“...mi vida se ha consagrado por entero a la revolución. Y si empezara a vivir de nuevo, seguiría sin vacilar el mismo camino.”
(León Trotsky, prólogo a “Mi vida”, septiembre de 1929)Atacando a los revolucionariosEl pensamiento y la acción de los grandes revolucionarios es constantemente tergiversado y manipulado, cuando no ocultado, por la burguesía y sus defensores. Quitarles todo contenido revolucionario, calumniarlos y presentarlos como figuras románticas, soñadoras, o de otra época, son las tareas que emprenden los defensores del capitalismo cuando les resulta imposible ignorar a hombres de la talla de Marx, Engels, Lenin, Trotsky o Guevara.
El objetivo de tanta mentira sistematizada es preciso: engañar y confundir a la clase trabajadora, despojarla de todo acervo teórico, desarmarla políticamente, para convencerla de que es imposible acabar con esta sociedad capitalista, y, por lo tanto, de lo inútil de organizarse y luchar por el socialismo.
Muy claro es el ejemplo que constituye el manoseo que hacen de la figura del “Che” Guevara. Al combatiente guerrillero, enemigo acérrimo de la burguesía y el capitalismo, desde las propias filas de la burguesía, y después de haberlo perseguido hasta asesinarlo, lo presentan, y hasta lo propagandizan, como un símbolo inofensivo de rebeldía y caridad, deformando a más no poder su pensamiento revolucionario y su práctica consecuente(1).
Pero los defensores confesos del régimen de explotación capitalista no son los únicos encargados de impulsar semejante deformación de las ideas revolucionarias y de la historia de los mejores comunistas. De hecho, las mentiras más dañinas, las más “sutiles”, provienen, precisamente, de quienes se nutren o, mejor dicho, dicen nutrirse del marxismo, no para desarrollar la teoría y la acción revolucionaria, sino para tergiversarla adaptándola a este sistema de explotación.
Tal es así, que una corriente entera, el stalinismo, se ha desarrollado, no desde el marxismo, sino contra el marxismo. Por ejemplo: negando la necesidad de la revolución mundial para el triunfo definitivo del socialismo, decretó la teoría del socialismo en un solo país y disolvió la Internacional Comunista; negando el antagonismo irreconciliable entre la burguesía y el proletariado y, por ende, entre el capitalismo y el socialismo, impulsó la política de coexistencia pacífica y de alianza de clases a través del Frente Popular; negando la propia revolución socialista, desarrolló la estrategia de revolución por etapas, para terminar de sepultar cualquier intento de tomar el poder por parte de la clase trabajadora, condenándola, de este modo, a seguir padeciendo la explotación y la opresión capitalista.
Desde las filas del stalinismo, con todas sus variantes y matices, provienen las tergiversaciones más elaboradas para desprestigiar a uno de los más íntegros combatientes de la revolución socialista: León Trotsky. Pero la encarnada persecución, hasta su asesinato(2), y crítica hacia el revolucionario soviético, es la materialización de la persecución y la crítica del marxismo revolucionario que supo encarnar ese dirigente. Para silenciar el legado de este revolucionario, han recurrido, además de a infinidad de calumnias, al ocultamiento liso y llano de su pensamiento y hasta de su existencia(3).
Como agravante, se suma el manoseo de los reformistas actuales, que toman parcialmente las posiciones que supo encarnar Trotsky y que, con su política no revolucionaria, contribuyen al desprestigio y la tergiversación de la figura y el legado del revolucionario.
El accionar conjunto de la burguesía y el stalinismo contra la figura de Trotsky, que impusieron una época de oscurantismo plagada de distorsiones, hacen que, aún hoy, directamente se desconozca el pensamiento y la acción del revolucionario o, en su defecto, se conozca la versión inventada por los stalinistas. De ahí, la necesidad de publicar este artículo.
Un combatiente de la revoluciónMilitante desde muy joven, León Trotsky consagró su vida íntegramente a la causa revolucionaria.
A los 18 años inició decididamente su actividad política, fundando su primera organización revolucionaria. Así describía sus primeros pasos: “Dimos a la organización el nombre de ´Liga Obrera del Sur de Rusia´, pues teníamos la intención de atraernos a otras ciudades. Yo me encargué de redactar los estatutos con un sentido socialdemócrata. Las direcciones de las fábricas intentaron darnos la batalla exhortando a los obreros. Al día siguiente, contestamos con nuevas proclamas. Este duelo no sólo tenía en tensión a los obreros, sino a gran parte de la ciudad. Ahora, ya hablaba todo el mundo de los revolucionarios, que tenían las fábricas inundadas de hojas y manifiestos.(4)”
Como todo revolucionario ruso, desarrolló su actividad militante en medio de la feroz represión zarista. Al igual que muchos de sus compañeros, debió exiliarse en reiteradas oportunidades, estuvo preso en las cárceles del antiguo régimen y del gobierno provisional y fue desterrado a Siberia dos veces, siempre por su agitada actividad revolucionaria.(5) En prisión no bajaba los brazos: se formaba teórica y políticamente. “Mis universidades fueron, como la de tantos otros en aquella época, la cárcel, el destierro y la emigración”, explicaba, con integridad, Trotsky. Además, apenas llegaba al presidio, no vacilaba en planificar la fuga para continuar la lucha. Así, las dos veces se escapó del destierro, atravesando el riguroso invierno siberiano. Ni el peso de la persecución y la represión, ni las más variadas adversidades, doblegaron la moral de lucha de Trotsky, que no dejó de trabajar por la revolución ni un instante.
Supo ser el Presidente del Soviet de Petrogrado, el más importante de la Rusia revolucionaria, en dos oportunidades: nada más y nada menos que durante las revoluciones de 1905 y 1917. Junto con Lenin, fue uno de los organizadores más directos del levantamiento armado de octubre, a través del Comité Militar Revolucionario, que garantizó el “aspecto técnico” de la insurrección que llevaría por vez primera a la clase obrera al poder.
Ya en el naciente estado obrero, ocupó puestos de una responsabilidad trascendental. Como Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores, tuvo a cargo las negociaciones de paz en Brest-Litovsk con Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria. Fue, además, el creador y el organizador del Ejército Rojo, cuando se desempeñó como Comisario de Guerra. El Ejército Rojo (el primer ejército obrero y campesino del mundo) bajo la dirección de Trotsky, y tras casi tres años de guerra civil, garantizó la derrota de los ejércitos imperialistas y contrarrevolucionarios que intentaron destruir la revolución. Posteriormente, se encargó de dirigir los trabajos de reorganización de los ferrocarriles, que estaban en el estado más deplorable.
Luego de la muerte de Lenin, y con el desarrollo de la burocracia stalinista que comienza a revisar la estrategia, la política y el programa de la revolución, Trotsky organiza la Oposición de Izquierda, desde donde mantuvo vivas las banderas del marxismo revolucionario. Con la campaña “antitrotskista” en su apogeo, fue expulsado del partido y desterrado a Alma Ata, una zona fronteriza con China, primero, y expulsado de la URSS, en 1929. Allí, comienza un periplo que termina en México, desde donde prosigue su labor revolucionaria hasta que es asesinado por un agente de la burocracia stalinista.
Sin abandonar la lucha por la revolución en ningún momento, ante la flagrante traición de la internacional stalinista, funda la IV Internacional, último bastión desde donde impulsó la denuncia contra la burocracia soviética y procuró agrupar al bolchevismo para dar el combate a muerte contra el capitalismo en cada rincón del mundo.
Sin dudas, León Trotsky, junto a revolucionarios de la estatura de Marx, Engels, Lenin y Guevara, integra las filas de los más íntegros combatientes de la Revolución Socialista.
El legado revolucionario
Para quienes trabajamos por la revolución y el socialismo, los aportes de León Trotsky al caudal teórico y práctico del marxismo revolucionario son inestimables.
Desde que hizo carne el marxismo, Trotsky fue un acérrimo defensor del papel revolucionario que está llamada a desempeñar la clase obrera. Fue el primer dirigente en comprender el necesario e inevitable carácter socialista de la revolución en los países atrasados como Rusia, coincidiendo con Lenin en lo fundamental de sus conocidas Tesis de Abril. Tomando la Ley del desarrollo desigual y combinado, que supo desentrañar estudiando las características del desarrollo en Rusia(6), uno de los aportes más importantes que realizó Trotsky al acervo marxista fue la teoría de La Revolución Permanente, donde sostiene que en los países atrasados, coloniales y semicoloniales, sólo la revolución socialista, encabezada por la clase obrera y apoyada por el conjunto del pueblo trabajador, puede garantizar las consignas de democracia e independencia nacional.
Con estas tesis, confirmadas por la propia experiencia de la revolución rusa, echó por tierra los planteos de alianza con sectores de la burguesía nacional y de revolución por etapas, que dejan para un futuro incierto la lucha por el socialismo. Asimismo, enmarca y concibe la construcción y el triunfo del socialismo en el contexto de la revolución internacional, desechando, de este modo, la teoría stalinista del socialismo en un solo país.(7)
En el fragor de la lucha contra la degeneración del estado soviético, Trotsky supo develar y caracterizar científicamente a la casta burocrática del stalinismo.(8) Sobre la base de crecientes privilegios materiales y culturales y del aislamiento que produjo la derrota de la revolución europea y el abandono de la consigna de la revolución mundial por parte del stalinismo, se fue conformando y consolidando una casta de dirigentes burocráticos sostenidos por un férreo régimen policíaco.
Profundizando su análisis, ya en la década del ´30 anticipa el triste desenlace de la URSS: la restauración capitalista.(9) Así, advierte a todos los revolucionarios del mundo sobre los peligros que debe afrontar la clase obrera en su lucha por la edificación de la sociedad socialista y sobre la importancia vital de mantenerse firme junto al marxismo revolucionario.
La enorme producción teórica de León Trotsky abunda en lecciones para los marxistas revolucionarios. Pero también, su ejemplo como militante de la revolución lo convierten en un revolucionario íntegro.
A la abnegación y entrega del período de lucha contra el zarismo y el gobierno provisional, se suma la austeridad y la disciplina con las que se ha desempeñado como funcionario soviético. Al igual que todos los comunistas antes de la imposición de la burocracia de Stalin, vivió con el salario de un obrero calificado, nunca disfrutó de ningún privilegio y participó en las jornadas de trabajo voluntario de los “sábados comunistas”. Padeciendo las mismas privaciones que el conjunto de las clases trabajadoras rusas, Trotsky mantuvo intachable su conducta revolucionaria, entendiendo que su condición de dirigente indiscutido, lejos de representar algún tipo de privilegio personal, exigía aún más sacrificios y responsabilidades. Los años en los que estuvo al frente del Ejército Rojo muestran, sin dudas, la entereza de este revolucionario.
Creando el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos, se convierte en un firme jefe militar, en un estratega y en un combatiente heroico. Comprendió y llevó adelante como pocos el papel fundamental de la violencia revolucionaria. Al respecto, es categórico: “Las cuestiones relacionadas con la creación de las fuerzas armadas de la revolución tienen extraordinaria significación para los partidos comunistas de todos los países. La falta de atención y, con mayor razón, la actitud negativa respecto a dichas cuestiones, encubierta bajo una fraseología humanista-pacifista, son verdaderamente criminales. Argumentos como que toda violencia es un mal, incluida la violencia revolucionaria, y por consiguiente los comunistas no deben «glorificar» la lucha revolucionaria y el ejército revolucionario, implican una filosofía digna de los cuáqueros, evangelistas y solteronas del Ejército de Salvación. (...) Quien se propone unos fines debe aceptar los medios. Y el medio que conduce a la liberación de los trabajadores es la violencia revolucionaria. Una vez tomado el poder, la violencia revolucionaria toma la forma de ejército organizado. El heroísmo del joven proletario que muere en la primera barricada de la revolución no se distingue en nada del heroísmo del soldado rojo que muere en uno de los frentes de la revolución, dueña ya del Estado. Sólo los tontos sentimentales pueden pensar que al proletariado de los países capitalistas le amenaza el peligro de una exageración del papel de la violencia revolucionaria, y de una excesiva inclinación por los métodos terroristas revolucionarios. Todo lo contrario: lo que falta al proletariado, precisamente, es la suficiente comprensión de la importancia del papel liberador de la violencia revolucionaria. Por eso sigue esclavo hasta hoy. La propaganda pacifista en la clase obrera no sirve más que para ablandar la voluntad del proletariado, y hace el juego de la violencia contrarrevolucionaria, armada hasta los dientes.”(10)
Valorizando, en su justa medida, la importancia del factor moral en la guerra revolucionaria, construye un ejército clasista, armando al proletariado y al campesinado no explotador, ya que son las clases capaces de comprender las razones de la lucha y confiar en la victoria. El rol de los mejores comunistas en las filas del nuevo ejército es determinante para Trotsky, ya que al tiempo que constituyen un ejemplo de combatiente, inciden positivamente en la moral de las tropas. Refiriéndose al impulso de la moral revolucionaria a la hora de combatir, explicaba que “si las unidades carecen de los antiguos hábitos de combate, la conciencia clara y precisa de la férrea necesidad de batirse pueden reemplazarlos. La ausencia de disciplina militar, mecánica, queda sustituida en este caso por la disciplina de la conciencia revolucionaria.”(11)
Como queda expuesto, León Trotsky desarrolló una actividad permanente de estudio, crítica y aporte hacia la teoría marxista; siempre se desempeñó como un político revolucionario intachable, con una gran ascendencia sobre las masas trabajadoras; nunca rehuyó de la lucha, sino que participó activamente en el frente de combate como jefe militar; y mantuvo una conducta acorde, y es ejemplo, de la moral que deben observar los militantes de la Revolución. Desconocer o negar el legado revolucionario de León Trotsky, equivale a abandonar las banderas de la Revolución y el Socialismo.
Por todo esto, es impensable encarar el largo camino de la organización y la lucha por el socialismo sin retomar el legado del marxismo revolucionario que supo representar León Trotsky.
Retomar su camino equivale a defender a ultranza la independencia de la clase trabajadora, en una época donde abundan las invitaciones a frentes y alianzas de toda índole, que siempre subordinan a los trabajadores a algún proyecto burgués; equivale a desarraigar la pasividad y la sumisión de la clase trabajadora, que imponen los explotadores que monopolizan la violencia y aceptan los pacifistas más variados; equivale a transitar el único camino que promete el triunfo definitivo de la Revolución y el Socialismo; equivale a consagrar la vida “por entero a la Revolución”.
(1) A tal punto es así, que hoy es moneda corriente comerciar con la imagen del Che, y hasta un gobierno burgués como el de los Kirchner en Argentina le erigió un monumento en su ciudad natal.
(2) León Trotsky fue asesinado el 21 de agosto de 1940 en México, tras recibir una herida mortal de Ramón Mercader, un agente stalinista que logró infiltrarse en su círculo de confianza y acabar con la vida del revolucionario.
(3) Algunos ejemplos: la burocratizada URSS directamente eliminó la imagen de Trotsky de las fotografías y filmaciones históricas que lo mostraban junto a Lenin en los grandes acontecimientos revolucionarios; en Cuba, el castrismo mantuvo proscriptas las obras de Trotsky durante largas décadas; la Ley de desarrollo desigual y combinado, cuya formulación más acabada podemos encontrarla en “Historia de la Revolución Rusa” de Trotsky, es atribuida, por los stalinistas de todo pelaje, a Lenin, negando la existencia de Trotsky; también es muy común que afirmen que Trotsky fue menchevique hasta 1917, cuando, en realidad, nunca se organizó junto a esta fracción, sino que era el dirigente de la organización Interdistrital, que ingresó oficialmente al partido bolchevique en julio de 1917.
(4) L. Trotsky, “Mi vida”.
(5) Así describe Trotsky los años de persecución y represión: “Hasta la edad de nueve años, viví sin interrupción en una aldea apartada del mundo. Pasé ocho estudiando en el Instituto. Al año de salir de sus aulas, fui detenido por vez primera. Mis Universidades fueron, como las de tantos otros en aquella época, la cárcel, el destierro y la emigración. Dos veces estuve preso en las cárceles zaristas, por espacio de cuatro años en total; las deportaciones del antiguo régimen me alcanzaron otras tantas veces, la primera dos años poco más o menos, la segunda unas semanas. Las dos veces pude huir de Siberia. He vivido emigrado, en junto, unos doce años, en varios países de Europa y América: dos años antes de estallar la revolución de 1905 y hacia diez después de su represión. Durante la guerra, fui condenado a prisión en rebeldía en la Alemania de los Hohenzollers (1905); al siguiente año, expulsado de Francia a España, donde, tras breve detención en la cárcel de Madrid y un mes de estancia en Cádiz bajo la vigilancia de la policía, me expulsaron de nuevo rumbo a Norteamérica. Allí, me sorprendieron las primeras noticias de la revolución rusa de Febrero. De vuelta a Rusia, en marzo de 1917, fui detenido por los ingleses e internado durante un mes en un campo de concentración del Canadá.” (L, Trotsky, “Mi vida”).
(6) “Los países atrasados se asimilan las conquistas materiales e ideológicas de las naciones avanzadas. Pero esto no significa que sigan a estas últimas servilmente, reproduciendo todas las etapas de su pasado. (...) Obligado a seguir a los países avanzados, el país atrasado no se ajusta en su desarrollo a la concatenación de las etapas sucesivas. El privilegio de los países históricamente rezagados -que lo es realmente- está en poder asimilarse las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilárselas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias. Los salvajes pasan de la flecha al fusil de golpe, sin recorrer la senda que separa en el pasado esas dos armas. Los colonizadores europeos de América no tuvieron necesidad de volver a empezar la historia por el principio. Si Alemania o los Estados Unidos pudieron dejar atrás económicamente a Inglaterra fue, precisamente, porque ambos países venían rezagados en la marcha del capitalismo. (...) El desarrollo de una nación históricamente atrasada hace, forzosamente, que se confundan en ella, de una manera característica, las distintas fases del proceso histórico. Aquí el ciclo presenta, enfocado en su totalidad, un carácter confuso, embrollado, mixto.
Claro está que la posibilidad de pasar por alto las fases intermedias no es nunca absoluta; hállase siempre condicionada en última instancia por la capacidad de asimilación económica y cultural del país. Además, los países atrasados rebajan siempre el valor de las conquistas tomadas del extranjero al asimilarlas a su cultura más primitiva. De este modo, el proceso de asimilación cobra un carácter contradictorio. (..)
Las leyes de la historia no tienen nada de común con el esquematismo pedantesco. El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distinta etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas.” (L.Trotsky, “Historia de la revolución rusa”).
(7) Reproducimos algunas de sus “Tesis fundamentales”: “2- Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas. (...) 9- La conquista del poder por el proletariado no significa el coronamiento de la revolución, sino simplemente su iniciación. La edificación socialista sólo se concibe sobre la base de la lucha de clases en el terreno nacional e internacional. En las condiciones de predominio decisivo del régimen capitalista en la palestra mundial, esta lucha tiene que conducir inevitablemente a explosiones de guerra interna, es decir, civil, y exterior, revolucionaría. En esto consiste el carácter permanente de la revolución socialista como tal... (...) 10- El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. (...) La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.” (L. Trotsky, “La Revolución Permanente”).
(8) En la “Declaración de los derechos del pueblo trabajador explotado”, documento fundacional del gobierno revolucionario, redactado por Lenin y aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo, se definía así “«la tarea esencial» del nuevo régimen: «el establecimiento de una organización socialista de la sociedad y la victoria del socialismo en todos los países».” El stalinismo, al reformular el Programa de las Juventudes Comunistas (1935) explicaba que “El antiguo programa contiene una afirmación errónea, profundamente antileninista, según la cual «Rusia no puede llegar al socialismo más que por la revolución mundial». Este punto del programa es radicalmente falso, impregnado de ideas trotskistas” (Citado por L. Trotsky, en “La Revolución Traicionada”).
(9) En “La Revolución Traicionada”, L. Trostky anticipó: “Cuanto más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo.”
(10) L. Trotsky, “El camino del Ejército Rojo”.
(11) Y proseguía su discurso graficando la situación del siguiente modo: “En esta sala nos encontramos unas dos mil personas o más, que en su inmensa mayoría, sino en su totalidad compartimos el mismo punto de vista revolucionario. Nosotros no constituimos un regimiento, pero si nos convirtiéramos en regimiento, nos armásemos y nos dirigiéramos al frente, creo que no figuraríamos entre los peores regimientos del mundo. ¿Por qué? ¿Porque somos soldados calificados? No, porque estamos unidos por determinadas ideas, animados por la firme convicción de que en el frente la cuestión está planteada por la historia tajantemente: allí hay que vencer o morir. Parecida conciencia hemos de infundir en las unidades del Ejército Rojo.” (L. Trotsky, “La patria socialista en peligro”, -Informe a la sesión extraordinaria conjunta del Comité Central Ejecutivo, con el Soviets de Diputados Obreros, Campesinos y Guardias Rojos de Moscú, con los Sindicatos y Comités de Fábrica de Moscú).