EL CONFLICTO ENTRE LOS EMPRESARIOS DEL CAMPO Y LOS DEL GOBIERNO: LA NEGOCIACIÓN EN MARCHA

Después de haber tensado su relación, los empresarios del campo y los empresarios del gobierno sientan a sus legisladores en el congreso para acordar qué tajada de las inmensas ganancias de la exportación se lleva cada uno.
El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)
De los cortes de rutas, las marchas, los cacerolazos y los actos, la pelea entre el gobierno y “el campo” se fue hacia el congreso nacional. Momentáneamente, los protagonistas dejaron de ser la presidenta, Cristina Fernández, y los dirigentes de las cuatro cámaras empresariales del agro. Ahora, los diputados y los senadores nacionales se llevan las tapas de los diarios y son los favoritos de la radio y la televisión. A un lado quedaron las declaraciones de Luis D´Elía y las arengas de Alfredo De Angeli, los cortes de rutas y los actos y contraactos. Esto fue reemplazado por algunas carpas, más circenses que otra cosa, frente al congreso.
Después de la tensión del fin de semana largo, con el show de la detención mediática de De Angeli y los cortes de los transportistas, Cristina Fernández anunció el envío del proyecto de ley para tratar las retenciones móviles en el parlamento, maquillando su decisión con un poco de “democracia y calidad institucional”. El gobierno, con este paso, aunque lo niegue, cedió ante las presiones de los capitalistas exportadores, pero para obtener, al fin de cuentas, una mayor recaudación en relación al período anterior al 11 de marzo.
El kirchnerismo no desconocía que los números en el recinto no le cerraban para imponer, sin modificaciones, el proyecto de ley que ratifica las retenciones móviles con los porcentajes que desencadenaron la protesta rural. Pero también sabía que es mayoría y, concesiones mediante, podría imponer su proyecto.
Esta salida parlamentaria fue aplaudida, no sin reparos, por las cámaras exportadoras, por la oposición política y, también, por los principales medios de comunicación. Ahora, debe llegar a otro arreglo, pero sin mostrar debilidad ni dar marcha atrás en su discurso redistribucionista.
Los exportadores, con minoría parlamentaria en este conflicto, lograrán, sin embargo, recuperar parte de lo que pretendió retener el gobierno de los Kirchner. Al mismo tiempo, deberán cederle una parte de las exorbitantes ganancias que amasaron en estos años de kirchnerismo y alta demanda y cotización internacional.
La marcha de la negociación transita por estos días el congreso, donde los legisladores se alistan para corresponder a sus jefes y padrinos políticos o aceptar premios, cargos, coimas y todo tipo de prebendas del mejor postor para definir sus votos. Algunos ya se adelantaron como Roberto Urquía, dueño de la Aceitera General Deheza y senador por la provincia de Córdoba, a quien le condonaron una deuda por más de 35 millones de pesos. Otro es Luis Viana, senador por Misiones, a quien le ofrecieron manejar la dirección de migraciones de su provincia. Ya negociaron en la cámara baja y ratificarán el trato en el senado.
Se vive la víspera del acuerdo en que ambos grupos se repartirán millones de dólares y no un puñado, como dice la presidenta. Los precios internacionales siguen en ascenso. Las porciones son generosas. Habrá más reintegros, subsidios, liberación de exportaciones y exención impositiva para los empresarios del campo, pero también más recaudación para el gobierno nacional. Todo, bendecido por sus instituciones democráticas. El congreso cumple así con su función de dirimir peleas interburguesas.
La disputa por apropiarse de la mayor parte posible de las extraordinarias ganancias, que dejan las exportaciones agrarias, parece encaminarse ya hacia el tan dilatado acuerdo que ambas bandas de capitalistas anhelan para seguir enriqueciéndose sin mayores sobresaltos. Podrán mediar todavía cacerolazos, acusaciones cruzadas y hasta la corte suprema, pero la esencia sigue siendo negociar. Siguen siendo socios. El gobierno vive sobre la base de la actividad rural y los altos precios de las materias primas que exporta el país. “El campo” se beneficia de las políticas kirchneristas de sostenimiento del tipo de cambio y subsidios hacia el sector.
Decíamos al iniciarse esta puja, que “Siendo que el origen del conflicto radicaba en un desacuerdo en la porción de las ganancias de las exportaciones que a cada uno le toca, el final de la pelea requería de una mesa de negociación en la que, simplemente, pudieran rehacer las cuentas.” (1) Pues bien, en eso están.

LOS NÚMEROS DEL CONFLICTO
La producción del campo argentino proyecta cosechas récord a precios récord. Solamente la producción sojera se estima en casi 50 millones de toneladas que superaron los 600 dólares cada una.
Las retenciones crecientes implementadas por el gobierno (27% en octubre pasado; 35% en noviembre; y en el orden del 44% dependiendo del precio internacional, desde marzo) representan para este año más de u$s12.000 millones para las arcas fiscales. Esa cifra se duplica, con yapa, en relación al pasado año, cuando alcanzó los u$s5.000 millones, y equivale, aproximadamente, al 15% de la recaudación estatal.
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NOTAS:
1) Ver “La negociación”, en ER Nº34, abril de 2008.