El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)
Desde hace tiempo, políticos, funcionarios judiciales y periodistas, insisten con su exigencia de encarcelar a los jóvenes menores de edad. Todos juntos,”reaccionarios” y “progresistas”, vienen coincidiendo en una salida represiva contra los chicos pobres que son acusados por algún delito.
Cuando de reprimir se trata, enseguida se anotan los De Narváez, los Patti, C5N, Radio 10, o La Nación.
Pero junto a ellos, y en primerísimo lugar, están quienes se consideran progresistas, encabezados por el juez de la corte suprema, Raúl Zaffaroni, que aparecen siempre cumpliendo el mismo papel: lograr que esa represión pedida a gritos por lo que llaman “la derecha”, se haga efectiva por medio de leyes que llevarán a la cárcel a los jóvenes pobres desde los 14 años. Pero eso sí, presentadas con un palabrerío demócrata y garantista que trata de mostrar como “respeto a los derechos de los jóvenes” lo que no es más que represión contra los que menos tienen.
Es la tarea que llevan adelante la llamada “nueva corte” y sus principales figuras como Zaffaroni y Argibay. Ésos que han sido tan adulados por los “progresistas” de toda laya en el periodismo y la política, incluyendo con ello no sólo a los kirchneristas (más o menos críticos), sino también a los “opositores” de la CTA , Proyecto Sur, Sabatella y demás, que han insistido en que “hay que reconocer los aportes del kirchnerismo”, en particular el de esta corte, cuyos figurones no han descansado hasta ver hecho realidad su proyecto para bajar la edad de imputabilidad hasta los 14 años.
De esta forma, las distintas corrientes que defienden esta democracia capitalista han conformado la plataforma para que hoy se despliegue con más fuerza la represión contra los chicos pobres. Mientras unos pedían más y más represión, los otros, fortalecidos por el apoyo que recibieron desde sectores que se consideran “progresistas” y hasta de “izquierda”, se encargaron de presentar las nuevas leyes represivas como un acto de cuidado de los adolescentes.
Esa ha sido la base para que el pasado 8 de julio todas las fuerzas políticas con representación en el senado votaran unánimemente la aprobación en general de la ley que baja la edad de imputabilidad a los 14 años. Para esto, una vez más, no hubo diferencias entre los distintos partidos de la clase dominante, pues todos juntos, radicales y peronistas, kirchneristas y opositores, todos votaron a favor de endurecer las leyes represivas cargando su peso sobre la juventud humilde.
Por supuesto, que de la boca hacia fuera, todos dicen “entender” y “preocuparse” por el marco social que da lugar a la delincuencia y todos deben reconocer que detrás de los pibes humildes hay poderosas y millonarias empresas delictivas que funcionan impunemente (de las que muchos de esos políticos son activos miembros), pero todos coinciden también en dejar esos “complejos” problemas para más adelante y sobre todo, como decíamos dos meses atrás(1), “ocultan el hecho fundamental de que esos pobres han llegado a esa situación de miseria, marginalidad y delincuencia empujados por quienes mandan en este sistema y se enriquecen en función de la creciente pobreza y desesperación de los trabajadores, llevando a muchos de ellos a vivir en las condiciones más indignas”.
Por eso es que entonces recordábamos que “Todas las respuestas que ensayan los políticos del sistema frente a la “inseguridad”, con sus variantes “progresistas” o de “mano dura”, no pueden llevar más que al sostenimiento y la profundización de la situación actual, ya que no atacan la raíz del problema social que le da origen: las relaciones de explotación propias del capitalismo. Para poder evitar que los pibes más humildes caigan en la delincuencia es imprescindible erradicar la pobreza y la opresión social que hoy los está arrastrando a esa situación. Pero ese cambio no lo podrán concretar nunca los políticos del sistema porque ellos defienden permanentemente a los poderosos y sus ganancias, y para ello condenan al conjunto de los trabajadores a la explotación y llevan a la más dura pobreza a sus capas más humildes. En el capitalismo, la delincuencia originada en la pobreza no sólo es inevitable sino endémica. Sólo en una sociedad donde no haya poderosos privilegiados y, por eso mismo, no haya pobres a los que los ricos le sacan todo, en una sociedad así, socialista, donde todos trabajemos para todos y nadie viva a costa de los demás, allí pues, erradicaremos esta delincuencia, porque habrá perdido su base social”.
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NOTAS:
1) Ver “La `inseguridad´ que nos trae el capitalismo” en ER Nº47, junio de 2009.
Desde hace tiempo, políticos, funcionarios judiciales y periodistas, insisten con su exigencia de encarcelar a los jóvenes menores de edad. Todos juntos,”reaccionarios” y “progresistas”, vienen coincidiendo en una salida represiva contra los chicos pobres que son acusados por algún delito.
Cuando de reprimir se trata, enseguida se anotan los De Narváez, los Patti, C5N, Radio 10, o La Nación.
Pero junto a ellos, y en primerísimo lugar, están quienes se consideran progresistas, encabezados por el juez de la corte suprema, Raúl Zaffaroni, que aparecen siempre cumpliendo el mismo papel: lograr que esa represión pedida a gritos por lo que llaman “la derecha”, se haga efectiva por medio de leyes que llevarán a la cárcel a los jóvenes pobres desde los 14 años. Pero eso sí, presentadas con un palabrerío demócrata y garantista que trata de mostrar como “respeto a los derechos de los jóvenes” lo que no es más que represión contra los que menos tienen.
Es la tarea que llevan adelante la llamada “nueva corte” y sus principales figuras como Zaffaroni y Argibay. Ésos que han sido tan adulados por los “progresistas” de toda laya en el periodismo y la política, incluyendo con ello no sólo a los kirchneristas (más o menos críticos), sino también a los “opositores” de la CTA , Proyecto Sur, Sabatella y demás, que han insistido en que “hay que reconocer los aportes del kirchnerismo”, en particular el de esta corte, cuyos figurones no han descansado hasta ver hecho realidad su proyecto para bajar la edad de imputabilidad hasta los 14 años.
De esta forma, las distintas corrientes que defienden esta democracia capitalista han conformado la plataforma para que hoy se despliegue con más fuerza la represión contra los chicos pobres. Mientras unos pedían más y más represión, los otros, fortalecidos por el apoyo que recibieron desde sectores que se consideran “progresistas” y hasta de “izquierda”, se encargaron de presentar las nuevas leyes represivas como un acto de cuidado de los adolescentes.
Esa ha sido la base para que el pasado 8 de julio todas las fuerzas políticas con representación en el senado votaran unánimemente la aprobación en general de la ley que baja la edad de imputabilidad a los 14 años. Para esto, una vez más, no hubo diferencias entre los distintos partidos de la clase dominante, pues todos juntos, radicales y peronistas, kirchneristas y opositores, todos votaron a favor de endurecer las leyes represivas cargando su peso sobre la juventud humilde.
Por supuesto, que de la boca hacia fuera, todos dicen “entender” y “preocuparse” por el marco social que da lugar a la delincuencia y todos deben reconocer que detrás de los pibes humildes hay poderosas y millonarias empresas delictivas que funcionan impunemente (de las que muchos de esos políticos son activos miembros), pero todos coinciden también en dejar esos “complejos” problemas para más adelante y sobre todo, como decíamos dos meses atrás(1), “ocultan el hecho fundamental de que esos pobres han llegado a esa situación de miseria, marginalidad y delincuencia empujados por quienes mandan en este sistema y se enriquecen en función de la creciente pobreza y desesperación de los trabajadores, llevando a muchos de ellos a vivir en las condiciones más indignas”.
Por eso es que entonces recordábamos que “Todas las respuestas que ensayan los políticos del sistema frente a la “inseguridad”, con sus variantes “progresistas” o de “mano dura”, no pueden llevar más que al sostenimiento y la profundización de la situación actual, ya que no atacan la raíz del problema social que le da origen: las relaciones de explotación propias del capitalismo. Para poder evitar que los pibes más humildes caigan en la delincuencia es imprescindible erradicar la pobreza y la opresión social que hoy los está arrastrando a esa situación. Pero ese cambio no lo podrán concretar nunca los políticos del sistema porque ellos defienden permanentemente a los poderosos y sus ganancias, y para ello condenan al conjunto de los trabajadores a la explotación y llevan a la más dura pobreza a sus capas más humildes. En el capitalismo, la delincuencia originada en la pobreza no sólo es inevitable sino endémica. Sólo en una sociedad donde no haya poderosos privilegiados y, por eso mismo, no haya pobres a los que los ricos le sacan todo, en una sociedad así, socialista, donde todos trabajemos para todos y nadie viva a costa de los demás, allí pues, erradicaremos esta delincuencia, porque habrá perdido su base social”.
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NOTAS:
1) Ver “La `inseguridad´ que nos trae el capitalismo” en ER Nº47, junio de 2009.