Pese al discurso oficial de industrialización y producción nacional, la realidad muestra un aumento sostenido de las importaciones, tanto en cantidad como también en valor.
El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)
Desde hace ya varios meses, se viene registrando un aumento cada vez mayor de las importaciones, que incluyen desde bienes de producción hasta bienes de consumo. En los primeros cinco meses del año, el incremento fue de 46% en relación al mismo período de 2007. Esto es así, debido al lugar que ocupa Argentina en el mercado mundial: productor primario, sin ningún o con un mínimo valor agregado. Realidad que la ubica en el último eslabón de la cadena comercial, condenándola a la eterna dependencia del capital y la industria extranjera y a la profundización del atraso estructural bajo el dominio capitalista.
Mientras el volumen de las exportaciones argentinas no experimenta grandes transformaciones, aunque aumenta en precio; las importaciones crecen mes tras mes. Esta realidad echa por tierra los planteos oficialistas de “sustitución de importaciones”.
Es que el país negocia la venta de su producción primaria a cambio de abrir un mercado a los artículos extranjeros, a pesar de los reclamos proteccionistas de algunos sectores industriales, como el textil.
El ejemplo del comercio con China, principal comprador del país, es más que elocuente. A cambio de la garantía de compra de productor como la soja, el gobierno de los Kirchner facilita el ingreso de todo tipo de manufactura asiática, hasta la más insignificante e innecesaria. China le compra al país asegurándose la colocación de sus productos en el mercado local. Con todos sus principales socios comerciales, China, Brasil, la UE y EEUU, la naturaleza de la relación es exactamente la misma.
Esta entrega deliberada se explica por el absoluto atraso y dependencia de la economía nacional. Dependencia y atraso que llega a niveles hasta vergonzosos.
Por ejemplo, Argentina vende maíz pisingallo a EEUU y compra el pochocho made in usa. Es que el país no tiene tecnología necesaria para producirlo acá, como tampoco para hacer las cajas de cartón aptas para microondas. “Lo único que faltaría es una planta para elaborar el envase que se usa en el microondas, pero parece que no hay interés en industrializar productos primarios”, explicaba el representante de AG Alumini Seed, una semillera estadounidense.
El aumento de las importaciones y la extranjerización de la economía que facilita la gestión kirchnerista, muestran la evidente continuidad con el “modelo menemista”, del que tanto se retracta.
Desde hace ya varios meses, se viene registrando un aumento cada vez mayor de las importaciones, que incluyen desde bienes de producción hasta bienes de consumo. En los primeros cinco meses del año, el incremento fue de 46% en relación al mismo período de 2007. Esto es así, debido al lugar que ocupa Argentina en el mercado mundial: productor primario, sin ningún o con un mínimo valor agregado. Realidad que la ubica en el último eslabón de la cadena comercial, condenándola a la eterna dependencia del capital y la industria extranjera y a la profundización del atraso estructural bajo el dominio capitalista.
Mientras el volumen de las exportaciones argentinas no experimenta grandes transformaciones, aunque aumenta en precio; las importaciones crecen mes tras mes. Esta realidad echa por tierra los planteos oficialistas de “sustitución de importaciones”.
Es que el país negocia la venta de su producción primaria a cambio de abrir un mercado a los artículos extranjeros, a pesar de los reclamos proteccionistas de algunos sectores industriales, como el textil.
El ejemplo del comercio con China, principal comprador del país, es más que elocuente. A cambio de la garantía de compra de productor como la soja, el gobierno de los Kirchner facilita el ingreso de todo tipo de manufactura asiática, hasta la más insignificante e innecesaria. China le compra al país asegurándose la colocación de sus productos en el mercado local. Con todos sus principales socios comerciales, China, Brasil, la UE y EEUU, la naturaleza de la relación es exactamente la misma.
Esta entrega deliberada se explica por el absoluto atraso y dependencia de la economía nacional. Dependencia y atraso que llega a niveles hasta vergonzosos.
Por ejemplo, Argentina vende maíz pisingallo a EEUU y compra el pochocho made in usa. Es que el país no tiene tecnología necesaria para producirlo acá, como tampoco para hacer las cajas de cartón aptas para microondas. “Lo único que faltaría es una planta para elaborar el envase que se usa en el microondas, pero parece que no hay interés en industrializar productos primarios”, explicaba el representante de AG Alumini Seed, una semillera estadounidense.
El aumento de las importaciones y la extranjerización de la economía que facilita la gestión kirchnerista, muestran la evidente continuidad con el “modelo menemista”, del que tanto se retracta.