Tras 59 días de paro, los docentes de Santa Cruz dejaron en evidencia nuevamente el desprecio total del gobierno kirchnerista hacia la educación pública y las reivindicaciones más elementales de los trabajadores. Su ejemplo marca un camino de lucha para el conjunto de la clase trabajadora.
Un gobierno patotero y nada más
Pese al ocultamiento de los medios, a la intolerancia de los gobiernos nacional y provincial, y al aislamiento por parte de las centrales sindicales, la huelga de los trabajadores de la educación de Santa Cruz se sostuvo de modo ejemplar durante 59 días, con grandes niveles de determinación, combatividad y participación de las bases. El martes 28, el congreso provincial de la ADOSAC votó el cese de las acciones directas, para continuar la lucha por otros medios.
El gobierno kirchenrista de Peralta fue todo intransigencia y represalias, que incluyó desde una multa al sindicato de $750.000, fuertes descuentos, calumnias, militarización, represión y patoteadas de todo tipo, hasta el dictado de la conciliación obligatoria y el aumento del 25% en cuotas por decreto, rompiendo toda posibilidad de diálogo y acuerdo.
En suma, un gobierno intolerante que no prioriza la escuela pública ni la negociación con los docentes, y que, en línea con la Casa Rosada, sólo jugó a quebrar la lucha.
Las demandas
El reclamo principal de los trabajadores enrolados en la ADOSAC fue un aumento salarial del 50%, que lograra recuperar la pérdida del poder adquisitivo de los docentes en la provincia con la canasta familiar más alta de Argentina, cuyo costo se estima en más de $12.000, mientras el salario inicial por cargo es de $3.500.
Luego de la represión gubernamental que sufrieron los docentes y estatales por parte de la patota oficial de la UOCRA-CGT comandada por Carlos García en la localidad de 28 de noviembre, a la demanda salarial se le sumó el juicio y castigo a los responsables políticos de la golpiza, investigación que hasta hoy no tuvo avances.
Estado de alerta y movilización
Durante los 59 días de conflicto, los docentes estuvieron movilizados para sostener el reclamo y abrir un canal de negociación paritaria con el gobierno.
Pronunciamientos públicos, petitorios, acampes, marchas locales y provinciales, como la Caminata por la Dignidad, toma de escuelas y edificios públicos, cortes de ruta, piquetes en los accesos a las petroleras, fueron algunas de las tantas medidas que llevaron adelante los trabajadores en su provincia.
El norte de Santa Cruz, esto es Caleta Olivia, Cañadón Seco, Pico Truncado y Las Heras, estuvo signado por los piquetes y por los altos niveles de adhesión a las medidas. El estado de alerta y movilización era generalizado y permanente. Quienes no estaban en el piquete aguantando el frío y el fuerte viento, visitaban las escuelas para convencer a otros docentes que se sumen a la medida, o iban a los distintos acampes para alentar a los compañeros, o a las escuelas tomadas por estudiantes y padres para asistirlos. De allí, a las asambleas de seccional, a las que acudían masivamente para debatir entre todos y votar cómo continuar la lucha.
Así, cada jornada que duró la huelga, demostró grandes niveles de entrega y firmeza.
La solidaridad de clase
La lucha de los docentes de Santa Cruz contó con la fraternidad de numerosos trabajadores, agrupaciones sindicales, estudiantiles y organizaciones sociales y políticas del país, que se unificaron tras su reclamo.
En distintos puntos, se organizaron pronunciamientos de apoyo, campañas de difusión, colectas, bonos y peñas cuya recaudación iba al fondo de huelga de la ADOSAC. Los aportes girados al sindicato superaron los $50.000.
Tras la huelga docente, hubo un pueblo movilizado. En Santa Cruz, padres y estudiantes organizaron tomas y movilizaciones a favor de los docentes y sus demandas, y salieron en masa cuando la gendarmería enviada por el gobierno nacional intentaba amedrentarlos o desalojarlos de los piquetes, dando grandes muestras de solidaridad. A su vez, en el norte de la provincia, el conflicto docente confluyó con el de los petroleros, de quienes recibieron un respaldo activo como nunca antes había ocurrido.
En este marco, distintos agrupamientos aunaron esfuerzos y organizaron la Caravana Solidaria que partió el día 10 de junio desde Buenos Aires, entre otras cosas, con el fin de darle mayor visibilidad a un conflicto tapado por el gobierno y los medios, y aislado por las burocracias sindicales de las centrales obreras.
Pese al gobierno de Peralta que, en el paso provincial, intentó detener la marcha de la Caravana Solidaria, la delegación de casi 80 compañeros arribó a la provincia de Santa Cruz, llevando alimento y un aporte al fondo de huelga que superó los $15.000.
ADOSAC en Buenos Aires
Agotadas las instancias de negociación con el gobierno provincial, el congreso de la ADOSAC votó que una delegación viajara a Buenos Aires para abrir un canal de diálogo a nivel nacional y destrabar el conflicto.
El 23 de junio hubo una jornada nacional de lucha, que consistió en una marcha al Ministerio de Trabajo. Los docentes no tuvieron respuesta a su reclamo por parte de la cartera que preside Tomada, y, esa noche, en el marco de un acampe frente al organismo, el gobierno nacional los desalojó con la Policía Federal y carros hidrantes. La represión dejó hospitalizados y un saldo de cuatro detenidos, que fueron liberados a la madrugada gracias a la movilización popular, que se agolpó frente a la comisaría y reclamó los presos.
En repudio, el viernes 24 hubo una nueva e importante marcha a Plaza de Mayo, mientras una delegación de la ADOSAC concurrió nuevamente al ministerio sin obtener respuesta.
Al igual que el de Peralta, el gobierno nacional ninguneó el reclamo de los trabajadores, reprimió la protesta y volvió a mostrar su política antiobrera.
Además, hubo conferencias, radios abiertas, recorridas de escuelas, y una delegación se dirigió a la CTERA, donde no fueron recibidos.
El rol de la burocracia
Cuando un conflicto alcanza tal agudeza, se delinean claramente dos opciones: apoyar a los trabajadores o jugar a favor de la patronal. Y, a la vez, demuestra quién está de qué lado.
En contraste flagrante con la solidaridad obrera que recibieron los docentes de la ADOSAC, la burocracia sindical abandonó su lucha y mostró nuevamente lo que es.
La CTERA, conducida por la lista Celeste de Maldonado, Baradel y López, aisló y boicoteó el conflicto y, cuando ya no pudo, ofició como vocero del kircherismo planteando a la ADOSAC levantar las medidas a cambio de una promesa de audiencia con Tomada. Así, quedó nuevamente expuesto que sus dirigentes están integrados al gobierno y que, bajo su mando, la CTERA sólo es útil a la patronal.
En resumidas cuentas, la lista Celeste graficó, nuevamente en este conflicto, lo que sucede con toda la burocracia sindical, veredero agente de la patronal en las direcciones gremiales, que no sirve a los trabajadores.
Y, asimismo, para las agrupaciones antiburocráticas y los trabajadores, dejó planteada la imperiosa necesidad que hay de luchar contra esas conducciones para cambiarlas de una vez y ponerlas al servicio del avance de nuestra clase.
Balance de la lucha
Si el conflicto docente en Santa Cruz logró sostenerse en el tiempo y, pese al silenciamiento mediático y oficial, adquirir visibilidad a nivel nacional, fue únicamente por la importantísima lucha que protagonizaron los trabajadores, por la masividad de su convocatoria y la justeza de sus reclamos y por la contundencia de los métodos de acción directa que golpearon directamente al centro productivo de la provincia.
Sin embargo, todo esto no fue suficiente, y después de 60 días de lucha los docentes debieron levantar la huelga sin haber conseguido el cumplimiento sus reivindicaciones. Es que, en este caso, hasta el momento la intransigencia de la patronal (el gobierno kirchnerista de Peralta) y el aislamiento impuesto por la burocracia celeste de CTERA, se imponen evitando el triunfo de la lucha.
El peso muerto que significó la dirección burocrática del sindicato pone de manifiesto que una de las tareas que la clase trabajadora debe desarrollar para avanzar en la lucha por sus reivindicaciones es la recuperación de los sindicatos y, paralelamente, el fortalecimiento de las instancias de coordinación de las corrientes antiburocráticas para romper el aislamiento. En este sentido, la solidaridad desplegada por distintos agrupamientos docentes a lo largo del país y de distintos gremios marca un camino que debe ser profundizado.
El camino de lucha y de organización trazado por los docentes de Santa Cruz es el que debemos seguir y profundizar los trabajadores como la única vía posible para enfrentar a las patronales y a la burocracia y avanzar, de esta forma, en la conquista de nuestras reivindicaciones.