El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)
Aun con el silencio de prensa, se evidencia que continúan semana a semana los accidentes y las muertes de los trabajadores en sus puestos. También, el deterioro progresivo de la salud por condiciones laborales precarias. Casi ningún medio refleja entre sus noticias estos hechos. Y cuando lo hace, se habla siempre de accidentes, producto de la negligencia de tal o cual empresario, cuando no, del descuido mismo de los trabajadores. Pero siempre se los presenta como hechos aislados. Lejos de esto, como venimos señalando, esta situación es intrínseca al capitalismo, donde la búsqueda permanente de la mayor ganancia posible por parte de los empresarios genera que se multipliquen las muertes y que los accidentes sean moneda corriente. Los ritmos de producción y los elementos de seguridad son siempre variables de ajuste en las cuentas que hacen los empresarios.
En esta situación juega un papel fundamental la burocracia sindical. Burócratas que, para satisfacer las necesidades patronales, permiten el empeoramiento de las condiciones de trabajo, la eliminación de las medidas de seguridad más elementales, el aumento de los ritmos de producción... O sea, negocian en la mesa de la patronal la salud y la vida de los trabajadores. Al mismo tiempo, son los encargados de garantizar el silencio cuando se produce un accidente o una muerte. Cuando esto es imposible por la trascendencia mediática, todo se soluciona, para ellos, con un comunicado lamentando el accidente o, como mucho, algún paro simbólico en la empresa, cosa que nadie se entere. Así funciona la burocracia sindical.
El mes pasado, por ejemplo, tras la muerte de dos trabajadores electrocutados en Dreyfus (noticia obviamente presentada como “negligencia empresarial”) la respuesta fue una jornada de duelo en la empresa. Qué decir de las declaraciones que publica La Nación de un secretario de ATE (CTA), ante la muerte por intoxicación de dos trabajadores de limpieza de un hospital: “...estos chicos firmaban recibos por 950 pero ganaban de bolsillo apenas 390, una miseria. Cumplían horarios de entre 10 y 12 horas diarias, iban rotando de hospital en hospital; nunca recibieron enseñanza sobre manejo de residuos patológicos peligrosos; carecían de guantes, barbijos; eran explotados al máximo, y dos de ellos terminaron en la morgue. Como hay desocupación, los pobrecitos aguantaron cualquier cosa”. Así, sin ningún tipo de vergüenza y ocultando su responsabilidad, relata este burócrata las condiciones tremendas de explotación en las cuales trabajan los empleados de limpieza tercerizados en los hospitales nacionales.
No hay vuelta que darle. La burocracia sindical, ya sea de la CGT o de la CTA, juega su rol, siempre del lado de los empresarios y el gobierno, garantizado la explotación de los trabajadores.
Aun con el silencio de prensa, se evidencia que continúan semana a semana los accidentes y las muertes de los trabajadores en sus puestos. También, el deterioro progresivo de la salud por condiciones laborales precarias. Casi ningún medio refleja entre sus noticias estos hechos. Y cuando lo hace, se habla siempre de accidentes, producto de la negligencia de tal o cual empresario, cuando no, del descuido mismo de los trabajadores. Pero siempre se los presenta como hechos aislados. Lejos de esto, como venimos señalando, esta situación es intrínseca al capitalismo, donde la búsqueda permanente de la mayor ganancia posible por parte de los empresarios genera que se multipliquen las muertes y que los accidentes sean moneda corriente. Los ritmos de producción y los elementos de seguridad son siempre variables de ajuste en las cuentas que hacen los empresarios.
En esta situación juega un papel fundamental la burocracia sindical. Burócratas que, para satisfacer las necesidades patronales, permiten el empeoramiento de las condiciones de trabajo, la eliminación de las medidas de seguridad más elementales, el aumento de los ritmos de producción... O sea, negocian en la mesa de la patronal la salud y la vida de los trabajadores. Al mismo tiempo, son los encargados de garantizar el silencio cuando se produce un accidente o una muerte. Cuando esto es imposible por la trascendencia mediática, todo se soluciona, para ellos, con un comunicado lamentando el accidente o, como mucho, algún paro simbólico en la empresa, cosa que nadie se entere. Así funciona la burocracia sindical.
El mes pasado, por ejemplo, tras la muerte de dos trabajadores electrocutados en Dreyfus (noticia obviamente presentada como “negligencia empresarial”) la respuesta fue una jornada de duelo en la empresa. Qué decir de las declaraciones que publica La Nación de un secretario de ATE (CTA), ante la muerte por intoxicación de dos trabajadores de limpieza de un hospital: “...estos chicos firmaban recibos por 950 pero ganaban de bolsillo apenas 390, una miseria. Cumplían horarios de entre 10 y 12 horas diarias, iban rotando de hospital en hospital; nunca recibieron enseñanza sobre manejo de residuos patológicos peligrosos; carecían de guantes, barbijos; eran explotados al máximo, y dos de ellos terminaron en la morgue. Como hay desocupación, los pobrecitos aguantaron cualquier cosa”. Así, sin ningún tipo de vergüenza y ocultando su responsabilidad, relata este burócrata las condiciones tremendas de explotación en las cuales trabajan los empleados de limpieza tercerizados en los hospitales nacionales.
No hay vuelta que darle. La burocracia sindical, ya sea de la CGT o de la CTA, juega su rol, siempre del lado de los empresarios y el gobierno, garantizado la explotación de los trabajadores.