El Revolucionario Nº38 (Agosto de 2008)
El reciente conflicto del campo tuvo en el centro de la escena al pequeño empresario, ése que sueña con ser un gran capitalista y que, en ese camino, es el primero en negrear y superexplotar a los peones a su cargo. Desde la más rancia oligarquía hasta los autoproclamados “progresistas”, pasando por el gobierno de empresarios kirchneristas, todos agitaron como bandera el reclamo de una mejora en las condiciones (ganancias) de estas PyMES rurales, disputándose su apoyo.
Entre los dos bandos empresarios, los pequeños explotadores (muchos de los cuales eran antiguos simpatizantes del kirchnerismo) se ubicaron de lleno junto a sus hermanos mayores del campo, encabezados por la Sociedad Rural. Su “solidaridad de clase” fue tanta, que no abandonaron a los jefes terratenientes ni siquiera cuando el kirchnerismo les otorgó algunos beneficios para que se abrieran del bloque agrario... y esa “fidelidad” les costó quedarse sin nada, cuando una vez derogada la resolución 125, fueron suspendidas las compensaciones y reintegros, con lo cual los grandes ganadores de la disputa fueron los más acaudalados empresarios agrícolas.
De todas formas, a los jefes de los chacareros se los vio contentos ocupando un nuevo puesto, ahora como segundones en la feria de la Sociedad Rural, junto al golpista Miguens, a quien Buzzi y Cía. consideran un “socialdemócrata”. Es parte de la escala de valores que establecen entre empresarios. Éstos pueden ser más o menos amigos, tener mayor o menor fortuna, pero todos comparten lo esencial: se enriquecen a costa del trabajo ajeno, de la explotación de los trabajadores, los más claros perdedores en medio de este conflicto entre empresarios.
El reciente conflicto del campo tuvo en el centro de la escena al pequeño empresario, ése que sueña con ser un gran capitalista y que, en ese camino, es el primero en negrear y superexplotar a los peones a su cargo. Desde la más rancia oligarquía hasta los autoproclamados “progresistas”, pasando por el gobierno de empresarios kirchneristas, todos agitaron como bandera el reclamo de una mejora en las condiciones (ganancias) de estas PyMES rurales, disputándose su apoyo.
Entre los dos bandos empresarios, los pequeños explotadores (muchos de los cuales eran antiguos simpatizantes del kirchnerismo) se ubicaron de lleno junto a sus hermanos mayores del campo, encabezados por la Sociedad Rural. Su “solidaridad de clase” fue tanta, que no abandonaron a los jefes terratenientes ni siquiera cuando el kirchnerismo les otorgó algunos beneficios para que se abrieran del bloque agrario... y esa “fidelidad” les costó quedarse sin nada, cuando una vez derogada la resolución 125, fueron suspendidas las compensaciones y reintegros, con lo cual los grandes ganadores de la disputa fueron los más acaudalados empresarios agrícolas.
De todas formas, a los jefes de los chacareros se los vio contentos ocupando un nuevo puesto, ahora como segundones en la feria de la Sociedad Rural, junto al golpista Miguens, a quien Buzzi y Cía. consideran un “socialdemócrata”. Es parte de la escala de valores que establecen entre empresarios. Éstos pueden ser más o menos amigos, tener mayor o menor fortuna, pero todos comparten lo esencial: se enriquecen a costa del trabajo ajeno, de la explotación de los trabajadores, los más claros perdedores en medio de este conflicto entre empresarios.