(segunda parte)
El Revolucionario Nº25 (Junio de 2007)
En nuestro número anterior hemos expuesto las principales características del proceso restauracionista en China. Hemos desarrollado cómo se fue conformando una nueva clase capitalista sobre la base del reconocimiento de la propiedad privada y la expropiación y explotación del pueblo trabajador. Todo, bajo el eufemismo del “socialismo de mercado”.(1)
A continuación, el rol del Partido Comunista de China (PCCh) y del maoísmo en este proceso.
El PCCh, vanguardia de la restauración
Como consecuencia inevitable de los cambios producidos en la economía china y el surgimiento de una nueva clase capitalista, el PCCh, para seguir dirigiendo y mantener los privilegios de su burocracia, se vio necesitado de incorporar abiertamente a sus filas al empresariado surgido de las reformas de mercado. Decimos abiertamente, ya que una buena parte de esta nueva clase, se conformó con los dirigentes del partido que manejaban las empresas estatales. Por lo tanto hubo una incorporación “desde afuera” y una legitimación de los empresarios que ya estaban dentro del partido.
Bajo la “teoría de las tres representaciones”, el PCCh modificó sus estatutos para dejar de ser “la vanguardia de la clase obrera” y constituirse en “la vanguardia de la clase obrera, del pueblo chino y de la nación china”(2). Es decir, modificaron sus documentos para pretender representar los llamados “intereses generales de la sociedad”, que, en una sociedad dividida en clases, sencillamente no existen. Bajo esta reformulación, que sustituyó a aquella que nunca pasó efectivamente a los hechos, el PCCh gobernó abiertamente para la nueva clase dirigente formada, como ya hemos dicho, por la burocracia partidaria y el reluciente empresariado. Con esta determinación se justificó, además, el ingreso, sin tapujos, de la clase empresaria, declaradamente capitalista y explotadora, al partido. Pero mucho antes de esta enmienda era reconocido por el propio PCCh que el 20%, unos 400 mil, de los dos millones de capitalistas eran miembros del partido y es más, un empresario, integrante del CC.(3)
Pero estos hechos y resoluciones, son simplemente una manifestación, la coronación inevitable de la deformación de los principios comunistas, llevados a su máxima expresión por Stalin en la URSS y, con sus variantes, por Mao Tsé Tung en la RPCh. La restauración capitalista, es una consecuencia irremediable de la teoría del socialismo en un sólo país, de la política de alianzas de clases como el frente popular o el frente único en China, y de la defensa de los privilegios de la burocracia dirigente.
El maoísmo, presente en la restauración
El internacionalismo revolucionario es una de las principales banderas comunistas. Marx y Engels se encargaron de sentenciar que los obreros no tienen patria y fueron fundadores de la I Internacional con el objetivo de hacer la revolución en todos los países; bajo la dirección bolchevique, el estado obrero ruso, inmediatamente después de la toma del poder, declaraba que “la tarea esencial” [es] el establecimiento de una organización socialista en toda la sociedad y la victoria del socialismo en todos los países”(4); la III Internacional Comunista, dirigida por Lenin, se constituyó en el más importante partido mundial para hacer la revolución mundial; Trotsky dedicó gran parte de sus últimos años de vida a construir una nueva organización revolucionaria también a escala mundial; y el Che Guevara fue un ejemplo vivo del combate en cada rincón del planeta para derrocar a la burguesía e instaurar el socialismo. Pues bien, la labor de Stalin y Mao Tsé Tung, se orientaron exactamente en el sentido opuesto a este pilar del marxismo revolucionario.
Stalin, avanzando hacia la política de la coexistencia pacífica, se encargó de disolver la III Internacional en 1943 como concesión hacia sus aliados norteamericanos e ingleses. Esta decisión se basó en la contrarrevolucionaria teoría del socialismo en un sólo país que afirmaba que “El antiguo programa [la revolución mundial como base para el triunfo del socialismo] contiene una afirmación errónea, profundamente antileninista, según la cual ´Rusia no puede llegar al socialismo más que por la revolución mundial´”. Este punto del programa es radicalmente falso...”.(5). Mao, quien tomó el poder algunos años después, en octubre de 1949, jamás realizó siquiera un intento de construir o reconstruir semejante organización. Es más, con motivo del cumpleaños de Stalin, se preocupó por aclarar que: “Felicitar a Stalin no es una formalidad. Felicitar a Stalin significa apoyarlo, apoyar su causa, la victoria del socialismo y el rumbo que él señala a la humanidad, significa apoyar a un amigo querido. Pues hoy la gran mayoría de la humanidad está sufriendo y sólo puede liberarse de sus sufrimientos siguiendo el rumbo señalado por Stalin y contando con su ayuda.”.(6). El “rumbo señalado por Stalin”, era el de la coexistencia pacífica, el del socialismo en un solo país, la alianza de clases... era el rumbo que llevó a la derrota a la Revolución Española... era el rumbo de los fusilamientos a la Oposición de Izquierda en la URSS... era el rumbo hacia la restauración capitalista. Poco después de la toma del poder, el dirigente chino explicaba que “En cuanto a los países imperialitas, debemos unirnos también con sus pueblos y esforzarnos por coexistir pacíficamente con estos países, comerciar con ellos y conjurar toda posible guerra”.(7) Con estas posiciones a nadie puede asombrar que el mismísimo Mao, después de aislar y abandonar a su suerte a la revolución vietnamita como denunciara el Che(8), reestableciera relaciones con EEUU y recibiera a su presidente, Richard Nixon en 1972, constituyéndose en un claro ejecutor de la política de coexistencia pacífica y contrario a la necesidad de la revolución socialista mundial.
Con estas teorías y estos hechos, se intentaba establecer e imponer la idea de que la época de las revoluciones había terminado definitivamente, salvaguardando así, los intereses de la burocracia stalinista y maoísta y con ellos, los de los capitalistas.
Si nos detenemos especialmente en el principio de la revolución mundial, es porque su abandono y su renuncia es una de las principales causas de la restauración capitalista, no solamente en China, sino en todos los estados obreros. Fue la experiencia de la URSS y, lamentablemente, será el destino de Cuba Socialista si no se profundiza la revolución en ese país y si no se extiende en cada rincón del mundo.
Ya lo explicaba Trotsky en un postulado que la realidad confirmó en la URSS, la RPCh y demás estados obreros y que hoy podría aplicarse, sin mas, a Cuba: “Cuanto más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo. Si la burguesía no puede dejarse asimilar pacíficamente por la democracia socialista, el Estado socialista, por su parte, tampoco puede fusionarse pacíficamente con un sistema capitalista mundial”.(9)
Decíamos más arriba que además de la renuncia y el abandono a la revolución mundial, la restauración capitalista en China, también se explica por la política de alianzas de clases. Mao Tsé Tung es uno de los precoces ideólogos de la alianza con la burguesía. Alianza que excedía la situación coyuntural de invasión japonesa y se trasformaba en estratégica planteando la dictadura conjunta de todas las clases, con la consigna de “nueva democracia”, y un gobierno de coalición con la burguesía, además de abandonar la independencia política y militar de la clase trabajadora. Durante el período de la resistencia contra Japón, organizó el Frente Único Nacional Antijaponés, argumentando que la contradicción imperio-nación era la fundamental y la existente entre la burguesía y el proletariado era secundaria, cesando así las hostilidades con la burguesía y renunciando a las demandas obreras y campesinas elementales.(10) Posteriormente, selló su alianza con el Kuomintang y aún luego de hacerse con el poder, dejó en pie las bases de explotación de la burguesía nacional, como nada más ni nada menos que la propiedad privada(11). Es que la burguesía nacional era considerada parte del pueblo. Mao es muy claro al respecto: “En la etapa actual, el período de la edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella...”. Y especifica: “...la clase obrera; (...) el campesinado, (...) la intelectualidad; (...) y la burguesía nacional...”. Para luego afirmar que “Nuestro Gobierno Popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo, un gobierno que sirve al pueblo...”.(12) Es decir, tanto a la clase obrera como a la burguesa. Entre esta posición y la “teoría de las tres representaciones”, explicada al comienzo de esta nota, se observa claramente que, también en este aspecto, la restauración capitalista es la consecuencia inevitable de las concepciones maoístas.
Tenemos entonces que el PCCh, dirigido por Mao Tsé Tung y tras su muerte, siguiendo sus posiciones políticas, negó la estrategia de la revolución mundial adscribiendo a la teoría del socialismo en un solo país; en pos de la revolución por etapas, bregó por la alianza con la burguesía nacional adjudicándole un carácter revolucionario; se encargó personalmente de defender el derecho y el desarrollo de la propiedad privada; y fue el primero en proponerse representar a todo el pueblo chino, incorporando a él a su burguesía nativa. Así, el PCCh ha conducido esta restauración capitalista alejándose, tergiversando, negando y oponiéndose a los principios fundamentales del marxismo.
.............
NOTAS
1) Véase ER N°24.
2) XVI Congreso del PCCh, noviembre de 2002.
3) Se trata de Zhang Ruimin, primer empresario chino elegido para formar parte del CC del PCCh, 53 años, calificado en 1999 por el “Financial Times” como uno de “los grandes emprendedores del mundo”.
4) “Declaración de los derechos del pueblo trabajador explotado” (uno de los documentos básicos del nuevo poder soviético). Consejo de Comisarios del Pueblo, 1917.
5) “Programa de las Juventudes Comunistas”, abril de 1935.
6) “Stalin, amigo del pueblo chino”, 20 de diciembre de 1939.
7) “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”. Mao Tsé Tung, 12 de marzo de 1957.
8) Así lo denunciaba el Che: “El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables también los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista”. “Crear dos, tres... muchos Vietnam es la consigna”, 1967.
9) “La revolución traicionada”. León Trotsky, 1936.
10) Así lo explicaba: “Con su desarrollo, la contradicción nacional entre China y el Japón ha superado en peso político relativo a las contradicciones entre las clases y entre los grupos políticos dentro del país, relegándolas a un plano secundario y subordinado”. [En consecuencia] Nuestro frente único incluirá a la burguesía... [Y] En interés de la paz interna, la democracia y la guerra de resistencia, y con miras a establecer el frente único nacional antijaponés, el Partido Comunista de China, en su telegrama dirigido a las III Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang, contrajo los siguientes compromisos: (...) 3-Suspender la política de derribar al Kuomintang por la fuerza de las armas, y 4- Suspender la confiscación de las tierras de los terratenientes”. “Las tareas del Partido Comunista de China en el período de la resistencia al Japón”, 3 de mayo de 1937.
11) Esta era su explicación: “Hay quienes sospechan que los comunistas chinos nos oponemos al desarrollo de la iniciativa individual, al desarrollo del capital privado y a la protección de la propiedad privada; pero están equivocados. (...) La misión del sistema de nueva democracia, que preconizamos, consiste precisamente en (...) garantizar a las amplias masas populares la posibilidad de desarrollar libremente su iniciativa individual dentro de los marcos de la vida en sociedad, garantizar el libre desarrollo de una economía privada capitalista que no pueda “dominar la vida material del pueblo”, sino que lo beneficie, y proteger toda propiedad privada legítimamente adquirida”. “Sobre el gobierno de coalición”, 24 de abril de 1945.
12) “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”. Mao Tsé Tung, 12 de marzo de 1957.
En nuestro número anterior hemos expuesto las principales características del proceso restauracionista en China. Hemos desarrollado cómo se fue conformando una nueva clase capitalista sobre la base del reconocimiento de la propiedad privada y la expropiación y explotación del pueblo trabajador. Todo, bajo el eufemismo del “socialismo de mercado”.(1)
A continuación, el rol del Partido Comunista de China (PCCh) y del maoísmo en este proceso.
El PCCh, vanguardia de la restauración
Como consecuencia inevitable de los cambios producidos en la economía china y el surgimiento de una nueva clase capitalista, el PCCh, para seguir dirigiendo y mantener los privilegios de su burocracia, se vio necesitado de incorporar abiertamente a sus filas al empresariado surgido de las reformas de mercado. Decimos abiertamente, ya que una buena parte de esta nueva clase, se conformó con los dirigentes del partido que manejaban las empresas estatales. Por lo tanto hubo una incorporación “desde afuera” y una legitimación de los empresarios que ya estaban dentro del partido.
Bajo la “teoría de las tres representaciones”, el PCCh modificó sus estatutos para dejar de ser “la vanguardia de la clase obrera” y constituirse en “la vanguardia de la clase obrera, del pueblo chino y de la nación china”(2). Es decir, modificaron sus documentos para pretender representar los llamados “intereses generales de la sociedad”, que, en una sociedad dividida en clases, sencillamente no existen. Bajo esta reformulación, que sustituyó a aquella que nunca pasó efectivamente a los hechos, el PCCh gobernó abiertamente para la nueva clase dirigente formada, como ya hemos dicho, por la burocracia partidaria y el reluciente empresariado. Con esta determinación se justificó, además, el ingreso, sin tapujos, de la clase empresaria, declaradamente capitalista y explotadora, al partido. Pero mucho antes de esta enmienda era reconocido por el propio PCCh que el 20%, unos 400 mil, de los dos millones de capitalistas eran miembros del partido y es más, un empresario, integrante del CC.(3)
Pero estos hechos y resoluciones, son simplemente una manifestación, la coronación inevitable de la deformación de los principios comunistas, llevados a su máxima expresión por Stalin en la URSS y, con sus variantes, por Mao Tsé Tung en la RPCh. La restauración capitalista, es una consecuencia irremediable de la teoría del socialismo en un sólo país, de la política de alianzas de clases como el frente popular o el frente único en China, y de la defensa de los privilegios de la burocracia dirigente.
El maoísmo, presente en la restauración
El internacionalismo revolucionario es una de las principales banderas comunistas. Marx y Engels se encargaron de sentenciar que los obreros no tienen patria y fueron fundadores de la I Internacional con el objetivo de hacer la revolución en todos los países; bajo la dirección bolchevique, el estado obrero ruso, inmediatamente después de la toma del poder, declaraba que “la tarea esencial” [es] el establecimiento de una organización socialista en toda la sociedad y la victoria del socialismo en todos los países”(4); la III Internacional Comunista, dirigida por Lenin, se constituyó en el más importante partido mundial para hacer la revolución mundial; Trotsky dedicó gran parte de sus últimos años de vida a construir una nueva organización revolucionaria también a escala mundial; y el Che Guevara fue un ejemplo vivo del combate en cada rincón del planeta para derrocar a la burguesía e instaurar el socialismo. Pues bien, la labor de Stalin y Mao Tsé Tung, se orientaron exactamente en el sentido opuesto a este pilar del marxismo revolucionario.
Stalin, avanzando hacia la política de la coexistencia pacífica, se encargó de disolver la III Internacional en 1943 como concesión hacia sus aliados norteamericanos e ingleses. Esta decisión se basó en la contrarrevolucionaria teoría del socialismo en un sólo país que afirmaba que “El antiguo programa [la revolución mundial como base para el triunfo del socialismo] contiene una afirmación errónea, profundamente antileninista, según la cual ´Rusia no puede llegar al socialismo más que por la revolución mundial´”. Este punto del programa es radicalmente falso...”.(5). Mao, quien tomó el poder algunos años después, en octubre de 1949, jamás realizó siquiera un intento de construir o reconstruir semejante organización. Es más, con motivo del cumpleaños de Stalin, se preocupó por aclarar que: “Felicitar a Stalin no es una formalidad. Felicitar a Stalin significa apoyarlo, apoyar su causa, la victoria del socialismo y el rumbo que él señala a la humanidad, significa apoyar a un amigo querido. Pues hoy la gran mayoría de la humanidad está sufriendo y sólo puede liberarse de sus sufrimientos siguiendo el rumbo señalado por Stalin y contando con su ayuda.”.(6). El “rumbo señalado por Stalin”, era el de la coexistencia pacífica, el del socialismo en un solo país, la alianza de clases... era el rumbo que llevó a la derrota a la Revolución Española... era el rumbo de los fusilamientos a la Oposición de Izquierda en la URSS... era el rumbo hacia la restauración capitalista. Poco después de la toma del poder, el dirigente chino explicaba que “En cuanto a los países imperialitas, debemos unirnos también con sus pueblos y esforzarnos por coexistir pacíficamente con estos países, comerciar con ellos y conjurar toda posible guerra”.(7) Con estas posiciones a nadie puede asombrar que el mismísimo Mao, después de aislar y abandonar a su suerte a la revolución vietnamita como denunciara el Che(8), reestableciera relaciones con EEUU y recibiera a su presidente, Richard Nixon en 1972, constituyéndose en un claro ejecutor de la política de coexistencia pacífica y contrario a la necesidad de la revolución socialista mundial.
Con estas teorías y estos hechos, se intentaba establecer e imponer la idea de que la época de las revoluciones había terminado definitivamente, salvaguardando así, los intereses de la burocracia stalinista y maoísta y con ellos, los de los capitalistas.
Si nos detenemos especialmente en el principio de la revolución mundial, es porque su abandono y su renuncia es una de las principales causas de la restauración capitalista, no solamente en China, sino en todos los estados obreros. Fue la experiencia de la URSS y, lamentablemente, será el destino de Cuba Socialista si no se profundiza la revolución en ese país y si no se extiende en cada rincón del mundo.
Ya lo explicaba Trotsky en un postulado que la realidad confirmó en la URSS, la RPCh y demás estados obreros y que hoy podría aplicarse, sin mas, a Cuba: “Cuanto más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo. Si la burguesía no puede dejarse asimilar pacíficamente por la democracia socialista, el Estado socialista, por su parte, tampoco puede fusionarse pacíficamente con un sistema capitalista mundial”.(9)
Decíamos más arriba que además de la renuncia y el abandono a la revolución mundial, la restauración capitalista en China, también se explica por la política de alianzas de clases. Mao Tsé Tung es uno de los precoces ideólogos de la alianza con la burguesía. Alianza que excedía la situación coyuntural de invasión japonesa y se trasformaba en estratégica planteando la dictadura conjunta de todas las clases, con la consigna de “nueva democracia”, y un gobierno de coalición con la burguesía, además de abandonar la independencia política y militar de la clase trabajadora. Durante el período de la resistencia contra Japón, organizó el Frente Único Nacional Antijaponés, argumentando que la contradicción imperio-nación era la fundamental y la existente entre la burguesía y el proletariado era secundaria, cesando así las hostilidades con la burguesía y renunciando a las demandas obreras y campesinas elementales.(10) Posteriormente, selló su alianza con el Kuomintang y aún luego de hacerse con el poder, dejó en pie las bases de explotación de la burguesía nacional, como nada más ni nada menos que la propiedad privada(11). Es que la burguesía nacional era considerada parte del pueblo. Mao es muy claro al respecto: “En la etapa actual, el período de la edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella...”. Y especifica: “...la clase obrera; (...) el campesinado, (...) la intelectualidad; (...) y la burguesía nacional...”. Para luego afirmar que “Nuestro Gobierno Popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo, un gobierno que sirve al pueblo...”.(12) Es decir, tanto a la clase obrera como a la burguesa. Entre esta posición y la “teoría de las tres representaciones”, explicada al comienzo de esta nota, se observa claramente que, también en este aspecto, la restauración capitalista es la consecuencia inevitable de las concepciones maoístas.
Tenemos entonces que el PCCh, dirigido por Mao Tsé Tung y tras su muerte, siguiendo sus posiciones políticas, negó la estrategia de la revolución mundial adscribiendo a la teoría del socialismo en un solo país; en pos de la revolución por etapas, bregó por la alianza con la burguesía nacional adjudicándole un carácter revolucionario; se encargó personalmente de defender el derecho y el desarrollo de la propiedad privada; y fue el primero en proponerse representar a todo el pueblo chino, incorporando a él a su burguesía nativa. Así, el PCCh ha conducido esta restauración capitalista alejándose, tergiversando, negando y oponiéndose a los principios fundamentales del marxismo.
.............
NOTAS
1) Véase ER N°24.
2) XVI Congreso del PCCh, noviembre de 2002.
3) Se trata de Zhang Ruimin, primer empresario chino elegido para formar parte del CC del PCCh, 53 años, calificado en 1999 por el “Financial Times” como uno de “los grandes emprendedores del mundo”.
4) “Declaración de los derechos del pueblo trabajador explotado” (uno de los documentos básicos del nuevo poder soviético). Consejo de Comisarios del Pueblo, 1917.
5) “Programa de las Juventudes Comunistas”, abril de 1935.
6) “Stalin, amigo del pueblo chino”, 20 de diciembre de 1939.
7) “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”. Mao Tsé Tung, 12 de marzo de 1957.
8) Así lo denunciaba el Che: “El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables también los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista”. “Crear dos, tres... muchos Vietnam es la consigna”, 1967.
9) “La revolución traicionada”. León Trotsky, 1936.
10) Así lo explicaba: “Con su desarrollo, la contradicción nacional entre China y el Japón ha superado en peso político relativo a las contradicciones entre las clases y entre los grupos políticos dentro del país, relegándolas a un plano secundario y subordinado”. [En consecuencia] Nuestro frente único incluirá a la burguesía... [Y] En interés de la paz interna, la democracia y la guerra de resistencia, y con miras a establecer el frente único nacional antijaponés, el Partido Comunista de China, en su telegrama dirigido a las III Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang, contrajo los siguientes compromisos: (...) 3-Suspender la política de derribar al Kuomintang por la fuerza de las armas, y 4- Suspender la confiscación de las tierras de los terratenientes”. “Las tareas del Partido Comunista de China en el período de la resistencia al Japón”, 3 de mayo de 1937.
11) Esta era su explicación: “Hay quienes sospechan que los comunistas chinos nos oponemos al desarrollo de la iniciativa individual, al desarrollo del capital privado y a la protección de la propiedad privada; pero están equivocados. (...) La misión del sistema de nueva democracia, que preconizamos, consiste precisamente en (...) garantizar a las amplias masas populares la posibilidad de desarrollar libremente su iniciativa individual dentro de los marcos de la vida en sociedad, garantizar el libre desarrollo de una economía privada capitalista que no pueda “dominar la vida material del pueblo”, sino que lo beneficie, y proteger toda propiedad privada legítimamente adquirida”. “Sobre el gobierno de coalición”, 24 de abril de 1945.
12) “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo”. Mao Tsé Tung, 12 de marzo de 1957.