El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)
Siguiendo el camino marcado por los casos de Aerolíneas Argentinas y Massuh, el kirchnerismo organiza la compra de la autopartista alemana Mahle, confirmando su rol de garante de la rentabilidad empresaria.
A fines de abril, la autopartista Mahle, de capitales alemanes, anunció que cerraba para irse del país. Rápidamente, los trabajadores se lanzaron a la toma de la fábrica, exigiendo conservar sus puestos de trabajo. A partir de entonces, el gobierno intervino activamente para buscar un comprador, generando la rotunda aprobación de la empresa alemana, para la que se abría la oportunidad de un negocio, donde ya no existía. A través de su gerente general la empresa expresó su satisfacción y “se comprometió a colaborar con todo lo necesario para la continuidad de la planta”. El gobierno, por medio de la ministra de la producción Débora Giorgi, pasó a organizar reuniones con importantes empresarios, que sacaron cuentas sobre la rentabilidad del negocio abandonado por la empresa europea y discutieron sobre futuras ventajas impositivas y crediticias. Estuvieron Norberto Taranto, José Basualdo y Ramiro Vasena. Este último fue el que estuvo más cerca de cerrar la compra, ofreciendo $10 millones en efectivo a los empresarios alemanes, pero las dudas sobre un préstamo blando del gobierno, lo llevó a bajarse del negocio.
Ya sin posibles compradores privados, el gobierno estudia hacerse cargo de la empresa a través de un fideicomiso como en Massuh, quizá con un maquillaje de “cooperativa gestionada por los trabajadores”, para evitar las críticas que surgieron tras los groseros manejos de la papelera de Quilmes, gestionada directamente por Moreno. Lo cierto: sea cual sea la metodología, todas prevén garantizar el negocio a los alemanes. Ni el gobierno ni la oposición lo cuestionan. Tampoco, la burocracia sindical que, a través de Antonio Caló, participó de las negociaciones con los grupos empresarios. Así, la empresa, que alegó estrechos márgenes de ganancia y cerró la planta, dejando en la calle a más de 500 familias trabajadoras, se irá del país con millones de pesos, que serán desembolsados por el estado nacional.
No es novedad bajo el gobierno de los Kirchner. Es el mismo procedimiento que celebran los progresistas de toda laya por “la intervención estatal en la economía” y que le garantizó, por ejemplo, a la española Marsans, liberarse de la multimillonaria deuda que generó vaciando Aerolíneas Argentinas. El mismo que le garantiza a Massuh un canon mensual a cambio del uso que hace el gobierno de la planta, que el empresario se había dispuesto a cerrar, previo desguace. Es el mismo procedimiento que se repite una y otra vez, confirmando el verdadero rol del kirchnerismo: “gendarme de la rentabilidad empresaria”.
NUESTRA LUCHA, NADA MÁS
Cuando la multinacional Mahle anunció el cierre de su planta, la decisión de no bajar los brazos y luchar en defensa de los puestos de trabajo fue la que se impuso. Inmediatamente, los trabajadores ocuparon la planta y el 1º de mayo, protagonizaron un importante acto en las puertas de la fábrica. Luego, se sucedieron los cortes, las movilizaciones, los actos, los festivales... Sólo por esta lucha constante, hoy, la batalla no está perdida. Y como afirman, con toda justeza, los trabajadores: “las esperanzas están puestas en nuestra lucha, nada más”.
Siguiendo el camino marcado por los casos de Aerolíneas Argentinas y Massuh, el kirchnerismo organiza la compra de la autopartista alemana Mahle, confirmando su rol de garante de la rentabilidad empresaria.
A fines de abril, la autopartista Mahle, de capitales alemanes, anunció que cerraba para irse del país. Rápidamente, los trabajadores se lanzaron a la toma de la fábrica, exigiendo conservar sus puestos de trabajo. A partir de entonces, el gobierno intervino activamente para buscar un comprador, generando la rotunda aprobación de la empresa alemana, para la que se abría la oportunidad de un negocio, donde ya no existía. A través de su gerente general la empresa expresó su satisfacción y “se comprometió a colaborar con todo lo necesario para la continuidad de la planta”. El gobierno, por medio de la ministra de la producción Débora Giorgi, pasó a organizar reuniones con importantes empresarios, que sacaron cuentas sobre la rentabilidad del negocio abandonado por la empresa europea y discutieron sobre futuras ventajas impositivas y crediticias. Estuvieron Norberto Taranto, José Basualdo y Ramiro Vasena. Este último fue el que estuvo más cerca de cerrar la compra, ofreciendo $10 millones en efectivo a los empresarios alemanes, pero las dudas sobre un préstamo blando del gobierno, lo llevó a bajarse del negocio.
Ya sin posibles compradores privados, el gobierno estudia hacerse cargo de la empresa a través de un fideicomiso como en Massuh, quizá con un maquillaje de “cooperativa gestionada por los trabajadores”, para evitar las críticas que surgieron tras los groseros manejos de la papelera de Quilmes, gestionada directamente por Moreno. Lo cierto: sea cual sea la metodología, todas prevén garantizar el negocio a los alemanes. Ni el gobierno ni la oposición lo cuestionan. Tampoco, la burocracia sindical que, a través de Antonio Caló, participó de las negociaciones con los grupos empresarios. Así, la empresa, que alegó estrechos márgenes de ganancia y cerró la planta, dejando en la calle a más de 500 familias trabajadoras, se irá del país con millones de pesos, que serán desembolsados por el estado nacional.
No es novedad bajo el gobierno de los Kirchner. Es el mismo procedimiento que celebran los progresistas de toda laya por “la intervención estatal en la economía” y que le garantizó, por ejemplo, a la española Marsans, liberarse de la multimillonaria deuda que generó vaciando Aerolíneas Argentinas. El mismo que le garantiza a Massuh un canon mensual a cambio del uso que hace el gobierno de la planta, que el empresario se había dispuesto a cerrar, previo desguace. Es el mismo procedimiento que se repite una y otra vez, confirmando el verdadero rol del kirchnerismo: “gendarme de la rentabilidad empresaria”.
NUESTRA LUCHA, NADA MÁS
Cuando la multinacional Mahle anunció el cierre de su planta, la decisión de no bajar los brazos y luchar en defensa de los puestos de trabajo fue la que se impuso. Inmediatamente, los trabajadores ocuparon la planta y el 1º de mayo, protagonizaron un importante acto en las puertas de la fábrica. Luego, se sucedieron los cortes, las movilizaciones, los actos, los festivales... Sólo por esta lucha constante, hoy, la batalla no está perdida. Y como afirman, con toda justeza, los trabajadores: “las esperanzas están puestas en nuestra lucha, nada más”.