El Revolucionario Nº17 (Septiembre de 2006)
Durante los primeros tiempos de la actual gestión presidencial, comentaristas radiales y columnistas políticos se regodearon alabando la novedosa austeridad de Kirchner, que en lugar de trajes Armani y zapatos italianos se presentaba en actos oficiales con obsoletos trajes cruzados que le chingaban y mocasines desgastados.
Esos plumíferos no saben cómo explicar ahora que su campechano, llano e informal presidente tan “distinto” del cliché menemista, gastó u$15.000 diarios sólo para dormir en
En una semana de estadía, ciento cinco mil dólares sólo de alojamiento, el equivalente a 35 años de salario (contando aguinaldo) de un trabajador que cobre un salario promedio mensual. Una provocación más de “este presidente”, mientras miles y miles de inquilinos siguen esperando la línea de créditos hipotecarios baratos y a 30 años que sólo existen en la propaganda oficial de los reiterados actos de lanzamiento, y que los propios banqueros dicen que son inviables.
De shoppings, consumo y Wall Street
La nena Florencia anduvo de compras por los shoppings más caros con una amiga, al mejor estilo Zulemita, pero sin la excusa de la concesionaria de motos.
Mientras la nena consumía y la mamá daba clases magistrales acompañada de Bordón, Piccheto y Taiana, el presidente se dedicó a desayunar con empresarios y brokers en
Dispuesto a jugarse para incentivar las inversiones extranjeras, Kirchner definió con la habitual claridad peronista: “Argentina lleva adelante una política económica heterodoxa, pero dentro de los cánones de la economía clásica”.