(primera parte)
El Revolucionario Nº24 (Mayo de 2007)
El Gobierno de China, bajo la dirección del Partido Comunista de China (PCCh), ha aprobado recientemente una Ley de Propiedad que ratifica la legalidad de la propiedad privada, la considera un componente importante de la economía y declara su carácter inalienable. Con este hecho reafirma y profundiza la restauración capitalista en ese país.
En esta nota nos proponemos exponer las posiciones del marxismo revolucionario sobre la revolución socialista y la posterior restauración capitalista en China. Para ello organizaremos el trabajo en dos partes. En este número nos referiremos a las características que adoptó dicho proceso restauracionista. En la próxima entrega desarrollaremos el rol desempañado por el PCCh y la corriente maoísta, como una variante de la stalinista, para transformar al estado obrero chino en un estado capitalista.
Los teóricos de la burguesía, defensores del capitalismo y la propiedad privada, argumentan que “...el desarrollo de las fuerzas productivas presupone que el estado sea estructurado de manera que la economía pueda autorregularse; es decir, que pueda funcionar sobre la base de las leyes de mercado, leyes que tendrán plena vigencia siempre y cuando la propiedad esté segura, los beneficios garantizados y la iniciativa privada sea lo más libre posible”.(1)
Sin embargo, Marx y Engels ya habían refutado estas afirmaciones un siglo y medio antes. En el Manifiesto del Partido Comunista, pilar fundacional del socialismo científico, explican que las relaciones de propiedad burguesas constituyen un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas; precisan además que, durante las crisis periódicas de superproducción, la burguesía destruye una parte considerable de las fuerzas productivas ya creadas; y concluyen que “...los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula: abolición de la propiedad privada”.(2)
Como vemos, ambas posiciones, la capitalista y la socialista, se oponen y chocan de forma irreconciliable.
Pues bien, China, uno de los dos países más importantes que ha vivido una revolución triunfante y ha logrado construir un estado obrero sobre la base de la expropiación de la burguesía y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, es hoy, sin embargo, exponente de la restauración capitalista. Actualmente, las leyes de mercado “autorregulan” la economía, la propiedad burguesa está garantizada y la iniciativa privada goza de libertad, tal y cómo lo reclamaban los ideólogos burgueses durante la Perestroika.
Revolución socialista en China
Indudablemente, el proceso revolucionario que llevó al triunfo a la clase trabajadora y campesina en China constituye una experiencia invalorable, tanto en el mismo proceso de debate, organización y lucha por la toma del poder, como también en la edificación de un estado obrero y dictadura proletaria.
El pueblo chino, luego de años y años de insurrecciones y del desarrollo de una imponente guerra de guerrillas, logró expulsar al imperialismo japonés de su territorio. Posteriormente, luego de un largo e infructuoso frente popular impulsado por el stalinismo y aceptado por el maoísmo, y cuando las contradicciones entre el partido nacionalista burgués de Chiang Kai-Shek y el Partido Comunista de Mao Tse Tung se hicieron irreconciliables y sangrientas, el pueblo derrocó a los terratenientes y capitalistas chinos. De este modo, en 1949, con la dirección del PCCh, que en la práctica y momentáneamente hizo caso omiso a uno de los pilares del stalinismo y dejó a un lado la alianza de clases, el pueblo tomó el poder, expropió a la burguesía y distribuyó las tierras entre los campesinos pobres. Se fundaba así la República Popular China (RPCh), un nuevo estado obrero.
Al igual que en todas las revoluciones socialistas triunfantes, en la RPCh, se estatizaron las grandes empresas, los bancos y el comercio exterior. Los medios de producción, la tierra y las fábricas, pasaron a estar en manos del estado obrero y campesino. En una palabra, fue expropiado el capital, fue abolida la propiedad privada.
La Revolución China inmediatamente significó una considerable mejora en las condiciones de vida de la clase obrera y el pueblo. Inmensas masas populares tuvieron acceso a la educación, acabando con siglos y siglos de analfabetismo, se generalizó la asistencia sanitaria, y se extendieron los beneficios sociales para el pueblo trabajador.
Restauración capitalista en China
Los funcionarios del gobierno chino, para justificar su condición de nuevos empresarios, explican, a través de la Escuela de Mandos del PCCh, en una nota titulada “Noticias de la economía de mercado”, que “la teoría de Karl Marx de que el capitalismo fatalmente se hundiría está desfasada y debe reexaminarse si se quiere entender el socialismo”. Como desarrollaremos en nuestro próximo número, en la renuncia a los principios fundamentales del marxismo, en el estancamiento económico, en el aislamiento de la Revolución, en la burocratización, en la formación de una nueva clase empresaria, en la ausencia de verdaderos órganos de poder obrero y en las concepciones políticas del PCCh, radica el origen de la restauración capitalista en China.
Pero sin duda, las llamadas “reformas de mercado” dieron un fuerte impulso a esta restauración que se desarrolló bajo el eufemismo de “socialismo de mercado”. Una característica central de este proceso fue la institucionalización y la protección de la propiedad privada sobre los medios de producción. Es decir, un rotundo golpe contra el pilar de la economía socialista, un golpe mortal contra la base del estado obrero.
Las reformas de mercado y la Ley de Propiedad
Las resoluciones del Comité Central del Partido Comunista de China de 1978, bajo la dirección de Deng Xiaoping, hoy equiparado con Marx y Lenin por la carta orgánica del PCCh, fueron el punto de partida de las llamadas “reformas de mercado”.
Estas reformas implementaron una serie de medidas que garantizaron la vuelta a la economía de mercado, la vuelta al capitalismo. En primer lugar, se instrumentó la descolectivización del campo, eliminando la propiedad comunal y generando, casi automáticamente, una masa de cientos de miles de desocupados. Así, también se dio comienzo al proceso de concentración de la tierra, ya que se autorizó alquilar su uso y vender libremente parte de la producción. Simultáneamente, los gerentes de las empresas estatales, todos miembros del PCCh, recibieron libertad para acumular una porción de las ganancias obtenidas, pudieron diversificar operaciones y decidir en cuanto a precios, inversiones, compras, ventas e ingreso de nuevos accionistas. Luego, se permitió subcontratar empresas estatales a inversores privados. Paralelamente se instrumentó una paulatina liberalización del comercio exterior. Como corolario, se crearon las “zonas económicas especiales” en las que se radicaron capitales extranjeros y se formaron empresas mixtas. En 1985, el CC del PCCh extendió este tipo de reformas al sector industrial, implementando los mecanismos de mercado, la autonomía empresaria, la libre relación entre empresas privadas y un sostén desde el sistema financiero y bancario.
Como parte integrante del “socialismo de mercado”, como lo llamaron los ideólogos restauracionistas, en 1982 cobró calidad constitucional el derecho a la propiedad privada y a la herencia. Posteriormente, en 1999, fue declarada “un importante componente de la economía de mercado socialista” hasta alcanzar el status de “inalienable”. Recientemente, en 2007, la Asamblea Nacional declaró que “todo tipo de propiedad, desde la estatal a la colectiva, individual o de otro tipo, está protegida por la ley y nadie puede atentar contra ella”.
Si bien la propiedad burguesa no es la única forma de propiedad existente en China(3), su importancia en la economía y en el fortalecimiento de la burguesía local y extranjera, configura al estado chino como un estado capitalista.
Actualmente, en China existen alrededor de 2 millones de empresas privadas, tanto en el campo como en la ciudad, y esa cifra se incrementa velozmente. La mayoría de ellas están en manos de capitalistas del PCCh que se hicieron millonarios dirigiendo las compañías del burocratizado estado obrero. Además existen 250 mil empresas directamente en manos de capitales multinacionales de EEUU, Japón y Europa. Todas estas empresas, que explotan a más de 25 millones de trabajadores, generan cerca del 70% del PBI chino. Como reconocimiento de su importancia, recientemente el gobierno otorgó permisos especiales para la exportación e importación de mercancías a más de 60 empresas privadas, un atributo que sólo tenían algunas compañías estatales.
Estas medidas y sus cambios en la estructura económica profundizaron la diferenciación social entre los beneficiarios de las reformas y la clase obrera y campesina. El aumento de la desocupación, que afecta a 84 millones de trabajadores en las ciudades y a unos 100 millones en el campo, crece constantemente y se profundizará con las nuevas privatizaciones, ya que cada año se pierden un millón y medio de puestos de trabajo. Paralelamente, la nueva clase empresaria ve incrementar sus privilegios y riquezas mientras la gran mayoría es despojada de sus conquistas y sufre ahora la expropiación capitalista.
..........
1) L. Pellicani. “Condiciones previas para el desarrollo económico: el caso soviético” en Ciencia Política N° 24, 1991.
2) Manifiesto del Partido Comunista, febrero de 1948, destacados nuestros.
3) Existe además la propiedad colectiva en manos de aldeanos y campesinos; las compañías, total o parcialmente en manos extranjeras; la propiedad estatal, cuyo capital es accionario; las empresas mixtas de propiedad estatal y privada, entre otras.