día en cada casa de familia, pues el agua, la electricidad, la vivienda y a veces hasta el alimento son bienes escasos que deben ser repartidos con mucha discreción para evitar situaciones graves y enfrentar la miseria. Y es allí mismo donde individuos que por su jerarquía en el estado o en el partido de gobierno, o por llevar adelante tareas vinculadas con la vida capitalista (deportistas, artistas, diplomáticos, hombres de negocios, etc.), se han elevado a condiciones socio económicas totalmente despegadas de las del común del pueblo, viviendo una impúdica vida de lujos ajena a toda moral revolucionaria, que abre una enorme brecha entre ricos y pobres y funciona como apoyo para la restauración capitalista.
“Las desviaciones asombrosas de recursos denunciadas por Fidel –dice Celia Hart-, como el caso de las gasolineras particulares, los desvíos desde el mismísimo puerto, los robos que rebasaban en algunos casos lo recaudado por el Estado, no pueden ser, tan sólo por lógica elemental, obra de unos cuantos ladronzuelos sueltos. Es obra de la “nueva clase” que señala Fidel. Es en gran medida generada por la burocracia, pues tampoco es comprensible en términos de lógica, que estos nepmen cubanos no cuenten con algún apoyo institucional. Ellos a la larga, sin saberlo muchas veces, buscan la restauración capitalista y a la larga pactaran con Miami.
Es evidente que el problema está llegando muy lejos en estos momentos, pues la crítica hacia la burocratización de amplios sectores del PC y del estado cubano ya no es sólo un rumor subterráneo, sino que se escucha en la voz del máximo jefe del gobierno el alerta sobre la gravedad de una situación que amenaza con llevar a la revolución a su ruina definitiva.
Es que una burocracia, como la cubana, que sueña con acrecentar sus negociados por medio de una mayor apertura a la economía de mercado, ejerce un fuerte peso que empuja hacia una restauración capitalista, aún cuando esta sea, como en el caso de China, guiada por una importante centralización partidario-estatal que permite a la burocracia la monopolización de los grandes negocios y el sostenimiento formal de un pisoteado mote de “país comunista”.
En este sentido es significativo el llamado de atención que hace Hart desde el corazón mismo del partido de gobierno, cuando afirma que “los nuevos nepmen cubanos que nacieron justo con la despenalización del dólar y que son a la larga sostenidos por el capital de Miami o los kulaks que hoy nos venden en los mercados los productos a precios incompatibles con el jornal, tienen su puntal en Miami, con un invisible aliado: la burocracia”.
El reformismo “democratizador”
El reclamo gusano de la vuelta definitiva al capitalismo en Cuba, es una constante desde que la gran burguesía y la oligarquía isleñas fueron expropiadas y huyeron a cobijarse en las faldas del imperialismo, en Miami. Pero esas presiones se han intensificado a veces, como sucedió tras el derrumbe de
Y si bien existen en Cuba (y en el mundo) sectores claramente proburgueses que están reclamando una vuelta sin ambigüedades al capitalismo (aquellos que presentaron el proyecto Varela para una transición democrática y que aún hoy organizan congresos de gusanos “por la libertad de expresión” en la misma Cuba), es aún más posible (y por ello más peligrosa) la restauración que puede darse por la vía de los hechos, en base al reclamo y la presión de diversos sectores reformistas.
En primer lugar, como ya lo hemos planteado, están aquellos a los que Fidel Castro llamó “nuevos ricos”, hijos de la burocracia y del capital extranjero, que se han acostumbrado a una privilegiada vida de lujos, gracias a la colaboración o la aceptación del actual gobierno, y que no están dispuestos a perderla en manos de ninguna dirección “izquierdista”. Una casta que deberá ser combatida con toda la fuerza para que no arrastre, por sus propios intereses, a toda Cuba al capitalismo como ya sucedió en
Pero al mismo tiempo (y muchas veces entrecruzadamente) en nombre de una “reacción antiburocrática” y sobre todo, en nombre de una resolución “pragmática” de los graves problemas económicos que atraviesa la isla, se escuchan –y cada vez con más fuerza- las voces del reformismo “democrático” (burgués) que pretende “mejorar” la actual economía mixta y plantea la estabilización de los rasgos capitalistas en Cuba.
Para este fin juega un papel fundamental la confusión que reina sobre procesos que son dirigidos por gobiernos nacionalistas burgueses como el de Hugo Chávez o aún el de Evo Morales, quienes han desparramado una serie de conceptos insólitos como es el “socialismo del siglo XXI”, el “socialismo andino”, etc., a partir de los cuales algunos escribas buscan fundir en una misma línea el proceso cubano de revolución socialista con la reforma populista llevada a cabo por Venezuela o Bolivia.
Venezolanizando a Cuba
Rebelión.org, el sitio web que dirige James Petras, es probablemente uno de los lugares con mayor difusión en donde discuten y se entremezclan las líneas de la revolución y el reformismo contrarrevolucionario. Allí junto a la voz de Celia Hart, quien advierte que “ya es suficiente el tiempo que hemos tenido que caminar coqueteando con el capitalismo en nombre de la salvación económica” dado que “Los mecanismos capitalistas no deben ayudar jamás a construir esta sociedad por la que han dado la vida y todos sus esfuerzos los mejores revolucionarios”, se encuentran también muchos agentes del reformismo socialdemócrata.
Tomemos uno de los casos más publicitados: el escritor dominicano Narciso Isa Conde, plantea en numerosos artículos que Cuba debe plantearse la conformación de “nuevas estructuras y nuevas formas de socialismo” y “entrar en la nueva corriente de los socialismos del siglo XXI”, cuyo ejemplo son ¡nada más y nada menos! que los gobiernos burgueses como el de Venezuela o Bolivia. Para ello “Cuba, precisa –según Conde- de una reestructuración profunda que implica redefinir las bases de su acumulación, inserción en el mundo y transformación de su sistema económico”… un eufemismo de “capitalismo”. Pero, como el reformismo intenta guardar las formas, el señor Conde propone rescatar “lo positivo” del sistema cubano… Aunque también muestra la hilacha, pues lejos de la planificación o la prohibición de la explotación Conde señala allí cuestiones como: “dignificación, independencia, vocación por la equidad social, gratuidad de la educación y la salud, rol redistribuidor del ingreso y las riquezas del estado, alta protección social”. Es que en realidad propone añadir estos “rasgos positivos” a la ya conocida “democracia participativa” (burguesa) venezolana, con lo que se conformaría en Cuba un “socialismo alternativo” que la ubicaría a la par de los pobres y golpeados países capitalistas de América Latina, con lo que la isla tendría el dudoso privilegio de pasar a ser parte de la “gran ola transformadora que tiene lugar hoy en nuestra América” (y nótese que ese “gran” es indicativo de que no habla sólo de Chávez o Morales, sino de sus aliados latinoamericanos como Kirchner, Lula, Tabaré, Bachelet, etc.).
En la misma sintonía, y siempre con la excusa de enfrentar la burocracia partidaria-estatal (que por supuesto deberá ser enfrentada… pero por los revolucionarios cubanos, y no por los reformistas que se atrincheran en Miami), el escritor de origen cubano, Carlos Cobas Avivar expone también en numerosos y frondosos artículos que han sido publicados en Rebelión.org, su proyecto “reformador” para “actualizar” la sociedad cubana a los tiempos (capitalistas) que corren. Para ello plantea: “la necesidad de evolucionar dinámicamente del actual sistema estatal hacia un sistema mixto de propiedad social autónomo”, regido por la “autonomía ciudadana”, lo que implica “la descentralización del funcionamiento de la economía” para “sustituir la ortodoxia de la centralización administrativa” y avanzar con “la plena autonomía administrativa y la democracia económica”.
Por supuesto, se hace dificultosa una lectura clasista, con semejante vaguedad… Pero Cobas Avivar, siempre amparado en un uso “academicista” del lenguaje (con lo que pretende obtener una autoridad que su cómoda estadía en Londres no le otorga) irá aún más lejos, buscando no sólo llevar a Cuba por la vía reformista hacia el capitalismo, sino enterrar con ella las herramientas que usa nuestra clase para su liberación: “El ejercicio de gobierno y de poder estatal se retroalimentan según la praxis de la dirección verticalizada de la economía y la sociedad. El dogma de la dictadura del proletariado ha sustentado el dogma del centralismo democrático y éste a su vez el del poder supra-societal de la burocracia partidista-estatal. Pueden considerarse tendencias `naturales´ de un sistema sociopolítico cerrado”. Explícitamente, al tildar de dogma las categorías marxistas más elementales, Cobas Avivar, como el reformismo entero, busca llevar a la ruina al conjunto de los trabajadores, planteándoles que no hay salida para su martirio, invitándolos a agachar la cabeza y aceptar la supuesta eternidad del capitalismo, y convocándolos por ello a buscar las imposibles reformas humanistas que hagan de sus gobiernos, lo que el pretende de Cuba: un “estado de bienestar social de nuevo tipo”.
Un apologista del capitalismo y la burguesía nacional
Con estas palabras definía Milcíades Peña en su libro “Burguesía industrial y liberación nacional” a Abelardo Ramos, desenmascarando cómo todos los principios del marxismo habían sido abandonados para siempre por el escritor pseudomarxista y defensor del nacionalismo burgués que acabaría luego como embajador de Menem.
Pues bien, un nuevo apologista ha aparecido en la escena latinoamericana. Es Heinz Dietrich quien se encarga ahora de dar consejos a los presidentes del continente como Hugo Chávez y Fidel Castro y cuyos planteos están haciendo un tremendo daño en la izquierda continental. Apenas con dar un vistazo sobre los títulos de sus artículos (“Venezuela: modo de producción socialista y fase de transición”, “Venezuela: puede triunfar el socialismo del s. XXI”, “Evo Morales, el socialismo comunitario y el Bloque regional de Poder”, “La disyuntiva de Cuba: capitalismo o nuevo socialismo”, etc.) cualquier observador puede darse cuenta de la clara disposición que tiene este hombre de tergiversar el marxismo, además del desprecio que siente por sus lectores.
El caso de Dietrich es relevante porque su falta de vergüenza le ha permitido, en el transcurso de su campaña antimarxista, defender una serie de “nuevos” conceptos como es el “bolivarianismo-desarrollismo”, el “Nievo Proyecto Histórico” o el mismo “socialismo del siglo XXI”, cuyo propósito inocultable es llenar con una nueva fraseología la viejísima teoría bernsteniana (ya juzgada en numerosas oportunidades por la historia) de la “humanización del capitalismo”, y el ascenso gradual y pacífico al socialismo por la vía de reformas en el marco de la democracia burguesa.
Pero lo más alarmante en este caso, no es sólo que nuestro apologista pretenda lo imposible, planteando una fórmula que llevará a la derrota a los trabajadores de América Latina una vez más; sino que, aún no conforme con ello, Dietrich pretende hacer con Cuba lo que hiciera Mahoma con la montaña, impulsándola a ir hacia atrás en la rueda de la historia y tomar como ejemplo para su futuro a los países que, como Venezuela, no han dado nunca los pasos revolucionarios que emprendió el pueblo cubano, y no cuentan por ello, con el más mínimo de los logros que existe en Cuba, forjada en base a la expropiación de los capitalistas y la oligarquía.
Por esta vía de la más desfachatada reforma en “Tres premisas para salvar la revolución, a la muerte de Fidel”, Dietrich propone, ni más ni menos que el
hundimiento de la revolución: invita a “discutir democráticamente las alternativas de consumo”
para poder hacer frente al “patrón de consumo dominante a nivel global [que] es el de la clase media del Primer Mundo”, y plantea la necesidad de defender a la pequeña burguesía y sostener su propiedad privada llegada con la economía mixta porque “en ningún país del mundo el Estado ha sido capaz de proporcionar servicios de calidad
adecuados, por ejemplo, en la gastronomía” y “ningún Estado ha podido darle a las ciudades esa diversidad de pequeñas empresas, tiendas, subculturas, etcétera, que les da vida”, y esto se verifica “porque FEDEINDUSTRIA en Venezuela está con el proceso bolivariano y porque el pequeño campesino y empresario latinoamericano apoya al ALBA”.
Dietrich piensa que Venezuela está “avanzando en la preparación de la civilización socialista”, formando parte de lo que titula “el Nuevo Proyecto Histórico de las Mayorías de
Profundizar y extender la revolución
En el camino de la revolución por un mundo sin explotadores ni explotados, en Cuba se discute cómo seguir para que el proyecto obrero emprendido en el 59 siga latente y sirva de ejemplo revolucionario. Como plantea Celia Hart, “Profundizar la revolución dentro de Cuba y extenderla es nuestra salvación, y quizás la del mundo”, pues es claro que una resolución definitiva de los problemas cubanos vendrá de la mano del avance de la revolución socialista a escala global. “No debemos permitir que la gusanera inmunda pueda volver a comprar las valijas”, dice la militante cubana, “Un paso atrás en la revolución cubana es un retroceso inimaginable en la historia revolucionaria del mundo”. Por ello, lo que está en debate al interior de Cuba es cómo lograr sostener el rumbo revolucionario y llegar lo más lejos posible en esta coyuntura, para los trabajadores isleños (pues no hay mejores condiciones para ellos que las de la planificación colectiva y el combate a muerte contra la explotación y las divisiones de clase), y para todo un planeta que lucha por su liberación y busca a Cuba como un faro que lo guíe en su camino revolucionario.
No hay más planes para nuestra clase que los de su emancipación. No hay mejor defensa de nuestra querida Cuba que la de llevar adelante la lucha revolucionaria para conquistar en cada suelo el socialismo. No hay una guía de acción más clara que la marcada por el Che en su lucha hasta el final por sembrar por el mundo entero la semilla de la revolución socialista.
Por eso es que decimos, como bien dice Celia Hart en su artículo, que “la válvula de escape que tiene que profundizar y radicalizar la revolución socialista es... la revolución internacional. En los marcos nacionales es prácticamente imposible ajustarse para concebir el socialismo. Los parámetros de la revolución, la que de verdad sirve es aquella que se profundiza y se extiende, parecería contradictorio, mas pregúntenle a los árboles frondosos que hacen con sus raíces, si pretenden sobrevivir en el tiempo. Ellos las profundizan y las expanden”.