EL FIN DE LA “AUSTERIDAD PATAGÓNICA”

El Revolucionario Nº17 (Septiembre de 2006)

Durante los primeros tiempos de la actual gestión presidencial, comentaristas radiales y columnistas políticos se regodearon alabando la novedosa austeridad de Kirchner, que en lugar de trajes Armani y zapatos italianos se presentaba en actos oficiales con obsoletos trajes cruzados que le chingaban y mocasines desgastados.

Esos plumíferos no saben cómo explicar ahora que su campechano, llano e informal presidente tan “distinto” del cliché menemista, gastó u$15.000 diarios sólo para dormir en la Suite Presidencial 5101 del Hotel Four Seasons de Nueva York. Es que no es una pieza de hotel cualquiera: tiene 140 metros cuadrados en el piso 51, con amplios balcones y ventanales que dan al Central Park; ascensor privado para no mezclarse con el resto de los huéspedes; chimeneas de mármol y finas maderas en el living; cuadros al óleo de firma; televisores plasma hasta en los baños; grifería de cristal de roca; piano de cola y detalles de decoración con piedras semipreciosas y perlas.

En una semana de estadía, ciento cinco mil dólares sólo de alojamiento, el equivalente a 35 años de salario (contando aguinaldo) de un trabajador que cobre un salario promedio mensual. Una provocación más de “este presidente”, mientras miles y miles de inquilinos siguen esperando la línea de créditos hipotecarios baratos y a 30 años que sólo existen en la propaganda oficial de los reiterados actos de lanzamiento, y que los propios banqueros dicen que son inviables.

De shoppings, consumo y Wall Street

La nena Florencia anduvo de compras por los shoppings más caros con una amiga, al mejor estilo Zulemita, pero sin la excusa de la concesionaria de motos. La Señora Cristina , en la Universidad de Columbia, dio cátedra sobre el valor del consumo como motor del progreso de la humanidad, explicando que en la Argentina se privilegia “la lógica del capitalismo”, al que calificó de “mejor idea que el comunismo”, al tiempo que instó a EEUU a asumir un “liderazgo responsable” en el mundo, aceptando “la diversidad”. Y si criticó al FMI, como gustaron titular sus amanuenses periodísticos, lo hizo porque son “burócratas que no promueven el consumo”.

Mientras la nena consumía y la mamá daba clases magistrales acompañada de Bordón, Piccheto y Taiana, el presidente se dedicó a desayunar con empresarios y brokers en la Bolsa de Valores de Nueva York, que le dieron, a cambio de la servil promesa de “seguridad jurídica”, es decir, de garantizarles las condiciones para el saqueo, el privilegio reservado para ilustres visitantes como Madonna o Bárbara Bush de tocar la campana que anuncia la apertura de la ronda de negocios del mayor mercado de capitales del mundo.

Dispuesto a jugarse para incentivar las inversiones extranjeras, Kirchner definió con la habitual claridad peronista: “Argentina lleva adelante una política económica heterodoxa, pero dentro de los cánones de la economía clásica”.