El Revolucionario Nº11 (Marzo de 2006)
“Un marxista se basa en la lucha de clases y no en la paz social. En ciertos períodos de crisis económicas y políticas agudas, la lucha de clases, al desenvolverse, se transforma en guerra civil abierta, es decir, en lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está obligado a tomar posición por la guerra civil. Toda condenación moral de ésta es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo.”
(Lenin, “La guerra de guerrillas”)
Siempre que irrumpe la violencia popular en la escena política (en este caso los enfrentamientos armados en Las Heras y el linchamiento de un suboficial) resurgen, entre las organizaciones de izquierda, una serie de debates a la hora de tomar partido.
Independientemente de esto, siempre hemos sostenido que toda manifestación de la violencia del pueblo, ya esté debidamente organizada o contenga un elevado margen de espontaneidad, es un hecho altamente positivo para el desarrollo y la profundización de la lucha de clases. Y es tarea de revolucionarios generalizarla, elevar los métodos de autodefensa y confrontación y darle organicidad a las luchas que surguen espontáneamente. Toda acción directa de los trabajadores y el pueblo contra la burguesía y su democracia merece, en primer término, nuestra solidaridad y apoyo incondicional.
Por otro lado, muchas concepciones de las organizaciones de izquierda se han materializado en repudio, y en algunos casos, hasta en condena de este tipo de acciones.
No es motivo de estas líneas hacer una cronología exhaustiva de todas las luchas populares que han sido repudiadas desde la izquierda. Sin embargo, no podemos eludir recordar sólo algunas.
En 1989, luego de que el MTP llevara adelante el asalto en La Tablada, el MAS, en medio de denuncias de desapariciones y torturas, lejos de condolerse con los caídos del movimiento y defender los presos, manifestó su pésame por los milicos muertos.
Ya por estos días, cuando los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires se reunían para aprobar el Código Contravencional, una parte del pueblo se decidió a arremeter contra la legislatura y enfrentar a la policía. Ante estos hechos, y al unísono, muchas organizaciones se encargaron de argumentar que las acciones habían sido realizadas por “infiltrados”, “servicios de inteligencia”, que la zona había sido liberada y/o que los que participaron de los hechos fueron “funcionales a la derecha”. Inmediatamente, los legisladores del Interbloque, entre ellos los del MST, presentaron videos para “esclarecer los hechos”. Lo único que consiguieron fue aportar pruebas para el procesamiento de los detenidos.
Posteriormente, cuando varias organizaciones populares repudiaron la visita de Rodrigo Rato, avanzaron sobre el ministerio de economía y enfrentaron la represión, las mismas fuerzas repudiaron los hechos, argumentando, erróneamente, que los compañeros se habían montado sobre una movilización pacífica, que estaban despegados de las masas, que rompieron acuerdos, etc., etc.
Cuando se repudió la Cumbre de la Américas y se avanzó sobre varios locales símbolo del imperialismo, la izquierda jugó el mismo papel y a esta altura resultaría tedioso reiterar sus argumentos.
Recientemente, con los enfrentamientos en Las Heras y la muerte del suboficial ascendido a comisario, muchas corrientes de izquierda han vuelto a lamentar y repudiar la violencia y la muerte en el sur y hasta se han solidarizado con la familia del milico.
En primer lugar se encargaron de lamentar, en abstracto, la violencia y la pérdida de vidas, es decir, sin diferenciar si es la violencia del pueblo o la estatal o si es la vida de un compañero o la de un milico. Así lo expusieron: “El PC lamenta los hechos de violencia y la pérdida de vidas...” y va más lejos aún cuando se refieren a la muerte de Sayago y aclaran “cuya pérdida lamentamos solidarizándonos con su familia” (PC). “Nosotros en todos los medios dijimos que repudiamos la muerte, que repudiamos la violencia...” (entrevista a Navarro publicada por el MST-UNITE). “...lamentamos que hayan ocurrido los incidentes que terminaron con la vida de un personal de la policía...” (Coordinadora por la Libertad de los Presos Políticos).
Estas posiciones no constituyen ninguna novedad. Datan de muchísimos años en muchas organizaciones, ya sea porque la violencia popular no es parte de sus proyectos políticos; o porque tengan alguna esperanza en algún sector de las fuerzas armadas de la burguesía o porque consideran a los policías como trabajadores o porque su estrategia de poder culmina en una gran insurrección mayormente incruenta, basada en la huelga general. En el seno de estas organizaciones no hay lugar para las acciones directas de los trabajadores contra la burguesía, su aparato represivo y su democracia. De este modo, terminan repudiando, condenando y, como en el caso de la legislatura, hasta entregando luchadores. Al mismo tiempo, terminan lamentando la muerte de funcionarios estatales. Pero ningún burgués, ninguna asociación de la burguesía (ni la Sociedad Rural, ni la UIA, ni la ApyME, ni la iglesia) se lamenta por nuestros caídos. Mucho menos envían condolencias cuando nos mandan a asesinar, a reprimir o a encarcelar. No enviaron sus pésames por los trabajadores de Río Turbio, ni lo hacen por la infinidad de trabajadores que mueren día a día porque la patronal no garantiza las necesarias medidas de seguridad. Sin embargo, más de una organización de izquierda termina llorando los muertos del enemigo, bregando así, consciente o inconscientemente, por la conciliación de clases.
Contrariamente a estas lamentaciones, los marxistas revolucionarios no podemos posicionarnos ante la violencia ni ante la pérdida de vidas, como ante ningún fenómeno de la realidad social, sin tener en cuenta la división de la sociedad en clases. El camino hacia la revolución, estuvo, está y estará plagado de acciones violentas, de guerras civiles y, por supuesto, de innumerables vidas perdidas. Renegar de la violencia de la clase trabajadora, en cualquiera de sus expresiones, equivale a renegar de la revolución socialista. Así como reivindicamos a cada uno de nuestros caídos, no lamentamos la muerte de ningún burgués, y las fuerzas represivas y todos y cada uno de sus miembros son el brazo armado de la burguesía. Acompañando el sentir popular de profundo odio a los milicos, al gatillo fácil, a la represión sistemática, al terror sembrado por el estado, no nos condolemos, en lo más mínimo, ante la muerte del suboficial Sayago.
Por otro lado, cuando no repudian explícitamente las acciones de Las Heras, elaboran teorías e hipótesis que reniegan de la violencia popular: “Por haber montado este escenario de provocación y represión contra la huelga, el gobierno es enteramente responsable de la muerte del policía Sayago” (PO). “...nos manifestamos en contra de los hechos de violencia, de la que hacemos responsables al gobierno provincial y al gobierno nacional” (PC). “...el gobernador Acevedo “sospechó” que las tensiones que se vienen dando en Santa Cruz pueden estar ´alentadas por algún enemigo suyo en el poder de Buenos Aires´ (...) lo que pone de manifiesto que se quiere inculpar a los trabajadores de una situación teñida por las internas políticas del poder.” (PTS).
Estas posiciones que no asumen la realidad cuando el movimiento obrero supera su pacifismo y eleva sus métodos de lucha, marchan en sentido contrario a las necesidades de los trabajadores y su lucha. Así lo expresó Trostky en el Programa de Transición: “Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable, valiente en la agitación y la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad; educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores; infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución; aumentar la confianza en sí mismos de los explotados...”
Pero llevando la situación hasta el límite entre la no reivindicación y la delación se ha llegado a plantear: “Exigimos una investigación independiente sobre los hechos represivos de Las Heras.” (PO) “Reclamamos que se investiguen a fondo los hechos que terminaron con la muerte de un policía...” (PC).
Nuevamente, esta postura, además de ser compartida por la mismísima burguesía que pide mano dura, y de estar efectivizándose cotidianamente mediante torturas y detenciones masivas, da vía libre para permitir, lisa y llanamente, la persecución y el encarcelamiento de los trabajadores. De hecho, durante bastante tiempo, muchas fuerzas titubearon antes de exigir la libertad de los presos de Las Heras.
No tenemos nada que investigar. Simplemente los trabajadores y el pueblo hicieron uso de su legítimo derecho a la defensa. Simplemente cayó un esbirro. Se ha puesto en práctica mínimamente la justicia popular.
Ahora, al decir de Trostky “Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de los pistoleros y fascistas.” (Trostky, “Programa de Transición”). Es preciso continuar la organización de la lucha contra la represión y por la libertad de todos los presos políticos.
“Un marxista se basa en la lucha de clases y no en la paz social. En ciertos períodos de crisis económicas y políticas agudas, la lucha de clases, al desenvolverse, se transforma en guerra civil abierta, es decir, en lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está obligado a tomar posición por la guerra civil. Toda condenación moral de ésta es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo.”
(Lenin, “La guerra de guerrillas”)
Siempre que irrumpe la violencia popular en la escena política (en este caso los enfrentamientos armados en Las Heras y el linchamiento de un suboficial) resurgen, entre las organizaciones de izquierda, una serie de debates a la hora de tomar partido.
Independientemente de esto, siempre hemos sostenido que toda manifestación de la violencia del pueblo, ya esté debidamente organizada o contenga un elevado margen de espontaneidad, es un hecho altamente positivo para el desarrollo y la profundización de la lucha de clases. Y es tarea de revolucionarios generalizarla, elevar los métodos de autodefensa y confrontación y darle organicidad a las luchas que surguen espontáneamente. Toda acción directa de los trabajadores y el pueblo contra la burguesía y su democracia merece, en primer término, nuestra solidaridad y apoyo incondicional.
Por otro lado, muchas concepciones de las organizaciones de izquierda se han materializado en repudio, y en algunos casos, hasta en condena de este tipo de acciones.
No es motivo de estas líneas hacer una cronología exhaustiva de todas las luchas populares que han sido repudiadas desde la izquierda. Sin embargo, no podemos eludir recordar sólo algunas.
En 1989, luego de que el MTP llevara adelante el asalto en La Tablada, el MAS, en medio de denuncias de desapariciones y torturas, lejos de condolerse con los caídos del movimiento y defender los presos, manifestó su pésame por los milicos muertos.
Ya por estos días, cuando los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires se reunían para aprobar el Código Contravencional, una parte del pueblo se decidió a arremeter contra la legislatura y enfrentar a la policía. Ante estos hechos, y al unísono, muchas organizaciones se encargaron de argumentar que las acciones habían sido realizadas por “infiltrados”, “servicios de inteligencia”, que la zona había sido liberada y/o que los que participaron de los hechos fueron “funcionales a la derecha”. Inmediatamente, los legisladores del Interbloque, entre ellos los del MST, presentaron videos para “esclarecer los hechos”. Lo único que consiguieron fue aportar pruebas para el procesamiento de los detenidos.
Posteriormente, cuando varias organizaciones populares repudiaron la visita de Rodrigo Rato, avanzaron sobre el ministerio de economía y enfrentaron la represión, las mismas fuerzas repudiaron los hechos, argumentando, erróneamente, que los compañeros se habían montado sobre una movilización pacífica, que estaban despegados de las masas, que rompieron acuerdos, etc., etc.
Cuando se repudió la Cumbre de la Américas y se avanzó sobre varios locales símbolo del imperialismo, la izquierda jugó el mismo papel y a esta altura resultaría tedioso reiterar sus argumentos.
Recientemente, con los enfrentamientos en Las Heras y la muerte del suboficial ascendido a comisario, muchas corrientes de izquierda han vuelto a lamentar y repudiar la violencia y la muerte en el sur y hasta se han solidarizado con la familia del milico.
En primer lugar se encargaron de lamentar, en abstracto, la violencia y la pérdida de vidas, es decir, sin diferenciar si es la violencia del pueblo o la estatal o si es la vida de un compañero o la de un milico. Así lo expusieron: “El PC lamenta los hechos de violencia y la pérdida de vidas...” y va más lejos aún cuando se refieren a la muerte de Sayago y aclaran “cuya pérdida lamentamos solidarizándonos con su familia” (PC). “Nosotros en todos los medios dijimos que repudiamos la muerte, que repudiamos la violencia...” (entrevista a Navarro publicada por el MST-UNITE). “...lamentamos que hayan ocurrido los incidentes que terminaron con la vida de un personal de la policía...” (Coordinadora por la Libertad de los Presos Políticos).
Estas posiciones no constituyen ninguna novedad. Datan de muchísimos años en muchas organizaciones, ya sea porque la violencia popular no es parte de sus proyectos políticos; o porque tengan alguna esperanza en algún sector de las fuerzas armadas de la burguesía o porque consideran a los policías como trabajadores o porque su estrategia de poder culmina en una gran insurrección mayormente incruenta, basada en la huelga general. En el seno de estas organizaciones no hay lugar para las acciones directas de los trabajadores contra la burguesía, su aparato represivo y su democracia. De este modo, terminan repudiando, condenando y, como en el caso de la legislatura, hasta entregando luchadores. Al mismo tiempo, terminan lamentando la muerte de funcionarios estatales. Pero ningún burgués, ninguna asociación de la burguesía (ni la Sociedad Rural, ni la UIA, ni la ApyME, ni la iglesia) se lamenta por nuestros caídos. Mucho menos envían condolencias cuando nos mandan a asesinar, a reprimir o a encarcelar. No enviaron sus pésames por los trabajadores de Río Turbio, ni lo hacen por la infinidad de trabajadores que mueren día a día porque la patronal no garantiza las necesarias medidas de seguridad. Sin embargo, más de una organización de izquierda termina llorando los muertos del enemigo, bregando así, consciente o inconscientemente, por la conciliación de clases.
Contrariamente a estas lamentaciones, los marxistas revolucionarios no podemos posicionarnos ante la violencia ni ante la pérdida de vidas, como ante ningún fenómeno de la realidad social, sin tener en cuenta la división de la sociedad en clases. El camino hacia la revolución, estuvo, está y estará plagado de acciones violentas, de guerras civiles y, por supuesto, de innumerables vidas perdidas. Renegar de la violencia de la clase trabajadora, en cualquiera de sus expresiones, equivale a renegar de la revolución socialista. Así como reivindicamos a cada uno de nuestros caídos, no lamentamos la muerte de ningún burgués, y las fuerzas represivas y todos y cada uno de sus miembros son el brazo armado de la burguesía. Acompañando el sentir popular de profundo odio a los milicos, al gatillo fácil, a la represión sistemática, al terror sembrado por el estado, no nos condolemos, en lo más mínimo, ante la muerte del suboficial Sayago.
Por otro lado, cuando no repudian explícitamente las acciones de Las Heras, elaboran teorías e hipótesis que reniegan de la violencia popular: “Por haber montado este escenario de provocación y represión contra la huelga, el gobierno es enteramente responsable de la muerte del policía Sayago” (PO). “...nos manifestamos en contra de los hechos de violencia, de la que hacemos responsables al gobierno provincial y al gobierno nacional” (PC). “...el gobernador Acevedo “sospechó” que las tensiones que se vienen dando en Santa Cruz pueden estar ´alentadas por algún enemigo suyo en el poder de Buenos Aires´ (...) lo que pone de manifiesto que se quiere inculpar a los trabajadores de una situación teñida por las internas políticas del poder.” (PTS).
Estas posiciones que no asumen la realidad cuando el movimiento obrero supera su pacifismo y eleva sus métodos de lucha, marchan en sentido contrario a las necesidades de los trabajadores y su lucha. Así lo expresó Trostky en el Programa de Transición: “Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable, valiente en la agitación y la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad; educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores; infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución; aumentar la confianza en sí mismos de los explotados...”
Pero llevando la situación hasta el límite entre la no reivindicación y la delación se ha llegado a plantear: “Exigimos una investigación independiente sobre los hechos represivos de Las Heras.” (PO) “Reclamamos que se investiguen a fondo los hechos que terminaron con la muerte de un policía...” (PC).
Nuevamente, esta postura, además de ser compartida por la mismísima burguesía que pide mano dura, y de estar efectivizándose cotidianamente mediante torturas y detenciones masivas, da vía libre para permitir, lisa y llanamente, la persecución y el encarcelamiento de los trabajadores. De hecho, durante bastante tiempo, muchas fuerzas titubearon antes de exigir la libertad de los presos de Las Heras.
No tenemos nada que investigar. Simplemente los trabajadores y el pueblo hicieron uso de su legítimo derecho a la defensa. Simplemente cayó un esbirro. Se ha puesto en práctica mínimamente la justicia popular.
Ahora, al decir de Trostky “Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de los pistoleros y fascistas.” (Trostky, “Programa de Transición”). Es preciso continuar la organización de la lucha contra la represión y por la libertad de todos los presos políticos.