Funcionarios del gobierno kirchnerista, con Cristina Fernández a la cabeza, y una nutrida comitiva de empresarios fueron protagonistas de una nueva gira de lujos y negocios.
La gira presidencial a China se inició con una comitiva integrada por ministros, senadores, gobernadores y funcionarios de todo tipo y, sobre todo, empresarios, muchos empresarios. Esta vez fueron más de 70 los que se subieron al avión, entusiasmados por las promesas kirchneristas, que se remontan a 2004, de grandes negocios en puerta.
Sin embargo, el viaje, que se había postergado el pasado verano por el temor a dejar a Cobos en ejercicio de la presidencia durante la “rebelión en el Banco Central” de Redrado, no dio los frutos que se esperaban. El objetivo central era negociar la liberación de los embarques de aceite de soja, suspendidos por el gobierno chino, a cambio del compromiso de comprar material ferroviario por unos 13 mil millones de dólares. Pero sólo la parte final del “plan” funcionó, para beneficio de la línea Belgrano Cargas, administrada, desde el kirchnerismo, por la Sociedad Operadora de Emergencia (SOE) integrada por los burócratas sindicales Hugo Moyano y Omar Maturano, de la CGT, junto con los empresarios Roggio y Franco Macri. Y los empresarios chinos, socios de Macri, que hacen enormes negocios a dos puntas, como proveedores y concesionarios, especialmente Citic International, un holding financiero chino del que Franco Macri reconoció ser agente a comisión (4%). Como “yapa”, se firmaron convenios entre el Grupo Chemo, una multinacional farmacéutica de capitales argentinos, y el gigante chino Fosun Pharmaceutical, por 73 millones de dólares, entre otros acuerdos menores.
Después de la reunión protocolar con su par chino, Hu Jintao, frente a la plaza de Tiananmen, Cristina Kirchner recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de China.
Después, la presidenta visitó Shangai, donde el anfitrión fue el propio Franco Macri, que tiene sus oficinas cerca del Xintiandi, el shopping center más exclusivo de la ciudad, lleno de marcas internacionales, locales de lujo, restaurantes de primera línea, y siempre un par de Ferraris en el estacionamiento.
En Beijing, la comitiva presidencial se relajó en el majestuoso hotel St. Regis, con grandes jardines, laureados restaurantes, vistas panorámicas y baños de mármol. La presidenta ocupó la Suite Statesman, con servicio de mayordomo y una tarifa de u$s2.000 por noche. En Shangai, el alojamiento fue en el Pudong Shangri-La Hotel, con habitaciones estándar de 37 m2 y gran suite en la última planta, tres restaurantes, club nocturno y centro de negocios.
La misma semana que Cristina Kirchner, sus funcionarios y sus empresarios se daban esos lujos, en nuestro país, más de 40 personas morían literalmente de frío, por hipotermia o intoxicación por medios precarios de calefacción.