El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)
Repsol-YPF vendió a Petersen Energía, del empresario “K” Enrique Eskenazi, el 15% de su filial argentina, con una opción de compra por otro 10%. Ni “nacionalización” ni “reargentinización”: en medio de la ola de extranjerización creciente de la economía, un excelente negocio en el que todos ellos ganan, menos los trabajadores y el pueblo.
El acuerdo se anunció en diciembre pasado, aunque se había empezado a gestar a principios de 2006. La filtración, en aquel momento, de la noticia de que Repsol YPF planeaba vender una parte de sus acciones a empresas afines al gobierno demoró su concreción hasta ahora. El 14,9% de YPF pasó a manos del empresario argentino Enrique Eskenazi a cambio de 2.235 millones de dólares. El arreglo incluye una opción de compra por un 10,1% adicional (otros u$s1.515 millones), totalizando así un cuarto del total. Es un primer detalle que señala la escandalosa irregularidad de toda la operación, hecha al amparo del gobierno argentino: las normas vigentes obligan a Repsol a lanzar una oferta pública de acciones para vender el 15% o más de su paquete, operatoria que supervisa la Comisión Nacional de Valores. Aunque ya arreglaron con Eskenazi el traspaso del 25%, al hacerlo dividido en dos tramos, ambos menores al 15%, escapan incluso a esos mínimos controles formales.
Por descontado que el grupo Eskenazi no va a poner un peso (ni dólar) de su bolsillo. Un 55% del total será financiado por ellos mismos y por un grupo de bancos extranjeros. Para el resto, recibirán un préstamo de la propia Repsol, garantizado con las acciones de YPF. Toda la negociación se protegió con un “pacto de confidencialidad” con el aval del gobierno, que así garantizó que Eskenazi, uno de los empresarios favoritos del entorno kirchnerista, no sea perturbado por molestos competidores potenciales.
Negocio para Eskenazi, pero también para Repsol, que logra disminuir su inversión en una zona que no le ha dado los beneficios que esperaba, y de la que empieza a retirarse llevándose plata fresca en el bolsillo. Y negocio, a qué dudarlo, para los socios silenciosos, los Kirchner, que seguirán agregando activos a su patrimonio declarado de casi 18 millones de pesos y presentando como un paso adelante esta parcial “nacionalización”. “Nacionalización” que, por otra parte, bajo el gobierno actual y en un país atrasado y dependiente como Argentina, no puede darse de otra manera: con negociados, corrupción y grandes ganancias para la burguesía argentina.
Así nos gobierna esta camarilla de estafadores, por y para los empresarios y las multinacionales y haciendo negocios a costa del pueblo.
QUIÉN ES ESKENAZI
Inició su carrera empresarial como ejecutivo de Bunge y Born. En 1980 ingresó como directivo en la empresa constructora familiar Petersen, Thiele y Cruz. Convertido en su accionista mayoritario, enseguida desarrolló la veta de los productivos proyectos de obra pública, como la central hidroeléctrica Yacyretá y la planta nuclear Atucha II. Hoy el grupo controla el Banco San Juan, el Nuevo Banco de Entre Ríos, el Nuevo Banco Santa Fe y el Banco de Santa Cruz, durante cuya compra, en 1996, conoció y anudó la útil relación con Néstor Kirchner. Uno de sus primeros negocios juntos fue la transferencia al Banco Credit Suisse de los famosos 600 millones de dólares santacruceños, casualmente el mismo banco que ahora financia parte de la compra de YPF.
Eskenazi, modelo ejemplar del “burgués nacional”, integra, junto con Cristóbal López1 y Lázaro Báez2 el riñón empresarial más cercano al matrimonio presidencial
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NOTAS
1) López es dueño de Casino Club, gerenciadora del Hipódromo de Palermo, del Casino flotante y otros once del interior del país; de Oil M&S S.A, adjudicataria de áreas petroleras; de Clear SRL, recolección de basura; Pampa Pozo, Oil Construcciones, Aceitunas Guadalquivir, Caminos Nuevos Sol, entre otras empresas, la mayoría de menos de cinco años de existencia. Ver “El empresario K” en ER Nº8, noviembre de 2005.
2) Lázaro Báez era empleado del Banco de Santa Cruz en el proceso privatizador, cuando conoció a Kirchner y Eskenazi. Pasó en pocos años a ser propietario de varias empresas relacionadas con la obra pública, concesiones viales, emprendimientos inmobiliarios y petroleras, como Epsur, Austral Construcciones SA, Austral Agro S.A., Austral Atlántica S.A., Austral Desarrollos Inmobiliarios S.A., Diagonal Sur Comunicaciones, Gotti S.A., Alucom Austral Consultora, etc. Curiosamente algunas de sus empresas tienen la misma sede social que otras de Cristóbal López, tanto en Buenos Aires como en Río Gallegos.