LA “POLÍTICA DEL BUEN VECINO” IMPERIALISTA

El Revolucionario Nº25 (Junio de 2007)

Nuestra estrategia reconoce que la guerra contra el terrorismo es un tipo diferente de guerra, que implica tanto la batalla armada como la batalla ideológica.
George W. Bush, 5 de septiembre de 2006.

El Plan de Estrategia Nacional para Combatir el Terrorismo
A partir de septiembre de 2001, y con la excusa de la “guerra contra el terrorismo”, EEUU remodeló su estrategia interna y externa en materia de seguridad nacional. Desde la Patriot Act de 2002 avanzó en la represión doméstica, al punto que organizaciones yanquis de defensa de los derechos civiles (igualmente defensoras de la democracia burguesa, como Human Rights Watch) debieron denunciar la reiterada violación de libertades esenciales, la irrupción del espionaje en la vida privada de las personas, las detenciones arbitrarias e ilegales de centenares de prisioneros sin derecho a defenderse ni de conocer siquiera los cargos en su contra, y sistemáticamente torturados. Paralelamente, se profundizó un modelo de intervención internacional, montado sobre conceptos como “cooperación internacional”, “multilateralismo”, “gobernabilidad democrática” y, por supuesto, la “lucha contra el terrorismo y el narcotráfico”.
Desde febrero de 2003, el Congreso actualiza cada año el Plan de Estrategia Nacional para Combatir el Terrorismo, cuya última versión presentó el presidente Bush el 5 de septiembre de 2006. Este “plan maestro” no es otra cosa que un lineamiento de política exterior yanqui a corto plazo, que a su vez orienta el accionar de todas las agencias del estado norteamericano, con particular énfasis este año hacia el continente americano. Desde las últimas elecciones nacionales, el Departamento de Estado viene sosteniendo que EEUU debe dedicar una mayor atención, dentro del hemisferio occidental, a América Latina, y así lo expone, con la idea de la “política del buen vecino”, el Plan de Estrategia Nacional en curso.
Lo primero que explica el Plan es que, aunque la amenaza principal es la del “terrorismo fundamentalista islámico”, hay “grupos e individuos que también usan el terror y la violencia … para conseguir sus objetivos políticos. Aunque sus motivos y fines puedan ser diferentes, y a menudo incluyen objetivos seculares y más reducidos territorialmente, amenazan nuestros intereses y los de nuestros aliados, en la medida que intentan subvertir el orden civil y reemplazar la libertad con el conflicto y la intolerancia… Para nuestros enemigos terroristas, la violencia no sólo se justifica, sino que es necesaria y glorificada”. Es difícil pensar una definición más abarcativa que esa del “enemigo de EEUU”, es decir, de quienes luchan contra su sistemático uso de la violencia contra el mundo entero, de los que pelean por la liberación de los oprimidos y de los pueblos sojuzgados.
Unos párrafos después sostienen que hay condiciones subyacentes en la sociedad que los terroristas tratan de explotar, como la pobreza, el malestar con los gobiernos locales, la falta de salud, educación y justicia. Definen entonces la “guerra contra el terrorismo” como una batalla de ideas, pues “las ideas pueden transformar a los amargados y desilusionados en asesinos deseosos de matar inocentes, o en pueblos libres viviendo armoniosamente en la diversidad de la sociedad”. Tienen bien claro que las ideas (cuando son las correctas) dan conciencia al odio natural hacia el opresor, y son el factor de organización de los trabajadores y el pueblo.
Para que sean “sus ideas” las que prevalezcan, EEUU, el campeón de la violencia, usa como eje de la estrategia hacia terceros países la defensa de la democracia, el pacifismo y la convivencia en la diversidad, estigmatizando como terrorista cualquier violencia que no sea la propia. El Plan hace un cuidadoso desarrollo del contenido de esa guerra de ideas, explicando que el terrorismo “no es un subproducto necesario de la pobreza, ni el simple resultado de hostilidad hacia la política exterior yanqui en cuestiones como Irak o Palestina”, sino que surge de “explotar la alienación política, de señalar como responsables de los conflictos y miserias a quienes no lo son, de la manipulación de la prensa y la difusión de teorías conspirativas, y de una ideología que justifica el asesinato”. Todo ello, finalmente, se resuelve fortaleciendo la democracia representativa y la gobernabilidad democrática, porque “las elecciones son el signo más visible de una sociedad libre, y juegan un rol crítico en el avance hacia una efectiva democracia”, y una democracia efectiva es el “mejor antídoto contra el terrorismo”(1).

El Southcom
El encargado de llevar a la práctica la estrategia continental yanqui en América Latina es el Comando Sur o Southcom, que define su misión como “la conducción de operaciones militares y la promoción de operaciones de seguridad para realizar los objetivos estratégicos de EEUU”(2). El Southcom acaba de publicar su planificación estratégica a 10 años, que se propone como primera medida reconvertirse de una organización tradicional militar a una “interagencia conjunta de comando de seguridad” que permita sincronizar operaciones y actividades con todas las organizaciones gubernamentales yanquis en el continente americano. En la introducción del plan destacan la mayor atención que debe prestar EEUU a América Latina por varias razones: las reservas energéticas, en especial de petróleo y gas; las reservas de recursos naturales como el agua y los bosques; las enormes brechas existentes en la región entre los más ricos y los más pobres, caldo de cultivo para el descontento que puede hacer florecer el terrorismo(3); y su influencia creciente en EEUU, donde el 15% de la población tiene origen latino.
El lema del Southcom es “Compañerismo en las Américas”, entendido como garantía de que EEUU esté defendido de cualquier amenaza surgida en el continente. En el documento desarrollan la necesidad de incrementar los niveles de las tareas de inteligencia y vigilancia; el control terrestre, aéreo, marítimo y del ciberespacio para asegurar el “libre movimiento de EEUU en el continente”, y fortalecer los vínculos con los países amigos, para imponer sus directivas en materia de seguridad. En ese marco, planifican operativos militares, operaciones humanitarias, de mantenimiento de la paz y de prestaciones médicas en conjunto, que tienen como fin central hacer que los países amigos fortalezcan el control de su propio territorio bajo las directivas estratégicas del plan yanqui.
A pesar de que se trata de documentos no clasificados, poco se discute en nuestro país de esta planificación pensada a 10 años, y son sólo episodios muy menores, como el aviso consular a los turistas yanquis de que las rutas son peligrosas, que hay arrebatadores y descuidistas y el tránsito es un caos en los centros urbanos, lo que motiva una formal protesta de la cancillería ante el Departamento de Estado.
El Operativo UNITAS Atlántico 2007 se realizó entre el 1º y el 13 de mayo de este año con Argentina como anfitrión, lo que implicó el ingreso de 900 marines en nuestro país, en tres buques de la armada norteamericana que estuvieron anclados en la base de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca, y otros de países europeos y americanos que aceptaron la invitación. El UNITAS, en sus dos versiones, Atlántico y Pacífico, es un ejercicio de cooperación o “interoperabilidad” en tres niveles: interoperabilidad política, es decir, compartir el diagnóstico de la situación mundial; interoperabilidad estratégica, es decir, compartir objetivos convergentes con esa cosmovisión común, y finalmente interoperabilidad como integración de las fuerzas armadas. Como se ve, “cooperación” significa “subordinación”. Claro que el UNITAS Atlántico no es el único ejercicio en el que Argentina participará este año con los yanquis (ver recuadro).

No sólo militares
La dedicación yanqui a América Latina no se limita a dirigir sus fuerzas armadas. En el informe anual 2006 al Congreso de la Unión, el ministro de defensa definió a Argentina como una nación democrática con la que EEUU tiene una “relación madura”, lo que la convierte en un amigo en el estratégico cono sur, además de ser un importante aliado “extra OTAN”. Informó que el Instituto Internacional de Educación y Entrenamiento Militar (IMET) financia cursos de derecho internacional, mantenimiento de la paz, operaciones cívico-militares para personal de comando y otros similares para las fuerzas armadas argentinas, pero también para las de seguridad, con el objetivo de “familiarizarlos con la doctrina y práctica militar de EEUU, y mejorar su interoperabilidad con las fuerzas norteamericanas”. Destacó que desde febrero de 2004 Argentina es parte del Programa de Becas de Contraterrorismo (CTFP) que se destina a grupos de elite de las fuerzas de seguridad (policía federal y provinciales, gendarmería y prefectura), para consolidar su capacidad de conducir operaciones de escala pequeña a media. Además, resaltó la participación de Argentina en el Centro de Estudios de Defensa Hemisféricos (CHDS) en la Universidad de Defensa Nacional (NDU), en cursos diseñados para centrarse en los aspectos de la seguridad y las relaciones internacionales ajenos a la guerra, para aumentar la conciencia y el entendimiento de las políticas de EEUU, lo que conduce a una mayor confianza creciente, transparencia y a sensación de seguridad. Terminó el ministro destacando que “los cursos también permiten que los oficiales de los EEUU construyan relaciones personales duraderas con sus camaradas argentinos”.
Finalmente, están las “prestaciones médicas” como las que se realizan bajo el nombre de operativo MEDRETE (Medical Readiness Training Exercises). En 2007 están previstos 61 ejercicios médicos en 14 países de la región, entre ellos Argentina, dando atención médica a más de 200.000 latinoamericanos. El programa MEDRETE está dirigido a mejorar la imagen de EEUU en el mundo. En palabras de uno de los militares yanquis, “En muchos casos es la primera interacción de un individuo con nosotros, y cuando el primer contacto es bueno, siempre tendrán una imagen positiva de nosotros”.

La ministra montonera de defensa aprende rápido y aplica mejor
El controvertido Plan Ejército Argentino 2025, presentado por la ministra Garré al Comando Mayor Conjunto en 2006 como nueva política de defensa nacional, reproduce las iniciativas del Southcom, especialmente en cuanto a la relocalización de comandos y creación de nuevas unidades de las tres fuerzas, definiendo como hipótesis de conflicto una “guerra por los recursos naturales”, dando plena eficacia a esa “cosmovisión conjunta” que tanto reclaman los patrones. No apunta en otro sentido el nuevo proyecto de educación militar, aplaudido por la Madre más kirchnerista, quien dice que así se enseñará a los soldados y oficiales “a no torturar ni matar”. Ningún ejército del mundo tiene más carga horaria de materias como Derechos Humanos o Derechos Civiles que el yanqui. A la vista están Guantánamo o cualquiera de las cárceles de la CIA para mostrar lo que les enseñan.
Esta es la realidad de la política yanqui en América Latina, y la sumisión del gobierno argentino a sus mandatos, que así como proclama independencia y soberanía nacional mientras paga por anticipado la deuda, dicta leyes “antiterroristas” y manda tropas argentinas a invadir Haití, sirve de anfitrión para operativos militares en los que los yanquis ni siquiera se molestan ya en pedir inmunidad para sus marines: saben que no les hace falta, porque son los que mandan.
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NOTAS
(1) Nacional Strategy for Combating Terrorism, www.whitehouse.gov/nsc/nsct/2006/nsct2006.pdf.
(2) www.southcom.mil
(3) “El 10% más rico de la población de América Latina y el Caribe concentra el 48% del total de los ingresos, mientras que el 10% más pobre apenas gana el 1,6%”. United States Southern Command Strategy 2016.


OPERATIVOS DEL SOUTHCOM
En 2007 se realizaron o están planeados, con intervención argentina, los operativos SALITRE, en Chile; UNITAS Pacífico, en Ecuador; Fuerzas Aliadas Panamax 2007, en Panamá; Fuerzas Comando 2007, en Honduras y PKO-South 2007, nuevamente en Ecuador. El SALITRE (fuerza aérea) y los UNITAS (armada) son ejercicios de integración y cooperación militar. Panamax tiene como objetivo la defensa y “neutralidad” del canal de Panamá. El Fuerzas Comando es un ejercicio de contraterrorismo, y el PKO es simulación de “operación de mantenimiento de la paz” al estilo del MINUSTAH en Haití. Además hay operativos por fuera del SOUTHCOM, entre los que se han desarrollado en territorio argentino los CABAÑAS, en Córdoba (2000) y Salta (2001), el DELTA en Entre Ríos (2003) o el HERMANDAD en Misiones, a fin de 2006, con la participación de Brasil, Paraguay, Venezuela, Uruguay, Bolivia y EEUU, donde la hipótesis teórica era la recuperación de un aeropuerto tomado por fuerzas terroristas.