El Revolucionario Nº31 (Diciembre de 2007)
El aumento constante de la inflación, el pago puntual y permanente de la deuda externa, la creciente extranjerización de la economía nacional, y la estructura dependiente e improductiva del país son la verdadera cara del “modelo de crecimiento” que promueve el gobierno peronista.
El fin de año viene con todo. La ya conocida inflación de más del 20% se queda corta frente a una canasta navideña que se ha incrementado cerca del 50% en relación al año anterior(1). Los precios en los lugares de veraneo y de cualquier tipo de paseo familiar son tan escandalosos que el INDEC ha decidido sacarlos de su medición. Y de yapa, a principio de año comienza la llamada “revisión tarifaria integral” a la que ya se ha comprometido Cristina Fernández con las privatizadas para aumentar gradualmente las tarifas sobre toda la población. Con ello golpearán doblemente al pueblo: en forma directa por medio del aumento del servicio e indirectamente por el aumento de los precios, que se dará cuando los empresarios trasladen a los productos de consumo los incrementos de tarifas que ellos deberían pagar.
Como está visto, el tan repetido “crecimiento” propagandizado por los Kirchner no tiene nada que ver con la vida de los trabajadores que sufren la situación a diario. Más bien se refiere a la fiesta de negocios que llevan adelante los capitalistas, beneficiados por el aplastamiento de los salarios debido a la inflación (es decir la disminución, para su conveniencia, del precio de la fuerza de trabajo), los altos precios de los productos exportables (como el petróleo o la soja) y el apoyo total del gobierno peronista para satisfacer su sed de ganancias.
Porque por más que el kirchnerismo se preocupe por hacer una suerte de “parodia” sobre un supuesto “control de precios” para los artículos de consumo popular, lo cierto es que cuando cualquier trabajador va al almacén o debe pagar el alquiler a fin de mes, sabe más que nadie que el gobierno no ha hecho nada para evitar la inflación y con ella, la caída permanente del poder de compra de la clase obrera. Por el contrario, sólo a partir de las grandes luchas, los trabajadores le han arrancado concesiones al gobierno y la patronal, paliando así, al menos parcialmente, una situación que es claramente desfavorable.
Y sin embargo, mientras no se resuelven problemas tan básicos como la salud, la educación o la vivienda, el gobierno sí interviene, y con toda su energía, para ayudar a que los ricos se enriquezcan aún más: estableciendo un dólar competitivo que les garantiza los buenos negocios(2), promocionando la exportación de productos primarios, y subsidiando incluso a las empresas privadas de servicios(3), con lo que se deja en claro cómo el gobierno no hace más que administrar los negocios de los ricos, empresarios, banqueros, terratenientes y demás burgueses.
Todas las fanfarroneadas que se hacen en nombre del pueblo, como los aumentos de las retenciones para la exportación o el aumento del impuesto a las ganancias, no son más que disputas entre distintos sectores de la burguesía por el reparto de los negocios, en lo que debe incluirse también la cuota de ganancias que los funcionarios/empresarios del gobierno nacional deciden llevarse como premio por contribuir al enriquecimiento general de los capitalistas que se instalan en nuestro país. Así, mientras desde sectores de la oposición o aún desde sus propios partidarios “críticos” (como abundan, por ejemplo, en la CTA), se reclama entre lamentaciones una “más justa distribución de la riqueza”, el kirchnerismo juega de lleno al beneficio empresario a costa del pueblo, dando rienda suelta a la explotación y sacando su propia tajada en el reparto.
Y no sólo en el día a día nos perjudica el gobierno, recortando el salario real mientras vemos pasar por delante de nuestros ojos los caudales de dólares que van a parar a los empresarios, sino que además nos condena al atraso y la pobreza poniendo a nuestro país a merced de los grandes capitales extranjeros. Para los trabajadores aumentos de precios y congelamiento salarial (o en el mejor de los casos un aumento cuyo “techo” siempre es inferior a la inflación real); y para las privatizadas, por ejemplo, que han saqueado por años nuestros recursos naturales sin reinvertir prácticamente nada, el gobierno peronista les brinda un doble premio en forma de aumento tarifario y subsidios (cuando no asume él mismo su deuda, recargándola después sobre el pueblo).
La ubicación del gobierno como súbdito del imperialismo es escandalosa. Está empeñado en pagar una millonaria deuda producida por los grandes grupos económicos y sus aliados en el estado nacional por años y años, pero que recarga sobre los trabajadores, por medio del ajuste al mínimo de los gastos más elementales en infraestructura, educación, salud y demás servicios básicos, además de golpear al pueblo con fuertes impuestos (como sucede con el IVA que agrega sobre el precio de los productos más básicos un 21% para la recaudación estatal).
Así las cosas, el “modelo de crecimiento” que Cristina Fernández viene a continuar por otros cuatro años, no sólo trae a diario más penurias para los trabajadores y el pueblo, sino que proyecta además extender en el tiempo y agravar la explotación y la entrega al imperialismo, con el único fin de beneficiar a su propia clase, reservando las ganancias para un puñado de capitalistas, principalmente extranjeros.
Sólo la clase obrera y el pueblo, organizados y en la lucha, pueden enfrentar tanta inmundicia.
...
NOTAS
1) Un reelevamiento de “Consumidores Libres” (organizado por el funcionario del PS, Polino) habla, por ejemplo, de un aumento del 60% en la sidra Real, y del 40% para un combo de alimentos navideños.
2) Para que los capitalistas hagan los mejores negocios, el gobierno impone una cotización del dólar diferenciada para cada sector de la burguesía argentina.
3) Este año el gobierno entregó a las empresas más de 11 mil millones de pesos, orientados principalmente a financiar obras para la energía o el transporte, cubriendo así el vacío que dejó la desinversión de las empresas privatizadas.
El aumento constante de la inflación, el pago puntual y permanente de la deuda externa, la creciente extranjerización de la economía nacional, y la estructura dependiente e improductiva del país son la verdadera cara del “modelo de crecimiento” que promueve el gobierno peronista.
El fin de año viene con todo. La ya conocida inflación de más del 20% se queda corta frente a una canasta navideña que se ha incrementado cerca del 50% en relación al año anterior(1). Los precios en los lugares de veraneo y de cualquier tipo de paseo familiar son tan escandalosos que el INDEC ha decidido sacarlos de su medición. Y de yapa, a principio de año comienza la llamada “revisión tarifaria integral” a la que ya se ha comprometido Cristina Fernández con las privatizadas para aumentar gradualmente las tarifas sobre toda la población. Con ello golpearán doblemente al pueblo: en forma directa por medio del aumento del servicio e indirectamente por el aumento de los precios, que se dará cuando los empresarios trasladen a los productos de consumo los incrementos de tarifas que ellos deberían pagar.
Como está visto, el tan repetido “crecimiento” propagandizado por los Kirchner no tiene nada que ver con la vida de los trabajadores que sufren la situación a diario. Más bien se refiere a la fiesta de negocios que llevan adelante los capitalistas, beneficiados por el aplastamiento de los salarios debido a la inflación (es decir la disminución, para su conveniencia, del precio de la fuerza de trabajo), los altos precios de los productos exportables (como el petróleo o la soja) y el apoyo total del gobierno peronista para satisfacer su sed de ganancias.
Porque por más que el kirchnerismo se preocupe por hacer una suerte de “parodia” sobre un supuesto “control de precios” para los artículos de consumo popular, lo cierto es que cuando cualquier trabajador va al almacén o debe pagar el alquiler a fin de mes, sabe más que nadie que el gobierno no ha hecho nada para evitar la inflación y con ella, la caída permanente del poder de compra de la clase obrera. Por el contrario, sólo a partir de las grandes luchas, los trabajadores le han arrancado concesiones al gobierno y la patronal, paliando así, al menos parcialmente, una situación que es claramente desfavorable.
Y sin embargo, mientras no se resuelven problemas tan básicos como la salud, la educación o la vivienda, el gobierno sí interviene, y con toda su energía, para ayudar a que los ricos se enriquezcan aún más: estableciendo un dólar competitivo que les garantiza los buenos negocios(2), promocionando la exportación de productos primarios, y subsidiando incluso a las empresas privadas de servicios(3), con lo que se deja en claro cómo el gobierno no hace más que administrar los negocios de los ricos, empresarios, banqueros, terratenientes y demás burgueses.
Todas las fanfarroneadas que se hacen en nombre del pueblo, como los aumentos de las retenciones para la exportación o el aumento del impuesto a las ganancias, no son más que disputas entre distintos sectores de la burguesía por el reparto de los negocios, en lo que debe incluirse también la cuota de ganancias que los funcionarios/empresarios del gobierno nacional deciden llevarse como premio por contribuir al enriquecimiento general de los capitalistas que se instalan en nuestro país. Así, mientras desde sectores de la oposición o aún desde sus propios partidarios “críticos” (como abundan, por ejemplo, en la CTA), se reclama entre lamentaciones una “más justa distribución de la riqueza”, el kirchnerismo juega de lleno al beneficio empresario a costa del pueblo, dando rienda suelta a la explotación y sacando su propia tajada en el reparto.
Y no sólo en el día a día nos perjudica el gobierno, recortando el salario real mientras vemos pasar por delante de nuestros ojos los caudales de dólares que van a parar a los empresarios, sino que además nos condena al atraso y la pobreza poniendo a nuestro país a merced de los grandes capitales extranjeros. Para los trabajadores aumentos de precios y congelamiento salarial (o en el mejor de los casos un aumento cuyo “techo” siempre es inferior a la inflación real); y para las privatizadas, por ejemplo, que han saqueado por años nuestros recursos naturales sin reinvertir prácticamente nada, el gobierno peronista les brinda un doble premio en forma de aumento tarifario y subsidios (cuando no asume él mismo su deuda, recargándola después sobre el pueblo).
La ubicación del gobierno como súbdito del imperialismo es escandalosa. Está empeñado en pagar una millonaria deuda producida por los grandes grupos económicos y sus aliados en el estado nacional por años y años, pero que recarga sobre los trabajadores, por medio del ajuste al mínimo de los gastos más elementales en infraestructura, educación, salud y demás servicios básicos, además de golpear al pueblo con fuertes impuestos (como sucede con el IVA que agrega sobre el precio de los productos más básicos un 21% para la recaudación estatal).
Así las cosas, el “modelo de crecimiento” que Cristina Fernández viene a continuar por otros cuatro años, no sólo trae a diario más penurias para los trabajadores y el pueblo, sino que proyecta además extender en el tiempo y agravar la explotación y la entrega al imperialismo, con el único fin de beneficiar a su propia clase, reservando las ganancias para un puñado de capitalistas, principalmente extranjeros.
Sólo la clase obrera y el pueblo, organizados y en la lucha, pueden enfrentar tanta inmundicia.
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NOTAS
1) Un reelevamiento de “Consumidores Libres” (organizado por el funcionario del PS, Polino) habla, por ejemplo, de un aumento del 60% en la sidra Real, y del 40% para un combo de alimentos navideños.
2) Para que los capitalistas hagan los mejores negocios, el gobierno impone una cotización del dólar diferenciada para cada sector de la burguesía argentina.
3) Este año el gobierno entregó a las empresas más de 11 mil millones de pesos, orientados principalmente a financiar obras para la energía o el transporte, cubriendo así el vacío que dejó la desinversión de las empresas privatizadas.