El Revolucionario Nº17 (Septiembre de 2006)
El revés recibido por la plaza llena de Blumberg (la mitad que se puede ocupar, pues “este presidente” mantiene las vallas policiales casi pegadas a la pirámide) mostró a las claras la “calidad” política de los cuadros del gobierno. Más preocupado en hacer fortuna que en la política, el kirchnerismo dejó en manos de los alcahuetes D’Elía y Ceballos la contramarcha. Pero se llevó una amarga sorpresa: no convocó a nadie, y Blumberg, con un rejunte de estafadores y torturadores como los Sin Gorra, los pasó por arriba.
Veinticuatro horas de deliberaciones en el gabinete presidencial para ver cómo se salía de semejante revolcón. Veinticuatro horas de bochornoso silencio de radio. Silencio de radio que desnuda la pérdida de la iniciativa política del gobierno, y de ahí, tanta preocupación...
Blumberg, sin el respaldo mediático de sus dorados comienzos, cuando el propio gobierno lo mimaba, puso en ridículo a los “grandes tácticos”, los “brillantes e inteligentes” cuadros del “peronismo de izquierda”.
A los “capos tácticos”, tan ponderados por nuestros reformistas argentinos, les llevó veinticuatro horas salir a decir que... lo que Blumberg y compañía exigían, o ya lo habían hecho, o están trabajando en ello. Es que el “plan” que la patota reaccionaria capitaneada por Blumberg les exigía con la plaza llena es el mismo plan del gobierno.
Pero esto ya es noticia vieja. La burguesía, independientemente de la patética banda que les administra los negocios, sigue adelante con su fiesta de saqueo y rapiña. Ahí está el escándalo “Kosiuko”, dejando bien claro cuál es el acuerdo político/empresario para hacer buenos negocios. Un escándalo que muestra a las claras el cinismo de un gobierno que sale a decir “que no sabe” que se trabaja en Buenos Aires en talleres clandestinos…
Un escándalo que los hace jugar, pues fue una cámara oculta que hizo una trabajadora, no el accionar del estado, lo que desató la denuncia.
Para colmo de males, el escándalo Kosiuko hizo saltar contradicciones internas al punto que el gobierno de Telerman pidió la renuncia de su subsecretario de trabajo por haber “atacado a la empresa”. El escándalo Kosiuko es una clara muestra de cómo se trabaja y produce en esta Argentina peronista.
Vale recordar que recientemente un periodista de renombre, comentarista económico de una de las radios más importantes, leyó un informe sobre la situación laboral en nuestro país del que surgía que, con la cantidad de inspectores que tiene
Atrás va quedando el debate sobre que “este gobierno” no es “más de lo mismo”. La catarata de hechos y actos de gobierno demuestra la continuidad brutal entre este gobierno y sus antecesores.
Es para la risa que al gobierno de la “nueva política” le venga a reclamar la reforma agraria nada más ni nada menos que la iglesia más reaccionaria de Latinoámerica. La curia le viene a plantear a este gobierno cipayo que hay que terminar con la extranjerización de la tierra. Parece que se han dado cuenta que han perdido la partida con sus pares imperialistas, y salen a pedirle al gobierno burgués que los represente, que la tierra debe ser para los empresarios nacionales (de los que ellos son socios) y no para los Tompkins, tan fervorosamente defendidos por el gobierno de Kirchner en boca de sus alcahuetes.
El planteo de la iglesia viene a dejar en claro las contradicciones insalvables de una semicolonia como Argentina: el desplazamiento de estos “burgueses nacionales” a manos de sus pares imperialistas.
Al desarrollo de los implacables hechos que demuestran a las claras el accionar de un gobierno proimperialista lo contrasta la penosa propaganda de la “izquierda” del kirchnerismo, encarnado en Libres del Sur, el movimiento de los estafadores.
A contrapelo de la propaganda de los Tumini y compañía, “este presidente” (como suele remarcar
“Este Presidente”, que no olvidemos, “enamoró” a unos cuantos desocupados, intelectuales, sindicalistas "progres", que prefieren ahora dejarlo en el olvido sin ninguna autocrítica, viene aplicando a pies juntillas las enseñanzas del manual de economía política de Malthus, aquel que le regalara en su primer encuentro su jefe George W. Bush.
“Este presidente”, que (dicen sus propagandistas) “enfrenta a la derecha”, le da suculentos negocios a un verdadero “padrino” como Franco Macri, partidario de la dictadura de Videla, y luego feroz menemista. “Este presidente” mantiene todos los contratos de las privatizaciones menemistas, salvo una de las más escandalosas como la de Aguas, y, dicho sea de paso, no hizo más que declaraciones para negar todo intento de renacionalizar Repsol YPF.
“Este presidente”, que dejó intactos los negocios de las privatizadas (que, ha quedado demostrado, no invirtieron un sólo peso en exploración y han girado al exterior todo el producto de las explotaciones), tiene que enfrentar una crisis energética ampliamente anunciada.
Basta recordar las declaraciones del presidente del banco central, Martín Redrado, el “Golden Boy” mimado de Grondona y Neustadt, e imprtante funcionario menemista, quien dijo que el buen momento que está atravesando Argentina en materia de las agroexportaciones se vería opacado por la desinversión energética.
“Este presidente”, para contraste con sus propios propagandistas, ha convertido nada más ni nada menos que a Daniel Hadad en uno de sus principales oficialistas, contratos millonarios mediante. “Este presidente”, peronista, viene por más. Y ya sabemos lo que significa cuando los peronistas “van por más”. Se profundizan la dependencia, el saqueo y la represión sobre la vanguardia de los trabajadores.