CUATRO AÑOS DE GOBIERNO KIRCHNER

“EL NEGOCIO ES ÉSTE. ES ASÍ LA ARGENTINA”

El Revolucionario Nº25 (Junio de 2007)

…le dijo el auditor interno de Skanska al gerente comercial de esa multinacional. En su oficina, ubicada a doscientos metros de la casa de gobierno, le recordó que era inadmisible frenar los millonarios negociados que estaban llevando a cabo con la primera plana kirchnerista: “¿Y vos le vas a tirar un negocio abajo (…) al pingüino de acá a dos cuadras?”. “No, no –respondió su socio-. Estos tipos te tiran a un zanjón”.

Ya se cumplieron cuatro años desde que Néstor Kirchner, dirigente peronista de toda su vida (y por entonces ex menemista), llegó al gobierno impulsado por Eduardo Duhalde disfrazado del paladín de la lucha contra los grandes negociados que tanto el peronismo de Menem y Duhalde como la alianza radical-progresista de De la Rúa y Chacho Álvarez habían llevado a una exposición escandalosa, saboreando sushi y pizza con champagne mientras se enriquecían por medio de coimas, tráfico y corrupción.
Llegó entonces el turno de Kirchner y su séquito. Ellos comenzaron su fiesta millonaria desde el mismo momento en que se hicieron con el poder, y por cuatro años se dedicaron a engrosar no sólo sus enormes fortunas personales, sino también el gran aparato que les permite perpetuarse en el gobierno y mantener sus negocios de aquí en adelante. El superministro De Vido (de Planificación y Obras Públicas) y el Ministro de Transportes Ricardo Jaime encabezan el ranking de negocios que el kirchnerismo sostuvo sin parar y que hoy son difundidos a partir del caso Skanska y de un nuevo caso de tráfico de armas.
La caja negra de los negocios del estado, es el premio consuelo, la mediocre porción que el imperialismo yanqui regala a su séquito de lamebotas a cambio de que administren y apliquen a rajatabla sus políticas de hambre y superexplotación. Así, el puntual y permanente pago de la deuda y el aumento del superávit fiscal basado en un creciente ajuste contra la clase obrera (por la múltiple vía de la inflación, el vaciamiento de los servicios públicos, la precarización laboral, etc.), son la tarea que Kirchner cumple para que él y sus pujantes funcionarios-empresarios, junto a otros empresarios aliados, amasen millones a costa del hambre del pueblo.
Esta y no otra es la “nueva burguesía nacional” de la que hablan los apologetas del kirchnerismo, enriquecida a partir de la desgracia popular, cuya característica más esencial es su abnegada postración ante el amo yanqui y su profundo desprecio ante las necesidades de los trabajadores y el pueblo pobre de nuestro país.

No es lo mismo pero es igual…
Que Kirchner no es lo mismo que Menem es tan cierto como que Bush, el invasor de Irak, no es lo mismo que su antecesor demócrata e invasor de Kosovo y Kuwait, Bill Clinton. Sus evidentes diferencias materiales son la envoltura de una política común cuyos “matices”, “grados” o “estilos” no pueden opacar su esencia antipopular. En todo caso no caben dudas que la misma impunidad que hoy el gobierno kirchnerista les concede a los más reconocidos ladrones de antaño (como ejemplo recordemos a sus impunes compañeros del PJ Manzano, Grosso, o el mismo Menem) es la que se avizora en el horizonte para los jefes kirchneristas de tantos negocios actuales como Jaime, De Vido o el mismo Kirchner.
Si hasta Martín Balza, jefe del ejército menemista (responsable del tráfico de armas a Ecuador y Croacia y de la explosión de la fábrica de Río Tercero para borrar las pruebas), presta hoy funciones como embajador en Colombia para el gobierno kirchnerista. En su lugar ahora es la Ministra de Defensa Nilda Garré quien encabeza (junto al superministro De Vido, responsable de Fabricaciones Militares) el escándalo por el tráfico de armamento, tras haber aprobado la salida de un cargamento de armas nacionales viejas (repuestos de FAL y FAP) para abastecer el arsenal de la potencia guerrerista yanqui… y para más incoherencia, a un alevoso costo de 35 centavos el kilo.
Los niveles de los negociados son faustuosos. Sólo lo expuesto públicamente a partir de los desvíos de fondos para obras públicas vinculadas con el caso Skanska habla de 100 millones de pesos, robados por medio de ámbitos estatales como el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) y Nación Fideicomiso con el auxilio de más de una veintena de empresas fantasmas que emitieron facturas falsas. “Una es Gotti SA, que utilizó facturas apócrifas por más de 21 millones de pesos. Esta compañía forma parte de un holding de empresas pingüinas controladas por Lázaro Báez, amigo y socio de Kirchner. La otra de esas doce empresas es Juan Felipe Gancedo SA, una constructora rionegrina de estrechos lazos con otro Kirchner, Carlos Santiago, un primo hermano del Presidente y funcionario clave del Ministerio de Planificación Federal” (Perfil, 27/5/07). Y como Báez, actual socio del presidente en un fideicomiso para la construcción de departamentos en Río Gallegos, aparecen involucrados en los millonarios negociados muchos otros empresarios, viejos amigos de Kirchner y muchas veces privilegiados por su política estatal, como Gustavo Weiss, presidente de Eleprint S.A (otra de las empresas que robó por medio de facturas truchas) y su socio Carlos Wagner, presidente de la Comisión Directiva de la Cámara Argentina de la Construcción y muy allegado a Néstor Kirchner gracias a lo cual se ha beneficiado con grandes negocios relacionados con la obra pública.
Hasta Alberto Fernández ha sido descubierto en este descontrol de negocios, pues bajo su mando se encuentra la intervención (y vaciamiento) del Hospital Francés, desde donde se han pagado 85.000 pesos a Infiniti, una de las empresas fantasmas de moda. Ni hablar entonces de De Vido, mano derecha y protegido de Kirchner, cuya cartera ha sido creada a medida para regentear todos los grandes negocios estatales. No en vano se ha echado ya a ocho funcionarios, soltándole la mano a algunos cuadros menores para salvar a sus jefes. Aún así, ya figuran entre los implicados el marido de la ministra de economía Felisa Miceli y otros funcionarios medios directamente relacionados con De Vido. Como lo relata ante un periodista de Perfil uno de los asesores del destituido director del Enargas Fulvio Madaro:
“-Acá todo pasa por Cameron (Daniel, secretario de Energía). Madaro recibía las órdenes de él. Casi no tenía decisión propia. Y bueno... Cameron las recibía de arriba. Acá esto es así...
-¿De qué tan arriba le bajaban línea a Cameron?
-De Vido. No se hace nada sin que De Vido o el Ruso lo sepan.
-¿El Ruso? ¿Qué Ruso?
-Kirchner.”

Perpetuación de la dependencia
El último día de mayo la ministra Miceli explicó ante la Asociación Empresaria Argentina, que el ahorro nacional (eufemismo gubernamental para hablar del ajuste sobre los trabajadores) tenía un destinatario indiscutido: “dos puntos del superávit fiscal se destinan al pago de intereses de la deuda pública, que todavía presenta niveles elevados”… “el otro punto del superávit lo destinamos a bajar deuda” (Clarín, 1/6/07). Así, mediante la Ley de Responsabilidad Fiscal, aprobada bajo este gobierno, se garantiza el superávit que es destinado íntegramente al pago de la deuda. El saqueo imperialista se garantiza de este modo gracias al pago de la deuda a lo que debe sumarse la vía libre para que las multinacionales (petroleras, telefónicas, energéticas…) se lleven millones sin reinvertir un solo centavo en el país aprovechando la llamada “seguridad jurídica” y los bajos salarios.
La burguesía nacional y su gobierno, sirviendo como guardianes del saqueo, cumpliendo su único papel posible: el de mendicantes socios menores del imperialismo, se afanan por rescatar para ellos lo que queda del botín, y se reparten los negocios entre los nuevos empresarios-funcionarios (que hacen del gobierno su trampolín para afianzarse en el campo de la burguesía) y los empresarios de siempre, mimados por el kirchnerismo, como los Roca de Techint (actual socio del gobierno en los gaseoductos del caso Skanska), Tasselli (beneficiado insistentemente por Kirchner con trenes, minas, y otras empresas), o tantos otros.
La consecuencia inevitable de esta política de saqueo imperial y rapiña local, es la pauperización constante de las condiciones de vida de la clase obrera y el pueblo argentinos. De esta forma el trabajo es cada vez más precario y mal pago, al tiempo que la inflación transforma en bienes de lujo los artículos más básicos. El vaciamiento sobre los servicios públicos se vuelve alevoso: el transporte se cae a pedazos, las escuelas se encuentran desmanteladas y sin calefacción, y la salud empeora hasta el punto en que enfermedades curables como la meningitis hacen estragos entre nuestro pueblo. Así, mientras millones y millones de dólares salen de nuestro país parar llenar las arcas del imperialismo y rebalsan los bolsillos de gobernantes y empresarios locales, bastan apenas unas jornadas de frío para que debamos contar por decenas los muertos del pueblo, debido a las precarias condiciones en que se intenta sobrevivir.
La única salida posible para los problemas que golpean a la clase obrera y demás sectores populares implica el enfrentamiento con los enemigos del pueblo: el imperialismo, la burguesía local y todos sus gobiernos.